Versículo destacado

1 Pedro 1:10 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

" Los profetas estudiaron e investigaron acerca de esta salvación y hablaron de lo que Dios, en su bondad, iba a darles a ustedes. "

1 Pedro 1:10

menu_book El versículo en contexto

8 Ustedes aman a Jesucristo, aunque no lo han visto; y ahora, creyendo en él sin haberlo visto, se alegran con una alegría tan grande y gloriosa que no pueden expresarla con palabras,

9 porque están alcanzando la meta de su fe, que es la salvación.

10 Los profetas estudiaron e investigaron acerca de esta salvación y hablaron de lo que Dios, en su bondad, iba a darles a ustedes.

11 El Espíritu de Cristo les hacía saber de antemano a los profetas lo que Cristo habría de sufrir y la gloria que vendría después; y ellos trataban de descubrir el tiempo y las circunstancias que señalaba ese Espíritu que estaba en ellos.

12 Pero Dios les hizo saber que lo que ellos anunciaban no era para ellos mismos, sino para el bien de ustedes. Ahora, pues, esto es lo que les ha sido anunciado por los mismos que les predicaron el evangelio con el poder del Espíritu Santo enviado del cielo. ¡Estas son cosas que los ángeles mismos quisieran contemplar!

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auto_stories Comentario de Bible Guided

El apóstol ya había descrito a las personas a quienes escribía y las grandes bendiciones que disfrutaban. Ahora muestra por qué podían confiar en lo que les había dicho. Como eran judíos y respetaban profundamente el Antiguo Testamento, los dirige a los profetas. Esto demuestra que la salvación por medio de la fe en Jesucristo no era una enseñanza nueva, sino la misma verdad que los antiguos profetas habían investigado cuidadosamente.

Primero, observemos quiénes hicieron esta búsqueda: los profetas. Eran hombres inspirados por Dios para hablar o escribir, bajo la guía del Espíritu Santo, acerca de cosas que estaban más allá de sus propias capacidades o conocimientos, como acontecimientos futuros y la voluntad de Dios. Segundo, observemos qué buscaban: la salvación y la gracia que vendría. Esto se refiere a la salvación plena de personas de todas las naciones por medio de Jesucristo, y especialmente a la misericordia que vendría para los judíos, pues él fue enviado primero a «las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mateo 15:24). Ellos miraban hacia días luminosos de gracia y consuelo para la iglesia, y por eso anhelaban ver los días del evangelio.

Tercero, observemos cómo buscaban. «Investigaron y buscaron diligentemente». Estas palabras son intensas, como las de los mineros que excavan profundamente y rompen la roca para encontrar el mineral. Aquellos santos profetas deseaban sinceramente comprender la gracia de Dios que sería revelada en los días del Mesías, y se esforzaron mucho por conocerla. Su inspiración no eliminó la necesidad de estudiar con cuidado. Incluso Daniel, aunque era muy amado por Dios e inspirado, comprendió el tiempo mediante los libros y el estudio (Daniel 9:2). Las revelaciones que recibieron todavía requerían meditación, oración y reflexión cuidadosa, porque muchas profecías tenían más de un nivel de significado. Al principio podían señalar a un acontecimiento cercano, pero su propósito final era describir a Cristo, sus sufrimientos o su reino.

Esto nos enseña varias cosas. La salvación de los pecadores por medio de Jesucristo ha sido el tema de estudio y admiración de las personas más sabias. La grandeza de este tema y la necesidad que ellos mismos tenían de él los llevaron a estudiarlo con atención. Una persona piadosa también se alegra por la misericordia de Dios mostrada a otros, no solamente a sí misma. Los profetas se conmovieron profundamente por la misericordia que Dios mostraría tanto a judíos como a gentiles cuando viniera Cristo. Si los profetas inspirados necesitaban investigar con tanto cuidado, entonces nosotros, que somos débiles y muchas veces tardamos en comprender, ciertamente también necesitamos buscar con diligencia.

Esto también muestra que la gracia traída por el evangelio es mayor que todo lo que existió antes. La era del evangelio es más clara, completa, amplia y poderosa que cualquier disposición anterior que Dios hubiera dado. Los profetas investigaron especialmente acerca de los sufrimientos de Cristo y la gloria que vendría después. Esto incluye todo el mensaje del evangelio: que Cristo fue entregado por causa de nuestros pecados y resucitó para que fuéramos declarados justos delante de Dios; es decir, para nuestra justificación y aceptación como personas justas ante él.

También querían saber cuándo aparecería el Mesías y qué clase de época sería aquella. Anhelaban ver los días del Hijo del Hombre y querían saber, hasta donde el Espíritu de Cristo que estaba en ellos se los había mostrado, cuándo sucederían esas cosas. También les preocupaba el carácter de aquellos días: si serían tranquilos o difíciles, pacíficos o llenos de guerras.

Esto enseña que Jesucristo existía antes de su nacimiento humano, porque su Espíritu ya estaba obrando en los profetas. También muestra que la doctrina de la Trinidad —un solo Dios en tres personas— no era completamente desconocida en el Antiguo Testamento. Los profetas sabían que eran impulsados por un Espíritu que estaba en ellos, y sabían que ese Espíritu era el Espíritu de Cristo, distinto de Cristo mismo. Así se ve una pluralidad de personas, y otros pasajes del Antiguo Testamento también apuntan a la Trinidad. La obra que aquí se atribuye al Espíritu Santo demuestra además que él es Dios, pues reveló con siglos de anticipación los sufrimientos de Cristo, confirmó esa verdad por medio de los profetas, hizo milagros para respaldarla y capacitó a los creyentes para recibirla.

También debemos aprender de Cristo a esperar un tiempo de servicio y sufrimiento antes de la gloria. Eso fue cierto para él, y el discípulo no está por encima de su Maestro. La temporada del sufrimiento es breve, pero la gloria permanece para siempre. Por más intenso que sea el sufrimiento, no puede impedir la gloria mucho mayor y duradera que Dios hará surgir de él.

La búsqueda de los profetas no fue en vano. Dios les dio una respuesta clara que los tranquilizó y consoló. Aprendieron que estas cosas no sucederían en sus propios días, pero estaban seguras y ocurrirían en el tiempo de los apóstoles. Ellos ministraban «no para sí mismos, sino para nosotros», y los apóstoles comunicarían estas cosas al mundo bajo la dirección segura del Espíritu Santo.

Aquí vemos tres clases de estudiantes de la salvación por medio de Jesucristo. Los profetas investigaron acerca de ella. Los apóstoles estudiaron las profecías, vieron su cumplimiento y luego anunciaron a otros lo que habían llegado a conocer. Los ángeles también observan atentamente estas cosas. Esto demuestra que el esfuerzo sincero por conocer a Cristo y nuestro deber será recompensado. Los profetas recibieron una revelación; Daniel estudió y obtuvo entendimiento; y los bereanos escudriñaron las Escrituras y confirmaron lo que habían oído.

También se muestra que aun las personas más santas y piadosas a veces reciben una respuesta negativa a peticiones legítimas y agradables a Dios.

Era correcto y piadoso que aquellos profetas desearan saber más acerca de cuándo aparecería Cristo en el mundo, aunque Dios no les permitiera conocerlo. Del mismo modo, es correcto que los buenos padres oren por sus hijos que viven mal, que las personas pobres oren para ser libradas de la pobreza y que un hombre piadoso ore contra la muerte. Sin embargo, Dios muchas veces no concede estas peticiones sinceras. Él se complace en responder a nuestras verdaderas necesidades, en lugar de concedernos cada solicitud que hacemos.

En muchos casos, ser más útiles para otros que para nosotros mismos es un honor y una señal de la vida cristiana. Los profetas sirvieron a otros, no a sí mismos. «Ninguno de nosotros vive para sí» (Romanos 14:7). Nada contradice más la naturaleza humana y la enseñanza cristiana que hacer de uno mismo el propio objetivo y vivir solamente para sí.

Los mensajes de Dios para su iglesia llegaron gradualmente y en diferentes partes, pero todos encajan perfectamente. La enseñanza de los profetas y la de los apóstoles concuerdan exactamente, porque ambas proceden del mismo Espíritu de Dios. El éxito del ministerio del evangelio depende del Espíritu Santo enviado desde el cielo. El evangelio es el ministerio del Espíritu, y su poder depende de la obra y la bendición de él.

Los misterios del evangelio y la manera en que Dios salva a las personas son tan gloriosos que aun los ángeles bienaventurados anhelan examinarlos. Los estudian con cuidado, de cerca y con profundo interés. Consideran con asombro y admiración todo el plan de la redención humana, especialmente las verdades de las que el apóstol acaba de hablar. Son las cosas que los ángeles desean contemplar inclinándose para mirar atentamente, como los querubines que miraban continuamente hacia el propiciatorio.

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