Versículo destacado
Hechos 9:23 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Después de cumplirse muchos días, los judíos acordaron matarlo. "
Hechos 9:23
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
21 Todos los que lo oían estaban asombrados y decían: «¿No es este el que destruía en Jerusalén a quienes invocaban este nombre, y vino aquí con el propósito de llevarlos atados ante los principales sacerdotes?»
22 Pero Saulo cobraba cada vez más fuerza y confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrando que este es el Cristo.
23 Después de cumplirse muchos días, los judíos acordaron matarlo.
24 Pero Saulo llegó a saber de su emboscada. Ellos vigilaban las puertas día y noche para matarlo.
25 Entonces los discípulos lo tomaron de noche y lo bajaron por la muralla en una canasta.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Lucas no menciona el tiempo que Pablo pasó en Arabia, aunque Pablo dice que ocurrió justo después de su conversión (Gálatas 1:16-17). Cuando Dios le reveló a su Hijo para que lo anunciara, Pablo no subió a Jerusalén para aprender de los apóstoles, como quizá habrían hecho otros predicadores recién convertidos. En cambio, fue a Arabia, donde había nuevos lugares que alcanzar y donde podía enseñar, no ser enseñado. Después regresó a Damasco, y tres años después de su conversión ocurrieron los acontecimientos que se relatan aquí.
Pablo enfrentó sus primeros problemas serios en Damasco, donde estuvo a punto de perder la vida. Los judíos planeaban matarlo y estaban más enfurecidos con él que con cualquier otro predicador del evangelio. Su enojo era especialmente intenso porque antes Pablo había sido un firme defensor de su causa, y ahora su conversión era un testimonio en su contra. Vigilaban las puertas de la ciudad día y noche para matarlo, e incluso incitaron al gobernador contra él, presentándolo como un hombre peligroso. Por eso vigilaban la ciudad para arrestarlo si intentaba salir o entrar (2 Corintios 11:32). Cristo ya le había mostrado a Pablo que sufriría mucho por causa de su nombre (Hechos 9:16), y ahora el poder del gobierno se volvió contra él casi de inmediato. Saulo apenas se había convertido al cristianismo cuando ya era predicador, y apenas había comenzado a predicar cuando ya estaba sufriendo. Cuando Dios concede una gran gracia, por lo general también la prueba con grandes dificultades.
Pablo fue librado de una manera cuidadosa e inesperada. El plan contra él llegó a conocerse, aunque no se nos dice si la advertencia vino del cielo o de algunas personas. Entonces los discípulos lo ayudaron a escapar. Probablemente lo escondieron durante el día y, por la noche, cuando vigilaban las puertas, lo bajaron en una canasta por una abertura en el muro, como el propio Pablo lo relata después (2 Corintios 11:33). Así logró escapar de sus manos. Esta historia nos enseña que, cuando entramos en el camino de Dios, debemos esperar tentaciones y estar preparados para enfrentarlas. También muestra que el Señor sabe rescatar de la tentación a quienes le son fieles y siempre proveerá una salida, para que no nos desanimemos ni nos apartemos de su camino.
Pablo volvió a enfrentar dificultades cuando fue por primera vez a Jerusalén. Muchos piensan que esta fue la visita que menciona en Gálatas 1:18, cuando dice que subió después de tres años para conocer a Pedro y se quedó con él quince días. Pero también pudo haber sido una visita anterior, porque sus idas y venidas, junto con su predicación y sus debates, parecen requerir más tiempo que quince días. Además, en esta visita llegó como un desconocido, mientras que en Gálatas parece describir un encuentro más personal con Pedro. Aun así, es posible que se tratara del mismo viaje.
En Jerusalén, sus amigos desconfiaron de él al principio. Pablo no acudió a los principales sacerdotes ni a los fariseos, pues hacía mucho que los había dejado atrás. En cambio, intentó unirse a los discípulos. Dondequiera que iba, se identificaba abiertamente con aquel pueblo despreciado y perseguido, porque ahora lo veía como el verdadero pueblo excelente de la tierra. Quería conocerlos y compartir la comunión con ellos, pero lo trataron con sospecha y no quisieron confiar en él. Le tenían miedo y mantenían su distancia. Pablo fácilmente pudo haberse sentido atrapado: rechazado por los judíos y luego rechazado también por los cristianos. En una situación así, necesitaba la justicia que protege y fortalece al creyente, como todos nosotros la necesitamos, para no quedar aplastados por el trato injusto de los enemigos ni por la frialdad de los amigos.
La razón de su desconfianza era que no creían que realmente fuera un discípulo. Pensaban que quizá estaba fingiendo o que tal vez actuaba como espía o informante. Sabían lo feroz que había sido como perseguidor y no habían recibido noticias de él desde su viaje a Damasco, así que pensaban que todavía podía ser peligroso. Los cristianos deben tener cuidado con las personas a las que reciben en la comunión. No debemos creer a todo espíritu. Se necesita sabiduría para evitar dos errores: desconfiar de todos, por un lado, y confiar demasiado, por el otro. Sin embargo, por lo general es más seguro inclinarse hacia la bondad, porque es mejor que haya maleza entre el trigo que arrancar y desechar alguna espiga de trigo.
El problema se resolvió cuando Bernabé, un creyente de confianza conocido por animar a los demás, llevó a Pablo ante los mismos apóstoles. Los apóstoles fueron menos cautelosos que los discípulos comunes, a quienes Pablo había intentado unirse primero. Bernabé explicó lo que Cristo había hecho por Pablo: cómo Jesús se le había aparecido en el camino y le había hablado, y qué había hecho Pablo después por Cristo, es decir, que había predicado con valentía en Damasco en el nombre de Jesús. No se nos dice cómo llegó Bernabé a saber todo esto: si lo supo por personas de Damasco, por cartas, por conversaciones o por haber conocido personalmente a Pablo antes. Pero estaba convencido y también les dio confianza a los apóstoles respecto a Pablo, aunque este no había llevado cartas de recomendación desde Damasco (2 Corintios 3:1). Ayudar a un nuevo creyente a integrarse a la comunión con otros creyentes es una obra muy buena, y debemos hacerla con gusto cuando tengamos la oportunidad.
Los enemigos de Pablo se enfurecieron todavía más. Que lo aceptaran en la comunión de los discípulos los irritó, porque mostraba a Saulo como un trofeo de la victoria de Cristo y un cautivo de la gracia, después de haber sido uno de sus defensores más firmes. También les molestaba verlo entrar y salir con los apóstoles y escuchar que los apóstoles glorificaban a Dios por medio de él (Hechos 9:28). Luego se volvió aún más ofensivo para ellos al hablar con valentía en el nombre del Señor Jesús (Hechos 9:29). Quienes hablan en favor de Cristo tienen buenas razones para hacerlo con valentía, porque defienden una causa digna y a aquel que un día hablará por sí mismo y también por ellos.
Los judíos helenistas se sintieron especialmente ofendidos por Saulo porque antes había sido uno de ellos. Lo involucraron en una discusión y, sin duda, Pablo demostró ser más que capaz de enfrentarlos, tal como lo había hecho con los judíos de Damasco. Como dijo una mártir: «Ella no podía argumentar en favor de Cristo, pero sí podía morir por Cristo». Pablo podía hacer ambas cosas. En Saulo, el Señor Jesús tomó las armas del hombre fuerte y las volvió contra él.
Ese mismo espíritu rápido e intenso que antes había convertido a Saulo en un enemigo feroz y obstinado de la fe ahora lo hacía un defensor valiente y entusiasta de ella. Pero esto también puso su vida en peligro y apenas logró escapar. Cuando los judíos helenistas vieron que no podían vencerlo en el debate, intentaron silenciarlo de otra manera. Planearon matarlo, tal como habían hecho con Esteban, cuando no pudieron resistir al Espíritu por medio del cual él hablaba (Hechos 6:10). Una causa débil suele recurrir a la persecución como último argumento.
Los creyentes se enteraron del plan y tomaron medidas cuidadosas para proteger a este joven defensor de la fe (Hechos 9:30). Lo llevaron a Cesarea. Recordaban que la muerte de Esteban, después de su disputa con los judíos helenistas, había desencadenado una intensa persecución. Por eso temían abrir de nuevo aquella herida y se apresuraron a sacar a Pablo del lugar. El que huye puede volver a luchar. Saulo, que huyó de Jerusalén, todavía podía servir bien en Tarso, su ciudad natal, y ellos querían que estuviera allí, con la esperanza de que pudiera continuar su labor con más seguridad que en Jerusalén.
Esto también fue guiado desde el cielo. Más adelante, Pablo dice que Cristo se le apareció entonces y le ordenó salir rápidamente de Jerusalén, porque sería enviado a los gentiles, es decir, a las naciones no judías (Hechos 22:17-18; Hechos 9:15). A quienes Dios les ha encomendado una obra, los protegerá de todos los planes de sus enemigos hasta que esa obra se cumpla. Los testigos de Cristo no pueden ser asesinados antes de terminar su testimonio.
Entonces las iglesias tuvieron un tiempo bienvenido de descanso (Hechos 9:31). Algunos piensan que esto ocurrió cuando Saulo se convirtió, porque el que había provocado los problemas fue apartado. Otros piensan que sucedió cuando salió de Jerusalén, porque la ira de los judíos helenistas se había calmado un poco y era menos probable que molestaran a los demás predicadores una vez que Saulo se había ido. En cualquier caso, las iglesias tuvieron descanso. Después de la tormenta viene la calma, y aunque llegarán tiempos difíciles, no durarán para siempre. Este fue un respiro, una oportunidad para prepararse para la próxima prueba.
La mayoría de estas iglesias estaban en Judea, Galilea y Samaria, dentro de los límites de la tierra prometida. Eran las primeras iglesias cristianas, aquellas en las que Cristo mismo había puesto el fundamento. Aprovecharon bien ese tiempo de tranquilidad. En vez de volverse descuidadas u orgullosas durante los tiempos buenos, crecieron en su compromiso con el deber y aprovecharon al máximo su paz.
Se edificaban en su santísima fe. Cuanto más libre y constantemente disfrutaban de los medios para conocer a Dios y recibir su gracia, más crecían en ambas cosas. También andaban en el temor del Señor; es decir, vivían de una manera que demostraba reverencia a Dios y hacía que otros dijeran: «Sin duda, el temor de Dios gobierna la vida de estas personas». Andaban en el consuelo del Espíritu Santo, de modo que no solo eran fieles, sino también gozosos en su vida de fe. Se mantenían en los caminos del Señor y encontraban alegría en ellos.
El consuelo del Espíritu Santo era su alivio y su mayor motivo de gozo. Confiaban en ese consuelo no solo en los momentos difíciles, sino también en tiempos de paz y prosperidad. Aun cuando disfrutaban plenamente de las comodidades de esta vida, esas cosas no podían satisfacerlos sin el consuelo del Espíritu Santo. Observemos la conexión: al andar en el temor del Señor, también andaban en el consuelo del Espíritu Santo. Quienes caminan con cuidado y reverencia son los que más probablemente viven también con alegría.
Dios bendijo ese tiempo, y ellos aumentaron en número. A veces la iglesia crece más cuando sufre, como ocurrió con Israel en Egipto. Pero si siempre fuera así, el pueblo de Dios pronto quedaría agotado. En otras ocasiones, la paz ayuda al crecimiento de la iglesia porque los ministros tienen más libertad para trabajar, y algunas personas que temen el sufrimiento están dispuestas a acercarse cuando disminuye el peligro. O, como sugiere el versículo, cuando caminaban en el temor de Dios y disfrutaban de sus consuelos, se multiplicaban. De esta manera, quienes no se dejan ganar por la palabra quizá todavía puedan ser ganados al ver la manera en que viven los creyentes.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
Hechos 9:1
"Mientras Saulo aún respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote"
Hechos 9:2
"y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si encontraba a algunos de este Camino, fueran hombres o mujeres, pudiera llevarlos atados a Jerusalén."
Hechos 9:3
"Mientras viajaba, se acercó a Damasco, y de repente una luz del cielo resplandeció a su alrededor."
Hechos 9:4
"Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»"
Hechos 9:5
"Él dijo: «¿Quién eres, Señor?» Y el Señor dijo: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Duro te es dar coces contra los aguijones»."
Hechos 9:6
"Él, temblando y asombrado, dijo: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» Y el Señor le dijo: «Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer»."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.