Versículo destacado
Amós 6:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" ¡Ay de los que viven tranquilos en Sion y confían en el monte de Samaria, los señalados como principales de las naciones, a quienes vino la casa de Israel! "
Amós 6:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 ¡Ay de los que viven tranquilos en Sion y confían en el monte de Samaria, los señalados como principales de las naciones, a quienes vino la casa de Israel!
2 Pasen a Calné y vean; de allí vayan a Hamat la Grande; luego bajen a Gat de los filisteos. ¿Son mejores que estos reinos? ¿Es su territorio mayor que el territorio de ustedes?
3 Ustedes alejan el día malo y acercan el asiento de la violencia;
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Las primeras palabras de este capítulo expresan el mensaje completo de estos versículos, y suenan muy extrañas para un mundo vanidoso: «¡Ay de los que viven tranquilos!». Nosotros tendemos a decir: «Felices los que viven tranquilos», es decir, quienes no sienten problemas, no temen que lleguen, descansan cómodos y no toman nada demasiado en serio. Pensamos que esas personas son sabias porque disfrutan de las comodidades de la vida y no se preocupan por lo que sucede en el mundo. A menudo creemos que quienes cuidan mejor de su cuerpo son quienes mejor están viviendo. Sin embargo, aquí Dios advierte contra ellos, y el profeta explica tanto su tranquilidad como el ay que les espera.
En primer lugar, el profeta describe su orgullo, su falsa seguridad y su amor por los placeres, actitudes que traerían sobre ellos el juicio de Dios. Se enorgullecían vanamente de su posición y pensaban que su prestigio los protegería de los juicios que Dios había anunciado. Los que vivían en Sion, la ciudad fuerte y santa de Jerusalén, confiaban en ella porque era una ciudad fortificada, la ciudad real de David y el lugar del templo, donde Dios había establecido su nombre. Pensaban que el santuario de Dios sería un refugio seguro para ellos. Aún hoy, las personas pueden volverse orgullosas y descuidadas por causa de sus privilegios en la iglesia y porque consideran que pertenecen a Sion.
Los que vivían en el monte de Samaria, la capital del reino del norte, también confiaban en esa ciudad. No era una colina santa como Sion, pero la trataban como el centro de su poder y quizá incluso de su religión. Ambos reinos se jactaban de pertenecer a Israel, el pueblo escogido por Dios, la primera de las naciones y un pueblo apartado para él.
Estos eran los príncipes y gobernantes, las personas principales de ambos reinos, aquellos a quienes el resto de Israel acudía para recibir justicia. Es difícil ser grande sin volverse orgulloso. Las naciones y las personas importantes sienten la tentación de considerarse mejores de lo que son y de mirar a los demás por encima del hombro, porque creen estar por encima de ellos. Para corregir ese orgullo, el profeta les señala ciudades que conocían bien, ciudades que en otro tiempo habían sido famosas, pero que ahora estaban en ruinas. En efecto, les dice: «Vayan a Calné, a Hamat y a Gat, y vean qué les ha sucedido». Si esos lugares, que alguna vez fueron grandes, habían caído, ¿por qué Judá e Israel pensaban que estarían a salvo? La ruina de otros debería librarnos de una confianza falsa.
También persistían en sus malos caminos porque actuaban como si nunca tuvieran que rendir cuentas. Alejaban el día malo, el día del juicio. Lo trataban como si nunca fuera a llegar o como si estuviera tan lejos que no tuviera ninguna importancia para ellos. Como pensaban que el juicio estaba distante, daban rienda suelta a la violencia y la opresión. Se acercaban al lugar donde se ejercía la violencia y se unían al trono de la maldad, el lugar donde el mal se hacía oficial y recibía respaldo legal. Muchas personas se sienten libres para pecar porque imaginan que el juicio está lejos. Pero se engañan cuando se burlan de Dios de esa manera.
Además, se entregaban a todo tipo de placeres físicos, como se describe en los versículos 4 al 6. Esos israelitas eran esclavos de sus apetitos. Su alta posición debió haberlos llevado a ser ejemplos de sacrificio personal y dominio propio, pero la usaban para justificar sus excesos. Pensaban que el dinero obtenido mediante la opresión y la violencia podía pagar sus placeres, y apartaban de su mente la idea del juicio para que no los perturbara. Las cosas que aquí se mencionan no eran pecaminosas en sí mismas, pues pueden disfrutarse de manera apropiada. El pecado consistía en hacer depender su felicidad de los placeres físicos. Aunque eran funcionarios con responsabilidades serias, se entregaban al entretenimiento, ocupaban su tiempo en él y desperdiciaban en él sus pensamientos, sus energías y sus riquezas.
Querían los muebles más finos, con camas de marfil para acostarse o incluso para recostarse durante sus comidas, cuando lo que les habría correspondido era vestirse de tela áspera y ceniza. También eran perezosos y amantes de la comodidad. No se limitaban a acostarse; se estiraban en sus divanes cuando debían estar ocupados en su trabajo. Elegían la pereza, se enorgullecían de no hacer nada y vivían con lujo. Como resultado, disfrutaban de todo tipo de excesos mientras muchos pobres a su alrededor carecían incluso de lo más básico.
También eran muy exigentes y caprichosos con la comida. Querían lo mejor de todo y en grandes cantidades. Comían corderos recién sacados del rebaño y terneros del establo, los más gordos que podían encontrar. Es posible que ni siquiera fueran sus propios animales, sino animales de los pobres, tomados por la fuerza.
En sus banquetes se mostraban alegres y animados, acompañados de música y cantos. Cantaban al sonido del arpa e inventaban nuevos instrumentos musicales, esforzándose más por superar a sus antepasados en esto que en cualquier otra cosa. Ponían toda su imaginación al servicio de su propio gusto. Algunas personas solo demuestran su ingenio en el lujo y dedican toda su capacidad a buscar placer.
También inventaban instrumentos musicales, como lo había hecho David, y disfrutaban de lo que antes se consideraba apropiado únicamente para los reyes. O quizá esto sugiera que actuaban perversamente en sus celebraciones. Imitaban la música del templo y se burlaban de ella, tal vez porque les parecía anticuada. Eran como los babilonios, que obligaban a los cautivos a cantar las canciones de Sion. Belsasar, el rey de Babilonia, mostró el mismo desprecio cuando bebió de los vasos sagrados del templo. Lo mismo hacen quienes cantan canciones frívolas y vulgares con melodías de salmos, simplemente para ridiculizar algo santo.
Bebían en exceso y nunca parecían pensar que ya habían bebido suficiente. Tomaban vino en tazones, no en copas ordinarias (Jeremías 35:5). Detestaban cualquier límite y querían grandes cantidades, así que usaban recipientes que les permitían tragar mucho de una sola vez. También se preocupaban mucho por los perfumes fuertes. Se ungían con los mejores aceites para agradar a sus sentidos y halagar su propio cuerpo. Esos aceites costosos eran más de lo que necesitaban, pues unos más baratos habrían cumplido la misma función.
No les importaba el bienestar de la iglesia ni de la nación, que estaban cayendo en la ruina. No se afligían por la desgracia de José. Aquí, José representa al pueblo de Dios, tanto a Judá como a Israel, como en el Salmo 80:1. La iglesia estaba en problemas: había sido invadida, insultada y destruida. El reino que ellos debían gobernar y proteger estaba sufriendo graves daños. Sin embargo, eran tan insensibles que no lo notaban, y estaban tan entregados al placer que no les importaba.
Les preocupaba más su comodidad que su deber público. No les importaba si la nación se hundía o sobrevivía, siempre y cuando ellos pudieran vivir cómodamente. Incluso cuando personas particulares del pueblo de José sufrían, no prestaban atención a sus dificultades ni a las injusticias que padecían. No hacían ningún esfuerzo por ayudarlas ni por corregir lo que estaba mal. Esa era la actitud opuesta a la del santo Job, quien, cuando prosperaba, lloraba con los que sufrían y sentía una profunda tristeza por los pobres (Job 30:25).
Algunos piensan que llamar José a la iglesia afligida también recuerda al copero del faraón, quien, después de recuperar su posición de favor, se olvidó de José en la prisión (Génesis 40:21, 23). De la misma manera, estas personas bebían vino en tazones, pero no se afligían por la angustia de José. Quienes están absortos en sus propios placeres suelen ser indiferentes al dolor de los demás. Es una ofensa grave contra Dios que su iglesia esté sufriendo y nosotros no compartamos ese dolor.
Por eso se anuncia la sentencia contra ellos: serán llevados al exilio entre los primeros que sean deportados, y toda la miseria del cautiverio caerá sobre ellos. Se acabará el banquete de los que se recostaban en sus divanes (Amós 6:7). Sus riquezas les serán quitadas, y ellos serán separados de ellas, porque las usaron para alimentar sus deseos pecaminosos.
Los que vivían con lujo perderán incluso su libertad, y la esclavitud será un castigo justo por haber abusado de su poder y de su posición. Los que confiaban en las comodidades de su propia tierra serán llevados a una tierra extranjera y humillados en su orgullo. Los que hicieron depender su felicidad de los placeres físicos serán privados de ellos y aprenderán lo que significa vivir en la dificultad. Los que se estiraban cómodamente en sus divanes se verán obligados a encogerse y vivir en un lugar más reducido.
Los que alejaban el día del juicio descubrirán que está mucho más cerca de lo que esperaban. Los que imaginaban que serían los últimos en sufrir estarán entre los primeros en ser llevados cautivos. El sufrimiento llegará rápidamente a quienes se niegan a preocuparse por los problemas de los demás y por la aflicción de la iglesia de Dios. Quienes se entregan a la risa cuando Dios llama al lamento no escaparán del castigo (Isaías 22:14).
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De este capítulo
Amós 6:2
"Pasen a Calné y vean; de allí vayan a Hamat la Grande; luego bajen a Gat de los filisteos. ¿Son mejores que estos reinos? ¿Es su territorio mayor que el territorio de ustedes?"
Amós 6:3
"Ustedes alejan el día malo y acercan el asiento de la violencia;"
Amós 6:4
"se acuestan en camas de marfil, se tienden sobre sus divanes y comen los corderos del rebaño y los terneros de en medio del establo;"
Amós 6:5
"cantan al son de la viola e inventan para sí instrumentos musicales, como David;"
Amós 6:6
"beben vino en tazones y se ungen con los mejores ungüentos, pero no se afligen por la aflicción de José."
Amós 6:7
"Por eso, ahora irán cautivos entre los primeros que vayan cautivos, y el banquete de los que se tendían será quitado."
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