Versículo destacado
2 Corintios 12:11 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Me he portado como un loco, pero ustedes me obligaron a hacerlo. Porque ustedes son quienes debían hablar bien de mí, pues en nada valgo menos que esos superapóstoles. ¡Y eso que yo no valgo nada! "
2 Corintios 12:11
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
9 pero el Señor me ha dicho: «Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad». Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que el poder de Cristo repose sobre mí.
10 También me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando más débil me siento es cuando más fuerte soy.
11 Me he portado como un loco, pero ustedes me obligaron a hacerlo. Porque ustedes son quienes debían hablar bien de mí, pues en nada valgo menos que esos superapóstoles. ¡Y eso que yo no valgo nada!
12 Los sufrimientos que soporté con paciencia, los milagros, las maravillas y los prodigios de los que ustedes fueron testigos son la prueba de que soy un verdadero apóstol.
13 Perdónenme si los ofendí, pero solo en una cosa han sido ustedes menos que las otras iglesias: ¡en que yo no fui una carga para ustedes!
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En estos versículos, el apóstol se dirige a los corintios de dos maneras.
Primero, los reprende por lo que estaba mal entre ellos. Ellos no lo habían defendido como debían, y eso hizo necesario que él se defendiera tanto. En cierto sentido, lo obligaron a elogiarse a sí mismo, cuando ellos debieron haber sido quienes defendieran su nombre (2 Corintios 12:11). Si ellos, o algunos de ellos, hubieran cumplido con su responsabilidad, él no habría tenido que hablar tanto en su propia defensa. También les dice que tenían toda razón para hablar bien de él, ya que en nada era inferior a los apóstoles más eminentes y les había dado pruebas claras de su apostolado. Entre ellos se habían realizado las señales de un apóstol, con mucha paciencia, señales, maravillas y obras poderosas.
Aquí aprendemos que es nuestro deber defender a las personas buenas cuando se ataca su reputación. Tenemos un deber especial hacia aquellos de quienes hemos recibido ayuda, especialmente ayuda espiritual: debemos reconocerlos como instrumentos de Dios para nuestro bien y defenderlos cuando otros hablan falsamente de ellos. También aprendemos que, sin importar cuánto nos honren los demás, o cuánto merezcamos ser honrados, debemos mantenernos humildes. El apóstol es un claro ejemplo de esto. Aunque verdaderamente no era inferior a los apóstoles más eminentes, él se consideraba nada. No buscaba la alabanza de la gente, aun cuando les decía a los corintios que era su deber defender su nombre. Y aunque tuvo que hablar en su propia defensa, no convirtió aquello en una ocasión para alabarse.
Segundo, presenta un relato completo de su conducta y de sus buenas intenciones hacia ellos. En esto podemos ver las características de un ministro fiel del evangelio.
No estaba dispuesto a ser una carga para ellos ni buscaba sus bienes, sino a ellos mismos. Dice que en el pasado no había sido una carga para ellos y también les asegura que no lo sería cuando regresara (2 Corintios 12:13-14). No quiso tomar su dinero ni codiciarlo. «No busco lo que ustedes tienen, sino a ustedes». No quería enriquecerse. Quería salvar sus almas. No quería usarlos para obtener un beneficio personal, sino llevarlos a Cristo, cuyo siervo era. Quienes intentan esquilar al rebaño y no se preocupan por las ovejas son asalariados, no verdaderos pastores.
También se alegraba de gastar y desgastarse por ellos (2 Corintios 12:15). Esto significa que estaba dispuesto a trabajar arduamente e incluso a sufrir pérdidas por el bien de ellos. Estaba listo para dedicar a su servicio su tiempo, sus dones, sus fuerzas, su influencia y todo lo demás. Más aún, estaba dispuesto a desgastarse, como una vela que se consume para dar luz a otros.
No disminuyó su amor por ellos, aun cuando fueron poco amables e ingratos. Por eso estaba dispuesto, e incluso contento, de esforzarse por ellos, aunque mientras más los amaba, menos era amado por ellos a cambio (2 Corintios 12:15). Esto también se aplica a otras relaciones. Si los demás no cumplen con su deber hacia nosotros, eso no significa que nosotros podamos dejar de cumplir con nuestro deber hacia ellos.
No solo tuvo cuidado de no ser una carga para ellos, sino también de asegurarse de que ninguno de los que envió lo fuera. Ese es el sentido de lo que dice en 2 Corintios 12:16-18. Si alguien afirmaba que, aunque él no les había sido una carga, había actuado con astucia y los había engañado, enviando a otros para aprovecharse de ellos y luego compartir las ganancias, él lo niega por completo. Él no había obtenido beneficio alguno de ellos, y tampoco Tito ni ninguno de los demás. Todos caminaban por el mismo Espíritu y seguían los mismos pasos. Estaban unidos en esto: hacerles todo el bien posible sin ser una carga, ayudar al avance del evangelio entre ellos y facilitarles las cosas tanto como fuera posible. Esto también puede entenderse como una negación directa de cualquier engaño, tanto en él como en quienes servían con él.
Era un hombre que hacía todo para edificarlos (2 Corintios 12:19). Ese era su gran objetivo y propósito: hacer el bien, poner un buen fundamento y luego edificar sobre él con cuidado y fidelidad. No hacía de su propia comodidad o ventaja su meta principal. Buscaba el crecimiento espiritual de ellos.
No iba a evadir su deber por temor a disgustarlos, aunque tenía cuidado de hacerles fácil su relación con él. Por eso estaba decidido a ser fiel al reprender el pecado, aun si eso hacía que ellos lo consideraran severo (2 Corintios 12:20). Menciona varios pecados que con demasiada frecuencia se encuentran entre quienes profesan la fe, y todos merecen una firme corrección: pleitos, celos, ira, rivalidades, calumnias, chismes secretos, orgullo y desorden. A las personas culpables de estos pecados generalmente no les gusta que las reprendan, pero los ministros fieles no deben temer ofender a los culpables cuando se necesita una reprensión firme, tanto en público como en privado.
También le preocupaba pensar que pudiera encontrar entre ellos pecados graves de los que no se hubieran arrepentido verdaderamente. Dice que esto le causaría profunda tristeza y humillación. Las caídas y los fracasos de quienes profesan la fe siempre humillan a un buen ministro, y Dios a veces usa precisamente eso para humillar a quienes, de otro modo, podrían volverse orgullosos: «Temo que mi Dios me humille entre ustedes». Tenemos razones para lamentarnos por quienes pecan y no se arrepienten, y por muchos que han pecado y todavía no han regresado a Dios (2 Corintios 12:21). Si aún no tienen la gracia para lamentarse por su propia condición, entonces su situación es todavía más triste. Quienes aman a Dios y los aman a ellos también deben llorar por ellos.
De este capítulo
2 Corintios 12:1
"Nada gana uno con gloriarse de sí mismo. Sin embargo, tengo que hablar de las visiones y revelaciones que he recibido del Señor."
2 Corintios 12:2
"Conozco a un seguidor de Cristo que hace catorce años fue llevado al tercer cielo. No sé si fue llevado en cuerpo o en espíritu; Dios lo sabe."
2 Corintios 12:3
"Pero sé que ese hombre (si en cuerpo o en espíritu, no lo sé, solo Dios lo sabe)"
2 Corintios 12:4
"fue llevado al paraíso, donde oyó palabras tan secretas que a ningún hombre se le permite pronunciarlas."
2 Corintios 12:5
"Yo podría gloriarme de alguien así, pero no de mí mismo, a no ser de mis debilidades."
2 Corintios 12:6
"Aunque, si yo quisiera gloriarme, eso no sería ninguna locura, porque estaría diciendo la verdad; pero no lo hago, para que nadie piense que soy más de lo que aparento o de lo que digo,"
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