Versículo destacado
Isaías 37:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El oficial asirio se enteró de que el rey de Asiria se había ido de la ciudad de Laquis. Entonces salió de Jerusalén y encontró al rey de Asiria atacando a Libná. "
Isaías 37:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 e Isaías les encargó que respondieran a su amo: El Señor dice: “No tengas miedo de esas palabras ofensivas que los criados del rey de Asiria dijeron contra mí.
7 Mira, haré que le llegue un rumor que lo obligará a volver a su país, y allí haré que muera asesinado”.
8 El oficial asirio se enteró de que el rey de Asiria se había ido de la ciudad de Laquis. Entonces salió de Jerusalén y encontró al rey de Asiria atacando a Libná.
9 Allí el rey de Asiria oyó decir que el rey Tirhaca de Etiopía había emprendido una campaña militar contra él. Una vez más, el rey de Asiria envió embajadores al rey Ezequías de Judá para decirle:
10 Tu Dios, en quien tú confías, te asegura que Jerusalén no caerá en mi poder; pero no te dejes engañar por él.
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Podemos observar, en primer lugar, que cuando Dios nos da paz interior por medio de su promesa, eso nos ayuda a soportar los insultos sin responder. Dios respondió a Ezequías, pero no hay indicios de que él le haya enviado alguna respuesta al Rabsaces después de reflexionar en lo sucedido. Más bien, como Dios había tomado el asunto en sus manos, Ezequías lo dejó en ellas. Entonces el Rabsaces regresó con su rey para recibir nuevas instrucciones.
En segundo lugar, quienes aman la guerra terminarán encontrando más guerra. Senaquerib, rey de Asiria, salió a atacar a Judá sin causa ni advertencia; ahora el rey de Etiopía sale a atacarlo con la misma falta de cortesía (Isaías 37:9). Quienes provocan problemas con facilidad deben esperar recibir problemas a cambio. A veces Dios frena la furia de sus enemigos dirigiéndola en otra dirección.
En tercer lugar, es malo hablar con orgullo y falta de reverencia, pero es aún peor escribir de esa manera. Lo escrito muestra más reflexión e intención; además, puede difundirse más lejos, permanecer por más tiempo y causar un daño mayor. El ateísmo, la negación de Dios, y la irreligión, una vida sin reverencia por él, algún día tendrán que rendir cuentas si quedan expresados por escrito.
En cuarto lugar, los grandes éxitos suelen endurecer a los pecadores en sus malos caminos y hacerlos más atrevidos. Como los reyes de Asiria habían destruido muchas tierras, ahora pensaban que también podían destruir la tierra de Dios. Puesto que los dioses de las naciones no habían podido salvar a sus adoradores, suponían que el Dios de Israel tampoco podría hacerlo. Y como los reyes idólatras de Hamat y Arpad, dos ciudades bajo juicio, habían caído con facilidad, creían que Judá sería igual de fácil de derrotar. Así, la prosperidad estaba preparando a aquel hombre orgulloso para su ruina.
En quinto lugar, el pueblo del Señor tiene en todo tiempo un privilegio invaluable, especialmente en momentos de angustia y peligro: la libertad de presentarse ante Dios y hablar con él con toda franqueza. Ezequías tomó la carta de Senaquerib y la extendió delante del Señor, no para quejarse con palabras vacías, sino para poner ante Dios lo que el propio rey había escrito. En efecto, estaba diciendo: «Que el escrito hable por sí mismo; aquí está, negro sobre blanco. Abre tus ojos, Señor, y mira». Dios permite que quienes oran sean sinceros con él, que pongan todo delante de él y luego dejen el asunto en sus manos.
En sexto lugar, las verdades principales de nuestra fe, cuando las abrazamos con fe y las usamos en oración, son una poderosa ayuda en toda clase de dificultades. Por eso Ezequías se recordó a sí mismo que el Dios de Israel es el Señor de los ejércitos, es decir, el gobernante de todos los ejércitos. Él gobierna los ejércitos de Israel para fortalecerlos, y los ejércitos de sus enemigos para debilitarlos y frenarlos. Él es el único Dios, sin rival alguno, y gobierna sobre todos los reinos de la tierra. Puesto que hizo los cielos y la tierra, puede hacer cualquier cosa, y todo lo hace conforme a su voluntad.
En séptimo lugar, cuando tememos a poderosos destructores, todavía podemos acudir con humildad y valentía a Dios como nuestro gran Salvador. Las naciones que fueron destruidas se habían apartado del Dios verdadero al adorar dioses falsos. Pero el Señor, el único Dios verdadero, es nuestro Dios, nuestro Rey y nuestro legislador, y él nos salvará. Él es el Salvador de todos los que creen.
En octavo lugar, tenemos una base suficiente para orar si podemos suplicar que la gloria de Dios está vinculada a nuestro caso. Su nombre será deshonrado si somos aplastados, y será honrado si somos rescatados. De esa verdad debemos sacar nuestra súplica más firme: «Hazlo por amor a tu gloria».
De este capítulo
Isaías 37:1
"Cuando el rey Ezequías oyó esto, se rasgó las vestiduras, se puso ropas ásperas en señal de dolor y fue al templo del Señor."
Isaías 37:2
"Luego envió a Eliaquim, mayordomo de palacio, al cronista Sebná y a los sacerdotes más ancianos, vestidos con ropas ásperas en señal de dolor, a ver al profeta Isaías, hijo de Amós,"
Isaías 37:3
"y a decirle de parte del rey: Hoy estamos en una situación de angustia, castigo y humillación; somos como una mujer que, a punto de dar a luz, se queda sin fuerzas."
Isaías 37:4
"Ojalá el Señor tu Dios haya oído las palabras del oficial enviado por su amo, el rey de Asiria, para insultar al Dios viviente, y ojalá lo castigue por las cosas que el Señor mismo, tu Dios, habrá oído. Ofrece, pues, una oración por los que aún quedan."
Isaías 37:5
"Los funcionarios del rey Ezequías fueron a ver a Isaías,"
Isaías 37:6
"e Isaías les encargó que respondieran a su amo: El Señor dice: “No tengas miedo de esas palabras ofensivas que los criados del rey de Asiria dijeron contra mí."
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