Versículo destacado
Ezequiel 10:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
Luego vi que, encima de la bóveda que estaba sobre las cabezas de los seres alados, apareció algo semejante a un trono que parecía de zafiro.
Ezequiel 10:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Luego vi que, encima de la bóveda que estaba sobre las cabezas de los seres alados, apareció algo semejante a un trono que parecía de zafiro.
3 En ese momento, los seres alados estaban al sur del templo, y una nube llenaba el atrio interior.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Para ayudarnos a experimentar un santo asombro y reverencia ante Dios, debemos prestar atención a esta parte de la visión del profeta. Nos permite vislumbrar el mundo invisible, aunque solo percibimos débiles señales de su resplandor y belleza. Son apenas sombras que nunca pueden igualar la realidad, pero bastan para hacernos inclinarnos con reverencia si dejamos que formen nuestra manera de pensar.
Primero, Dios aparece en gloria sobre los querubines, es decir, sobre esos poderosos seres angelicales que sirven ante su trono (Ezequiel 10:1). Él manifiesta su gloria en el reino supremo, donde la pureza y el esplendor son completos. La amplia extensión del firmamento señala su grandeza y nos recuerda que está por encima de todas las cosas. Está por encima de los querubines no solo en honor, sino también en autoridad, porque incluso ellos están sujetos a él y a Cristo.
También se lo ve sobre un trono, o algo semejante a un trono, porque el lenguaje humano no puede describir plenamente su gobierno. El trono tenía el aspecto de una piedra de zafiro, transparente y resplandeciente, y muestra que el trono celestial de Dios es muy superior al de cualquier rey terrenal. Su gobierno es perfecto, y nada en la tierra puede compararse con él.
Dios está rodeado por una gloriosa compañía de ángeles santos. Cuando el Señor entró en su templo, los querubines estaban junto al lado derecho del templo, como una guardia real que espera en la entrada de un palacio (Ezequiel 10:3). Cristo tiene ángeles bajo su autoridad, y todos están llamados a adorarlo. Algunos piensan que estaban en el lado sur porque la imagen de los celos y otros ídolos se encontraban en el lado norte, y que se mantenían lo más lejos posible de la idolatría.
La gloria de Dios está parcialmente oculta por una nube, pero también resplandece con una luz deslumbrante. En el templo y en el atrio interior había nube y oscuridad; sin embargo, el atrio también estaba lleno del resplandor de la gloria del Señor (Ezequiel 10:3-4). Su justicia es clara, como las montañas elevadas, y llena el atrio. Pero sus juicios son profundos y ocultos, y no podemos comprenderlos por completo.
La luz es suficiente para despertar nuestra conciencia y guiarnos, pero la nube nos impide intentar satisfacer toda nuestra curiosidad. No podemos ver a través de todo lo que Dios hace ni explicar plenamente sus caminos. Así se relaciona con nosotros ahora, aunque un día, en el templo celestial, ya no habrá nube y lo veremos cara a cara.
Los querubines producían un sonido imponente con sus alas (Ezequiel 10:5). Sus alas se movían con un ruido parecido al de cuerdas musicales o al sonido que hacen las aves y los insectos al volar. Probablemente esto mostraba que se preparaban para moverse, mientras extendían y levantaban sus alas. El sonido era como la propia voz de Dios, semejante al trueno o a la voz que se oyó en el monte Sinaí (Salmo 29:3).
Ese sonido llegó incluso hasta el atrio exterior, el atrio del pueblo. Así, los juicios de Dios se hacen oír en la ciudad, aun entre quienes no contemplan las visiones. Esta visión no tiene como único propósito mostrar la grandeza de Dios. También transmite las órdenes para la destrucción de Jerusalén.
La gran destrucción suele llegar por medio del fuego y la espada. En el capítulo anterior se dieron órdenes para matar a los habitantes de Jerusalén. Aquí la ciudad misma será quemada con carbones encendidos tomados de entre los querubines. La gloria del Señor se levanta del querubín y se detiene en el umbral del templo, tal como los tribunales de justicia se establecían en las puertas de la ciudad. Puesto que el pueblo no quiso escuchar las palabras de Dios desde su templo, ahora tendrá que oír allí su sentencia.
El hombre vestido de lino, aquel que había marcado a los que serían protegidos, ahora es utilizado para llevar a cabo esta obra. El mismo Jesús que protege y salva a los creyentes, y a quien se le ha dado todo juicio, también vendrá en fuego ardiente para castigar a quienes no obedecen el evangelio. El que está sentado en el trono le ordena ir entre las ruedas, llenar sus manos con carbones encendidos tomados de entre los querubines y esparcirlos sobre la ciudad.
Esto muestra, en primer lugar, que el incendio de la ciudad y del templo a manos de los caldeos era un juicio establecido, llevado a cabo conforme al plan de Dios. En segundo lugar, muestra que el fuego de la ira divina es santo y justo, porque se toma de entre los querubines. El fuego del altar de Dios, donde se hacía expiación, había sido tratado con desprecio; por eso ahora se toma fuego del cielo para vengar ese pecado, así como Nadab y Abiú murieron por ofrecer un fuego extraño. Si alguna ciudad, pueblo o casa se quema, ya sea intencionalmente o por accidente, debemos recordar que la causa primera está en Dios, porque ningún mal de esa clase ocurre fuera de su autoridad.
Esto también muestra que Jesucristo actúa por mandato del Padre, pues recibe autoridad para ejecutar el juicio como el Hijo del Hombre. Cristo vino a traer fuego sobre la tierra (Lucas 12:49), y en el día final convertirá este mundo en cenizas. Por el fuego de su mano, la tierra y todo lo que hay en ella serán consumidos.
El hombre vestido de lino, probablemente un mensajero angelical, llevó a cabo esta tarea de inmediato. Aunque la ropa de lino no era adecuada para manipular carbones encendidos, respondió: «Estoy listo», y obedeció el mandato que había recibido del Padre. El profeta lo vio entrar, como se menciona en Ezequiel 10:2. Entró y se puso junto a las ruedas, esperando recibir los carbones que debía esparcir.
Tuvo que recibir aquello que iba a entregar, ya fuera para misericordia o para juicio. Se le ordenó tomar fuego, pero esperó hasta que se lo entregaran. Esto muestra cuán lento es el Señor para ejecutar el juicio y cuánta paciencia tiene con nosotros.
Uno de los querubines, esos seres celestiales que rodean el trono de Dios, extendió la mano y tomó un puñado de fuego de entre los seres vivientes. Cuando Ezequiel contempló esta visión por primera vez, ya había observado carbones encendidos y lámparas que se movían entre los seres vivientes (Ezequiel 1:13). Aquí el fuego se toma de ese mismo lugar, en Ezequiel 10:7. El espíritu de fuego, ese fuego purificador por medio del cual Cristo purifica a su iglesia, procede de Dios mismo. Por medio de este fuego celestial se realizan grandes obras.
Los querubines pusieron el fuego en la mano del hombre, mostrando que los ángeles están listos para servir al Señor Jesús y llevar a cabo todos sus propósitos. Después de recibir el fuego, salió, sin duda para esparcirlo sobre la ciudad, tal como se le había ordenado. Nadie podrá soportar el día de su venida ni mantenerse en pie cuando salga lleno de ira.
De este capítulo
Ezequiel 10:2
"Y el Señor le dijo al hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas del carro, debajo de los seres alados, toma un puñado de las brasas encendidas que están en medio de los seres alados y espárcelas sobre la ciudad». Y vi cómo el hombre se metió."
Ezequiel 10:3
"En ese momento, los seres alados estaban al sur del templo, y una nube llenaba el atrio interior."
Ezequiel 10:4
"Entonces la gloria del Señor se elevó de encima de los seres alados y se dirigió a la entrada del templo; la nube llenó el templo, y el atrio se iluminó con el resplandor de la gloria del Señor."
Ezequiel 10:5
"El ruido que hacían las alas de los seres alados se oía hasta en el atrio exterior. Era como si el Dios todopoderoso estuviera hablando."
Ezequiel 10:6
"Entonces el Señor ordenó al hombre vestido de lino que tomara fuego de entre las ruedas del carro, de en medio de los seres alados. El hombre fue y se puso junto a una de las ruedas."
Ezequiel 10:7
"Uno de ellos extendió la mano hacia el fuego que estaba en medio y, tomando un poco, se lo puso en las manos al hombre vestido de lino, quien lo tomó y se fue."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.