Versículo destacado

2 Juan 1:7 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Pues muchos engañadores andan por el mundo sin reconocer que Jesucristo vino como hombre verdadero. El que es así es el engañador y el Anticristo. "

2 Juan 1:7

menu_book El versículo en contexto

5 Ahora, queridos hermanos, les ruego que nos amemos unos a otros. Lo que les escribo no es un mandamiento nuevo, sino el mismo que recibimos desde el principio.

6 El amor consiste en vivir conforme a los mandamientos de Dios; y el mandamiento, como ustedes ya lo han oído desde el principio, es que vivan en el amor.

7 Pues muchos engañadores andan por el mundo sin reconocer que Jesucristo vino como hombre verdadero. El que es así es el engañador y el Anticristo.

8 Tengan cuidado de no perder el resultado de nuestro trabajo, sino de recibir su recompensa completa.

9 Todo el que pretenda avanzar más allá de lo que Cristo enseñó no tiene a Dios; pero quien permanece en esa enseñanza tiene al Padre y también al Hijo.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

En esta parte principal de la carta, Juan comienza dando una mala noticia: muchos engañadores han entrado en el mundo. Esta advertencia tiene un propósito. La señora y los suyos deben seguir amándose unos a otros, porque hay personas en el mundo que destruyen el amor. Quienes derriban la fe también destruyen el amor cristiano, ya que la fe compartida es uno de los fundamentos del amor compartido. Dicho de otra manera, deben seguir andando conforme a los mandamientos de Dios, porque eso los protegerá. Es probable que su fidelidad sea puesta a prueba, porque muchos engañadores han entrado en el mundo.

Las noticias tristes también pueden compartirse con los hermanos en la fe, no para hacerlos desdichados, sino para prepararlos para el peligro. El engañador se describe así: no confiesa que Jesucristo ha venido en carne (2 Juan 1:7). Presenta algún error acerca de la persona del Señor Jesús. Puede negar que Jesús de Nazaret es el Cristo, el Rey ungido por Dios y el Mesías prometido, o puede negar que el Redentor prometido realmente haya venido en carne humana. En efecto, esa persona actúa como si Cristo todavía estuviera por venir. Resulta extraño que, después de tantas pruebas, alguien niegue que el Señor Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.

Juan también muestra la gravedad de esto. Tal persona es un engañador y un anticristo (2 Juan 1:7). Desvía a las personas y obra en contra de la gloria y del reino del Señor Cristo. Después de toda la luz que Dios ha dado, de todas las pruebas que Cristo ha mostrado acerca de sí mismo y de todo el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo, esa persona es un mentiroso voluntario y un enemigo consciente de la persona, el honor y la obra de Cristo. Tendrá que rendir cuentas por ello cuando el Señor Cristo vuelva. No debemos sorprendernos de que ahora haya engañadores y opositores del nombre de Cristo, porque ya los había en los días del propio apóstol.

Por causa de este peligro, Juan da un consejo claro a esta familia escogida: «Cuídense» (2 Juan 1:8). Cuanto más se extienden los engañadores y las mentiras, con más cuidado deben velar los discípulos de Cristo. La falsa enseñanza puede hacerse tan fuerte que incluso los escogidos de Dios pueden estar en peligro por causa de ella. Deben protegerse de dos pérdidas. Primero, no deben perder aquello por lo que han trabajado, aquello que han alcanzado. Es lamentable cuando el esfuerzo espiritual queda reducido a nada. Algunos comienzan bien, pero al final lo pierden todo. El joven que desde su juventud había guardado los mandamientos de la segunda tabla, es decir, los mandamientos relacionados con amar a los demás, lo perdió todo porque amó demasiado al mundo y muy poco a Cristo. Los creyentes deben tener cuidado de no perder lo que han alcanzado.

Muchas personas han obtenido más que una buena reputación religiosa. Han recibido luz acerca de la verdad, convicción de pecado, conciencia de la vanidad del mundo, una visión del valor de la vida de fe y una experiencia de cómo la palabra de Dios obra en ellas. Algunas incluso han probado los poderes de la era venidera y los dones del Espíritu Santo, y aun así al final lo pierden todo. Ya corrían bien, pero algo las detuvo. No deben dejar de obedecer la verdad ni dejar de avanzar en ella. Es triste que al final se pierda un progreso brillante y prometedor en la escuela de Cristo.

Segundo, no deben perder su recompensa, ni siquiera una parte de ella. Juan dice que deben asegurarse de recibir una recompensa completa. Algunos manuscritos dicen «recibamos», pero el significado es el mismo. Deben vivir de tal manera que conserven una recompensa tan completa como la de cualquiera en la iglesia de Dios. Si existen distintos grados de gloria, no deben perder nada de la gracia, la luz, el amor o la paz que los prepara para una gloria mayor. Deben conservar lo que tienen en la fe, la esperanza y una buena conciencia, para que nadie les quite su corona (Apocalipsis 3:11). La manera de recibir la recompensa completa es permanecer fieles a Cristo y perseverar en la vida de fe hasta el final.

Juan luego explica la razón de esta advertencia. Primero, abandonar la verdad del evangelio equivale en realidad a abandonar a Dios mismo. Quien va más allá de la enseñanza de Cristo y no permanece en ella no tiene a Dios. La enseñanza de Cristo es la que nos conduce a Dios; es el medio por el cual Dios atrae a las personas a la salvación y hacia sí mismo. Quienes se apartan de esa enseñanza, al apartarse de ella, también se apartan de Dios.

Segundo, la fidelidad constante a la verdad cristiana produce un gran bien y un profundo gozo. Nos une a Cristo, el centro de esa verdad, y por medio de él también nos une al Padre, porque el Padre y el Hijo son uno. Quien permanece arraigado y firme en la enseñanza de Cristo tiene al Padre y al Hijo. Por medio de esta enseñanza llegamos a conocer al Padre y al Hijo, somos consagrados al Padre y al Hijo, somos llenos de un amor santo por el Padre y el Hijo, y somos preparados para el gozo eterno de disfrutar de su presencia para siempre. «Ya ustedes están limpios por la palabra que les he hablado» (Juan 15:3). Esa limpieza nos hace aptos para el cielo. Puesto que el gran Dios ha puesto su sello sobre la enseñanza de Cristo, también la considera de gran valor. Debemos aferrarnos a esa enseñanza santa con fe y amor si esperamos llegar a la comunión bienaventurada con el Padre y el Hijo.

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