Versículo destacado
1 Pedro 1:3 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien, por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo. Esto nos da una esperanza viva, "
1 Pedro 1:3
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Pedro, apóstol de Jesucristo, saluda a los que viven dispersos fuera de su patria, en las provincias de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia,
2 a quienes Dios el Padre había escogido de antemano conforme a su propósito. Por medio del Espíritu, los ha santificado a ustedes para que lo obedezcan y sean purificados con la sangre de Jesucristo. Reciban gracia y paz en abundancia.
3 Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien, por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo. Esto nos da una esperanza viva,
4 y hará que ustedes reciban la herencia que Dios les tiene guardada en el cielo, la cual no puede destruirse, mancharse ni marchitarse.
5 Por la fe que ustedes tienen en Dios, él los protege con su poder para que alcancen la salvación que tiene preparada, la cual dará a conocer en los tiempos últimos.
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Aquí llegamos al cuerpo principal de la carta. Pedro comienza dando gracias a Dios, y al mismo tiempo honra a los creyentes a quienes les escribe. Otras cartas comienzan de manera semejante (2 Corintios 1:3; Efesios 1:3). Aquí primero presenta el deber mismo: bendecir a Dios, es decir, hablar bien de él y reconocer libremente su grandeza y bondad.
Luego identifica a aquel a quien bendice como «el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo». Esta expresión presenta a Dios en relación con Jesucristo, y Pedro habla de Cristo con tres títulos que muestran su obra. Él es Señor, el gobernante supremo; Jesús, el Salvador y sacerdote; y Cristo, el Ungido, el profeta que tiene el Espíritu y todos los dones necesarios para enseñar, guiar y salvar a la iglesia. Dios es llamado el Dios de Cristo por causa de la naturaleza humana de Cristo, y el Padre de Cristo por causa de su naturaleza divina.
Después, Pedro presenta la razón de esta acción de gracias: la abundante misericordia de Dios. Toda bendición que tenemos proviene de la misericordia de Dios y no del mérito humano, especialmente el nuevo nacimiento. Dios nos ha dado un nuevo nacimiento, y eso debe movernos a darle gracias. También nos da una esperanza firme, no la esperanza vacía, muerta y pasajera de la gente del mundo y de los hipócritas, sino una esperanza viva, activa, fuerte y duradera. Esa esperanza descansa sobre una base firme: la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.
Un verdadero cristiano nunca carece de razones para bendecir a Dios, por más difícil que llegue a ser la vida. Así como el pecador siempre tiene motivos para lamentarse, incluso cuando la vida marcha bien, el pueblo de Dios tiene motivos para regocijarse y alabarlo aun en medio de muchas dificultades. Al orar y alabar, debemos acercarnos a Dios como el Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque solo por medio de él nosotros y nuestro servicio somos aceptados. Nuestras mejores bendiciones provienen de la abundante misericordia de Dios. Todo el mal que hay en el mundo proviene del pecado humano, pero todo lo bueno proviene de la misericordia de Dios.
El nuevo nacimiento se atribuye especialmente a la abundante misericordia de Dios, y lo mismo ocurre con todo lo que surge de él. Dependemos completamente de la misericordia. Para entender el significado del nuevo nacimiento, véase Juan 3:3. El nuevo nacimiento produce una esperanza viva de vida eterna. La persona que no se ha convertido carece de verdadera esperanza, por más palabras seguras que use. La verdadera esperanza cristiana nace de haber nacido de nuevo por el Espíritu de Dios. No proviene de la naturaleza humana, sino de la gracia gratuita. Quienes reciben una nueva vida espiritual también reciben una nueva esperanza espiritual.
La esperanza cristiana es una esperanza viva. La esperanza de la vida eterna mantiene vivo al creyente, lo fortalece, lo sostiene y lo guía hacia el cielo. La esperanza impulsa al alma a actuar, a tener paciencia, valor y perseverancia hasta el fin. Las falsas esperanzas de quienes no se han convertido son vacías y duran poco. El hipócrita y su esperanza mueren juntos (Job 27:8).
La resurrección de Jesucristo de entre los muertos es el fundamento de la esperanza cristiana. La resurrección de Cristo es la obra del Padre como Juez y del Hijo como vencedor. Muestra que el Padre acepta la muerte de Cristo como el pago completo por nuestro rescate, y que Cristo venció a la muerte, al sepulcro y a todos nuestros enemigos espirituales. También nos asegura nuestra propia resurrección. Puesto que Cristo y su pueblo están unidos, ellos resucitan por causa de la resurrección de él como su cabeza, no solamente por su poder como Juez. Hemos resucitado con Cristo (Colosenses 3:1). En conjunto, estas verdades les dan a los cristianos dos fundamentos firmes para esperar la vida eterna.
Pedro describe luego esa vida como una herencia, una manera apropiada de hablarles a estos creyentes. Eran pobres y perseguidos, y es posible que algunos hubieran sido expulsados de las propiedades que habían recibido al nacer. Para aliviar ese dolor, Pedro les dice que han nacido de nuevo para recibir una herencia mejor, mucho más grande que lo que habían perdido. Además, la mayoría de ellos eran judíos y amaban la tierra de Canaán como la herencia que Dios les había dado. Ser expulsado de la herencia del Señor se consideraba un juicio grave (1 Samuel 26:19). Por eso Pedro los consuela con la idea de una herencia noble reservada para ellos en el cielo, de la cual Canaán era solo una sombra.
El cielo es la verdadera herencia de todos los hijos de Dios. Todo el que nace de nuevo nace para recibir una herencia, así como un padre hace heredero a su hijo. Si somos hijos, también somos herederos (Romanos 8:17). Dios les da dones a todos, pero la herencia pertenece únicamente a sus hijos. Quienes son sus hijos e hijas por el nuevo nacimiento y la adopción reciben la promesa de la herencia eterna (Hebreos 9:15). Esta herencia no es algo que compramos. Es un regalo de nuestro Padre, no un salario que ganamos. La gracia primero nos hace hijos y luego nos asigna la herencia mediante un pacto firme e inmutable.
Esta herencia tiene cuatro grandes cualidades. Primero, es incorruptible. En esto se parece a su Creador, a quien se llama el Dios incorruptible (Romanos 1:23). La corrupción significa pasar de algo mejor a algo peor, pero en el cielo no hay cambio ni fin. Es una casa eterna en los cielos, y quienes la poseen deben vivir para siempre, porque lo corruptible tiene que revestirse de incorruptibilidad (1 Corintios 15:53). Segundo, es incontaminada, como el gran sumo sacerdote que ahora la posee, quien es santo, inocente e incontaminado (Hebreos 7:26). El pecado y la miseria, las dos grandes manchas que arruinan este mundo, no tienen lugar allí.
Tercero, no se marchita. Su belleza y su fuerza nunca se desgastan, y siempre deleita a los santos que la poseen, sin aburrimiento ni cansancio. Cuarto, está «reservada en el cielo para ustedes». Esto nos dice tres cosas. Es una herencia gloriosa porque está en el cielo, y todo lo que hay allí es glorioso (Efesios 1:18). Es segura porque está guardada cuidadosamente en otro mundo hasta que la recibamos. Y las personas para quienes está reservada no se describen por nombre, sino por su carácter: ustedes, nosotros o todos los que han nacido de nuevo para una esperanza viva. Esa herencia está preservada únicamente para ellos, y todos los demás quedarán excluidos para siempre.
Como esta herencia es futura y está lejos, tanto en el tiempo como en el lugar, Pedro da por sentado que todavía puede haber algo de temor o duda. Tal vez se pregunten si podrían perderla en el camino.
Aunque esta felicidad está guardada a salvo en el cielo, nosotros todavía estamos en la tierra. Aquí enfrentamos muchas tentaciones, dificultades y debilidades. Por eso surge la pregunta: ¿estamos en una condición tan segura que ciertamente llegaremos a ella? Pedro responde que los creyentes serán protegidos y llevados a ese lugar sin peligro. Serán guardados de toda tentación destructiva y de todo daño que pudiera impedirles alcanzar la vida eterna.
El heredero de una propiedad terrenal no tiene la certeza de vivir lo suficiente para disfrutarla. Pero los herederos del cielo ciertamente serán llevados a salvo hasta su herencia. La bendición prometida aquí es la preservación: ustedes son guardados. El que los guarda es Dios. Los medios que él usa en nosotros son nuestra fe y nuestro cuidado diligente. La meta es la salvación, y el momento en que se verá este resultado seguro será el tiempo final.
Esto muestra el tierno cuidado de Dios por su pueblo. Él no solo les da gracia, sino que también los guarda para la gloria. Ser guardados significa que existe un peligro real, pero también un rescate real. Los creyentes pueden ser atacados, pero no serán derrotados.
La preservación de la nueva vida en Cristo —es decir, la vida que Dios da en la regeneración— hasta llegar a la vida eterna es obra del poder de Dios. La tarea es demasiado grande, los enemigos son demasiados y nuestra debilidad es demasiado profunda para que cualquier poder, excepto el poder todopoderoso, lleve al alma a salvo hasta la salvación. Por eso la Escritura presenta con frecuencia la salvación como resultado del poder divino (2 Corintios 12:9; Romanos 14:4).
Pero el poder de Dios para preservarnos no elimina nuestro deber de esforzarnos por nuestra propia salvación. Aquí encontramos tanto el poder de Dios como la fe humana. Esa fe incluye un deseo sincero de recibir la salvación, confiar en Cristo conforme a sus invitaciones y promesas, esforzarnos cuidadosamente por hacer lo que agrada a Dios y evitar lo que le ofende, aborrecer la tentación, tener en cuenta la recompensa que Dios promete y perseverar en la oración. Por medio de esta fe paciente, activa y victoriosa, somos guardados por la gracia de Dios hasta alcanzar la salvación. La fe es una protección poderosa para el alma, pues la lleva por medio de la gracia hasta la gloria.
Esta salvación está preparada para ser revelada en el tiempo final. Aquí se dicen tres cosas acerca de la salvación de los santos. Primero, ya está preparada y guardada para ellos en el cielo. Segundo, aunque está preparada ahora, todavía permanece en gran parte oculta y no se ve plenamente, no solo para el mundo ciego que nunca la busca, sino incluso para los herederos de la salvación. Todavía no se ha manifestado lo que seremos (1 Juan 3:2). Tercero, será revelada por completo en el tiempo final, en el juicio final.
La vida y la inmortalidad ahora se han manifestado por medio del evangelio, pero esta vida resplandecerá aún más en la muerte, cuando el alma sea recibida en la presencia de Cristo y contemple su gloria. Más allá de eso, en el día final habrá una revelación definitiva y más plena de la grandeza de la bienaventuranza de los santos. Entonces sus cuerpos resucitarán y volverán a unirse con sus almas, se pronunciará juicio sobre los ángeles y los seres humanos, y Cristo honrará y elogiará públicamente a sus siervos delante de todo el mundo.
De este capítulo
1 Pedro 1:1
"Pedro, apóstol de Jesucristo, saluda a los que viven dispersos fuera de su patria, en las provincias de Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia,"
1 Pedro 1:2
"a quienes Dios el Padre había escogido de antemano conforme a su propósito. Por medio del Espíritu, los ha santificado a ustedes para que lo obedezcan y sean purificados con la sangre de Jesucristo. Reciban gracia y paz en abundancia."
1 Pedro 1:4
"y hará que ustedes reciban la herencia que Dios les tiene guardada en el cielo, la cual no puede destruirse, mancharse ni marchitarse."
1 Pedro 1:5
"Por la fe que ustedes tienen en Dios, él los protege con su poder para que alcancen la salvación que tiene preparada, la cual dará a conocer en los tiempos últimos."
1 Pedro 1:6
"Por esta razón, ustedes están llenos de alegría, aun cuando sea necesario que durante un poco de tiempo pasen por muchas pruebas."
1 Pedro 1:7
"Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, que puede destruirse. De modo que la fe de ustedes, al ser probada de esta manera, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca."
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