Versículo destacado
Isaías 17:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" donde solo quedan restos olvidados; o como cuando se golpea un olivo y solo quedan dos o tres aceitunas en la punta de una rama, o, a lo sumo, cuatro o cinco en todo el árbol. Así lo afirma el Señor, el Dios de Israel. "
Isaías 17:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 En ese día Samaria, orgullo de Jacob, perderá su fuerza y su prosperidad desaparecerá.
5 Será como cuando el segador cosecha el trigo y recoge las espigas con las manos, o como cuando se recogen las espigas en el valle de Refaim,
6 donde solo quedan restos olvidados; o como cuando se golpea un olivo y solo quedan dos o tres aceitunas en la punta de una rama, o, a lo sumo, cuatro o cinco en todo el árbol. Así lo afirma el Señor, el Dios de Israel.
7 En ese día el hombre volverá los ojos a su creador, al Dios Santo de Israel.
8 Ya no mirará los altares ni otros objetos hechos por los hombres con sus propias manos. No volverá a fijarse en esos troncos sagrados ni en esos altares donde queman incienso a los dioses.
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Aquí se reserva la misericordia, como un paréntesis en medio del juicio, para un remanente que escaparía de la ruina general de las diez tribus. Aunque los asirios hicieron todo lo posible para asegurarse de que nadie escapara de su red, los humildes de la tierra fueron protegidos en el día de la ira del SEÑOR. Sus vidas fueron preservadas, y su retirada a Judá, donde tenían acceso a los atrios de Dios, se convirtió en un consuelo para ellos.
Serían solo un remanente pequeño, muy pocos señalados para ser preservados (Isaías 17:6). La tierra quedaría con unas pocas uvas para rebuscar, mientras que la mayoría del pueblo sería llevada al cautiverio. Aquí y allá quedaría alguien, quizá uno de dos que estuvieran acostados cuando el otro fuera tomado (Lucas 17:34). Incluso los juicios más severos de esta vida se quedan cortos frente al juicio final, que alcanzará a todos y no dejará a nadie sin juzgar.
En las calamidades más grandes, algunos son protegidos, así como en los tiempos de mayor pecado algunos son preservados en pureza. Pero el pequeño número de los que escapan muestra cuántos más fueron llevados. Los que quedan son como las pocas aceitunas que permanecen después de sacudir cuidadosamente el árbol: quizá dos o tres en la rama más alta, fuera del alcance de quien lo sacudió. Así es el remanente conforme a la gracia: muy pocos en comparación con los muchos que siguen caminando por el camino ancho.
Este remanente también será un remanente santo, como lo dicen Isaías 17:7-8. Estos pocos preservados pueden haber sido personas que ya se habían arrepentido y apartado de sus pecados cuando se acercaba el juicio, y por eso fueron arrebatadas como tizones del fuego; o pueden haber sido refugiados en tierras extranjeras, despertados por la misericordia de Dios y por sus dificultades constantes para regresar a él.
Ellos levantarán la mirada hacia su Creador y reconocerán que él es el Dios que da cánticos en la noche, aun en una noche de sufrimiento como esta (Job 35:10-11). Verán la mano de Dios en todo lo que les suceda, tanto en la misericordia como en la aflicción, y se someterán a él. Le darán el honor que su nombre merece y se sentirán justamente conmovidos por la manera en que él obra con ellos. Su esperanza estará puesta en él para recibir ayuda y rescate. Sus ojos se volverán hacia él, como los ojos de un siervo están fijos en la mano de su amo (Salmo 123:2).
Este es siempre nuestro deber: mantener los ojos puestos en Dios, tanto como nuestro Creador, autor de nuestro ser y Dios de la naturaleza, como en el Santo de Israel, Dios del pacto y de la gracia. Especialmente en la dificultad, nuestros ojos deben dirigirse al SEÑOR, para que él saque nuestros pies de la red (Salmo 25:15). Su providencia busca llevarnos a esto como nuestro Creador, y su gracia busca llevarnos a esto como el Santo de Israel.
También se apartarán de sus ídolos, productos de su propia imaginación. Ya no los adorarán, ni buscarán ayuda en ellos, ni esperarán nada de ellos. Dios será el único a quien consideren digno de atención; de lo contrario, él no se consideraría verdaderamente honrado. Quien mira a su Creador no debe mirar hacia los altares, obra de sus propias manos. Debe rechazarlos y desecharlos, sin conservar ninguna estima por lo que sus dedos fabricaron, sino haciéndolo pedazos, aunque sea obra suya: las arboledas y las imágenes. Estas imágenes se hacían en honor del sol y se usaban para adorarlo, una de las formas más antiguas y atractivas de idolatría (Deuteronomio 4:19; Job 31:26).
Tenemos buenas razones para considerar una bendición que la aflicción se interponga entre nosotros y nuestros pecados. Al mostrarnos con claridad lo vacío que es el mundo, ese gran ídolo, el sufrimiento puede enfriar nuestro amor por él y disminuir las expectativas que ponemos en él.
De este capítulo
Isaías 17:1
"Profecía contra Damasco: Damasco dejará de ser una ciudad; no será más que un montón de ruinas."
Isaías 17:2
"Quedará abandonada para siempre y convertida en pastizales; los animales podrán pastar tranquilamente."
Isaías 17:3
"Efraín, que es el orgullo de Israel, ya no tendrá una ciudad fortificada; del mismo modo, Damasco, lo que queda de Siria, dejará de ser un reino. Así lo afirma el Señor todopoderoso."
Isaías 17:4
"En ese día Samaria, orgullo de Jacob, perderá su fuerza y su prosperidad desaparecerá."
Isaías 17:5
"Será como cuando el segador cosecha el trigo y recoge las espigas con las manos, o como cuando se recogen las espigas en el valle de Refaim,"
Isaías 17:7
"En ese día el hombre volverá los ojos a su creador, al Dios Santo de Israel."
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