Versículo destacado
Génesis 3:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" La serpiente era más astuta que todos los animales salvajes que Dios el Señor había creado, y le preguntó a la mujer: —¿De modo que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín? "
Génesis 3:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 La serpiente era más astuta que todos los animales salvajes que Dios el Señor había creado, y le preguntó a la mujer: —¿De modo que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín?
2 La mujer le respondió: —Podemos comer del fruto de cualquier árbol,
3 excepto del árbol que está en medio del jardín. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol, porque, si lo hacemos, moriremos.
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Aquí encontramos la historia de la tentación por medio de la cual Satanás atacó a nuestros primeros padres y los llevó al pecado. Aquello resultó mortal para ellos. El tentador era el diablo, que actuaba bajo la forma y semejanza de una serpiente. Es el mismo diablo y Satanás llamado «la serpiente antigua» (Apocalipsis 12:9). Fue creado como un ángel de luz y en otro tiempo estuvo cerca del trono de Dios, pero el pecado lo convirtió en un rebelde contra el gobierno y la honra de Dios.
Muchos ángeles cayeron, pero este seguramente fue el líder de la rebelión. Se convirtió en pecador, luego en Satanás —es decir, acusador y enemigo— y después en tentador. Se llenó de ira contra la gloria de Dios y de celos por la felicidad del ser humano. Sabía que no podía arruinar al ser humano si no lo corrompía. Balaam no pudo maldecir a Israel, pero sí pudo tentar a Israel para que pecara (Apocalipsis 2:14). Por eso, el objetivo de Satanás era llevar a nuestros primeros padres al pecado y romper su comunión con Dios. De esa manera, el diablo fue homicida desde el principio y el gran causante de problemas para la raza humana.
Vino bajo la semejanza de una serpiente. No podemos saber con certeza si aquello fue solamente la apariencia visible de una serpiente o si era una serpiente real controlada por el diablo. Con el permiso de Dios, pudo haber sido cualquiera de las dos cosas. Satanás escogió esta forma, en parte, porque la serpiente era una criatura de hermosa apariencia y quizá incluso parecía venir de lo alto, como un mensajero del mundo celestial. Muchas tentaciones peligrosas se presentan con colores brillantes que esconden lo que realmente son. Satanás todavía puede aparecer como un ángel de luz.
También escogió la serpiente porque es una criatura astuta e ingeniosa. La Escritura nos dice que seamos sabios como las serpientes, pero esta serpiente, impulsada por el diablo, era más astuta que cualquier otra. El diablo conserva su habilidad para hacer el mal, aunque ha perdido toda santidad. Sabe utilizar cualquier cosa para sus propios propósitos. Nada le sirve mejor que la inteligencia sin pureza. No sabemos exactamente qué pensó Eva cuando la serpiente habló, y quizá ella misma no sabía cómo interpretar aquello. Tal vez al principio pensó que era un ángel bueno y después comenzó a inquietarse. Es llamativo que muchos idólatras paganos adoraran al diablo bajo la forma de una serpiente, poniéndose abiertamente del lado de ese espíritu caído.
La persona tentada fue la mujer, que ahora estaba sola y lejos de su esposo, aunque cerca del árbol prohibido. En esto se manifestó la astucia de Satanás. Se dirigió a la más vulnerable. Aunque Eva era perfecta dentro de su condición, quizá todavía era menos fuerte que Adán en conocimiento, valentía y firmeza de mente. Algunos piensan que ella había recibido el mandamiento no directamente de Dios, sino por medio de su esposo, y que por eso pudo ser más fácil llevarla a dudar de él.
También fue una estrategia de Satanás hablar con ella cuando estaba sola. Si hubiera permanecido cerca del lado de donde había sido tomada, no habría estado tan expuesta. La soledad les da a muchas tentaciones una gran ventaja, mientras que la comunión con otros creyentes nos fortalece y protege. Satanás también aprovechó que la encontró cerca del árbol prohibido, probablemente mirando su fruto por curiosidad. Quienes quieren evitar el fruto prohibido deben mantenerse alejados del árbol prohibido. Evítalo; no pases cerca de él (Proverbios 4:15).
Satanás tentó a Eva para que, por medio de ella, pudiera tentar a Adán. De la misma manera, tentó a Job por medio de su esposa y a Cristo por medio de Pedro. Este suele ser su método: enviar las tentaciones por medio de personas que no parecen sospechosas y que tienen gran influencia sobre nosotros.
La tentación misma fue presentada con gran astucia. La Escritura nos advierte con frecuencia acerca de las artimañas de Satanás (2 Corintios 2:11), sus profundidades (Apocalipsis 2:24) y sus estrategias (Efesios 6:11). Sus ejemplos más claros son las tentaciones de los dos Adanes: aquí y en Mateo 4. En este caso tuvo éxito, pero en el otro fue derrotado. Lo que les dijo a ellos, puesto que no había en ellos una debilidad pecaminosa que pudiera aprovechar, ahora nos lo dice por medio de nuestro propio corazón engañoso y de nuestro razonamiento carnal. Eso hace que sus ataques sean menos evidentes, pero no menos peligrosos.
Lo que el diablo quería era convencer a Eva de comer el fruto prohibido. Para lograrlo, utilizó el mismo método que todavía emplea: puso en duda que aquello fuera realmente pecado, negó que hubiera algún peligro y sugirió que de ello vendría un gran beneficio. Estos siguen siendo sus argumentos habituales. Primero hizo surgir dudas sobre si Dios realmente había prohibido comer del fruto. Le dijo a la mujer: «¿De veras ha dicho Dios: “Ustedes no deben comer”?». Comenzó como si simplemente estuviera preguntando acerca de algo que había oído; quizá incluso se apoyó en algún pensamiento privado que ya estaba surgiendo en la mente de Eva. Un pensamiento suele conducir extrañamente a otro y, a veces, termina llevando al mal.
Al principio no mostró su verdadero propósito. Solo hizo una pregunta que parecía inofensiva, como si dijera: «Escuché algo; ¿es cierto? ¿Dios les ha prohibido comer de este árbol?». De esa manera intentó hacerla entrar en conversación. Quien quiera estar a salvo debe tener cuidado de conversar con un tentador. También citó el mandamiento de manera distorsionada, como si Dios hubiera prohibido no solamente un árbol, sino todos los árboles. Dios había dicho que podían comer de todos los árboles excepto de uno. Satanás exageró la restricción para restarle valor al regalo. El mandamiento de Dios no puede parecer malo a menos que primero sea presentado de manera falsa.
Parece hablar con un tono burlón, casi reprendiendo a la mujer por ser tan cuidadosa con aquel árbol, como si dijera: «Estás siendo demasiado estricta solo porque Dios dijo: “No deben comer”». El diablo siempre ha sido mentiroso y burlador, y los que se burlan en tiempos posteriores son sus hijos. En este primer ataque, quiso disminuir en Eva la convicción de que el mandamiento de Dios tenía verdadera autoridad sobre ella.
Aquí Satanás está diciendo, en efecto: «Estás equivocada. No puede ser que Dios quiera impedirles comer de este árbol. Él no haría algo tan irrazonable». Vemos aquí que la sutil estrategia de Satanás consiste en dañar la ley de Dios haciéndola parecer dudosa o injusta y, después, conducir a las personas al pecado. Por eso, nuestra sabiduría consiste en confiar firmemente en los mandamientos de Dios y respetarlos profundamente.
Cuando Dios dice: «No mentirás», o «No tomarás su nombre en vano», o «No te emborracharás», y cosas semejantes, nuestra respuesta debe ser clara: «Sí, Dios lo ha dicho y es correcto. Por su gracia, lo obedeceré, sin importar lo que diga el tentador». Esta convicción firme ayuda a proteger el corazón contra la tentación.
En respuesta a la serpiente, la mujer presenta un relato claro y completo de la ley bajo la cual vivían (Génesis 3:2, 3). Primero, debemos notar que fue una debilidad de su parte seguir conversando con la serpiente. Por su pregunta, pudo haberse dado cuenta de que no tenía buenas intenciones y haberse alejado de inmediato, rechazándola con firmeza. Pero la curiosidad y quizá la sorpresa de escuchar hablar a una serpiente la llevaron a continuar la conversación.
Esto es peligroso, porque la tentación debe rechazarse desde el principio con desprecio y repugnancia. Una fortaleza que acepta conversar sobre la paz está cerca de rendirse. Quienes quieren permanecer a salvo deben mantenerse alejados del peligro. Vea Proverbios 14:7 y Proverbios 19:27.
Segundo, fue sabio de parte de Eva mencionar la libertad que Dios les había dado como respuesta a la insinuación maliciosa de la serpiente, que daba a entender que Dios los había puesto en el paraíso solamente para provocarlos con frutos hermosos pero prohibidos. «Sí —dice ella—, podemos comer del fruto de los árboles». En otras palabras, tenían suficiente variedad y abundancia, y eso se lo debían a su Creador. Nos ayuda recordar con frecuencia las bendiciones y la libertad que la fe nos da, para que no nos volvamos inquietos bajo sus límites.
Tercero, mostró cierta firmeza al aferrarse al mandamiento de Dios y repetirlo como algo seguro: Dios había dicho que no debían comer de aquel árbol. Cuando añade: «Ni siquiera deben tocarlo», parece estar intentando poner una cerca alrededor del mandamiento. Probablemente era un esfuerzo sincero por evitar incluso el primer paso hacia el pecado. Si no debemos comer, entonces tampoco debemos tocar.
Cuarto, parece ser menos precisa al repetir la advertencia. Dios había dicho: «El día que comas de él, ciertamente morirás», pero ella debilita la advertencia al decir: «No sea que mueran». La fe vacilante y la determinación vacilante le dan al tentador una gran ventaja.
Entonces la serpiente niega abiertamente que hubiera algún peligro. Insiste en que, aunque quebrantaran el mandamiento, no sufrirían el castigo: «Ustedes ciertamente no morirán» (Génesis 3:4). Estas palabras contradicen directamente lo que Dios había dicho. Algunos entienden que quiso decir: «No es seguro que mueran», como si la advertencia de Dios fuera solamente una posibilidad incierta. Satanás suele intentar sacudir aquello que no puede destruir, poniendo en duda la verdad de las amenazas de Dios. Una vez que una persona piensa que la palabra de Dios puede ser falsa o incierta, la incredulidad ya ha encontrado una puerta de entrada.
Otros entienden que quiso decir: «Ciertamente no morirán». En ese caso, habló con la misma seguridad que Dios usó al dar la advertencia. Primero cuestionó el mandato en Génesis 3:1, pero cuando la mujer se mantuvo firme, pasó a la amenaza, porque vio que allí era menos firme. Él nota rápidamente cualquier debilidad y ataca donde la pared es más frágil. Esto fue una mentira, una mentira evidente, porque se oponía a la palabra verdadera de Dios (1 Juan 2:21, 27).
También se oponía a lo que Satanás mismo sabía. Cuando les dijo que no había peligro en desobedecer, afirmó algo que sabía por amarga experiencia que era falso. Él mismo había quebrantado la ley de su creación y había aprendido, a un costo enorme, que la rebelión no prospera. Sin embargo, les dijo a nuestros primeros padres que no morirían. Ocultó su propia miseria para arrastrarlos a la misma ruina. Satanás todavía engaña a los pecadores de esta manera. Les dice que pueden pecar y seguir viviendo, y ellos le creen con más facilidad que a Dios, quien dice: «La paga del pecado es muerte». La esperanza de escapar del castigo sostiene fuertemente la maldad y la dureza de corazón: «Tendré paz, aunque siga los pensamientos obstinados de mi corazón» (Deuteronomio 29:19).
Después les prometió obtener algo al desobedecer (Génesis 3:5). Allí intensificó su ataque, y fue un ataque mortal en su raíz. No se limitó a afirmar que no perderían nada; les prometió que obtendrían grandes cosas si mordían el anzuelo. No habría podido llevarlos a arriesgar su propia ruina si antes no les hubiera presentado la esperanza de mejorar su condición.
Les insinuó el gran avance que lograrían al comer del fruto y adaptó la tentación a su estado actual de inocencia. No les ofreció placeres físicos, sino el deleite de la mente. Esos eran los anzuelos que escondía bajo la carnada. Primero: «Sus ojos serán abiertos». Es decir, tendrían más capacidad y placer para pensar y comprender, y verían más profundamente las cosas que en ese momento. Habló como si fueran ciegos o tuvieran una visión limitada en comparación con lo que llegarían a ser.
Segundo: «Serán como dioses», como poderosos seres divinos, que no solo lo saben todo, sino que también tienen poder. O quiso decir: «Serán como Dios mismo, iguales a él, sus rivales, gobernándose por sí mismos y sin depender ya de él». Qué sugerencia tan absurda. Como si unas criaturas hechas apenas ayer pudieran llegar a ser como su Creador, quien siempre ha existido.
Tercero: «Conocerán el bien y el mal», es decir, conocerían todo lo que vale la pena conocer. Para apoyar esta tentación, Satanás tergiversó el nombre del árbol. El árbol debía enseñarles un conocimiento práctico del bien y del mal, es decir, del deber y la desobediencia. También les daría un conocimiento experimental del bien y del mal, es decir, de la felicidad y la miseria.
De estas maneras, el nombre del árbol tenía el propósito de advertirles que no comieran de él. Pero Satanás distorsionó su significado y lo convirtió en un instrumento para su ruina, como si ese árbol les diera un conocimiento superior y más detallado de la naturaleza, las clases y los orígenes del bien y del mal. Y todo esto ocurriría de inmediato, con la promesa de que el día que comieran experimentarían un cambio instantáneo y una mejora extraordinaria.
Con todas estas insinuaciones, Satanás buscaba despertar dos deseos equivocados. Primero, quería que se sintieran insatisfechos con su estado actual, como si no fuera tan bueno como debía ser. Ninguna situación nos satisface por sí sola si nuestra mente no aprende a estar de acuerdo con ella. Adán no estaba contento, ni siquiera en el paraíso, y los ángeles tampoco estuvieron contentos en su estado inicial (Judas 1:6). Segundo, despertó la ambición, el deseo de elevarse, como si fueran aptos para ser dioses. Satanás se arruinó a sí mismo al querer ser como el Altísimo (Isaías 14:14), y ahora intentó contagiar a nuestros primeros padres con el mismo deseo para destruirlos también.
También insinuó que Dios no tenía ningún buen propósito al prohibirles comer ese fruto. En efecto, dijo: «Dios sabe que esto los elevará; por envidia y malicia se los ha negado». Como si Dios tuviera miedo de dejarlos comer porque entonces conocerían su propia fuerza y ya no permanecerían en una posición inferior. O como si Dios resentiera el honor y la felicidad que ese árbol podría darles. Esto fue un insulto terrible contra Dios, la mayor falta de respeto imaginable. Atacó su poder, como si tuviera miedo de sus criaturas, y aún más su bondad, como si odiara lo que sus propias manos habían hecho y no quisiera que sus criaturas fueran felices.
No es de extrañar, entonces, que incluso las mejores personas sean malinterpretadas y atacadas, puesto que a Dios mismo lo tratan de esa manera. Satanás, que acusa a los creyentes delante de Dios, también acusa a Dios delante de los creyentes. Así fomenta la división y se convierte en el padre de quienes hacen lo mismo. Esta también fue una trampa muy peligrosa para nuestros primeros padres, porque apartaría su corazón de Dios y debilitaría su lealtad hacia él. El diablo todavía gana personas al hacer que piensen mal de Dios y al darles falsas esperanzas de que el pecado traerá beneficios. Hagamos lo contrario: pensemos bien de Dios, como nuestro bien supremo, y pensemos mal del pecado, como el peor de los males. Así resistiremos al diablo, y él huirá de nosotros.
De este capítulo
Génesis 3:2
"La mujer le respondió: —Podemos comer del fruto de cualquier árbol,"
Génesis 3:3
"excepto del árbol que está en medio del jardín. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol, porque, si lo hacemos, moriremos."
Génesis 3:4
"Pero la serpiente le dijo a la mujer: —Eso no es cierto. No morirán."
Génesis 3:5
"Dios sabe muy bien que, cuando ustedes coman del fruto de ese árbol, podrán saber lo que es bueno y lo que es malo, y entonces serán como Dios."
Génesis 3:6
"La mujer vio que el fruto del árbol era hermoso, y deseó comerlo y llegar a tener entendimiento. Así que cortó uno de los frutos y se lo comió. Después se lo dio a su esposo, y él también comió."
Génesis 3:7
"En ese momento se les abrieron los ojos, y ambos se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas."
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