Versículo destacado
Génesis 3:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" A la mujer le dijo: —Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti. "
Génesis 3:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 Entonces Dios el Señor le dijo a la serpiente: —Por haber hecho esto, serás maldita entre todos los demás animales. Desde hoy caminarás arrastrándote y comerás tierra.
15 Haré que tú y la mujer sean enemigas, al igual que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón.
16 A la mujer le dijo: —Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti.
17 Al hombre le dijo: —Como escuchaste a tu mujer y comiste del fruto del árbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra estará bajo maldición por tu culpa; con duro trabajo la harás producir tu alimento durante toda tu vida.
18 La tierra producirá para ti espinos y cardos, y tendrás que comer plantas silvestres.
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Esta es la sentencia pronunciada sobre la mujer por su pecado. Se la condena a dos cosas: dolor y sumisión. Son castigos apropiados para un pecado en el que ella complació tanto su deseo como su orgullo.
Primero, queda sometida al dolor. Aquí solo se menciona una parte de ese dolor: el sufrimiento de dar a luz; pero incluye todos los temores, dolores y aflicciones a los que esta parte vulnerable de la humanidad está especialmente expuesta, junto con las dificultades comunes de la vida. El pecado trajo el dolor al mundo. Hizo del mundo un lugar de lágrimas, llenó nuestros días de dificultades y abrió un profundo sufrimiento en nuestro corazón. Si nunca hubiéramos conocido la culpa, nunca habríamos conocido el dolor.
Los dolores de parto, que incluso en la Biblia sirven como imagen de un sufrimiento intenso, son resultado del pecado. Cada dolor y cada grito de una mujer durante el parto hablan claramente de los terribles efectos del pecado. Esto es lo que resultó de comer el fruto prohibido. Se dice que los dolores aumentarían en gran manera, y eso también es cierto de todos los sufrimientos de esta vida. La vida humana está llena de muchas clases de dificultades, que a menudo vuelven una y otra vez, como nubes que regresan después de la lluvia. No sorprende que nuestros dolores se multipliquen cuando también se multiplican nuestros pecados, porque ambos son males incontables.
Los dolores de la maternidad se multiplican porque incluyen más que el trabajo de parto. Están las molestias previas al nacimiento, el dolor desde la concepción en adelante, y el cansancio y el estrés de amamantar después. Y aun después de todo eso, si los hijos crecen siendo malvados o insensatos, pueden convertirse en una carga todavía mayor para la madre. Así, el dolor se multiplica; y apenas termina una aflicción, otra ocupa su lugar en este mundo.
Es Dios quien multiplica nuestros dolores: «Yo lo haré». Lo hace como Juez justo, y eso debería ayudarnos a permanecer en calma en medio de cada aflicción. Por muchos dolores que tengamos, merecemos todos ellos, y aún más. Sin embargo, Dios también actúa como Padre amoroso, usando el sufrimiento para humillarnos por causa del pecado y aflojar nuestro apego al mundo. El bien que recibimos por medio del dolor y el consuelo que Dios nos da en medio de él compensarán con creces el aumento de nuestros sufrimientos.
Segundo, la mujer queda colocada en una posición de sumisión. Todo el sexo femenino, que en la creación era igual al hombre, ahora queda sujeto por causa del pecado y se le prohíbe tomar autoridad por sí mismo (1 Timoteo 2:11-12). En particular, la esposa queda bajo la autoridad de su esposo y ya no tiene plena autonomía. Vemos un ejemplo de esto en la ley acerca de los votos, según la cual el esposo podía anular los votos de su esposa si así lo decidía (Números 30:6-8).
Esta sentencia tiene, en esencia, el mismo sentido que el mandato: «Esposas, sométanse a sus propios esposos». Pero el pecado convirtió ese deber en un castigo, cuando por sí mismo no habría sido así. Si el hombre no hubiera pecado, siempre habría gobernado con sabiduría y amor. Si la mujer no hubiera pecado, siempre habría obedecido con humildad y ternura. Entonces este orden no habría resultado difícil. Son nuestro propio pecado y nuestra insensatez los que hacen pesado el yugo.
Si Eva no hubiera comido primero el fruto prohibido y luego llevado a su esposo a pecar, nunca habría tenido razón para quejarse de estar bajo su autoridad. Por eso no debería quejarse de ello, aunque a veces resulte difícil. Lo que debería lamentarse es el pecado que hizo dolorosa esa situación. Las esposas que no solo desprecian y desobedecen a sus esposos, sino que también intentan dominarlos, no están pensando con sensatez. Están quebrantando la ley de Dios y resistiéndose a la sentencia de Dios.
Sin embargo, en esta sentencia el juicio está mezclado con misericordia. La mujer tendrá dolor, pero será al dar a luz, y ese dolor será olvidado cuando nazca el niño, como Jesús dijo más adelante acerca del gozo después del sufrimiento (Juan 16:21). Estará sujeta, pero a su propio esposo, que la ama, no a un extraño ni a un enemigo. Esta no fue una maldición destinada a destruirla, sino una disciplina destinada a llevarla al arrepentimiento. También fue una muestra de bondad que no se pusiera enemistad entre el hombre y la mujer, como la que existiría entre la serpiente y la mujer.
De este capítulo
Génesis 3:1
"La serpiente era más astuta que todos los animales salvajes que Dios el Señor había creado, y le preguntó a la mujer: —¿De modo que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín?"
Génesis 3:2
"La mujer le respondió: —Podemos comer del fruto de cualquier árbol,"
Génesis 3:3
"excepto del árbol que está en medio del jardín. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol, porque, si lo hacemos, moriremos."
Génesis 3:4
"Pero la serpiente le dijo a la mujer: —Eso no es cierto. No morirán."
Génesis 3:5
"Dios sabe muy bien que, cuando ustedes coman del fruto de ese árbol, podrán saber lo que es bueno y lo que es malo, y entonces serán como Dios."
Génesis 3:6
"La mujer vio que el fruto del árbol era hermoso, y deseó comerlo y llegar a tener entendimiento. Así que cortó uno de los frutos y se lo comió. Después se lo dio a su esposo, y él también comió."
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