Versículo destacado
2 Reyes 14:23 - Significado y aplicación
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Traducción: Biblia BibleGuided — Español
En el año quince del reinado de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, comenzó a reinar en Israel, y reinó cuarenta y un años en Samaria.
2 Reyes 14:23
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
23 En el año quince del reinado de Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, comenzó a reinar en Israel, y reinó cuarenta y un años en Samaria.
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Este es el relato del reinado de Jeroboam II. Probablemente muestra cuán apegada estaba la familia de Jehú a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel, pues incluso le dieron ese nombre al heredero del trono. Al parecer, consideraban que era un nombre honorable, aunque la Palabra de Dios lo señala con vergüenza.
Su reinado fue largo, el más largo de todos los reyes de Israel. Gobernó durante cuarenta y un años. Su contemporáneo, Azarías, rey de Judá, reinó todavía más tiempo: cincuenta y dos años. Este Jeroboam reinó tanto como Asa había reinado en Judá (1 Reyes 15:10); sin embargo, uno hizo lo bueno y el otro hizo lo malo. No podemos juzgar el carácter de una persona por cuánto tiempo vive ni por cuánto prospera. El mismo final les llega al justo y al malvado.
Su carácter fue igual al de los demás reyes de Israel. Hizo lo malo (2 Reyes 14:24), porque no se apartó de los pecados de Jeroboam. Mantuvo el culto a los becerros y nunca lo abandonó, pensando que no había nada malo en ello porque sus antepasados lo habían practicado. Pero un pecado no es menos malo delante de Dios solo porque sea antiguo y conocido. Decir que estamos acostumbrados a hacer lo malo es una excusa débil para evitar hacer el bien.
Sin embargo, prosperó más que la mayoría de aquellos reyes porque, aunque hacía lo malo en un aspecto, quizá había algo bueno en él en otros sentidos, y Dios le mostró su favor. Dios lo hizo, primero, enviando profecía. Levantó a Jonás hijo de Amitai, un hombre de Galilea, lo cual demuestra cuán equivocados estaban quienes decían que ningún profeta podía surgir de Galilea (Juan 7:52). Por medio de Jonás, Dios dio a conocer su misericordia hacia Israel, aunque el pueblo había pecado contra él. Animó a Jonás a apoyar el esfuerzo del reino para recuperar sus antiguos territorios, y esta promesa de Dios habría fortalecido su éxito. Es señal de que Dios no ha rechazado a su pueblo cuando todavía le concede ministros fieles. Después de que murió Eliseo, quien había fortalecido a Joás, Jonás fue enviado para animar al hijo de Joás. Feliz es la nación que tiene profetas generación tras generación, junto a sus reyes, para que la palabra del Señor permanezca para siempre.
Aprendemos mucho más acerca de este Jonás en el breve libro que lleva su nombre. Es probable que, cuando Dios lo envió a Nínive, todavía fuera joven y estuviera dispuesto a emprender una tarea así. También puede ser que no hubiera estado familiarizado por mucho tiempo con las visiones de Dios cuando más tarde actuó de manera tan equivocada y se alteró tanto. Si fue así, su labor posterior entre los israelitas es una clara señal de que Dios había perdonado sus faltas y su insensatez anteriores. El hecho de que una persona reciba una comisión puede ser en sí mismo una señal de perdón. Quien ha experimentado la misericordia a pesar de sus propias fallas puede animar con mayor facilidad a otros a esperar también la misericordia. Algunas personas comienzan mal, con insensatez y un temperamento impulsivo, e incluso al principio realizan su trabajo con torpeza; pero después llegan a ser útiles y respetadas. No se debe descartar a las personas por cada una de sus faltas.
Dios también mostró su favor por medio de su providencia, al disponer los acontecimientos conforme a lo que había anunciado su palabra. Los ejércitos de Jeroboam tuvieron éxito, y él restauró las fronteras de Israel. Recuperó las ciudades y regiones fronterizas desde Hamat, en el norte, hasta el Mar de Arabá, es decir, el mar Muerto o mar de Sodoma, en el sur, territorios que los sirios habían conquistado (versículo 25). Se dan dos razones por las que Dios concedió estas victorias. Primero, la aflicción del pueblo era muy grande, y eso movió la compasión de Dios (versículo 26). Aunque aquí no se menciona una señal clara de arrepentimiento, Dios vio cuán amarga era su sufrimiento. Quienes vivían en tierras ocupadas por sus enemigos eran oprimidos con dureza y no tenían nada seguro que les perteneciera. Los demás probablemente estaban agotados por las incursiones constantes, despojados de sus bienes y viviendo en temor continuo. No había quedado nadie, ni encerrado ni libre; tanto las ciudades como el campo habían sido despojados, y no aparecía ningún ayudador. Al comienzo del reinado de Jeroboam, habían quedado reducidos a una condición muy lamentable en muchas partes del territorio. Dios, movido por pura compasión, escuchó el clamor de su angustia —no se menciona aquí que fuera un clamor de oración— y los rescató por medio de Jeroboam. Quienes se encuentren en una aflicción dolorosa y sin ayuda pueden hallar consuelo en la compasión de Dios. Leemos que él tiene una profunda misericordia y está lleno de compasión (Isaías 63:15; Jeremías 31:20; Salmo 86:15).
Segundo, todavía no se había emitido el decreto para destruir por completo a Israel. Dios aún no había dicho que borraría el nombre de Israel (2 Reyes 14:27), y como no lo había dicho, no lo haría. Si esto se refiere a la dispersión posterior de las diez tribus, entonces Dios sí lo dijo y lo llevó a cabo. Aun así, ese nombre permanece bajo el cielo en el Israel del evangelio, y permanecerá hasta el fin de los tiempos. Como todavía llevaban el nombre destinado a tener un honor duradero, Dios les mostró esta bondad; también lo hizo por el honor antiguo asociado con ese nombre (2 Reyes 13:23).
Este es el final del reinado de Jeroboam. Leemos acerca de su poder y sus guerras (2 Reyes 14:28), pero también que descansó con sus antepasados (2 Reyes 14:29). Hasta los más fuertes tienen que ceder ante la muerte, y nadie queda exento de esa batalla. Israel había visto muchos profetas a lo largo de los años, una sucesión constante de ellos en cada época, pero ninguno había puesto sus profecías por escrito hasta que los profetas de este período comenzaron a hacerlo. Sus profecías llegaron a formar parte de las Escrituras. Durante el reinado de Jeroboam, Oseas comenzó a profetizar, y fue el primero en escribir sus profecías. Por eso la palabra del Señor comunicada por medio de él es llamada el principio de la palabra del Señor (Oseas 1:2). En ese mismo tiempo, Amós profetizó y escribió su profecía; poco después llegaron Miqueas y luego Isaías, en los días de Acaz y Ezequías. De esta manera, Dios nunca se quedó sin testimonio. Incluso en las épocas más oscuras y corruptas de la iglesia, levantó a algunos que fueron luces resplandecientes para su propia generación mediante su predicación y su vida, y a unos pocos también mediante sus escritos, para alumbrarnos a nosotros, sobre quienes han llegado los fines de los tiempos.
De este capítulo
2 Reyes 14:1
"Durante el segundo año del reinado de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, Amasías, hijo de Joás, comenzó a reinar en Judá."
2 Reyes 14:2
"Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán y era de Jerusalén."
2 Reyes 14:3
"Los hechos de Amasías fueron rectos a los ojos del Señor, aunque no tanto como los de su antepasado David, pues hizo lo mismo que su padre Joás,"
2 Reyes 14:4
"pero no quitaron los santuarios paganos, donde el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y quemando incienso."
2 Reyes 14:5
"Cuando Amasías consolidó su poder, mató a todos los oficiales que habían asesinado a su padre."
2 Reyes 14:6
"Sin embargo, no dio muerte a los hijos de los asesinos, pues, conforme a lo escrito en el libro de la ley de Moisés, el Señor había ordenado: «Los padres no podrán ser condenados a muerte por culpa de lo que hayan hecho sus hijos, ni los hijos por lo que hayan hecho sus padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado»."
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