Versículo destacado
Génesis 2:16 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" le dio esta orden: Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín, "
Génesis 2:16
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
14 El tercero era el río Tigris, que es el que pasa al oriente de Asiria. Y el cuarto era el río Éufrates.
15 Cuando Dios el Señor puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara,
16 le dio esta orden: Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín,
17 menos del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque, si lo comes, ciertamente morirás.
18 Luego, Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle alguien que sea una ayuda adecuada para él.»
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Aquí vemos, en primer lugar, la autoridad de Dios sobre el ser humano. El hombre fue creado con razón y libertad de voluntad; sin embargo, el Señor Dios le dio un mandamiento. Adán ocupaba el lugar de representante de toda la humanidad, como padre y representante de todos, de modo que la ley que recibió no se limitaba a él. Dios gobierna a todas sus criaturas conforme a la naturaleza que les dio, e incluso el curso regular de la naturaleza está bajo su ley (Salmo 148:6; Salmo 104:9). Los animales siguen sus instintos, pero el ser humano fue creado para servir de manera razonable; por eso recibió el mandamiento de su Creador y Señor.
Adán era un hombre grande, bueno y feliz; aun así, el Señor Dios le dio un mandamiento. Eso no disminuyó su grandeza, no manchó su bondad ni debilitó su felicidad. En esto debemos reconocer el derecho de Dios a gobernarnos y nuestra obligación de dejarnos gobernar por él. Nunca debemos oponer nuestra voluntad a la voluntad santa de Dios, ni siquiera colocarla a su lado como si ambas tuvieran el mismo peso.
En segundo lugar, vemos la manera específica en que Dios ejerció esa autoridad. Le dijo a Adán qué debía hacer y bajo qué condiciones permanecería delante de su Creador. Primero, Dios confirmó la felicidad que Adán ya disfrutaba al darle libertad: podía comer libremente de todos los árboles del jardín. Era una provisión generosa que le permitía disfrutar del abundante fruto del paraíso como recompensa por cuidarlo y trabajarlo (1 Corintios 9:7, 1 Corintios 9:10).
También era una garantía de vida, incluso de vida inmortal, si Adán obedecía. El árbol de la vida estaba en medio del jardín como señal especial de esa vida (Génesis 2:9). Por eso, cuando Adán cayó después y se le retiró ese privilegio, el único árbol que se menciona expresamente como prohibido fue el árbol de la vida (Génesis 3:22). Allí se dice que Adán podría haber comido de él y vivido para siempre, es decir, no habría muerto ni perdido su felicidad. Si Adán hubiera permanecido santo y hubiera seguido la voluntad de Dios, habría continuado feliz bajo el favor de Dios, ya fuera en ese paraíso o en uno mejor. Con la condición de una obediencia completa, personal y perseverante, Adán tenía asegurado el paraíso para él y para sus descendientes para siempre.
Pero Dios también puso a prueba la obediencia de Adán al advertirle que perdería todo si desobedecía. Del otro árbol, el árbol del conocimiento, le dijo que el día que comiera de él ciertamente moriría. Este árbol estaba muy cerca del árbol de la vida, pues se dice que ambos estaban en medio del jardín. El significado era claro: Adán estaba siendo puesto a prueba. Fue colocado en el paraíso bajo esa prueba; si obedecía, permanecería feliz para siempre, pero si desobedecía, llegaría a ser tan desdichado como entonces era feliz.
Adán fue advertido de la muerte si pecaba. Las palabras expresan una sentencia segura y terrible. Antes, la promesa generosa de Dios había sido, en efecto: «Puedes comer libremente». Aquí la advertencia es igualmente contundente: «Ciertamente morirás». Incluso al inocente Adán se le dio una amenaza para despertar en él temor; y si él necesitaba entonces una barrera como esa, nosotros la necesitamos mucho más ahora. El castigo era la muerte: quedaría excluido del árbol de la vida y de todo lo bueno que este prometía. Quedaría expuesto a la muerte, con todos los sufrimientos que la preceden y la siguen.
Esta muerte estaba directamente ligada al pecado. «El día que comas de él, morirás» significa que se volvería mortal y quedaría sujeto a la muerte. Se le quitaría el don de la inmortalidad y se removería la protección que lo rodeaba. Quedaría bajo el poder de la muerte, como alguien condenado por la ley, aunque también se le concedería un plazo porque Adán era la raíz de la raza humana. Aun así, las primeras señales y mensajeras de la muerte comenzarían de inmediato, y desde entonces su vida avanzaría hacia la muerte. Esta es una regla establecida: quien peca morirá.
Dios también puso a prueba a Adán mediante un mandamiento específico: un solo acto sencillo de obediencia, no comer del árbol del conocimiento. Era una prueba apropiada porque la única razón para no comer de ese árbol era la voluntad de Dios. Adán ya tenía un rechazo interior hacia lo que es malo en sí mismo; por eso fue probado con algo que era malo únicamente porque Dios lo había prohibido. Como se trataba de un asunto pequeño, era aún más apropiado para demostrar su obediencia. También ponía freno a los deseos del cuerpo y de la mente, que son dos grandes fuentes de pecado en la naturaleza humana caída.
Este mandamiento controlaba tanto el deseo corporal de las cosas agradables como el deseo de obtener conocimiento por curiosidad. De ese modo, el cuerpo de Adán debía estar gobernado por su alma, y su alma, por Dios. Tal era la tranquilidad y la felicidad del ser humano en su estado de inocencia, con todo lo que su corazón podía desear legítimamente. ¡Qué bueno fue Dios con él! ¡Cuántas bendiciones puso a su alcance! ¡Qué sencillas eran las leyes que Dios le dio! ¡Qué bondadoso era el pacto que hizo con él! Sin embargo, aunque había sido honrado, el ser humano no comprendió lo que le convenía y pronto llegó a ser como las bestias que perecen.
De este capítulo
Génesis 2:1
"El cielo y la tierra, y todo lo que hay en ellos, quedaron terminados."
Génesis 2:2
"El séptimo día Dios terminó lo que había hecho y descansó."
Génesis 2:3
"Entonces bendijo el séptimo día y lo declaró día sagrado, porque en ese día descansó de todo su trabajo de creación."
Génesis 2:4
"Esta es la historia de la creación del cielo y de la tierra. Cuando Dios el Señor hizo el cielo y la tierra,"
Génesis 2:5
"aún no había plantas ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra ni había nadie que la trabajara."
Génesis 2:6
"Sin embargo, de la tierra salía agua que regaba todo el terreno."
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