Versículo destacado

Hechos 18:24 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Por aquel tiempo llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, que era de la ciudad de Alejandría. Era muy elocuente y conocía muy bien las Escrituras. "

Hechos 18:24

menu_book El versículo en contexto

22 Cuando llegó a Cesarea, fue a Jerusalén a saludar a los de la iglesia y luego se dirigió a Antioquía.

23 Al cabo de algún tiempo, salió de nuevo a recorrer uno por uno los lugares de Galacia y Frigia, animando a todos los creyentes.

24 Por aquel tiempo llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, que era de la ciudad de Alejandría. Era muy elocuente y conocía muy bien las Escrituras.

25 Estaba instruido en el camino del Señor y hablaba con mucho entusiasmo, enseñando con claridad acerca de Jesús, aunque solo conocía el bautismo de Juan.

26 Apolo comenzó a hablar abiertamente en la sinagoga; pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.

auto_stories

Explora estudios bíblicos guiados

Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor

Micro-Study 5 días

Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)

Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.

Vista previa de la sesión 1:

Dichosos los humildes

schedule 6 min

Micro-Study 5 días

Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)

Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.

Vista previa de la sesión 1:

El cuidado del Pastor

schedule 5 min

lock_open Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones

person_add Crear cuenta gratis

auto_stories Comentario de Bible Guided

El relato sagrado deja a Pablo en sus viajes y aquí dirige la atención hacia Apolos en Éfeso. Nos da algunos detalles sobre él porque ayudan a explicar ciertas partes de las cartas de Pablo.

Apolos era judío y había nacido en Alejandría, Egipto, aunque sus padres eran judíos. Después de la dispersión del pueblo, muchos judíos vivían en esa ciudad, tal como Moisés había anunciado: «El Señor te llevará de vuelta a Egipto» (Deuteronomio 28:68). Su nombre no era Apolo, el nombre de un dios pagano, sino Apolos; algunos piensan que podría ser el mismo que aparece como Apeles en Romanos 16:10.

Era un hombre con dones sobresalientes y muy capacitado para el servicio público. Era elocuente y poderoso en las Escrituras del Antiguo Testamento, que había aprendido desde niño como judío. Dominaba bien el lenguaje, de modo que podía hablar con claridad, habilidad y eficacia sobre muchos temas. También conocía profundamente el lenguaje de las Escrituras, y esa era la elocuencia por la que más se distinguía.

Cuando llegó a Éfeso, un lugar público, usó ese don para honrar a Dios y beneficiar a muchos. No se limitaba a citar textos bíblicos rápidamente ni a repetirlos de memoria, como lo hacían muchos judíos cuya religiosidad era solo exterior. Entendía el sentido de las Escrituras, sabía cómo aplicarlas y podía razonar con firmeza a partir de ellas. Su enseñanza tenía un poder persuasivo, constante y confirmador. Probablemente ya había demostrado esto en varias sinagogas judías.

También había recibido instrucción en el camino del Señor; es decir, conocía algo de la enseñanza de Cristo y de las verdades principales del evangelio. Sabía que Jesús es el Cristo, el profeta prometido que había de venir al mundo. Un hombre tan hábil en las Escrituras como Apolos podía recibir fácilmente ese mensaje y comprender el tiempo que estaba viviendo. Había sido instruido cuidadosamente, ya fuera por sus padres o por maestros de la fe. Quienes van a enseñar a otros deben aprender primero la palabra del Señor; no solo hablar de ella, sino vivir conforme a ella.

Sin embargo, solo conocía el bautismo de Juan. Había aprendido el evangelio hasta donde había llegado el ministerio de Juan, pero no más allá. Sabía que el camino del Señor estaba siendo preparado por la voz que clamaba en el desierto, pero todavía no conocía plenamente ese camino. No podemos dejar de pensar que había oído hablar de la muerte y la resurrección de Cristo, pero que aún no había recibido una enseñanza completa sobre el misterio de ambas. Tal vez no había tenido la oportunidad de hablar con los apóstoles después del derramamiento del Espíritu, o quizá solo había recibido el bautismo de Juan y todavía no había sido bautizado con el Espíritu Santo como los discípulos en Pentecostés.

En Éfeso, puso sus dones al servicio de Dios y siguió desarrollándolos. Encontró oportunidades tanto para hacer el bien como para aprender más. Probablemente fue recomendado a la sinagoga de los judíos como un maestro capacitado, y estuvo dispuesto a servir conforme a la luz que tenía y a la medida de gracia que Dios le había dado (Hechos 18:25). Como era fervoroso en espíritu, hablaba y enseñaba cuidadosamente acerca de las cosas del Señor. Aunque no tenía los dones milagrosos que Dios había dado a los apóstoles, usaba los dones que sí tenía. Dios da a cada persona algún don para emplearlo en beneficio de los demás.

Apolos era un predicador vivaz y lleno de entusiasmo. Tenía una mente buena y un corazón dispuesto. Era fervoroso en espíritu, lleno tanto del fuego divino como de la luz divina. Ardía de celo por la gloria de Dios y por la salvación de las almas. Esto se veía en su disposición para predicar cuando los líderes de la sinagoga lo invitaban a hacerlo y en la energía con que enseñaba. Hablaba como alguien profundamente comprometido y completamente dedicado a su labor.

También era un predicador trabajador. Hablaba y enseñaba con diligencia, y lo que transmitía había sido preparado cuidadosamente. No ofrecía a Dios ni a la sinagoga un trabajo descuidado o hecho de cualquier manera. Primero dejaba que la verdad penetrara en su propio corazón y luego se esforzaba por presentarla con insistencia a quienes lo escuchaban. Enseñaba con exactitud y precisión, y sus palabras eran bien meditadas.

Además, era un predicador centrado en el evangelio, es decir, en las buenas noticias de Cristo. Aunque solo conocía el bautismo de Juan, se aferraba a todo lo que señalaba hacia Cristo. Enseñaba las cosas del Señor Jesús: las verdades que preparaban el camino para él y lo presentaban ante el pueblo. Los asuntos relacionados con el reino del Mesías eran su tema principal. No se desviaba hacia la ley ceremonial, aunque eso quizá habría agradado a sus oyentes judíos, ni hacia la filosofía de los gentiles, aunque también habría podido hablar bien sobre ella. Se mantenía centrado en las cosas del Señor.

También era un predicador valiente. Comenzó a hablar abiertamente en la sinagoga, confiando en Dios y sin temor a la opinión de la gente. Hablaba como alguien convencido de que lo que anunciaba era verdad y que consideraba el mensaje tan valioso que estaba dispuesto a sufrir por él si era necesario. Predicaba precisamente allí, donde estaban presentes los judíos y ejercían influencia, aunque sabía que probablemente se opondrían a su enseñanza.

Además, sus dones crecieron mediante la instrucción personal, no tanto por estudiar a solas como por conversar con Aquila y Priscila. Si Pablo, u otro apóstol o evangelista, hubiera estado en Éfeso, habría instruido a Apolos. Pero como no había allí una ayuda más capacitada, Aquila y Priscila, que fabricaban tiendas, le explicaron con mayor claridad el camino de Dios. Lo habían escuchado predicar en la sinagoga y, aunque él sabía menos que ellos, siguieron apoyando su ministerio al asistir fielmente.

Cuando se dieron cuenta de que su conocimiento de la fe cristiana era incompleto, lo recibieron en su casa y le enseñaron con mayor claridad el camino de la salvación por medio de Jesucristo. No aprovecharon su debilidad para menospreciarlo ni hablar mal de él delante de otros. Tampoco lo descartaron como un predicador inexperto e incapaz de ocupar el púlpito. Más bien, recordaron las limitaciones bajo las que había trabajado, pues solo conocía el bautismo de Juan. Por medio de su larga relación con Pablo, ellos habían aprendido mucho del evangelio y ahora transmitieron ese conocimiento a Apolos de manera clara y ordenada.

Aquí vemos cumplida la promesa de Cristo: al que tiene, se le dará más. Quien usa bien lo que ha recibido recibirá todavía más. Apolos ya había trabajado con empeño usando el don que poseía, y por eso su capacidad creció rápidamente. También vemos la verdadera bondad cristiana de Aquila y Priscila. Hicieron lo que podían dentro del llamado que Dios les había dado. Aunque Aquila era sabio y conocía bien la verdad, no trató de hablar en la sinagoga, porque no tenía los dones de Apolos para el servicio público. En vez de eso, le proporcionó buen contenido y dejó que Apolos lo expresara de la manera apropiada.

Esto también fue un hermoso ejemplo de humildad en Apolos. Era joven, talentoso, instruido y muy admirado, como si acabara de salir de una universidad. Sin embargo, cuando descubrió que Aquila y Priscila eran cristianos reflexivos y serios, capaces de hablar con claridad y desde su propia experiencia acerca de la obra de Dios, se alegró de aprender de ellos. Aunque solo eran fabricantes de tiendas, permitió que señalaran sus errores y completaran lo que le faltaba. Los jóvenes que han recibido mucha formación pueden aprender mucho de los creyentes mayores, así como los abogados jóvenes pueden aprender de quienes tienen más experiencia.

Apolos no se conformó con lo que ya sabía. No pensó que entendía el cristianismo mejor que los demás, como suelen pensar los jóvenes orgullosos. Estuvo dispuesto a que le explicaran con mayor amplitud el camino de Dios. Quienes saben mucho todavía deben desear aprender más y comprender mejor lo que ya conocen, avanzando hacia la madurez.

También vemos un buen ejemplo en una mujer piadosa. Aunque a las mujeres no se les permitía hablar en la iglesia o en la sinagoga, Priscila hizo el bien con el conocimiento que Dios le había dado mediante una conversación privada. Pablo dice que las mujeres mayores deben enseñar lo bueno (Tito 2:3-4).

Después, Apolos fue llamado a servir a la iglesia en Corinto, un campo de servicio más amplio que el que Éfeso ofrecía en ese momento. Pablo ya había comenzado la obra en Acaya, especialmente en Corinto, la ciudad principal de esa región. Muchos habían sido movidos por su predicación a recibir el evangelio y necesitaban ser fortalecidos. Otros se habían levantado contra el evangelio y necesitaban una respuesta. Como Pablo había pasado a otros trabajos, esta era una buena oportunidad para Apolos, que estaba mejor capacitado para regar lo que ya había sido plantado que para comenzar la obra desde el principio, y para edificar a los creyentes que para alcanzar a quienes estaban fuera.

Su llamado a esta labor no vino por medio de una visión, como el llamado de Pablo a Macedonia, ni siquiera por una invitación directa de aquellos a quienes iba a ayudar. Más bien, él mismo tuvo el deseo de ir. Se sintió dispuesto a pasar a Acaya porque había oído hablar de las iglesias de allí y quería ver qué bien podía hacer. Aunque algunos creyentes de esa región tenían grandes dones espirituales, Apolos entendía que todavía había trabajo para él, y Dios inclinó su corazón en esa dirección. Sus amigos lo animaron y aprobaron su plan. Como era un desconocido en ese lugar, le dieron cartas de recomendación y animaron a los discípulos de Acaya a recibirlo y aprovechar su ministerio.

Esta es una de las maneras en que las iglesias permanecen conectadas: se recomiendan unas a otras a sus miembros y ministros cuando estos, como Apolos, necesitan trasladarse. Aunque la iglesia de Éfeso perdería su servicio, no se molestó por el beneficio que recibirían las iglesias de Acaya. Al contrario, usó su influencia para presentarlo. Las iglesias de Cristo son muchas, pero son una sola.

Su trabajo allí tuvo mucho éxito y correspondió tanto a sus esperanzas como a sus intenciones. Los creyentes fueron edificados en gran manera, y quienes ya habían recibido el evangelio fueron fortalecidos. Ayudó mucho a los que habían creído por la gracia. Quienes creen en Cristo lo hacen por gracia, no por su propio poder, porque la fe es un regalo de Dios y una obra que Dios realiza en ellos. Incluso quienes creen verdaderamente siguen necesitando ayuda, porque mientras viven en este mundo todavía queda incredulidad en ellos y su fe aún no es completa. Los ministros fieles pueden ayudar a los creyentes de muchas maneras, y es su deber hacerlo en gran medida. Cuando el poder de Dios obra por medio de ellos, serán verdaderamente útiles. Los incrédulos también fueron muy sacudidos por su ministerio.

Sus objeciones fueron respondidas por completo, y quedaron expuestas tanto la debilidad como la astucia de sus argumentos. Ya no les quedó nada que decir para defender su resistencia al evangelio. Se quedaron sin palabras y fueron avergonzados (Hechos 18:28).

Pablo convencía firmemente a los judíos en público, delante de la gente. Lo hacía con seriedad y fuerza, y se esforzaba de verdad para lograrlo. Su corazón estaba comprometido, porque sinceramente quería honrar a Cristo y salvar las almas de las personas. Lo hacía de manera eficaz, y todos los que lo escuchaban quedaban satisfechos. También lo hacía con facilidad, porque el asunto era tan claro y los argumentos a favor de Cristo eran tan sólidos que resultaba sencillo responder todo lo que los judíos decían en su contra.

Aunque ellos eran tan feroces, su causa era tan débil que él podía enfrentar fácilmente su oposición. Lo que quería demostrar era que Jesús es el Cristo, el Mesías prometido, aquel que los antepasados habían esperado y de quien no debían esperar a ningún otro. Si los judíos podían convencerse de que Jesús es el Cristo, entonces incluso su propia ley les enseñaría a escucharlo.

El trabajo de los ministros es predicar a Cristo. No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor. El método de persuasión de Pablo consistía en usar las Escrituras. De ellas tomaba sus argumentos, porque los judíos aceptaban las Escrituras como la palabra de Dios. Y como era poderoso en las Escrituras, podía mostrar fácilmente por medio de ellas que Jesús es el Cristo.

Los ministros deben ser capaces no solo de predicar la verdad, sino también de demostrarla y defenderla. Deben poder responder a quienes no están de acuerdo, con amabilidad y, a la vez, con poder, enseñando a quienes se oponen a ella. Este es un verdadero servicio a la iglesia.

IA cristiana que tiene en cuenta tu denominación

Aplica Hechos 18:24 a tu vida hoy

Recibe orientación basada en las Escrituras, consciente de tu denominación y personalizada para tu situación.

1 Haz tu pregunta arrow_forward 2 Considera tu tradición arrow_forward 3 Aplica las Escrituras

✓ No necesitas tarjeta de crédito • ✓ 100 % privado • ✓ Obtén 30 créditos gratis para comenzar

De este capítulo

Oración diaria

Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria

Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.

Gratis. Cancela tu suscripción cuando quieras. Nunca compartimos tu correo electrónico.

Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.

Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.