Versículo destacado
Génesis 12:4 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Abram salió de Harán tal como el Señor se lo había ordenado. Tenía setenta y cinco años cuando salió de allí para ir a la tierra de Canaán. "
Génesis 12:4
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
2 Con tus descendientes formaré una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros.
3 Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; por medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo.
4 Abram salió de Harán tal como el Señor se lo había ordenado. Tenía setenta y cinco años cuando salió de allí para ir a la tierra de Canaán.
5 Se llevó consigo a su esposa Sarai y a su sobrino Lot, así como todas las cosas que tenían y la gente que habían adquirido en Harán. Cuando llegaron a Canaán,
6 Abram atravesó toda aquella región hasta llegar a Siquem, donde está la encina sagrada de Moré. En aquel tiempo, los cananeos vivían en esa región.
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Aquí vemos a Abram dejando su tierra, primero Ur y luego Harán, en obediencia al llamado de Dios: «Así que Abram partió». No fue desobediente a la visión celestial. Hizo lo que se le había ordenado sin consultar primero la sabiduría humana ni sus propias preocupaciones (Gálatas 1:15-16). Su obediencia fue pronta y no discutió. Salió sin saber adónde iba, pero sabía a quién seguía y bajo la dirección de quién estaba (Hebreos 11:8). De esta manera, Dios lo llamó a acercarse y caminar junto a Él (Isaías 41:2).
También vemos la edad de Abram cuando se mudó. Tenía setenta y cinco años, una edad en la que la mayoría de las personas esperaría establecerse y descansar. Pero si Dios quería que comenzara de nuevo en su vejez, Abram estaba dispuesto a someterse. Es un ejemplo de una persona mayor que llega a la fe y obedece a Dios.
También vemos quiénes lo acompañaron y qué pertenencias llevó consigo. Llevó a su esposa Sarai y a su sobrino Lot, no por la fuerza, sino por persuasión. Sarai ciertamente iría con él, porque Dios los había unido, y nada debía separarlos. Si Abram estaba dejando todo para seguir a Dios, Sarai estaba dejando todo para seguir a Abram, aunque ninguno de los dos sabía adónde iban. Fue una bondad de parte de Dios que Abram tuviera una compañera así en el viaje, una ayuda adecuada para él. Es un gran consuelo cuando el esposo y la esposa están de acuerdo en caminar juntos por el camino hacia el cielo.
Lot, su sobrino y probablemente hijo del hermano fallecido de Abram, también fue movido por el buen ejemplo de Abram. Incluso es posible que hubiera quedado bajo el cuidado de Abram después de la muerte de su padre, y estuvo dispuesto a ir con él. Quienes se dirigen hacia Canaán, la tierra prometida, no tienen que hacerlo solos. Pocos encuentran la puerta estrecha, pero gracias a Dios, algunos sí la encuentran. Es sabio ir con quienes tienen a Dios consigo, adondequiera que vayan (Zacarías 8:23).
También llevaron consigo todas sus posesiones: todos sus bienes y las pertenencias transportables que habían reunido. Con esto estaban sometiéndolo todo a la dirección de Dios y no retenían nada. A la vez, llevaban lo necesario para servir a Dios y cuidar de su familia en la tierra adonde se dirigían. Deshacerse de sus posesiones solo porque Dios había prometido bendecirlos habría sido tentar a Dios, no confiar en Él. Tampoco dejaron atrás nada que pudiera tentarlos a regresar; como dice el dicho, ni siquiera una pezuña.
Llevaron consigo a las personas que habían ganado, es decir, tanto a sus siervos como a aquellos a quienes habían persuadido para adorar al Dios verdadero y acompañarlos a Canaán. Sus siervos formaban parte de sus bienes, pero la Escritura los llama personas para recordarles a los amos que los siervos pobres también tienen alma: almas preciosas que deben ser cuidadas y recibir lo que necesitan. Los demás eran personas que habían ganado para la adoración de Dios, personas que habían reunido bajo el cuidado de la presencia de Dios. Quienes siguen y sirven a Dios deben hacer todo lo posible para llevar a otros a hacer lo mismo. Se dice que estas personas fueron ganadas. Debemos considerar una verdadera ganancia poder ganar almas para Cristo.
Por fin llegaron al término de su viaje. Ya habían salido antes con la intención de ir a la tierra de Canaán, en Génesis 11:31, pero entonces se detuvieron a mitad del camino. Ahora siguieron adelante y, por la bondadosa mano de Dios sobre ellos, llegaron a la tierra de Canaán. Allí, por medio de una nueva revelación, se les dijo que esa era la tierra que Dios les había prometido mostrarles. No regresaron por causa de las dificultades que encontraron ni se distrajeron con los placeres que hallaron en el camino. Siguieron avanzando.
Quienes emprenden el camino hacia el cielo deben continuar hasta el final, siempre extendiéndose hacia lo que está por delante. Todo lo que comenzamos en obediencia al mandato de Dios, mientras seguimos humildemente su providencia, ciertamente prosperará y al final terminará en consuelo.
De este capítulo
Génesis 12:1
"Un día, el Señor le dijo a Abram: Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y ve a la tierra que yo te mostraré."
Génesis 12:2
"Con tus descendientes formaré una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros."
Génesis 12:3
"Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; por medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo."
Génesis 12:5
"Se llevó consigo a su esposa Sarai y a su sobrino Lot, así como todas las cosas que tenían y la gente que habían adquirido en Harán. Cuando llegaron a Canaán,"
Génesis 12:6
"Abram atravesó toda aquella región hasta llegar a Siquem, donde está la encina sagrada de Moré. En aquel tiempo, los cananeos vivían en esa región."
Génesis 12:7
"Allí el Señor se le apareció y le dijo: «Esta tierra se la daré a tu descendencia». Entonces Abram construyó un altar en honor del Señor, porque allí se le había aparecido."
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