Versículo destacado
Deuteronomio 5:23 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Pero cuando ustedes oyeron aquella voz que salía de entre las tinieblas y vieron el monte en llamas, todos ustedes, los jefes de las tribus y los ancianos, vinieron a hablar conmigo "
Deuteronomio 5:23
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
21 ”No codicies a la mujer de tu prójimo. No ambiciones la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca.”
22 Estas son las palabras que el Señor pronunció en voz alta desde en medio del fuego y de una nube espesa, cuando todos estaban reunidos al pie del monte. Después ya no dijo más, y escribió estas palabras en dos tablas de piedra y me las entregó.
23 Pero cuando ustedes oyeron aquella voz que salía de entre las tinieblas y vieron el monte en llamas, todos ustedes, los jefes de las tribus y los ancianos, vinieron a hablar conmigo
24 y me dijeron: “Verdaderamente, el Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su poder, y hemos oído su voz, que salía de en medio del fuego. Hoy hemos comprobado que Dios puede hablar con los hombres sin que estos mueran.
25 Sin embargo, ¿para qué exponernos a morir consumidos por este terrible fuego? Si volvemos a escuchar la voz del Señor nuestro Dios, moriremos;
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Aquí Moisés les recuerda a los israelitas el acuerdo establecido entre ambas partes, con Moisés actuando como mediador, es decir, como intermediario entre ellos y Dios.
Lo primero que recuerda es el temor que sintió el pueblo cuando la ley fue dada con un poder tan sobrecogedor. Ellos reconocieron que ya no podían soportarlo. «Este gran fuego nos consumirá. Esta voz espantosa nos matará. Moriremos si volvemos a escucharla» (Deuteronomio 5:25). Se asombraban de no haber caído muertos ante aquella manifestación y consideraban un acto especial del poder y la misericordia de Dios el haber podido soportar siquiera eso. «¿Quién ha oído alguna vez la voz del Dios viviente, como nosotros, y ha sobrevivido?». Desde la entrada del pecado, las manifestaciones de Dios han causado temor en los seres humanos. Pero Cristo ha quitado el pecado y, por eso, nos invita a acercarnos con confianza al trono de la gracia.
Después, Moisés recuerda la petición sincera del pueblo: que, a partir de entonces, Dios les hablara por medio de él. Prometieron escuchar todo lo que Moisés dijera como si viniera directamente de Dios, y obedecerlo (Deuteronomio 5:27). Esto muestra varias cosas. Esperaban recibir más mandamientos de Dios y estaban dispuestos a aceptarlos. También creían que Moisés podía soportar las revelaciones de la gloria de Dios que ellos, debido a su culpa, sentían que no podían soportar. Lo veían como alguien favorecido por Dios y también como alguien que les sería fiel, aunque antes se habían quejado muchas veces contra él y poco antes habían estado dispuestos a apedrearlo (Éxodo 17:4). Esto muestra cómo la convicción puede acallar las pasiones de una persona. También muestra que, en ese momento, se encontraban serios y dispuestos, bajo el peso de la palabra de Dios. Muchas personas se alarman ante la ley, pero no cambian por causa de ella. Hacen promesas razonables, pero ningún bien duradero echa raíces en ellas.
Dios aprobó su petición. Dijo que lo que habían expresado estaba bien dicho (Deuteronomio 5:28). Ellos hablaron con Moisés, pero Dios los oyó, porque conoce cada palabra que pronunciamos. Él estuvo de acuerdo en que habían hablado bien al reconocer que necesitaban un mediador, alguien que se interpusiera entre ellos y Dios. También estuvo bien expresado su deseo de recibir más instrucciones por medio de Moisés y su promesa de obedecerlas. Lo que está bien dicho debe ser reconocido y aprobado por Dios, y también por nosotros. Lo bueno, en la medida en que lo sea, debe ser reconocido.
Sin embargo, Dios también expresó el deseo de que sus palabras fueran verdaderamente sinceras: «¡Ojalá siempre tuvieran un corazón así!» (Deuteronomio 5:29). En primer lugar, se refiere al corazón que ellos debían tener: un corazón dispuesto a temer a Dios y a guardar siempre sus mandamientos. El Dios del cielo verdaderamente desea el bien y la salvación de los pecadores necesitados. Lo ha demostrado de muchas maneras. Les da tiempo para arrepentirse, los llama al arrepentimiento por medio de sus misericordias, espera para mostrarles su gracia, envió a su Hijo para redimirlos, ofrece perdón y vida a todos, promete su Espíritu a quienes se lo piden y ha dicho, incluso bajo juramento, que no se complace en la destrucción de los pecadores. En segundo lugar, también se refiere al tipo de corazón que ellos parecían tener en ese momento. A muchas personas les iría bien si conservaran siempre el mismo corazón que muestran algunas veces, cuando son convencidas de su pecado, advertidas por la providencia o forzadas a enfrentar la muerte. ¡Qué dispuestas a acercarse a Dios parecen cuando atraviesan esas circunstancias! ¡Ojalá siempre tuvieran un corazón así!
Finalmente, Dios designó a Moisés como su mensajero ante el pueblo, para recibir la ley de la boca de Dios y transmitírsela (Deuteronomio 5:31). Así quedó establecido el acuerdo: después de eso, Dios les hablaría por medio de hombres semejantes a ellos, por medio de Moisés y los profetas, y más adelante por medio de los apóstoles y los evangelistas. Si las personas no creen a estos mensajeros, tampoco se convencerían aunque Dios volviera a hablarles desde el Sinaí o enviara un mensaje especial desde el cielo o desde el infierno.
A partir de todo esto, Moisés les encarga obedecer cada cosa que Dios les había mandado (Deuteronomio 5:32-33). Dios había mostrado gran bondad hacia ellos, había adaptado cuidadosamente su trato a su debilidad y había estado dispuesto a aceptar su petición. Además, ellos mismos habían pedido que Moisés les enseñara y habían prometido solemnemente escuchar y obedecer. Por eso, Moisés los exhorta ahora a andar por todos los caminos de Dios. Les asegura que hacerlo será para su propio bien. La única manera de alcanzar la verdadera felicidad es vivir en santidad. Al justo se le puede decir: todo estará bien con él.
De este capítulo
Deuteronomio 5:1
"Moisés reunió a todo el pueblo de Israel y les dijo: Escuchen, israelitas, las leyes y los decretos que hoy voy a comunicarles. Apréndanlos bien y pónganlos en práctica."
Deuteronomio 5:2
"El Señor nuestro Dios hizo una alianza con nosotros en el monte Horeb."
Deuteronomio 5:3
"No la hizo solamente con nuestros antepasados, sino también con todos nosotros, los que hoy estamos aquí reunidos."
Deuteronomio 5:4
"El Señor habló con ustedes en el monte, cara a cara, desde en medio del fuego."
Deuteronomio 5:5
"Yo estaba entonces entre el Señor y ustedes para comunicarles la palabra del Señor, ya que ustedes tenían miedo del fuego y no subieron al monte. Y el Señor dijo:"
Deuteronomio 5:6
"“Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde eras esclavo."
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