Versículo destacado
1 Juan 1:5 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Este es el mensaje que Jesucristo nos enseñó y que les anunciamos a ustedes: que Dios es luz y que en él no hay ninguna oscuridad. "
1 Juan 1:5
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
3 Les anunciamos, pues, lo que hemos visto y oído, para que ustedes estén unidos con nosotros, así como nosotros estamos unidos con Dios el Padre y con su Hijo Jesucristo.
4 Escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.
5 Este es el mensaje que Jesucristo nos enseñó y que les anunciamos a ustedes: que Dios es luz y que en él no hay ninguna oscuridad.
6 Si decimos que estamos unidos a él y, al mismo tiempo, vivimos en la oscuridad, mentimos y no practicamos la verdad.
7 Pero si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz, entonces hay unión entre nosotros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.
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Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
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El apóstol ya ha mostrado la verdad y el valor de Aquel que da el evangelio. Ahora trae un mensaje que proviene de él, y ese mensaje exige una reflexión sincera y un examen cuidadoso de parte de todos los que profesan la fe y dicen haber recibido este glorioso evangelio.
El mensaje viene del Señor Jesús, el Hijo de Dios: «Este, pues, es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos» (1 Juan 1:5). Jesús envió a los apóstoles, y él es la persona principal en los versículos anteriores; por eso, el pronombre «él» se refiere a Jesús. Los apóstoles y los demás ministros del evangelio son mensajeros de Cristo, y su mayor honor consiste en llevar al mundo y a las iglesias el pensamiento y las palabras de su Señor. El Señor Jesús decidió enviarnos su mensaje por medio de personas como nosotros, y honra a estos débiles instrumentos humanos al poner en ellos su tesoro.
Lo que habían oído, estaban deseosos de comunicarlo. Un mensaje que proviene de la Palabra de vida, la Palabra eterna, debe recibirse con alegría. Este es el mensaje: «Dios es luz, y en él no hay ninguna oscuridad» (1 Juan 1:5). Estas palabras hablan de la grandeza, la belleza, la pureza, la sabiduría, la santidad y la gloria de Dios. También hablan de la perfección absoluta de todo lo que él es: en él no hay defecto, mezcla de maldad, cambio ni corrupción.
Esto señala especialmente la perfección moral de Dios: la santidad de su naturaleza y de su voluntad, que debemos imitar y que debe moldear nuestra vida conforme al evangelio. Incluye su santidad pura, su conocimiento penetrante —en especial, su conocimiento del corazón— y su justa ira contra el pecado y la injusticia, que arde con una intensidad resplandeciente. Es apropiado que, para este mundo oscuro, el gran Dios sea presentado como luz perfecta. El Señor Jesús revela el nombre y la naturaleza del Dios invisible mejor que nadie: «El Hijo único, que está al lado del Padre, lo ha dado a conocer» (Juan 1:18).
Este es uno de los dones más elevados de la revelación cristiana: nos ofrece la descripción más noble y adecuada del Dios bendito. Concuerda con lo que la razón puede conocer, con la grandeza de las obras que nos rodean y con la naturaleza de Aquel que gobierna y juzga al mundo. No podría haber un resumen mejor de toda excelencia santa que este: «Dios es luz, y en él no hay ninguna oscuridad» (1 Juan 1:5).
De este mensaje se desprende una conclusión seria para todos los que profesan la fe. Si decimos que tenemos comunión con Dios, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no practicamos la verdad. En la Escritura, caminar significa todo el curso de la vida de una persona. Caminar en la oscuridad significa vivir en ignorancia, error y práctica pecaminosa, en contra de la enseñanza clara de nuestra santa fe.
Algunas personas pueden afirmar que han tenido grandes experiencias religiosas y decir que disfrutan de comunión con Dios, mientras sus vidas siguen siendo inmorales e impuras. El apóstol declara claramente que esas personas mienten. Mienten contra Dios, porque Dios no comparte la comunión celestial con corazones impuros. También mienten acerca de sí mismas, porque no tienen verdadero acceso a Dios ni una comunión real que provenga de él. Sus palabras son falsas, y sus vidas demuestran que sus afirmaciones también lo son.
Pero si caminamos en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado. Dios es luz eterna, y Cristo, el Mediador, lleva esa luz al mundo. La fe cristiana es la gran luz que resplandece en nuestro mundo. Cuando una persona vive de acuerdo con esa luz, tanto en su corazón como en su conducta, demuestra que tiene verdadera comunión con Dios. Estas personas muestran que conocen a Dios, que han recibido su Espíritu y que llevan su imagen en el alma.
Entonces tenemos comunión unos con otros —con los demás creyentes y con Dios mismo— por medio de sus benditos dones para nosotros. Uno de esos dones consiste en que la sangre, es decir, la muerte de su Hijo, se aplica a nosotros: «La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). El Hijo eterno se hizo Jesucristo al asumir carne y sangre. Derramó su sangre por nosotros y murió para lavarnos de nuestros pecados con su propia sangre. Su sangre quita la culpa de todo pecado, tanto del pecado heredado como de los pecados que hemos cometido personalmente, y así podemos estar justos delante de Dios. Además, su sangre trae la ayuda santa por medio de la cual el pecado es sometido cada vez más, hasta que finalmente sea eliminado por completo (Gálatas 3:13-14).
De este capítulo
1 Juan 1:1
"Les escribimos a ustedes acerca de aquello que ya existía desde el principio, de lo que hemos oído y de lo que hemos visto con nuestros propios ojos. Porque lo hemos visto y lo hemos tocado con nuestras manos. Se trata de la Palabra de vida."
1 Juan 1:2
"Esta vida se manifestó: nosotros la vimos y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes esta vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos ha manifestado."
1 Juan 1:3
"Les anunciamos, pues, lo que hemos visto y oído, para que ustedes estén unidos con nosotros, así como nosotros estamos unidos con Dios el Padre y con su Hijo Jesucristo."
1 Juan 1:4
"Escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa."
1 Juan 1:6
"Si decimos que estamos unidos a él y, al mismo tiempo, vivimos en la oscuridad, mentimos y no practicamos la verdad."
1 Juan 1:7
"Pero si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz, entonces hay unión entre nosotros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado."
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