Versículo destacado
1 Corintios 13:8 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" El amor jamás dejará de existir. Un día, el don de profecía terminará, ya no se hablará en lenguas ni serán necesarios los conocimientos. "
1 Corintios 13:8
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
6 es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad.
7 Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo y soportarlo todo.
8 El amor jamás dejará de existir. Un día, el don de profecía terminará, ya no se hablará en lenguas ni serán necesarios los conocimientos.
9 Porque los conocimientos y la profecía son cosas imperfectas,
10 que llegarán a su fin cuando venga lo que es perfecto.
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Aquí el apóstol continúa elogiando el amor y mostrando cuánto mejor es que los dones de los que los corintios se sentían tan orgullosos. Habían estado a punto de descuidar por completo el amor, aun mientras presumían de esos dones. Pablo demuestra el valor del amor, primero, porque dura mucho más que los dones y, segundo, porque pertenece a un estado más completo y permanente.
«El amor nunca falla». Es una gracia permanente, destinada a continuar para siempre. Pero los dones especiales que los corintios valoraban eran temporales. Fueron dados por un tiempo para ayudar a edificar a la iglesia en la tierra, no durante toda su permanencia en este mundo. En el cielo, esos dones ya no serán necesarios, pero el amor permanecerá, porque el cielo es el hogar y la expresión más plena del amor.
Las profecías desaparecerán, lo cual puede referirse a la predicción de acontecimientos futuros, que es el sentido habitual de la palabra, o a la explicación de las Escrituras dada por el Espíritu. Las lenguas cesarán; es decir, terminará la capacidad milagrosa de hablar idiomas que uno no ha aprendido. En el cielo habrá un solo idioma y no existirá confusión en la manera de hablar, porque allí habrá una paz perfecta. El conocimiento también se desvanecerá. Pablo no quiere decir que los santos en el cielo serán ignorantes, pues esa sería una felicidad muy pobre. Se refiere al conocimiento milagroso, dado de una manera especial, como la revelación de misterios por medio del Espíritu (1 Corintios 14:6). Ese tipo de conocimiento llegaría a su fin.
Algunos piensan que Pablo se refiere al conocimiento común adquirido mediante la enseñanza y el estudio. En ese sentido, la manera en que adquirimos conocimiento desaparecerá, aunque el conocimiento mismo no se perderá. Pero Pablo claramente está contraponiendo el amor a los dones sobrenaturales, y el amor es superior porque dura más. Permanecerá cuando esos dones hayan desaparecido. Entrará en el cielo, donde esos dones ya no tendrán ninguna utilidad. En cierto sentido, incluso podría decirse que nuestro conocimiento común cesará en el cielo, porque será transformado y perfeccionado de una manera incomparable. La luz de una vela queda oculta cuando el sol brilla con toda su fuerza.
Pablo también muestra que estos dones corresponden solamente a un estado incompleto. «Ahora conocemos de manera parcial y profetizamos de manera parcial» (1 Corintios 13:9). Nuestro mejor conocimiento y nuestra mayor capacidad son limitados, al igual que nuestra condición presente. Incluso el conocimiento dado por inspiración era parcial. ¡Cuán poco sabían aun los apóstoles y otros hombres inspirados acerca de Dios y del mundo invisible! Los demás saben mucho menos. Estos dones eran apropiados para la iglesia en su condición presente e inconclusa. Eran valiosos, pero no podían compararse con el amor, porque desaparecerían cuando terminaran las imperfecciones de la iglesia. El amor continuaría para siempre.
Esto lleva a Pablo a señalar el estado superior que está por venir. «Cuando llegue lo perfecto, lo parcial llegará a su fin» (1 Corintios 13:10). Cuando se alcanza la meta, las herramientas usadas para llegar a ella ya no son necesarias. En la vida venidera no habrá necesidad de lenguas, profecía ni conocimiento inspirado, porque entonces la iglesia será completa tanto en conocimiento como en santidad. Dios será conocido con claridad, por visión directa, hasta donde las mentes glorificadas puedan recibirlo. Eso será muy distinto de las vislumbres breves y limitadas que tenemos ahora.
Pablo describe la diferencia entre ambos estados de dos maneras. Primero, la vida presente es como la niñez, y la vida venidera es como la adultez. «Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba como niño y razonaba como niño; pero cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño». Algunos piensan que «hablaba como niño» se refiere a hablar en lenguas. Pablo también dice, en efecto, que recibió de una manera extraordinaria la enseñanza de los misterios del reino de los cielos, lo cual mostraba que todavía se encontraba en un estado semejante al de un niño. Los niños tienen ideas limitadas y confusas en comparación con los adultos. Cuando el razonamiento madura, las personas dejan de manera natural sus pensamientos iniciales y los consideran poco importantes. Lo mismo ocurrirá con nosotros en el cielo. Miraremos atrás y veremos como una insensatez infantil el orgullo que sentíamos por los dones terrenales, comparado con la vida madura en Cristo.
Segundo, lo que conocemos ahora es oscuro y poco claro en comparación con lo que vendrá después. «Ahora vemos de manera indirecta y velada, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco de manera parcial, pero entonces conoceré plenamente, así como soy conocido». En el presente solo podemos ver desde lejos, como a través de un telescopio y entre nubes. Entonces las cosas que deben conocerse estarán cerca y serán claras, expuestas ante nuestros ojos, y nuestro conocimiento no tendrá oscuridad ni error. Veremos a Dios cara a cara y lo conoceremos como él nos conoce: no de la misma manera plena en que él nos conoce, sino de una manera real y apropiada. Dios nos conoce mediante una observación directa, mientras que nosotros fijaremos entonces nuestros ojos en él y lo veremos tal como es (1 Juan 3:2). Comprenderemos más de los misterios del amor y la gracia divinos. ¡Qué cambio tan glorioso será pasar de la oscuridad a la luz, de las nubes a la claridad del rostro de nuestro Salvador, y ver la luz en la propia luz de Dios (Salmo 36:9)! Solo la luz del cielo quitará toda nube y toda sombra del rostro de Dios. Aquí solo hay un crepúsculo; allí habrá un día perfecto e interminable.
Para resumir la grandeza del amor, Pablo lo coloca por encima no solo de los dones, sino también de otras gracias, especialmente la fe y la esperanza (1 Corintios 13:13). «Ahora permanecen estas tres: la fe, la esperanza y el amor. Pero la mayor de ellas es el amor». La gracia verdadera es mucho mayor que cualquier don espiritual. La fe, la esperanza y el amor son las tres gracias principales, y el amor ocupa el primer lugar porque es la meta a la que conducen las otras dos. Es parte de la vida divina, la felicidad del alma y su descanso apacible en Dios, acompañado de un santo deleite en todo su pueblo. Es la obra que permanece para siempre, cuando la fe y la esperanza ya no sean necesarias.
La fe se aferra a la revelación de Dios y está de acuerdo con ella. La esperanza se extiende hacia la bendición futura y espera recibirla. En el cielo, la fe dará paso a la visión, y la esperanza dará paso a la posesión plena. No habrá necesidad de creer y esperar cuando podamos ver y disfrutar. Pero el amor se centra en la bondad de Dios, en su imagen presente en sus criaturas y en nuestra relación compartida con Dios y unos con otros. Todo esto brillará con plena gloria en el mundo venidero, y allí el amor alcanzará su perfección. Allí amaremos a Dios perfectamente, porque él siempre se mostrará digno de amor, y nuestros corazones arderán con una devoción interminable.
Allí nos amaremos unos a otros perfectamente, cuando todos los santos estén reunidos, cuando solo haya santos y cuando esos santos hayan sido perfeccionados. ¡Qué estado tan bendito será ese, y cuánto superará a la mejor vida que se pueda vivir aquí abajo! Qué hermoso y excelente es el amor cristiano. Supera a todo otro don, porque resplandece por encima de cada gracia y llega a ser su perfección permanente.
Cuando la fe y la esperanza hayan llegado a su fin, el amor verdadero seguirá ardiendo para siempre con la llama más brillante. Quienes se acercan más al cielo y a la perfección son aquellos cuyos corazones están más llenos de este espíritu divino y arden con mayor intensidad de amor. Esa es la señal más segura de la obra de Dios en una persona y la expresión más clara de su semejanza con él. Porque Dios es amor (1 Juan 4:8, 1 Juan 4:16). Y donde Dios sea visto tal como es, cara a cara, allí el amor alcanzará su punto más elevado. Allí, y solo allí, llegará a ser perfecto.
De este capítulo
1 Corintios 13:1
"Si hablo las lenguas de los hombres e incluso de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido."
1 Corintios 13:2
"Y si tengo el don de profecía, entiendo todos los designios secretos de Dios y sé todas las cosas, y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada."
1 Corintios 13:3
"Y si reparto entre los pobres todo lo que poseo, e incluso si entrego mi propio cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve."
1 Corintios 13:4
"Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia ni ser presumido ni orgulloso,"
1 Corintios 13:5
"ni grosero ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor;"
1 Corintios 13:6
"es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad."
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