Versículo destacado
1 Corintios 14:34 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
las mujeres deben guardar silencio en las reuniones de la iglesia, porque no se les permite hablar. Deben estar sometidas a sus esposos, como manda la ley.
1 Corintios 14:34
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
32 El don de profecía debe estar bajo el control del profeta,
34 las mujeres deben guardar silencio en las reuniones de la iglesia, porque no se les permite hablar. Deben estar sometidas a sus esposos, como manda la ley.
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Aquí el apóstol les dice a las mujeres que guarden silencio en las reuniones públicas de la iglesia. Afirma que ni siquiera deben hacer preguntas allí para aprender, sino que deben preguntarles a sus esposos en casa. Han de aprender en silencio y con un espíritu de sumisión; además, en 1 Timoteo 2:11-12, dice que no les permite enseñar.
Hay un pasaje en 1 Corintios 11:5 que da a entender que, en ocasiones, las mujeres oraban y profetizaban en la iglesia. Allí Pablo no condena claramente el acto en sí, sino la manera en que se hacía: con la cabeza descubierta. En aquella cultura, eso habría borrado la diferencia entre hombres y mujeres y habría puesto a las mujeres al mismo nivel que los hombres. Pero aquí parece prohibir que las mujeres hablen públicamente en la congregación.
Esto incluiría tanto orar como profetizar, al menos en el sentido limitado en que se usa la palabra en este capítulo, donde profetizar significa predicar o explicar las Escrituras con la ayuda del Espíritu. En ese sentido, que una mujer profetizara sería enseñar, y la enseñanza implica una autoridad que no corresponde a su papel de sumisión. El maestro ocupa una posición de cierta autoridad sobre quienes aprenden de él, y Pablo dice que esa autoridad no le ha sido dada a la mujer sobre el hombre.
Sin embargo, orar y expresar himnos inspirados no era lo mismo que enseñar. Puesto que en aquel tiempo las mujeres sí tenían dones espirituales de ese tipo, como se ve en Hechos 22:9, algunos se han preguntado si debían guardar silencio siempre, incluso cuando recibían un impulso claro de parte de Dios. Por eso, algunos piensan que el mandato de Pablo se aplica a las situaciones ordinarias, pero que admite excepciones poco frecuentes cuando una mujer era movida claramente por Dios de una manera extraordinaria. Aun así, en la vida normal de la iglesia, no debían enseñar, debatir ni hacer preguntas públicamente. Si tenían preguntas, debían hacérselas a sus propios esposos en casa.
Esto también señala un deber para los hombres. Si el lugar de la mujer es aprender en sumisión, entonces el hombre debe estar capacitado para instruirla. Si ella ha de preguntarle a su esposo en casa, él debe procurar saber lo suficiente para responder sus preguntas. Y si para ella sería una vergüenza hablar en la iglesia cuando debe guardar silencio, también es una vergüenza para él guardar silencio en casa cuando debería hablar y darle una respuesta.
Pablo da la razón de este mandato: Dios ha puesto a las mujeres bajo obediencia. Ellas ocupan un rango inferior al de los hombres, y estaría mal que actuaran como si estuvieran cambiando ese orden. En aquel tiempo y lugar, hablar públicamente en la iglesia daba esa impresión, y enseñar en público la daría aún más. Por eso Pablo dice que es una vergüenza que las mujeres hablen en la reunión de la iglesia.
La vergüenza es esa sensación de incomodidad que tenemos cuando hemos hecho algo impropio. ¿Y qué podría ser más impropio que una mujer abandonara el lugar que Dios le dio, negara el orden establecido para su sexo o actuara de una manera que naturalmente se percibiera así? Debemos pensar y actuar de acuerdo con el lugar que Dios nos ha asignado. Quienes Dios ha puesto bajo la autoridad de otros no deben intentar ponerse al mismo nivel ni actuar como si estuvieran por encima de esa autoridad. La mujer fue hecha para estar sujeta al hombre, y debe permanecer en esa posición y conformarse con ella. Por esa razón, las mujeres deben guardar silencio en las iglesias y no presentarse como maestras, porque hacerlo significaría asumir una posición de autoridad sobre el hombre.
De este capítulo
1 Corintios 14:1
"Procuren, pues, tener amor y, al mismo tiempo, aspiren a que Dios les dé dones espirituales, especialmente el don de profecía."
1 Corintios 14:2
"El que habla en lenguas extrañas habla a Dios y no a seres humanos, pues nadie lo entiende. En su espíritu dice cosas secretas, pero nadie las entiende."
1 Corintios 14:3
"En cambio, el que comunica mensajes proféticos lo hace para edificar a la comunidad, y la anima y consuela."
1 Corintios 14:4
"El que habla en una lengua extraña lo hace para su propio bien; pero el que comunica mensajes proféticos edifica a la iglesia."
1 Corintios 14:5
"Yo quisiera que todos ustedes hablaran en lenguas extrañas, pero preferiría que comunicaran mensajes proféticos. Esto es mejor que hablar en lenguas, a menos que se interprete su significado de tal manera que sirva para edificar a la iglesia."
1 Corintios 14:6
"Por ejemplo, hermanos, no les servirá de nada que yo los visite y les hable en lenguas extrañas, en vez de hablarles de lo que Dios nos manifiesta, del conocimiento de la verdad, o de comunicarles algún mensaje profético o alguna enseñanza."
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