Versículo destacado

2 Juan 1:5 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Ahora, queridos hermanos, les ruego que nos amemos unos a otros. Lo que les escribo no es un mandamiento nuevo, sino el mismo que recibimos desde el principio. "

2 Juan 1:5

menu_book El versículo en contexto

3 Que Dios el Padre y Jesucristo, Hijo del Padre, derramen su gracia sobre ustedes y les concedan misericordia y paz, en verdad y en amor.

4 Me he alegrado mucho al encontrar a algunos de los tuyos viviendo de acuerdo con la verdad, tal como Dios el Padre nos ha mandado.

5 Ahora, queridos hermanos, les ruego que nos amemos unos a otros. Lo que les escribo no es un mandamiento nuevo, sino el mismo que recibimos desde el principio.

6 El amor consiste en vivir conforme a los mandamientos de Dios; y el mandamiento, como ustedes ya lo han oído desde el principio, es que vivan en el amor.

7 Pues muchos engañadores andan por el mundo sin reconocer que Jesucristo vino como hombre verdadero. El que es así es el engañador y el Anticristo.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Ahora llegamos al propósito principal y al contenido central de la carta. El apóstol comienza con una petición: «Y ahora te ruego, señora». Lo que pide no es un favor personal, sino el sencillo deber cristiano y la obediencia al mandamiento de Dios. Podría haber hablado con mayor dureza, pero las palabras fuertes suelen ser menos útiles que las expresiones amables. El espíritu de los apóstoles se caracteriza por la ternura y el afecto.

Ya sea que esté mostrando respeto por ella como señora, expresando humildad apostólica, o ambas cosas, elige pedir en vez de ordenar. Otro apóstol emplea un lenguaje parecido al dirigirse a un creyente a quien podría haberle dado una orden. En esencia, dice que, aunque podría hablar con toda autoridad en Cristo y ordenar lo que es correcto, prefiere apelar al amor. El amor suele lograr lo que la autoridad no consigue. De hecho, cuanto más se impone la autoridad, más puede ser resistida. Un ministro fiel con frecuencia guiará a sus amigos hacia el cumplimiento de su deber mediante el amor y la súplica.

Lo que pide a la señora y a sus hijos es amor cristiano: que nos amemos unos a otros (2 Juan 1:5). Incluso quienes son firmes en la virtud cristiana todavía tienen espacio para crecer. Por eso, como dice Pablo, no necesitan que se les enseñe extensamente acerca del amor fraternal, porque Dios mismo ya les ha enseñado a amarse unos a otros; aun así, deben seguir creciendo cada vez más en ese amor (1 Tesalonicenses 4:9-10).

Este amor se fomenta, en primer lugar, por el mandamiento mismo. El mandamiento de Dios debe formar tanto nuestra mente como nuestro corazón. También se fomenta por su antigüedad. Juan dice: «No como si te escribiera un mandamiento nuevo, sino el que teníamos desde el principio» (2 Juan 1:5). En cierto sentido, este mandamiento es nuevo, porque Cristo le dio una fuerza y un peso renovados; pero el amor que exige es tan antiguo como la verdadera religión, ya sea en su expresión natural, judía o cristiana. Dondequiera que llegue el cristianismo, este mandamiento debe acompañarlo: que los discípulos de Cristo se amen unos a otros.

Luego Juan muestra el poder de este amor por medio de sus frutos: «Y este es el amor: que andemos conforme a sus mandamientos» (2 Juan 1:5). Así sabemos que verdaderamente amamos a Dios: porque le obedecemos. También es amor hacia nuestra propia alma, porque andar en los caminos de Dios trae una gran recompensa. Y es amor hacia los demás, porque nos ayudamos unos a otros a vivir vidas santas. Nuestro amor cristiano sincero queda demostrado cuando, en todos los demás asuntos, también andamos conforme a los mandamientos de Dios.

Puede existir una clase de afecto mutuo que no sea verdaderamente cristiano. Pero sabemos que nuestro amor es genuino cuando también va acompañado de obediencia en todas las demás áreas. La obediencia completa muestra la sinceridad y la bondad de la gracia cristiana. Quienes procuran obedecer a Cristo en todo también se preocuparán por el amor cristiano. Esta es una regla fundamental del evangelio: andar en amor, tal como lo escucharon desde el principio (2 Juan 1:6). Como era probable que este amor se debilitara, junto con otras formas de apartarse de la fe, el apóstol insiste en él una y otra vez.

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