Versículo destacado

1 Corintios 1:10 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Español

Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, les ruego que todos estén siempre de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes. Vivan en armonía, pensando y sintiendo de la misma manera.

1 Corintios 1:10

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí el apóstol comienza a tratar el tema.

Primero los exhorta a vivir en unidad y amor fraternal, y los reprende por sus divisiones. Había escuchado de personas que se preocupaban por la iglesia que existían serios desacuerdos entre ellos. Esos informes no provenían de la malicia contra la iglesia ni contra sus ministros. Nacían de una preocupación bondadosa y prudente, con la esperanza de que Pablo interviniera para calmar esas dificultades.

Les escribe con mucho afecto: «Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo». Si tenían algún respeto por ese nombre querido y honorable por el cual eran llamados, debían permanecer unidos. Debían «hablar lo mismo» y evitar las divisiones o rupturas, es decir, cualquier quiebre del afecto que debían tener unos por otros. Debían estar estrechamente unidos en una misma mente, hasta donde les fuera posible. En las verdades principales de la fe debían estar de acuerdo. Pero cuando no lograran pensar exactamente igual, aun así debían conservar el amor unos por otros. Si estaban unidos en lo más importante, eso debía apagar las llamas de las discusiones sobre asuntos menores.

También deja entrever la raíz de su problema. El orgullo estaba en el fondo de todo, y ese orgullo los llevaba a dividirse: «Solo por la soberbia viene la contienda» (Proverbios 13:10). Discutían acerca de sus ministros. Pablo y Apolos eran siervos fieles de Jesucristo, y ambos ayudaban a quienes los escuchaban a crecer en la fe y en el gozo. Pero algunas personas aficionadas a las discusiones formaron partidos y pusieron a sus ministros al frente de esas facciones. Unos elogiaban a Pablo, quizá porque lo consideraban el maestro más profundo y espiritual. Otros elogiaban a Apolos, quizá porque hablaba con mayor habilidad y poder. Algunos seguían a Cefas, es decir, a Pedro, tal vez por su edad o porque era el apóstol enviado a los judíos. Otros no querían identificarse con ninguno de ellos, sino que afirmaban pertenecer únicamente a Cristo.

Esto muestra cómo incluso las cosas buenas pueden distorsionarse. El evangelio y sus ordenanzas, que deben encajar en perfecta armonía, pueden convertirse en instrumentos de conflicto y división. Eso no es un fracaso de la fe cristiana, sino una triste señal de la corrupción y el pecado humanos. El orgullo puede llevar a los cristianos a enfrentarse gravemente unos con otros, hasta el punto de poner a Cristo y a sus propios apóstoles unos contra otros, como si fueran rivales.

Luego Pablo razona con ellos acerca de sus disputas. «¿Está dividido Cristo?». No; hay un solo Cristo, por lo que los cristianos deben tener un mismo corazón. «¿Fue Pablo crucificado por ustedes?». ¿Era Pablo su sacrificio y su expiación, es decir, quien pagó por sus pecados? ¿Acaso Pablo afirmó ser su Salvador o algo más que un siervo de Cristo? «¿Fueron bautizados en el nombre de Pablo?». ¿Estaban dedicados al servicio de Pablo o se habían convertido en sus discípulos por medio de ese acto santo? ¿Acaso él reclamó para sí una autoridad que pertenece solamente a Dios y a su Redentor?

No. Por útiles que sean, los ministros nunca deben ocupar el lugar de Cristo. No deben apropiarse de la autoridad de Cristo ni fomentar en el pueblo nada que parezca concederles esa autoridad. Cristo es nuestro Salvador y sacrificio. Él es nuestro Señor y guía. Las iglesias serían mucho más felices si no existieran nombres de partidos entre ellas, porque Cristo no está dividido.

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