Versículo destacado

Génesis 15:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Después de esto, el Señor le habló a Abram en una visión y le dijo: —No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector. Tu recompensa será muy grande. "

Génesis 15:1

menu_book El versículo en contexto

1 Después de esto, el Señor le habló a Abram en una visión y le dijo: —No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector. Tu recompensa será muy grande.

2 Pero Abram le contestó: —Señor y Dios, ¿de qué me sirve que me des una recompensa, si tú bien sabes que no tengo hijos? El heredero de todo lo que tengo: Eliézer de Damasco.

3 Como no me has dado ningún hijo, será uno de mis criados.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Observemos primero el momento en que Dios hizo este pacto con Abram: «Después de estas cosas». Esto ocurrió después del generoso acto de bondad de Abram, cuando rescató de la aflicción a sus vecinos y amigos sin pedirles pago ni recompensa. Después de eso, Dios le concedió esta visita llena de gracia. Quienes muestran bondad hacia los demás encontrarán bondad de parte de Dios.

También ocurrió después de la victoria de Abram sobre los cuatro reyes. Dios pareció salir a su encuentro entonces para que no se llenara de orgullo ni se dejara llevar demasiado por ese éxito. En cambio, le recordó que le esperaban cosas mejores. Una vida enfocada en las bendiciones espirituales es una buena manera de evitar que nos apeguemos demasiado a las comodidades terrenales. Los dones de la providencia común —es decir, el cuidado ordinario de Dios en esta vida— no se comparan con los dones de su amor de pacto.

En segundo lugar, observemos la manera en que Dios habló con Abram. «La palabra del SEÑOR vino a Abram» significa que Dios se dio a conocer a sí mismo y le reveló su voluntad «en una visión». Esto quiere decir que Abram estaba despierto, y quizá hubo alguna manifestación visible de la gloria de Dios o alguna señal clara de su presencia. Las maneras en que Dios se revela corresponden a nuestra vida en un mundo en el que dependemos de nuestros sentidos.

En tercer lugar, veamos la bondadosa seguridad que Dios le dio acerca de su favor. Dios lo llamó por su nombre: «Abram». Esto fue un gran honor, porque mostraba la atención personal de Dios y hacía aún más grande su nombre. También fue una poderosa ayuda para la fe de Abram. La palabra de Dios nos hace bien cuando su Espíritu nos la comunica personalmente y la hace llegar a lo profundo del corazón. La Escritura dice: «Todos los sedientos» (Isaías 55:1), pero el Espíritu dice: «Tú, en particular».

Dios también le advirtió que no se preocupara ni se dejara sacudir por el temor: «No temas, Abram». Abram quizá temía que los cuatro reyes derrotados volvieran a reunirse y lo atacaran. Dios le respondió: «No temas la venganza de ellos ni la envidia de tus vecinos. Yo cuidaré de ti». Incluso una fe firme puede estar acompañada de muchos temores (2 Corintios 7:5). Dios observa los temores de su pueblo, aun los que permanecen ocultos para los demás, y conoce su corazón (Salmo 31:7). Es la voluntad de Dios que su pueblo no se entregue a un temor permanente, suceda lo que suceda. Que los pecadores en Sion tengan motivos para temer, pero Abram no tenía que vivir con temor.

Dios también le aseguró protección y felicidad, y que siempre tendría ambas cosas. Primero, estaría tan seguro como Dios mismo pudiera hacerlo: «Yo soy tu escudo». Es decir, Dios estaría presente con él y cuidaría activamente de él. No solo era el Dios de Israel, sino también un Dios para Israel. El hecho de que Dios mismo es y será el escudo de su pueblo debería bastar para calmar todos sus temores dolorosos y angustiosos. Él es un escudo que los protege de todo mal destructor, un escudo preparado para ellos y que los rodea por completo.

Segundo, Abram sería tan feliz como Dios mismo pudiera hacerlo: «Yo soy tu recompensa sumamente grande». Dios no solo prometía recompensar a Abram, sino que decía que él mismo sería la recompensa. Abram había rechazado los regalos que le ofreció el rey de Sodoma, y ahora Dios le decía que no perdería nada por haber tomado esa decisión. Las recompensas de la obediencia basada en la fe y de la abnegación son verdaderamente grandes (Colosenses 2:9). Dios mismo es la felicidad escogida y prometida de las almas santas: escogida en este mundo y prometida para el próximo. Él es la porción de su herencia y su copa.

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