Versículo destacado
Isaías 40:12 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" ¿Quién ha medido el océano con la palma de la mano o ha calculado con los dedos la extensión del cielo? ¿Quién ha puesto en una medida todo el polvo de la tierra o ha pesado en una balanza las colinas y las montañas? "
Isaías 40:12
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
10 El Señor ya llega con poder, sometiéndolo todo con la fuerza de su brazo. Trae a su pueblo después de haberlo rescatado.
11 Viene como un pastor que cuida su rebaño; levanta a los corderos en sus brazos, los lleva junto al pecho y atiende con cuidado a las recién paridas.
12 ¿Quién ha medido el océano con la palma de la mano o ha calculado con los dedos la extensión del cielo? ¿Quién ha puesto en una medida todo el polvo de la tierra o ha pesado en una balanza las colinas y las montañas?
13 ¿Quién ha corregido al Señor o quién le ha dado instrucciones?
14 ¿Quién le dio consejo y entendimiento? ¿Quién le enseñó a juzgar con rectitud? ¿Quién lo instruyó en la ciencia? ¿Quién le dio lecciones de sabiduría?
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El propósito de estos versículos es mostrar cuán grande y glorioso es el Señor, Jehová, el Dios y Salvador de Israel. Esta verdad se presenta al pueblo por varias razones. Les da consuelo a los cautivos en Babilonia y los llama a esperar en él y a depender de él para su rescate, aun cuando ellos sean débiles y sus enemigos sean fuertes. También los llama a permanecer fieles a él y a no seguir a otros dioses, porque ninguno puede compararse con él. Además, produce en todos los que escuchan las buenas noticias de la redención por medio de Cristo un santo sentido de asombro y reverencia ante Dios.
Aunque Isaías dice: «¡Aquí está su Dios!» (Isaías 40:9), y afirma que Dios apacentará a su rebaño como un pastor (Isaías 40:11), su cuidado tierno nunca debe hacernos olvidar su grandeza. Su bondad no disminuye su gloria. Debemos reconocer cuán grande es nuestro Dios y permanecer sobrecogidos ante él.
Su poder no tiene límites, y ninguna criatura puede igualarlo, mucho menos luchar contra él (Isaías 40:12). Su alcance es inmenso. Cuando miramos los cielos, nos asombra su extensión; sin embargo, Dios los mide con un palmo. Para él, tienen apenas la anchura de su mano extendida. También gobierna toda la tierra y el mar. Puede medir todas las aguas del mundo en el hueco de su mano, donde nosotros solo podemos sostener una pequeña cantidad. También puede manejar con facilidad la tierra seca, pues mide el polvo de la tierra con una pequeña medida, o con tres dedos. Lo que para nosotros es más de un puñado, para él no es nada.
También posee una fuerza extraordinaria, y puede mover los montes y las colinas con la misma facilidad con que un comerciante coloca mercancías sobre una balanza y luego las retira. Los pesa con su mano tan cuidadosamente como si utilizara una balanza de platillos. Esto puede referirse a la creación, cuando los cielos fueron extendidos con perfecto orden y la tierra y las aguas fueron dispuestas en las proporciones correctas. Los montes fueron formados con el peso preciso para dar equilibrio al mundo. O puede referirse a la providencia de Dios: su cuidado y gobierno continuo de todas las cosas, mediante el cual cada criatura encaja bajo su mano.
Su sabiduría es inescrutable, y ninguna criatura puede darle consejo ni información (Isaías 40:13-14). Así como nadie puede hacer lo que Dios ha hecho y sigue haciendo, tampoco nadie puede ayudarlo a hacerlo ni sugerirle algo que él no haya considerado ya. Cuando el Señor hizo el mundo por medio de su Espíritu (Job 26:13), nadie dirigió a su Espíritu, le dijo qué hacer o le indicó cómo hacerlo. No necesita consejeros que lo orienten para gobernar el mundo, ni consulta con nadie, como incluso los reyes más sabios consultan a quienes conocen la ley y el juicio (Ester 1:13).
Dios no necesita que le informen lo que está sucediendo, porque conoce todo perfectamente. Tampoco necesita consejos sobre lo que sucederá, porque conoce tanto el objetivo correcto como los medios adecuados para alcanzarlo. Isaías destaca esto porque los pobres cautivos no tenían líderes políticos entre ellos que pudieran defender su caso ante la corte ni abrirles el camino hacia la libertad. En efecto, el profeta les dice: «No importa; ustedes tienen un Dios que puede actuar a su favor, y él no necesita estadistas que lo ayuden». En la gran obra de nuestra redención por medio de Cristo, todo fue planeado antes de la fundación del mundo, cuando no había nadie que pudiera enseñarle a Dios el camino del juicio (1 Corintios 2:7).
Las naciones del mundo no son nada en comparación con él (Isaías 40:15, 17). Considerémoslas todas juntas: las naciones más poderosas de la tierra, los reyes más espléndidos, los reinos más poblados y las potencias más ricas. Pensemos incluso en las muchas islas y en las naciones que se extienden sobre ellas. Ante Dios, cuando se comparan con él o se oponen a él, son como una gota que cae de un cubo junto al océano, o como una pequeña partícula de polvo en la balanza, demasiado insignificante para importar. Él las levanta y las arroja como algo diminuto, indigno de mención. A sus ojos son como nada, como si no existieran, porque no añaden nada a su perfección ni a su plenitud.
Dios las considera, y nosotros también debemos considerarlas, como menos que nada y vaciedad cuando se comparan con él. Cuando así lo decide, puede reducirlas a nada con la misma facilidad con que primero las llamó de la nada. Cuando Dios tiene una obra que realizar, no depende de la ayuda de ninguna criatura ni se ve impedido por su resistencia. Todas son vaciedad, la misma palabra que se usa para describir el caos de la primera creación (Génesis 1:2), al cual finalmente volverán. Esto debe llevarnos a tener pensamientos elevados acerca de Dios y pensamientos humildes acerca del mundo. Debe guiarnos a hacer de Dios, y no de los seres humanos, tanto el objeto de nuestro temor como la fuente de nuestra esperanza. También hace aún más asombroso el amor de Dios por el mundo, porque aunque el mundo sea tan pequeño a sus ojos, él entregó a su único Hijo para redimirlo (Juan 3:16).
Los cultos de la iglesia no pueden añadirle nada a Dios, ni pueden compararse con su perfección infinita (Isaías 40:16). El Líbano, con todos sus cedros, no tendría suficiente madera para un fuego de sacrificio, y todos sus animales no bastarían para las ofrendas. Por mucho que honremos a Dios, todo queda muy por debajo de lo que él merece. Él está exaltado por encima de toda bendición y alabanza, muy por encima de todos los holocaustos y sacrificios.
De este capítulo
Isaías 40:1
"El Dios de ustedes dice: Consuelen, consuelen a mi pueblo;"
Isaías 40:2
"hablen con ternura a Jerusalén y díganle que su esclavitud ha terminado, que ya ha pagado por sus faltas y que ya ha recibido de mi mano el doble del castigo por todos sus pecados."
Isaías 40:3
"Una voz grita: Preparen en el desierto un camino para el Señor; tracen en la región estéril una calzada recta para nuestro Dios."
Isaías 40:4
"Rellenen todas las cañadas, allanen los cerros y las colinas, y conviertan la región quebrada y montañosa en una llanura completamente lisa."
Isaías 40:5
"Entonces el Señor mostrará su gloria, y todos los hombres juntos la verán. El Señor mismo lo ha dicho."
Isaías 40:6
"Una voz dice: «Grita», y yo pregunto: «¿Qué debo gritar?». Que todo hombre es como la hierba, ¡tan firme como una flor del campo!"
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