Versículo destacado
1 Corintios 7:25 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En cuanto a las mujeres no casadas, no tengo ningún mandato especial del Señor; pero doy mi opinión como alguien digno de confianza por la misericordia del Señor. "
1 Corintios 7:25
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
23 Dios los ha comprado a ustedes; no permitan que otros hombres los conviertan en esclavos.
24 Así pues, hermanos, que cada uno permanezca delante de Dios en la condición en que estaba cuando fue llamado.
25 En cuanto a las mujeres no casadas, no tengo ningún mandato especial del Señor; pero doy mi opinión como alguien digno de confianza por la misericordia del Señor.
26 Me parece que es mejor que cada uno permanezca tal como está, debido a los tiempos difíciles en que vivimos.
27 Si tienes esposa, no la abandones; y si no tienes, no la busques.
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El apóstol retoma ahora su explicación y da consejo acerca de las vírgenes, es decir, de las personas solteras. Dice: «En cuanto a las vírgenes, no tengo mandamiento del Señor» (1 Corintios 7:25). No quiere decir que Cristo no haya dejado ninguna orientación, sino que el Señor Jesús no había dado una ley directa y general sobre este punto específico. Por eso Pablo expresa su juicio como alguien que ha recibido «misericordia del Señor para ser fiel», es decir, fiel en su apostolado.
Pablo fue fiel en su ministerio y, por esa razón, su consejo debía recibirse como la instrucción de Cristo para ellos. Aunque Cristo no había dado antes un mandato universal sobre este asunto, ahora habla por medio de un apóstol inspirado. La fidelidad en el ministerio proviene de la gracia y la misericordia de Cristo. Pablo mismo estaba siempre dispuesto a reconocerlo: «He trabajado más abundantemente que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que ha estado conmigo» (1 Corintios 15:10). Es una gran misericordia cuando Dios hace fiel a una persona en su palabra, ya sea que sirva de una manera común o mediante un llamado especial.
En vista de la aflicción presente, la conclusión de Pablo era que era mejor permanecer soltero. «Es bueno para el hombre quedarse así», es decir, permanecer sin casarse. Habla con cuidado, como diciendo: «Creo que esto es lo mejor», pero aun así habla con autoridad apostólica. No se trata simplemente de una opinión privada. Es el juicio del Espíritu de Dios comunicado por medio de un apóstol, aunque Pablo lo expresa con modestia. Lo hace para dar mayor peso a sus palabras. Quienes ya desconfiaban de Pablo podrían haber rechazado este consejo si él hubiera hablado de manera áspera o autoritaria. Los ministros no pierden autoridad cuando hablan con sabiduría y flexibilidad. Deben hacerse todo para todos, a fin de procurar el mayor bien.
Pablo dice que esto es bueno «por la aflicción presente». En los comienzos de la fe cristiana, los creyentes sufrían una intensa persecución. Sus enemigos eran feroces y con frecuencia los trataban con mucha crueldad. Los cristianos estaban siempre en peligro de ser arrastrados al sufrimiento. Por eso, Pablo no consideraba prudente que los creyentes solteros cambiaran su situación si podían permanecer como estaban. El matrimonio traería más responsabilidades y cargas (1 Corintios 7:33-34), y esas preocupaciones adicionales podían hacer que la persecución se sintiera más pesada y difícil de soportar. Al decidir cómo vivir, los cristianos no deben preguntar solamente qué es lícito. También deben preguntar qué es sabio y qué les resulta provechoso.
Aun así, Pablo tiene cuidado de no condenar el matrimonio ni llamarlo pecado. Si alguien está libre de una esposa, ya sea soltero, viudo o virgen, Pablo le dice que no se apresure a casarse. Pero si alguien ya está unido a una esposa, no debe intentar romper ese vínculo. Tiene el deber de permanecer en el matrimonio y cumplir con sus responsabilidades. Un creyente puede enfrentar dificultades especiales si llega la persecución, pero eso no le da permiso para abandonar su deber. El deber debe cumplirse, y hay que confiar en Dios en cuanto al resultado. Si descuidamos nuestro deber, nos colocamos fuera del refugio del cuidado de Dios.
Pablo lo dice claramente: «Si te casas, no pecas; y si una virgen se casa, no peca» (1 Corintios 7:28). El matrimonio no es pecaminoso en sí mismo. Pero en aquel tiempo podía añadir dificultades y hacer más duros los sufrimientos de esa época. Por eso Pablo consideraba sabio que quienes pudieran permanecer solteros lo hicieran. Sin embargo, no quería imponerles el celibato, es decir, la vida sin casarse, como una carga ni atraparlos con esa obligación. Por eso dice: «Pero les estoy evitando dificultades». En esto, Pablo es muy distinto de los maestros católicos romanos posteriores que prohíben el matrimonio a muchos y atan a las personas con votos de celibato, puedan soportarlos o no.
Pablo aprovecha esta ocasión para dar una enseñanza más amplia a todos los cristianos: deben aferrarse a las cosas de este mundo con desprendimiento santo. Los que tienen esposa deben vivir como si no la tuvieran. Esto no significa que deban descuidar las responsabilidades matrimoniales. Significa que no deben aferrarse demasiado a las comodidades de esa relación. No saben cuán pronto podrían perder ese consuelo. El mismo consejo se aplica a cualquier otra relación. Los que tienen hijos deben vivir como si no los tuvieran, porque aun quienes ahora son motivo de consuelo podrían llegar a ser causa de dolor. Las alegrías terrenales más dulces pueden desaparecer rápidamente.
Pablo dice lo mismo acerca de las aflicciones. Los que lloran deben vivir como si no lloraran. No debemos dejarnos aplastar por los problemas ni entregarnos a la tristeza mundana. Más bien, debemos conservar un gozo santo en Dios aun en medio de las dificultades, para que el corazón permanezca alegre en medio del dolor. «El llanto puede durar una noche, pero el gozo llega en la mañana». Si al final llegamos al cielo, toda lágrima será enjugada. La esperanza de ese futuro debería llevarnos desde ahora a moderar nuestro dolor y a no ceder tan fácilmente al llanto.
También habla acerca del gozo mundano: los que se alegran deben vivir como si no se alegraran. No debemos sentirnos demasiado satisfechos con las comodidades terrenales. Nuestro gozo debe ser moderado, y el corazón debe permanecer desprendido de las cosas que más disfrutamos. Este mundo no es nuestro descanso, y estas cosas no son nuestra porción para siempre. Por lo tanto, nuestro corazón no debe estar fijado en ellas ni debemos convertirlas en nuestra principal fuente de paz o felicidad.
Pablo añade una palabra acerca de los negocios y las compras: los que compran deben vivir como si no poseyeran. Quienes prosperan en el comercio, acumulan riquezas o adquieren propiedades deben tener esas cosas en poca estima. Hacer lo contrario es poner el corazón en lo que no permanece (Proverbios 23:5). Comprar y poseer no debe apoderarse de nuestra mente. Para muchas personas, esas preocupaciones les impiden prestar atención a lo mejor. Los invitados a la fiesta de bodas no asistieron por causa del terreno y los bueyes que acababan de adquirir (Lucas 14:18-19). Aunque tales cosas no siempre detienen por completo a las personas, con frecuencia las distraen mucho de avanzar en su verdadero llamado. Quienes desean correr bien y ganar el premio reciben ayuda cuando liberan su mente de las cargas externas.
Por último, Pablo presenta una regla amplia para todos los asuntos del mundo: los que usan este mundo deben hacerlo sin abusar de él (1 Corintios 7:31). El mundo puede usarse, pero no debe usarse mal. Se usa mal cuando no se emplea para el propósito que Dios le dio: honrarlo a él y hacer el bien a los demás. También se usa mal cuando se convierte en combustible para los deseos pecaminosos en vez de servir como ayuda para la obediencia. Y se usa mal cuando llega a ser nuestro amo, nuestro ídolo, y ocupa en el corazón el lugar que le pertenece solamente a Dios. Existe un gran peligro de abusar del mundo de todas estas maneras si nuestro corazón está demasiado aferrado a él.
Debemos mantener el mundo, tanto como sea posible, fuera de nuestro corazón, para no usarlo mal cuando lo tengamos en nuestras manos. Pablo respalda este consejo con dos razones. Primero, el tiempo es corto (1 Corintios 7:29). Solo tenemos un breve tiempo en este mundo y una temporada muy corta para poseer y disfrutar las cosas terrenales. Su duración se ha reducido a un período limitado. Pronto desaparecerá y quedará recogido en la eternidad. Por eso, no pongas tu corazón en los placeres del mundo ni permitas que sus preocupaciones te aplasten. Aférrate a lo que debes dejar pronto, sin permitir que eso se apodere de ti.
¿Por qué habría de estar nuestro corazón profundamente aferrado a aquello que pronto tendremos que abandonar? Segundo, la apariencia de este mundo se desvanece (1 Corintios 7:31). Es decir, la forma, el aspecto y la apariencia exterior del mundo están cambiando constantemente. Todo está en movimiento continuo. No es tanto un mundo sólido como la apariencia de uno. Todo en él es una exhibición, y aun esa exhibición dura muy poco. Esta es una razón muy apropiada y contundente para el consejo anterior. No es razonable dejarse llevar por las imágenes pasajeras de un sueño. Ciertamente, «el ser humano camina en una apariencia fugaz» (Salmo 39:6), rodeado de apariencias débiles y pasajeras. ¿Debería conmoverse profundamente o angustiarse en gran manera por una escena semejante?
Pablo también refuerza su consejo general al advertir contra el peso excesivo de las preocupaciones mundanas: «Quiero que estén libres de ansiedad» (1 Corintios 7:32). Ser descuidado está mal, porque prestar sabia atención a los asuntos terrenales es un deber. Pero estar lleno de una preocupación ansiosa y perturbadora por ellos es pecado. Toda preocupación que desestabiliza la mente y la distrae de adorar a Dios es dañina, porque debemos servir a Dios sin distracción (1 Corintios 7:35). Toda la mente debe concentrarse en la adoración cuando nos acercamos a Dios. Esa obra se interrumpe cuando las preocupaciones externas atraen el corazón en otras direcciones.
Por eso, es sabio que el cristiano ordene su vida exterior y elija su manera de vivir de modo que quede libre de preocupaciones que lo distraigan. Así podrá atender al Señor con una mente abierta y libre. Esta es la regla principal que el apóstol da para la vida cristiana. La sabiduría cristiana debe aplicarla a la situación de cada persona. La mejor condición para cualquiera es aquella que resulta mejor para su alma y que lo mantiene más libre de las preocupaciones y las trampas del mundo.
Con este principio, Pablo responde a la pregunta de los corintios sobre si era prudente casarse. Debido a la angustia presente, y quizá también porque en ese tiempo los cristianos podían estar casados con personas no creyentes o incluso sentirse obligados a casarse con alguien que no creyera, muchas veces era mejor permanecer sin casarse. Eso los libraría de preocupaciones y cargas adicionales, y les dejaría más tiempo para servir a Dios. Por lo general, cuanto menos nos ocupamos de las cosas del mundo, más libertad tenemos para servir a Dios.
En ese tiempo, y quizá no solamente entonces, el matrimonio traía consigo más preocupaciones relacionadas con la vida diaria. El hombre casado se preocupa por las cosas del mundo y por cómo agradar a su esposa (1 Corintios 7:33). La mujer casada se preocupa por las cosas del mundo y por cómo agradar a su esposo. En cambio, el hombre y la mujer que no están casados se preocupan por las cosas del Señor, para agradar al Señor y ser santos en cuerpo y espíritu (1 Corintios 7:32, 1 Corintios 7:34). Esto no significa que las personas casadas no puedan ser también santas en cuerpo y espíritu. El celibato, es decir, la condición de no estar casado, no es por sí mismo más puro ni más santo que el matrimonio. Pero en ese tiempo, quienes no estaban casados podían hacer de la fe su ocupación principal con mayor facilidad, porque tenían menos distracciones relacionadas con la vida diaria.
El matrimonio siempre trae consigo cierto grado de preocupación, aunque en unas épocas puede traer más que en otras. Las personas casadas deben pensar constantemente en agradarse mutuamente, aunque hacerlo sea más difícil en ciertas etapas y situaciones. Por eso, en aquel tiempo Pablo aconsejó a quienes no estaban casados que no se casaran, si no tenían necesidad de cambiar su condición. Cuando la misma razón se presenta en otras épocas, también corresponde aplicar la misma regla. Pero esa regla igualmente debe guiar hacia el matrimonio cuando la razón apunta en esa dirección; es decir, si permanecer sin casarse probablemente distraería más a una persona del servicio a Dios que el matrimonio. Esto puede suceder en muchos casos.
Esta es la regla general, y cada persona debe aplicarla con sabiduría a su propia situación. Conforme a ella, la persona cristiana debe procurar discernir si el matrimonio o permanecer sin casarse le ofrecerá la mejor ayuda y los menos obstáculos para servir a Dios y cuidar de su propia salvación.
De este capítulo
1 Corintios 7:1
"Ahora paso a responder las preguntas que ustedes me hicieron en su carta. Sería mejor no casarse;"
1 Corintios 7:2
"pero, debido al peligro de la prostitución, cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer, su propio esposo."
1 Corintios 7:3
"Tanto el esposo como la esposa deben cumplir los deberes propios del matrimonio."
1 Corintios 7:4
"La esposa no es dueña de su propio cuerpo, pues este pertenece a su esposo; tampoco el esposo es dueño de su propio cuerpo, pues este pertenece a su esposa."
1 Corintios 7:5
"Por lo tanto, no se nieguen el uno al otro, a menos que se pongan de acuerdo en no juntarse durante algún tiempo para dedicarse a la oración. Después deberán volver a juntarse, para que Satanás no los haga pecar por no poder dominarse."
1 Corintios 7:6
"Digo todo esto más como una concesión que como un mandamiento."
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