Versículo destacado
2 Samuel 3:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Saúl había tenido una concubina llamada Rizpa, hija de Aja. Is-bóset le dijo a Abner: «¿Por qué te acostaste con la concubina de mi padre?» "
2 Samuel 3:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 y el sexto, Itream, hijo de Egla, esposa de David. Estos le nacieron a David en Hebrón.
6 Mientras había guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner se fortalecía a favor de la casa de Saúl.
7 Saúl había tenido una concubina llamada Rizpa, hija de Aja. Is-bóset le dijo a Abner: «¿Por qué te acostaste con la concubina de mi padre?»
8 Entonces Abner se enfureció mucho por las palabras de Is-bóset y dijo: ¿Soy acaso cabeza de perro, que contra Judá muestro hoy bondad a la casa de tu padre Saúl, a sus hermanos y a sus amigos, y no te he entregado en manos de David, para que hoy me acuses de una falta con respecto a esta mujer?
9 ¡Que Dios le haga esto a Abner y aun le añada más, si no hago con él tal como el SEÑOR le juró a David:
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Abner rompió con Is-bóset y abandonó su causa después de una provocación menor que Is-bóset le hizo imprudentemente. Dios puede llevar a cabo sus propios propósitos por medio de los pecados y las acciones insensatas de las personas. Is-bóset acusó a Abner de un crimen muy grave, diciendo que se había acostado con una de las concubinas de su padre Saúl (2 Samuel 3:7). No se nos dice si esto era cierto ni qué lo llevó a sospecharlo, pero Is-bóset debió haber guardado silencio. No fue prudente ofender a Abner, pues dependía mucho de él; y si la sospecha era falsa, fue ingrato y deshonesto siquiera considerarla contra el hombre que lo había arriesgado todo por él y que evidentemente era su mejor aliado.
Abner reaccionó con mucha dureza. No dice claramente si era culpable o no en este asunto (2 Samuel 3:8), pero sus palabras parecen indicar que quizá sí lo era. Aun así, deja claro que no aceptaría un reproche de parte de Is-bóset. En esencia, le dice: «¿Acaso soy una cabeza de perro, una criatura inútil y despreciable, para que me avergüences de esta manera?» (2 Samuel 3:8). Le recuerda todo el bien que había hecho por la casa de Saúl, especialmente al luchar contra Judá, la tribu a la que propiamente le pertenecía el reino y que con toda seguridad terminaría teniendo la corona. Al permanecer leal a la casa de Saúl, Abner había actuado en contra de su conciencia y de sus propios intereses, y pensaba que eso merecía una mejor recompensa. Sin embargo, quizá no habría servido tan fielmente a la casa de Saúl si no hubiera esperado obtener algún beneficio personal. A las personas orgullosas no les gusta que las corrijan, especialmente quienes creen que les deben algo por la ayuda que les han dado.
Abner también dejó ver que se vengaría. Con gran arrogancia, le hizo saber a Is-bóset que la misma mano que lo había levantado podía derribarlo. Sabía que Dios había jurado entregar el reino a David, pero se había resistido a ello por causa de su ambición. Ahora estaba dispuesto a apoyar a David, al menos exteriormente, porque la venganza se había apoderado de él. Encubrió este cambio hablando de respetar la voluntad de Dios, pero eso no era más que una pretensión. Las personas gobernadas por sus propios deseos tienen muchos amos, y esos deseos con frecuencia las jalan en direcciones opuestas. La ambición de Abner antes lo había llevado a servir a Is-bóset, y ahora su enojo lo hacía ponerse del lado de David. Si de verdad le hubiera importado la promesa de Dios a David, habría sido firme y consecuente. En cambio, mientras Abner servía a sus propias pasiones, Dios aun así lo utilizó para cumplir sus propósitos, haciendo que incluso el enojo y la venganza de Abner contribuyeran a su gloria y fortalecieran a David por medio de ellos.
Is-bóset quedó atónito ante la osadía de Abner y no pudo responderle (2 Samuel 3:11). Si hubiera tenido verdadero valor, especialmente como gobernante, podría haberle dicho a Abner que su servicio anterior hacía aún más graves sus delitos actuales y que no necesitaba a un hombre como él. Pero sabía lo débil que era, así que no dijo nada, temeroso de empeorar las cosas. Le faltó valor y llegó a ser como los enemigos que David describió: como una pared inclinada y una cerca a punto de caer (Salmo 62:3).
Entonces Abner se puso en contacto con David. Debemos suponer que ya comenzaba a cansarse de la causa de Is-bóset y buscaba una manera de abandonarla; de lo contrario, no habría actuado tan pronto después de amenazarlo (2 Samuel 3:12). Envió mensajeros a David para decirle que estaba dispuesto a servirlo. Añadió: «¿De quién es la tierra? ¿Acaso no es tuya?». En otras palabras, David tenía el mejor derecho a gobernar y contaba con el apoyo más fuerte del pueblo. Dios puede encontrar maneras de hacer que incluso sus enemigos sean útiles para el reino de Cristo, aun cuando no lo amen verdaderamente y se hayan opuesto firmemente a él. A veces los enemigos se convierten en un peldaño: no solo son derribados, sino que también ayudan a que otros suban. Incluso la tierra ayudó a la mujer.
David aceptó negociar con Abner, pero exigió que primero se asegurara el regreso de Mical, hija de Saúl y esposa de David (2 Samuel 3:13). Esto mostró la sinceridad del amor de David por su primera esposa, que era también su esposa legítima. Ni el matrimonio de ella con otro hombre ni las dificultades posteriores de David habían apartado de ella su corazón. Las muchas aguas no habían podido apagar ese amor. También mostró el respeto de David por la casa de Saúl. Lejos de insultarla ahora que había caído, David seguía valorando su vínculo con ella. No podía disfrutar del honor del trono sin que Mical compartiera ese honor con él, así que no guardaba rencor contra la familia de su enemigo.
Abner envió un mensaje para decir que David debía hablar con Is-bóset, y David lo hizo (2 Samuel 3:14). Le dijo que había pagado un alto precio por Mical y que ella le había sido arrebatada injustamente. Is-bóset no se atrevió a negarse, ahora que Abner ya no lo respaldaba, así que la tomó de Paltiel, el hombre a quien Saúl se la había dado (2 Samuel 3:15). Luego Abner la llevó ante David, probablemente pensando que sería recibido con doble agrado por traer en una mano a una esposa y en la otra una corona. Paltiel se entristeció profundamente al perderla y la siguió llorando (2 Samuel 3:16), pero no había remedio. Cuando la recibió, sabía que otra persona tenía el verdadero derecho sobre ella. Quienes toman lo que no les pertenece deben esperar tener que devolverlo. Nadie debería apegarse a algo que no tiene derecho a conservar. Y si un esposo y su esposa han sido separados por desacuerdos, entonces, si esperan contar con la bendición de Dios, deben reconciliarse y volver a estar juntos. Deben dejar atrás las antiguas disputas y vivir en amor, conforme a la santa norma de Dios.
Después, Abner usó su influencia con los ancianos de Israel para persuadirlos de ponerse del lado de David, pues sabía que el pueblo seguiría a sus líderes. Como ahora eso servía a sus propios propósitos, presentó el caso de David. Primero dijo que David era la elección del propio pueblo de Israel (2 Samuel 3:17). El pueblo había querido que David fuera su rey después de verlo desempeñarse tan bien en las batallas contra los filisteos y hacerles tanto bien. Nadie podía reclamar mayor valor personal que David, ni menor valor que Is-bóset. Ya habían puesto a prueba a ambos hombres, así que la corona debía entregarse al que más la merecía. En segundo lugar, Abner dijo que David era la elección de Dios (2 Samuel 3:18). El Señor había hablado acerca de David. Cuando Dios había enviado a Samuel a ungirlo, en efecto estaba prometiendo salvar a Israel por medio de él, pues para eso lo había hecho rey.
Dios había prometido salvar a Israel por medio de David, así que Abner ahora decía que Israel debía someterse a él. Presentó esto como un deber, porque correspondía a la voluntad de Dios, y también como lo que más les convenía, porque les daría la victoria sobre sus enemigos. Consideraba una completa insensatez seguir oponiéndose a David.
¿Quién habría esperado semejante razonamiento de labios de Abner? Sin embargo, Dios puede hacer que incluso los enemigos de su pueblo reconozcan que él lo ha amado (Apocalipsis 3:9). Abner habló especialmente con los hombres de Benjamín, su propia tribu, donde tenía mayor influencia y donde primero había convencido a muchos de apoyar a la casa de Saúl. Él los había extraviado, así que ahora se sentía responsable de corregirlos. De esta manera, las multitudes suelen moverse según quienes las guían.
David terminó entonces el acuerdo con Abner, y actuó sabiamente. Fuera cual fuera el motivo que había llevado a Abner a presentarse, seguía siendo bueno poner fin a la guerra y establecer en el trono al ungido del Señor. David tenía tanta libertad para usar la ayuda de Abner como una persona pobre tiene libertad para aceptar la ayuda de un fariseo, uno de los líderes religiosos que quizá da por orgullo o hipocresía. Luego Abner informó a David sobre la disposición del pueblo y el éxito de sus conversaciones con ellos (2 Samuel 3:19).
Cuando Abner regresó por segunda vez, ya no lo hizo en secreto, sino acompañado de veinte hombres. David los recibió con un banquete (2 Samuel 3:20) como señal de paz, alegría y compromiso con el acuerdo, semejante al banquete que siguió al pacto en Génesis 26:30. Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer. Si se somete, recíbelo con calidez. Abner se alegró de ser bien recibido; estaba contento de no haber caído junto con la casa de Saúl, algo inevitable si no hubiera tomado este camino, y aún más contento por el honor que ahora podría recibir bajo el gobierno de David. Por eso prometió que, en poco tiempo, completaría el cambio y pondría a todo Israel bajo el gobierno de David (2 Samuel 3:21).
Le dijo a David que llegaría a ser rey sobre todo lo que su corazón deseara. Abner sabía que David había sido levantado por designación de Dios, pero insinuó que el gobierno de David nacía de su propia ambición de poder. En esto, como suelen hacer las personas malvadas, juzgó a un hombre bueno por sus propios motivos. Aun así, David y Abner se separaron como amigos, y el asunto quedó resuelto de buena manera.
Por tanto, todos los que temen a Dios y guardan sus mandamientos deben evitar los conflictos, incluso con los malvados; deben vivir en paz con todos y mostrarle al mundo que son hijos de luz.
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De este capítulo
2 Samuel 3:1
"Hubo una larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; pero David se hacía cada vez más fuerte, mientras que la casa de Saúl se hacía cada vez más débil."
2 Samuel 3:2
"A David le nacieron hijos en Hebrón: su primogénito fue Amnón, hijo de Ahinoam la jezreelita;"
2 Samuel 3:3
"el segundo fue Quileab, hijo de Abigail, esposa de Nabal el carmelita; y el tercero, Absalón, hijo de Maaca, hija de Talmai, rey de Gesur;"
2 Samuel 3:4
"el cuarto fue Adonías, hijo de Haguit; y el quinto, Sefatías, hijo de Abital;"
2 Samuel 3:5
"y el sexto, Itream, hijo de Egla, esposa de David. Estos le nacieron a David en Hebrón."
2 Samuel 3:6
"Mientras había guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner se fortalecía a favor de la casa de Saúl."
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