Versículo destacado
1 Juan 2:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Cristo, el Santo, los ha consagrado a ustedes con el Espíritu, y todos ustedes tienen conocimiento. "
1 Juan 2:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Hijitos, esta es la hora última. Ustedes han oído que viene el Anticristo; pues bien, ahora han aparecido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la hora última.
19 Ellos salieron de entre nosotros, pero en realidad no eran de los nuestros, porque si lo hubieran sido, se habrían quedado con nosotros. Pero sucedió así para que se viera claramente que no todos son de los nuestros.
20 Cristo, el Santo, los ha consagrado a ustedes con el Espíritu, y todos ustedes tienen conocimiento.
21 Les escribo, pues, no porque no conozcan la verdad, sino porque la conocen; y ustedes saben que ninguna mentira puede venir de la verdad.
22 ¿Quién es el mentiroso? Precisamente el que dice que Jesús no es el Mesías. Ese es el Anticristo, pues niega tanto al Padre como al Hijo.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Aquí, el apóstol anima a los creyentes a quienes escribe en tiempos peligrosos, cuando los engañadores estaban activos. Les asegura que permanecerán firmes en este tiempo de apostasía: «Ustedes tienen una unción del Santo y conocen todas las cosas». Los verdaderos cristianos son personas ungidas, y su propio nombre apunta a esa verdad. Han sido ungidos con el aceite de la gracia, es decir, con los dones y la ayuda espiritual que da el Espíritu Santo, el Espíritu que concede gracia.
Esta unción viene del Santo, ya sea del Espíritu Santo o del Señor Jesucristo, como en Apocalipsis 3:7, donde a Cristo se le llama «el Santo». Jesucristo es glorioso en su santidad. Él da los dones del Espíritu, hace que sus discípulos se parezcan más a él y los mantiene seguros en su causa. Esta unción también actúa como un colirio, algo que sana y agudiza la vista. Ilumina y fortalece el entendimiento, para que conozcan todas estas cosas acerca de Cristo y su evangelio, tal como Jesús lo prometió (Juan 14:26). Cristo no trata de la misma manera a todos los que profesan ser sus discípulos, pues algunos reciben dones más abundantes que otros. Existe un verdadero peligro de que quienes no tienen esta unción se alejen tanto de Cristo que lleguen a convertirse en anticristos, es decir, en opositores de la persona, el reino y la gloria de Cristo.
El apóstol también deja claro por qué les escribió. No escribe como si pensara que ellos no conocen la verdad: «No les he escrito porque no conozcan la verdad» (1 Juan 2:21). De otro modo, no podría hablar con tanta confianza de su firmeza ni alegrarse por la unción que habían recibido de lo alto. Es bueno tener una opinión favorable de nuestros hermanos en la fe hasta que haya pruebas claras de lo contrario. Una confianza razonable en creyentes serios puede fortalecerlos y animarlos a permanecer fieles.
Más bien, les escribe porque sí conocen la verdad, esa verdad está en Jesús y ninguna mentira pertenece a la verdad. Quien conoce la verdad en un área puede reconocer mejor lo que la contradice. La verdad y la falsedad no armonizan. Quienes han sido bien instruidos en la verdad cristiana están mejor protegidos contra las falsas enseñanzas y el engaño. Ninguna mentira tiene lugar en la religión, ya sea la religión natural o la religión revelada. Los apóstoles rechazaron firmemente las mentiras y mostraron que no correspondían a su mensaje. Se habrían condenado a sí mismos si hubieran difundido la verdad por medio de la falsedad. Una característica de la fe cristiana es que armoniza tanto con la religión natural, que establece sus fundamentos, como con la fe judía, que le dio sus primeras formas e indicios. El fraude y las afirmaciones falsas son herramientas deficientes para sostener y propagar la verdad. De hecho, habría sido mejor para la religión que nunca se hubieran usado. Los efectos de esas prácticas pueden verse en la incredulidad de nuestra época. El descubrimiento de antiguos fraudes «sagrados» ha llevado a muchas personas hacia el ateísmo y la irreligión. Aun así, quienes más han trabajado y sufrido por el mensaje cristiano nos dirían que ninguna mentira pertenece a la verdad.
Luego el apóstol acusa a estos nuevos engañadores. Son mentirosos, fuertes enemigos de la verdad sagrada. «¿Quién es el mentiroso —pregunta— sino el que niega que Jesús es el Cristo?». Las mentiras más dañinas que el padre de la mentira difunde en el mundo con frecuencia han tenido que ver con la persona de Cristo. No existe una verdad tan santa y tan plenamente comprobada que alguien no intente negarla. Que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios había sido testificado por el cielo, la tierra y el infierno. Parece que, en el terrible juicio de Dios, algunas personas quedan entregadas a fuertes engaños.
Estos engañadores también son enemigos de Dios, no solamente del Señor Jesucristo. «El que niega al Padre y al Hijo, ese es el anticristo» (1 Juan 2:22). Todo el que se opone a Cristo niega el testimonio del Padre y el sello que él puso sobre su Hijo, porque el Padre ha sellado al Hijo (Juan 6:27). Y quien niega el testimonio del Padre acerca de Jesucristo también niega que Dios sea el Padre del Señor Jesucristo. Al hacerlo, abandona el conocimiento de Dios en Cristo y, con él, toda la revelación de Dios en Cristo, especialmente el mensaje de que Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo por medio de Cristo. Por eso el apóstol dice correctamente: «Todo el que niega al Hijo tampoco tiene al Padre» (1 Juan 2:23). En realidad no conoce al Padre, porque el Hijo lo ha revelado plenamente. Tampoco participa del favor, la gracia ni la salvación del Padre, porque nadie llega al Padre sino por medio del Hijo. Sin embargo, algunas copias añaden: «El que reconoce al Hijo tiene también al Padre» (1 Juan 2:23). Así como el Padre y el Hijo están estrechamente unidos, también son inseparables su enseñanza, el conocimiento de ellos y sus intereses. Todo el que verdaderamente tiene al Hijo también tiene al Padre. Quienes se mantienen en el mensaje cristiano conservan también la luz y el beneficio de la religión natural.
Por esa razón, el apóstol anima a los creyentes a permanecer en la enseñanza que recibieron desde el principio: «Permanezcan en ustedes las cosas que oyeron desde el principio» (1 Juan 2:24). La verdad es más antigua que el error. La verdad acerca de Cristo, entregada primero a los santos, no debe cambiarse por ideas nuevas. Los apóstoles estaban tan seguros de lo que habían enseñado acerca de Cristo y recibido de Cristo que, después de todo su trabajo y sufrimiento, no estaban dispuestos a abandonarlo. La verdad cristiana también puede reclamar el honor de la antigüedad, y eso le da un peso adicional.
Esta advertencia se apoya en el gran beneficio que recibirán si permanecen en la fe original. Si lo que oyeron desde el principio permanece en ellos, también permanecerán en el Hijo y en el Padre (1 Juan 2:24). La verdad de Cristo que permanece en nosotros es lo que nos separa del pecado y nos une al Hijo de Dios (Juan 15:3-4). El Hijo es el camino, el vínculo intermedio por el cual somos unidos al Padre.
¿Qué valor debemos darle, entonces, a la verdad del evangelio? Quienes se mantienen en ella aseguran la promesa de la vida eterna. «Esta es la promesa que él, es decir, Dios el Padre (Juan 5:11), nos prometió: la vida eterna» (1 Juan 2:25). La promesa de Dios es grande, como corresponde a su grandeza, poder y bondad. Es la vida eterna, algo que solo Dios puede dar. El Dios bendito muestra cuánto valora a su Hijo y la verdad acerca de él cuando promete la vida eterna a quienes siguen viviendo en esa verdad, bajo su luz, poder e influencia.
Esta advertencia también se fortalece por el propósito de la carta del apóstol. Él les escribe para protegerlos de los engañadores de su época: «Les he escrito estas cosas acerca de los que intentan engañarlos» (1 Juan 2:26). Por tanto, si no permanecen en lo que oyeron desde el principio, su escrito y su trabajo habrán sido en vano. Debemos cuidar que las cartas apostólicas, y ciertamente toda la Escritura de Dios, no resulten inútiles ni infructuosas para nosotros: «Le escribí las grandezas de mi ley y de mi evangelio, pero fueron consideradas como algo extraño» (Oseas 8:12).
El apóstol también les recuerda la ayuda espiritual que ya habían recibido del cielo: «La unción que ustedes recibieron de él permanece en ustedes» (1 Juan 2:27). Los verdaderos cristianos tienen una confirmación interior de la verdad divina que han recibido. El Espíritu Santo la ha grabado en su mente y en su corazón. Es justo que el Señor Jesús tenga un testimonio constante en el corazón de sus discípulos. Esta unción, es decir, la concesión de gracia y dones a los discípulos sinceros, es el sello de Dios sobre la verdad y la enseñanza de Cristo, pues solo Dios puede dar un sello así. «Dios es el que nos confirma con ustedes en Cristo y el que nos ungió» (2 Corintios 1:21).
Esta santa unción recibe elogios por varias razones. Primero, permanece. El aceite no se seca tan rápidamente como el agua, y esta unción «permanece en ustedes» (1 Juan 2:27). La luz divina, cuando tiene el propósito de fortalecernos, debe ser algo duradero y constante. Las tentaciones, las trampas y las voces engañosas siguen apareciendo, por lo que la unción debe permanecer. Segundo, es mejor que la instrucción humana: «No necesitan que nadie les enseñe» (1 Juan 2:27). Esto no significa que la unción enseñe sin el ministerio establecido por Dios. Podría hacerlo si Dios así lo decidiera, pero no lo hace, aunque enseña mejor de lo que nosotros podemos enseñar. Antes de recibir la unción, ustedes fueron instruidos por nosotros; pero ahora nuestra enseñanza no se compara con esa ayuda interior. «¿Quién enseña como él?» (Job 36:22). La unción divina no reemplaza la enseñanza ministerial, pero la supera.
Tercero, es una señal segura de la verdad, y todo lo que enseña es verdadero: «La misma unción les enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera; no es mentira» (1 Juan 2:27). El Espíritu Santo debe ser el Espíritu de verdad, como se le llama (Juan 14:17). Por eso, la luz y la guía que da tienen que ser verdaderas. El Espíritu de verdad no miente y enseña todas las cosas, es decir, todo lo necesario en la presente era del evangelio para conocer a Dios en Cristo y comprender la gloria del evangelio.
Cuarto, tiene un poder protector. Guarda de ser llevados por el mal camino por los engañadores a quienes permanece en ellos. «Así como ella les ha enseñado, permanezcan en él» (1 Juan 2:27). Les enseña a permanecer en Cristo y, al enseñarles, también los fortalece y los protege. Pone un freno en la mente y el corazón para que no se aparten de él. «El que nos ungió es Dios, quien también nos selló y nos dio el Espíritu como garantía en nuestro corazón» (2 Corintios 1:21-22).
De este capítulo
1 Juan 2:1
"Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no cometan pecado. Aunque, si alguno comete pecado, tenemos ante el Padre un defensor, que es Jesucristo, y él es justo."
1 Juan 2:2
"Jesucristo se ofreció en sacrificio para que nuestros pecados sean perdonados; y no solo los nuestros, sino los de todo el mundo."
1 Juan 2:3
"Si obedecemos los mandamientos de Dios, podemos estar seguros de que hemos llegado a conocerlo."
1 Juan 2:4
"Pero si alguno dice: «Yo lo conozco», y no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no hay verdad en él."
1 Juan 2:5
"En cambio, si uno obedece su palabra, en él se ha perfeccionado verdaderamente el amor de Dios, y de ese modo sabemos que estamos unidos a él."
1 Juan 2:6
"El que dice que está unido a Dios debe vivir como vivió Jesucristo."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.