Versículo destacado
Éxodo 21:22 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Si dos hombres se pelean y llegan a lastimar a una mujer embarazada, haciéndola abortar, pero sin poner en peligro su vida, el culpable deberá pagar como multa lo que el marido de la mujer exija, según la decisión de los jueces. "
Éxodo 21:22
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
20 Si alguien golpea con un palo a su esclavo o esclava y lo mata, deberá hacérsele pagar su crimen.
21 Pero si vive un día o más, ya no se le castigará, pues el esclavo es de su propiedad.
22 Si dos hombres se pelean y llegan a lastimar a una mujer embarazada, haciéndola abortar, pero sin poner en peligro su vida, el culpable deberá pagar como multa lo que el marido de la mujer exija, según la decisión de los jueces.
23 Pero si la vida de la mujer es puesta en peligro, se exigirá vida por vida,
24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie,
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La ley mostraba un cuidado especial por las mujeres embarazadas, para que no sufrieran ningún daño que pudiera provocar un aborto. La misma ley natural nos llama a actuar con mucho cuidado en una situación así, para que la madre y el hijo no sean destruidos juntos (Éxodo 21:22-23). Las mujeres que reciben esta protección especial en la ley de Dios también pueden confiar en que están bajo su providencia si viven en el temor del Señor, y pueden esperar su ayuda durante el parto.
En este punto aparece la norma más amplia del castigo justo, a la que nuestro Salvador se refiere con las palabras «ojo por ojo» (Mateo 5:38). Sin embargo, esto no entregaba la venganza en manos de particulares, como si cada persona pudiera vengarse por sí misma. Eso produciría caos y haría que las personas fueran como los peces del mar. Parece que la tradición de los ancianos había distorsionado la ley de esa manera; por eso nuestro Salvador enseña que debemos perdonar las ofensas y no alimentar el deseo de venganza (Mateo 5:39). Con frecuencia, Dios aplica esta norma por medio de su providencia, haciendo que el castigo corresponda al pecado en muchos casos (Jueces 1:7; Isaías 33:1; Habacuc 2:13; Mateo 26:52). Los magistrados y gobernantes civiles también deben tener presente este principio cuando castigan a quienes hacen el mal y reparan el daño causado a los perjudicados.
Deben considerar la naturaleza de la ofensa, su gravedad y la magnitud del daño, para que se establezca la compensación o el castigo adecuado. En algunos casos, un ojo debía pagarse con otro ojo; en otros, el ojo dañado debía compensarse con dinero. El principio es claro: quien hace el mal debe esperar recibir, de alguna manera, lo que merece su maldad (Colosenses 3:25). A veces Dios hace que los actos violentos recaigan sobre quienes los cometieron (Salmo 7:16). Los gobernantes civiles sirven a la justicia de Dios en este aspecto, porque son servidores encargados de castigar el mal y no llevan la espada en vano (Romanos 13:4).
Dios también mostró cuidado por los siervos. Si sus amos los herían, incluso si les sacaban un diente de un golpe, debían dejarlos libres de su servicio (Éxodo 21:26-27). Esto tenía como primer propósito protegerlos del abuso. Los amos tendrían cuidado de no golpearlos, porque podrían perder su trabajo. También servía para consolar a los siervos si eran maltratados, ya que la pérdida de una parte del cuerpo sería respondida con la libertad. Esa libertad compensaría, al menos en parte, el dolor y la vergüenza que habían sufrido.
¿Le importan a Dios los bueyes? Sí. Las leyes que siguen en este capítulo lo demuestran, y lo demuestran por nuestro bien (1 Corintios 9:9-10). Israel recibió instrucciones sobre qué hacer si un buey u otro animal causaba daño. Si un buey mataba a un hombre, a una mujer o a un niño, debía ser apedreado (Éxodo 21:28). Puesto que el honor más elevado de las criaturas inferiores es servir a las personas, al animal culpable se le negaba ese honor, y su carne no debía comerse. De esta manera, Dios mantenía delante de su pueblo un profundo rechazo al asesinato y a todo acto de brutalidad.
La ley también hacía que las personas tuvieran cuidado de que sus animales no causaran daño. Si el dueño sabía que su animal era peligroso, debía responder por la lesión que causara. Según las circunstancias, podía ser condenado a muerte o pagar dinero para salvar su propia vida (Éxodo 21:29-32). Algunos antiguos libros de leyes ingleses consideraban esto un delito grave conforme al derecho consuetudinario, pues afirmaban que quien dejaba suelto a un animal peligroso sabiendo cómo era mostraba que estaba dispuesto a que ocurriera un daño. La enseñanza es clara: no basta con que nosotros mismos no hagamos daño. También debemos procurar que no lo hagan aquellos a quienes tenemos autoridad para controlar, sean personas o animales.
La ley también trataba el daño causado a los bueyes y a otros animales. Si un animal caía en un hoyo y moría allí, quien había dejado el hoyo abierto debía compensar la pérdida (Éxodo 21:33-34). Debemos cuidarnos no solo de hacer lo que claramente es dañino, sino también de hacer aquello que podría llegar a causar daño. No basta con no planear el mal. También debemos procurar prevenirlo; de lo contrario, llegamos a ser parcialmente responsables de la pérdida de nuestro prójimo. El daño causado con malicia es un gran pecado, pero el daño causado por descuido y falta de consideración también merece reproche y debe lamentarse. Sobre todo, debemos tener cuidado de no hacernos partícipes del pecado de otros poniendo tropiezos en su camino (Romanos 14:13).
Si dos animales peleaban y uno mataba al otro, los dueños debían compartir la pérdida por igual (Éxodo 21:35). Pero si se sabía que el animal que causó el daño era peligroso, su dueño debía hacer restitución, porque debió mantenerlo bajo control o sacrificarlo (Éxodo 21:36). Estos fallos son tan justos que se explican por sí mismos, y ofrecen principios de justicia que fueron útiles entonces y siguen siéndolo hoy para disputas semejantes.
Considero que estos casos se mencionaron no porque fueran los únicos importantes, sino porque eran situaciones reales que se habían presentado delante de Moisés. En el desierto, donde el pueblo acampaba muy cerca unos de otros y mantenía rebaños y manadas entre ellos, era probable que ocurrieran accidentes de ese tipo. Lo que aprendemos de todas estas leyes es que debemos tener mucho cuidado de no hacer ningún mal, ni directa ni indirectamente. Y si hemos hecho algo malo, debemos estar dispuestos a repararlo y desear que nadie sufra una pérdida por nuestra causa.
De este capítulo
Éxodo 21:1
"Estas son las leyes que les darás:"
Éxodo 21:2
"Si compras un esclavo hebreo, trabajará durante seis años, pero al séptimo año quedará libre, sin tener que pagar nada por su libertad."
Éxodo 21:3
"Si llegó solo, se irá solo; si tenía mujer, su mujer se irá con él;"
Éxodo 21:4
"si su amo le da una mujer y ella le da hijos o hijas, la mujer y los hijos serán de su amo, y el esclavo se irá solo."
Éxodo 21:5
"Pero si el esclavo no acepta su libertad porque ama a su mujer, a sus hijos y a su amo,"
Éxodo 21:6
"entonces el amo lo llevará ante Dios, lo acercará a la puerta o al marco de la puerta y, con un punzón, le atravesará la oreja. Así será esclavo suyo para siempre."
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