Deuteronomio 5:1
Moisés reunió a todo el pueblo de Israel y les dijo: Escuchen, israelitas, las leyes y los decretos que hoy voy a comunicarles. Apréndanlos bien y pónganlos en práctica.
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33 versículos | Biblia BibleGuided — Español
Moisés reunió a todo el pueblo de Israel y les dijo: Escuchen, israelitas, las leyes y los decretos que hoy voy a comunicarles. Apréndanlos bien y pónganlos en práctica.
El Señor nuestro Dios hizo una alianza con nosotros en el monte Horeb.
No la hizo solamente con nuestros antepasados, sino también con todos nosotros, los que hoy estamos aquí reunidos.
El Señor habló con ustedes en el monte, cara a cara, desde en medio del fuego.
Yo estaba entonces entre el Señor y ustedes para comunicarles la palabra del Señor, ya que ustedes tenían miedo del fuego y no subieron al monte. Y el Señor dijo:
“Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde eras esclavo.
”No tengas otros dioses aparte de mí.
”No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra.
No te inclines ante ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los padres que me odian en sus hijos, nietos y bisnietos,
pero que trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen mis mandamientos.
”No hagas mal uso del nombre del Señor tu Dios, pues él no dejará sin castigo al que use mal su nombre.
”Ten presente el sábado para consagrarlo al Señor, tal como el Señor tu Dios te lo ha ordenado.
Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que hacer,
pero el séptimo día es día de reposo consagrado al Señor tu Dios. No hagas ningún trabajo ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que vive en tus ciudades, para que tu esclavo y tu esclava descansen igual que tú.
Recuerda que también tú fuiste esclavo en Egipto y que el Señor tu Dios te sacó de allí desplegando gran poder. Por eso, el Señor tu Dios te ordena respetar el día sábado.
”Honra a tu padre y a tu madre, tal como el Señor tu Dios te lo ha ordenado, para que vivas una larga vida y te vaya bien en la tierra que te da el Señor tu Dios.
”No mates.
”No cometas adulterio.
”No robes.
”No digas mentiras en perjuicio de tu prójimo.
”No codicies a la mujer de tu prójimo. No ambiciones la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca.”
Estas son las palabras que el Señor pronunció en voz alta desde en medio del fuego y de una nube espesa, cuando todos estaban reunidos al pie del monte. Después ya no dijo más, y escribió estas palabras en dos tablas de piedra y me las entregó.
Pero cuando ustedes oyeron aquella voz que salía de entre las tinieblas y vieron el monte en llamas, todos ustedes, los jefes de las tribus y los ancianos, vinieron a hablar conmigo
y me dijeron: “Verdaderamente, el Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su poder, y hemos oído su voz, que salía de en medio del fuego. Hoy hemos comprobado que Dios puede hablar con los hombres sin que estos mueran.
Sin embargo, ¿para qué exponernos a morir consumidos por este terrible fuego? Si volvemos a escuchar la voz del Señor nuestro Dios, moriremos;
pues ¿qué hombre hay que pueda escuchar la voz del Dios viviente hablando desde en medio del fuego, como la hemos oído nosotros, sin que le cueste la vida?
Mejor acércate tú y escucha todo lo que el Señor nuestro Dios te diga; luego nos dirás lo que te haya comunicado, y nosotros cumpliremos lo que se nos diga.”
Mientras ustedes me hablaban, el Señor estaba escuchando lo que decían, y entonces me dijo: “He oído todo lo que ha dicho este pueblo, y me ha parecido muy bien.
¡Ojalá piensen siempre de la misma manera, me honren y cumplan mis mandamientos todos los días, para que tanto ellos como sus hijos tengan siempre una vida dichosa!
Ve y diles que regresen a sus tiendas de campaña;
pero tú quédate aquí conmigo, porque voy a decirte todos los mandamientos, las leyes y los decretos que les has de enseñar, para que los pongan en práctica en el país que les voy a dar en propiedad.”
Así que pongan en práctica todo lo que el Señor su Dios les ha ordenado, sin desviarse de ello en absoluto.
Sigan el camino que el Señor su Dios les ha señalado, para que les vaya bien y vivan muchos años en la tierra que él les va a dar en propiedad.
Moisés afirma que la alianza no pertenece solo a una generación pasada, sino también al pueblo reunido en el presente. La memoria de la obra de Dios sostiene la responsabilidad actual de escuchar y obedecer.
Los primeros mandamientos llaman a reconocer al Señor como el único Dios de Israel y a rechazar los ídolos. La obediencia nace de la relación con el Dios que liberó a su pueblo de la esclavitud.
El sábado es consagrado al Señor y ofrece descanso no solo al jefe de la casa, sino también a quienes trabajan para él, a los animales y al extranjero residente. La memoria de la esclavitud en Egipto fundamenta esta práctica de descanso compartido.
Los mandamientos protegen la vida, el matrimonio, los bienes, la verdad y la dignidad del prójimo. La fidelidad a Dios se expresa también en la manera en que una comunidad trata a las demás personas.
El discurso ocurre en la llanura de Moab, cuando Israel se prepara para entrar en la tierra que Dios le ha prometido. Moisés recuerda la revelación en el monte Horeb, también conocido como Sinaí, y presenta los mandamientos a una generación reunida antes de la entrada en Canaán. El sábado aparece vinculado aquí no solo a la creación o al culto, sino también a la liberación de la esclavitud en Egipto. La referencia a las tablas de piedra y a la mediación de Moisés refleja la forma comunitaria y pactal en que Israel entendía su relación con Dios.
El capítulo comienza con una convocatoria solemne de todo Israel y una afirmación de la vigencia de la alianza (1-5). Luego reproduce la proclamación de los Diez Mandamientos (6-21). Después narra la reacción del pueblo ante la voz de Dios, el fuego y la nube, así como su petición de que Moisés actúe como mediador (22-27). Finalmente, Dios aprueba la respuesta del pueblo, distingue la función de Moisés y concluye con un llamado a no desviarse del camino señalado (28-33).
Deuteronomio 5 presenta la obediencia como respuesta a la liberación de Dios, no como un medio para ganar su favor. El Señor se revela como el Dios que rescata, establece una alianza y enseña un camino de vida. Los mandamientos abarcan tanto la adoración como la convivencia: honrar a Dios implica respetar la vida, la familia, la verdad, los bienes y el descanso de otras personas. El capítulo también muestra la tensión entre la santidad temible de Dios y su voluntad de hablar con su pueblo, una tensión expresada mediante la mediación de Moisés. En la tradición católica, este pasaje forma parte del fundamento bíblico de la enseñanza moral expresada en el Decálogo.
El capítulo reúne experiencias humanas intensas: temor ante lo sagrado, memoria de la esclavitud, necesidad de límites, deseo de seguridad y esperanza de una vida estable. Su énfasis en recordar la liberación y en establecer un descanso compartido puede ofrecer un marco para considerar cómo la memoria, la dignidad y los ritmos de reposo influyen en la vida comunitaria. También presenta la obediencia como una respuesta relacional a un Dios que escucha y guía, no como una invitación a ignorar el dolor o la complejidad de las personas.
La enseñanza del capítulo puede orientar una vida comunitaria marcada por la memoria agradecida, la fidelidad, la verdad y el respeto por la vida. También invita a proteger tiempos reales de descanso y a considerar el bienestar de quienes tienen menos poder dentro de una familia, un lugar de trabajo o una comunidad. Sus mandamientos pueden servir como criterios para revisar la manera en que se manejan la palabra, los deseos, los bienes, las relaciones y las responsabilidades. La obediencia que presenta el texto es constante y concreta: seguir el camino del Señor sin desviarse.
Moisés los repite para la generación que está reunida antes de entrar en la tierra prometida. La repetición no trata la alianza como un recuerdo distante, sino como una palabra vigente para el pueblo presente.
Deuteronomio 5 relaciona el sábado con la liberación de Egipto. El descanso recuerda que Israel fue esclavo y, por eso, debe permitir que también descansen quienes trabajan para él, los extranjeros residentes y los animales.
Moisés actúa como mediador entre Dios y el pueblo. El pueblo teme morir al escuchar directamente la voz divina y pide que Moisés reciba el mensaje y se los comunique; Dios confirma esa función sin dejar de llamar al pueblo a obedecer.
En el capítulo, la obediencia expresa la relación de alianza con el Dios que liberó a Israel. Los mandamientos no se limitan al culto: también protegen la vida, la familia, la verdad, los bienes y la dignidad del prójimo.
El texto advierte que la maldad puede afectar profundamente a una familia y a su descendencia, pero también afirma con mucho mayor énfasis la misericordia de Dios hacia quienes lo aman. Esta afirmación no autoriza a culpar a las personas por los pecados de sus antepasados.
Este capítulo reconoce que encontrarse con la santidad de Dios puede despertar temor, asombro y necesidad de protección. También recuerda que el Dios de la alianza es el que libera de la esclavitud y ordena un descanso que alcanza a toda la comunidad. En medio de cargas heredadas y relaciones complejas, el texto sostiene que la vida con Dios debe estar marcada por la dignidad, la misericordia y un camino seguro hacia la fidelidad.
Deuteronomio 5 no presenta los mandamientos como una lista aislada, sino dentro de una renovación de la alianza. La referencia al Horeb, la mediación de Moisés y la respuesta del pueblo enmarcan el Decálogo en una relación histórica entre Dios y una comunidad concreta. La formulación del sábado destaca aquí la liberación de Egipto, mientras que la sección final vincula escuchar, obedecer y vivir en la tierra prometida.
El capítulo convierte la fidelidad en prácticas observables: hablar con verdad, respetar la vida, cuidar los vínculos, no apropiarse de lo ajeno y proteger el descanso. También amplía la responsabilidad más allá de quienes tienen autoridad, pues incluye a trabajadores, extranjeros residentes y animales en el beneficio del sábado. La vida comunitaria saludable requiere límites claros y consideración por quienes tienen menos poder.
La alianza recuerda que la vida espiritual nace de una palabra recibida y de una liberación ya experimentada. Israel está llamado a caminar delante de Dios con una memoria agradecida, sin dividir su lealtad entre el Señor y los ídolos. El camino señalado culmina en una vida orientada por la presencia divina, donde la obediencia no es mero cumplimiento, sino permanencia en la dirección de Dios.
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