Versículo destacado
Hageo 2:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Ese mismo día, el Señor volvió a dirigirse a Hageo, "
Hageo 2:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Hoy, día veinticuatro del noveno mes, han sido puestos los cimientos de mi templo.
19 Pues bien, fíjense ustedes en que, a partir de hoy, no faltará el grano en el granero. Aún no han dado fruto la vid, la higuera, el granado ni el olivo; pero, a partir de hoy, yo los bendeciré”.
20 Ese mismo día, el Señor volvió a dirigirse a Hageo,
21 y le ordenó que dijera a Zorobabel, el gobernador de Judá: Yo haré temblar el cielo y la tierra;
22 destruiré el poder de los reinos del mundo y derribaré sus tronos; volcaré los carros de guerra y a quienes montan en ellos, y morirán los caballos y sus jinetes; cada uno morirá atravesado por la espada de su hermano.
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Después del mensaje de Hageo al pueblo, ese mismo día llegó otra palabra para los líderes, especialmente para Zorobabel, gobernador de Judá. Él había tomado la iniciativa en esta buena obra, por eso Dios le dio un mensaje especial. En efecto, Dios le dijo a Hageo que hablara con Zorobabel en particular, porque él estaba pensando más allá de las necesidades de la vida cotidiana.
El pueblo estaba preocupado por sus campos de grano y sus viñedos. Dios había prometido que sus cosechas prosperarían, y eso debía calmar sus temores. Pero Zorobabel también estaba preocupado por el futuro más amplio, por las naciones vecinas y por los cambios en el gobierno de los reinos. Se preguntaba cómo un pueblo tan pequeño, con un gobernante aparentemente tan débil, podría mantenerse firme y servir bien a Dios. La respuesta de Dios fue sencilla: le aseguró que todo estaría bien con él y con los que permanecieran a su lado, y eso debía servirle de consuelo.
Primero se le dijo a Zorobabel que esperara grandes sacudimientos entre las naciones de la tierra y que no se sorprendiera por ellos. Dios ya había dicho: «Sacudiré los cielos y la tierra», y lo repitió aquí por causa de Zorobabel (Hageo 2:21-22). El mundo siempre está en movimiento, pero en ciertos momentos se vuelve especialmente turbulento. Sin embargo, cuando la tierra es sacudida, Dios lo hace para expulsar a los malvados (Job 38:13).
En las visiones del Apocalipsis, los terremotos no significan daño para la iglesia. Aquí, la sacudida de los cielos y de la tierra significa que los gobernantes orgullosos serán quebrantados y humillados. Dios dice: «Derribaré el trono de los reinos». Babilonia, que durante mucho tiempo había sido un trono de reinos, ya había caído, y todo poder posterior caerá a su debido tiempo. Aunque los gobernantes parezcan fuertes, su poder fracasará, incluso si confían en carros y caballos (Salmo 20:7).
Dios también dice que esos poderes serán derribados por la espada de sus propios hermanos. Esto significa que ningún poder terrenal puede resistir su juicio. Es una advertencia para todo enemigo de la iglesia de Dios que se niega a arrepentirse y a darle gloria. También apunta de antemano a la victoria de Cristo sobre los poderes de las tinieblas: él derriba el trono de Satanás, el trono del gobernante de este mundo, y le quita la armadura en la que confiaba. Al final, todo gobierno, poder y autoridad que se oponga será sometido, para que el reino sea entregado a Dios el Padre.
En medio de toda esta sacudida, también se le prometió a Zorobabel seguridad bajo el cuidado de Dios (Hageo 2:23). Como había sido fiel en la construcción de la casa de Dios, recibió una promesa semejante a la que Dios le había dado a David. Dios dijo que lo haría fuerte y seguro, aun en el día en que los cielos y la tierra fueran sacudidos. Esta promesa se aplicaba a Zorobabel mismo y a su familia. Él había honrado a Dios, y Dios lo honraría.
Sus descendientes que gobernaran Judá también podían cobrar ánimo por esta promesa. Su autoridad podía parecer débil ante los ojos humanos, pero Dios la confirmaría. Eso ayudaría a mantener estable al pueblo bajo los gobernantes que Dios había puesto sobre él. Aun así, el sentido principal de la promesa mira hacia Cristo, quien vino de la línea de Zorobabel y es el único constructor del templo del evangelio.
Aquí se llama a Zorobabel siervo de Dios, un honor que también recibieron Moisés y David. Cuando Dios derriba a sus enemigos, levanta a sus siervos. El Señor Jesús también es el Siervo del Padre en la obra de la redención, y sirve fielmente como Hijo (Isaías 42:1). A Zorobabel también se le llama el escogido de Dios, es decir, aquel a quien Dios eligió para ese cargo y por medio de quien cumpliría su propósito. Cristo también es el escogido de Dios, y en él está incluido el pueblo escogido (1 Pedro 2:4).
Dios prometió hacer de Zorobabel un anillo de sello. Jeconías había sido como un anillo de sello en la mano derecha de Dios, pero Dios lo había quitado de ese lugar (Jeremías 22:24). Ahora Zorobabel ocuparía su lugar. Esto significaba que sería querido por Dios, honrado por él y conservado como parte de la línea por medio de la cual vendría el Mesías. El Mesías sería entonces el verdadero anillo de sello en la mano derecha de Dios.
Esta imagen muestra el deleite del Padre en Cristo. En dos ocasiones declaró que se complacía en él. Cristo está puesto como un sello sobre el corazón y el brazo del Padre, llevado cerca de él y escondido bajo la sombra de su mano (Daniel 7:13; Isaías 49:2). La imagen también muestra la autoridad que el Padre le ha dado. Los reyes usan sus anillos de sello para confirmar decretos, concesiones y nombramientos (Ester 3:10). De la misma manera, Jesús es el anillo de sello de Dios, porque toda autoridad le ha sido dada y viene por medio de él. La gran promesa del evangelio está sellada y confirmada en él, y en él todas las promesas de Dios son «sí» y «amén».
De este capítulo
Hageo 2:1
"El día veintiuno del séptimo mes, el Señor volvió a dirigirse al profeta Hageo,"
Hageo 2:2
"y le ordenó que dijera a Zorobabel, a Josué y al resto de la gente:"
Hageo 2:3
"Los que vieron el otro templo en todo su esplendor, digan qué les parece este que ahora tenemos. ¿No les parece que no vale nada comparado con aquel otro?"
Hageo 2:4
"¡Pero ánimo, Zorobabel! ¡Ánimo, Josué, jefe de los sacerdotes! Y anímense todos ustedes, gente del país. Trabajen, porque yo estoy con ustedes. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo."
Hageo 2:5
"Tal como se lo prometí cuando salieron de Egipto, mi espíritu los acompaña. No tengan miedo."
Hageo 2:6
"Dentro de poco haré temblar el cielo y la tierra, el mar y la tierra firme."
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