Versículo destacado
1 Pedro 4:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Por eso, así como Cristo sufrió en su cuerpo, adopten también ustedes la misma disposición. Pues quien ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado, "
1 Pedro 4:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Por eso, así como Cristo sufrió en su cuerpo, adopten también ustedes la misma disposición. Pues quien ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado,
2 para vivir el resto de su vida conforme a la voluntad de Dios y no conforme a los deseos humanos.
3 Durante mucho tiempo ustedes hicieron las mismas cosas que hacen los paganos, pues entonces vivían en vicios, malos deseos, banquetes y borracheras, bebían en exceso y adoraban ídolos abominables.
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Aquí el apóstol extrae una nueva enseñanza de los sufrimientos de Cristo. Antes había usado el sufrimiento de Cristo para llamar a los creyentes a tener paciencia en sus propias dificultades. Ahora lo usa para exhortarlos a hacer morir el pecado.
Observen cómo se presenta la exhortación. El punto de partida es que Cristo sufrió por nosotros en la carne, es decir, en su naturaleza humana. El resultado es que también nosotros debemos armarnos de la misma manera de pensar, del mismo valor y de la misma determinación. En la primera parte del versículo, «carne» se refiere a la naturaleza humana de Cristo; pero en la segunda parte se refiere a nuestra naturaleza humana corrupta. El significado es este: así como Cristo sufrió en su naturaleza humana, ustedes, de acuerdo con su promesa y confesión bautismal, deben hacer sufrir a su naturaleza pecaminosa, negándose a sí mismos y haciendo morir el pecado. Si no lo hacen, no compartirán verdaderamente la muerte y la resurrección de Cristo, ni dejarán de pecar.
De aquí aprendemos, en primer lugar, que algunas de las razones más fuertes y excelentes para rechazar toda clase de pecado provienen de los sufrimientos de Cristo. Si no se apartan del pecado, entonces se pierde toda verdadera compasión y ternura hacia Cristo como aquel que sufrió. Él murió para destruir el pecado y, aunque soportó voluntariamente los sufrimientos más terribles, jamás habría aceptado ni siquiera el pecado más pequeño. En segundo lugar, la verdadera negación de uno mismo comienza en la mente, no en castigos severos ni en sufrimientos físicos. La mente humana es terrenal y está llena de hostilidad. El entendimiento está entenebrecido y alejado de la vida de Dios (Efesios 4:18). Las personas no son rectas por naturaleza, sino parciales, ciegas y malvadas, hasta que la gracia salvadora de Dios las renueva y las santifica.
Luego el apóstol explica lo que significa estar muertos al pecado y dejar de pecar (1 Pedro 4:2). Lo hace de manera negativa y positiva. Negativamente, un cristiano ya no debe vivir el resto de su vida terrenal conforme a los deseos pecaminosos y las pasiones corruptas, como quienes viven únicamente según su naturaleza carnal. Positivamente, debe ordenar su vida de acuerdo con la voluntad revelada del Dios santo. De aquí aprendemos, en primer lugar, que los deseos pecaminosos de las personas son la fuente de todas sus malas acciones (Santiago 1:13-14). Las tentaciones pueden venir de fuera, pero no tendrían éxito si la propia corrupción de las personas no les diera apoyo. En segundo lugar, todos los buenos cristianos hacen de la voluntad de Dios, y no de sus propios deseos, la norma de su vida. En tercer lugar, la verdadera conversión produce un gran cambio en el corazón y en la vida de una persona. La aparta de los pecados antiguos, populares y agradables, y de los pecados comunes del mundo, para dirigirla hacia la voluntad de Dios. Cambia la mente, el juicio, los afectos, la manera de vivir y la conducta de todo aquel que la experimenta.
El apóstol también respalda su exhortación apelando a lo que es justo (1 Pedro 4:3). En esencia, dice que el tiempo pasado de la vida ya fue suficiente para hacer la voluntad de los gentiles. En otras palabras, es justo y razonable que, puesto que ustedes ya pasaron la primera parte de su vida sirviendo al pecado y a Satanás, ahora sirvan al Dios vivo. Aunque los lectores eran judíos, mientras vivieron entre los gentiles aprendieron su manera de vivir. De aquí aprendemos, en primer lugar, que cuando una persona se convierte verdaderamente, le causa un profundo dolor pensar en cómo pasó la primera parte de su vida. La abruman el peligro que corrió durante tantos años, el daño que hizo a otros, la deshonra que trajo sobre Dios y la pérdida que sufrió. En segundo lugar, mientras la voluntad de una persona siga siendo impura y corrupta, continuará andando por caminos perversos. Los escoge, disfruta de ellos y los convierte en su actividad diaria, y su mala condición empeora cada vez más. En tercer lugar, un pecado al que se le da cabida conduce a otro. Aquí se mencionan seis pecados, y están relacionados entre sí. Está la conducta indecente, manifestada en las miradas, los gestos o el comportamiento (Romanos 13:13). Están las pasiones, es decir, los actos de inmoralidad sexual como la fornicación y el adulterio. Está el exceso de vino, que incluye cualquier uso desmedido del vino que perjudique la salud o el cumplimiento del deber, aun cuando no llegue a la embriaguez. Están las fiestas desenfrenadas, es decir, los banquetes lujosos y despreocupados que son demasiado frecuentes, abundantes o costosos. Están los excesos en los banquetes, es decir, la glotonería o el exceso al comer. Y están las abominables idolatrías, porque la adoración de ídolos entre los gentiles estaba vinculada con la inmoralidad sexual, la embriaguez, la glotonería y toda clase de brutalidad y crueldad. Algunos de los judíos que habían vivido mucho tiempo entre ellos se habían corrompido con esas prácticas.
El deber de un cristiano no consiste solamente en mantenerse alejado de lo que es abiertamente malo, sino también de las cosas que suelen conducir al pecado o que dan la apariencia de maldad. El consumo excesivo de alcohol y la glotonería están prohibidos, al igual que la lujuria y la idolatría.
De este capítulo
1 Pedro 4:2
"para vivir el resto de su vida conforme a la voluntad de Dios y no conforme a los deseos humanos."
1 Pedro 4:3
"Durante mucho tiempo ustedes hicieron las mismas cosas que hacen los paganos, pues entonces vivían en vicios, malos deseos, banquetes y borracheras, bebían en exceso y adoraban ídolos abominables."
1 Pedro 4:4
"Ahora, como ustedes ya no los acompañan en los excesos de su mala vida, ellos se extrañan y hablan mal de ustedes."
1 Pedro 4:5
"Pero ellos tendrán que rendir cuentas ante aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos."
1 Pedro 4:6
"Pues aun a personas muertas se les anunció la buena noticia, para que pudieran vivir en el espíritu según Dios, aunque en este mundo hubieran sido juzgadas en el cuerpo según los hombres."
1 Pedro 4:7
"Ya se acerca el fin de todas las cosas. Por eso, sean juiciosos y dedíquense seriamente a la oración."
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