Versículo destacado
1 Corintios 13:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Si hablo las lenguas de los hombres e incluso de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. "
1 Corintios 13:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Si hablo las lenguas de los hombres e incluso de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.
2 Y si tengo el don de profecía, entiendo todos los designios secretos de Dios y sé todas las cosas, y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada.
3 Y si reparto entre los pobres todo lo que poseo, e incluso si entrego mi propio cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve.
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Aquí el apóstol explica cuál era el «camino más excelente» que tenía en mente al final del capítulo anterior: el amor, expresado en griego por la palabra *ágape*. No se trata simplemente de dar dinero a los pobres, que es el sentido con el que muchas personas usan hoy la palabra «caridad». Se refiere al amor en su sentido más pleno: el verdadero amor a Dios y a los demás, acompañado de un corazón bondadoso y generoso hacia los hermanos en la fe, fruto de una devoción sincera a Dios.
Este principio vivo de toda obediencia es superior a cualquier don espiritual. De hecho, sin él, aun los dones más grandes no significan nada ni tienen valor delante de Dios. Pablo menciona primero el don de lenguas: «Aunque yo hable en lenguas de hombres y de ángeles, si no tengo amor, me he convertido en bronce que resuena o címbalo que retiñe» (1 Corintios 13:1). Aunque una persona pudiera hablar con perfecta habilidad todos los idiomas de la tierra, o hablar como un ángel, sin amor todo sería solamente un ruido vacío. Hablar con fluidez, belleza o mucho conocimiento acerca de las cosas de Dios no nos salvará ni ayudará a los demás si falta el amor santo. Dios valora el corazón amoroso, no solo una lengua elocuente. Pablo menciona este don primero porque los corintios lo tenían en especial estima y menospreciaban a quienes no lo poseían.
Después menciona la profecía, el entendimiento de los misterios y todo conocimiento. Sin amor, todo eso es nada (1 Corintios 13:2). Una persona podría comprender profundamente las profecías y los símbolos del Antiguo Testamento, o conocer con gran exactitud las doctrinas del cristianismo, incluso por la inspiración del Espíritu Santo, y aun así no ser nada si carece de amor. Una mente aguda vale muy poco sin un corazón bondadoso y generoso. Dios no valora el conocimiento por sí mismo, sino la devoción sincera y el amor.
Luego Pablo habla de la fe milagrosa, es decir, la clase de fe capaz de hacer milagros. «Si tengo toda la fe, de manera que pueda mover montañas», o decirles que se arrojen al mar, «y no tengo amor, nada soy» (1 Corintios 13:2; Marcos 11:23). Incluso la fe más extraordinaria para hacer milagros, aquella ante la cual casi nada parece imposible, sigue siendo nada sin amor. Mover montañas puede parecer grandioso a los ojos de las personas, pero a los ojos de Dios un poco de amor vale mucho más que toda esa clase de fe en el mundo. Algunos pueden hacer obras poderosas en el nombre de Cristo, pero él los rechazará y les dirá: «Apártense de mí, ustedes que practican la maldad» (Mateo 7:22-23). La fe que salva siempre va acompañada del amor, pero la fe que hace milagros puede existir sin él.
Pablo también incluye los actos externos de generosidad, como dar todos los bienes para alimentar a los pobres (1 Corintios 13:3). Aunque una persona entregara todo lo que posee de esa manera, no le serviría de nada sin amor. Una mano puede estar abierta y ser generosa mientras el corazón sigue siendo egoísta y falto de amor. Alguien puede dar limosnas por un motivo incorrecto, como el orgullo o el deseo de recibir elogios. Las buenas obras que hacemos por los demás no nos benefician si no nacen de la devoción a Dios y del amor a las personas. Si el amor queda fuera de nuestra religión, ni siquiera el servicio más costoso nos hará bien. Si entregamos todo lo que tenemos, pero retenemos nuestro corazón y no se lo damos a Dios, eso no nos aprovechará.
Pablo va más lejos e incluye el sufrimiento, aun el más extremo: «Si entrego mi cuerpo para ser quemado», sin amor, «de nada me sirve» (1 Corintios 13:3). Aunque alguien diera su vida por el evangelio y muriera quemado por defender su verdad, eso tampoco le serviría si no lo movieran una verdadera devoción a Dios, un amor sincero por la iglesia y por las personas, y la buena voluntad hacia todos. Las acciones externas de una persona pueden parecer nobles mientras su motivación interior es completamente equivocada. Algunos incluso se han arrojado al fuego solo para ganar fama delante de los demás. También es posible que alguien esté dispuesto a morir por una religión en la que nunca creyó realmente ni abrazó de corazón.
Por eso, defender una religión al precio de la propia vida no nos aprovechará si no experimentamos su poder. El verdadero amor es el corazón mismo y el espíritu de la religión. Si no hay un fuego santo en nuestro corazón, ser reducidos a cenizas por causa de la verdad tampoco nos hará ningún bien. Los sufrimientos más dolorosos y los sacrificios más costosos no nos harán aceptables delante de Dios si no amamos a nuestros hermanos y hermanas. Qué extraño es, entonces, intentar agradar a Dios quemando a otros, mediante asesinatos, masacres, torturas o cualquier trato cruel hacia otros creyentes. Que mi alma no tenga nada que ver con tales cosas. Si no puedo esperar ser aceptable delante de Dios por entregar mi propio cuerpo para ser quemado mientras no tengo amor, jamás debería pensar que puedo lograrlo quemando o maltratando a otros en abierta oposición al amor.
De este capítulo
1 Corintios 13:2
"Y si tengo el don de profecía, entiendo todos los designios secretos de Dios y sé todas las cosas, y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada."
1 Corintios 13:3
"Y si reparto entre los pobres todo lo que poseo, e incluso si entrego mi propio cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve."
1 Corintios 13:4
"Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia ni ser presumido ni orgulloso,"
1 Corintios 13:5
"ni grosero ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor;"
1 Corintios 13:6
"es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad."
1 Corintios 13:7
"Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo y soportarlo todo."
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