Versículo destacado
2 Samuel 2:1 - Significado y aplicación
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Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Después de esto, David consultó al SEÑOR, diciendo: «¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá?». Y el SEÑOR le respondió: «Sube». David preguntó: «¿Adónde subiré?». Y él respondió: «A Hebrón». "
2 Samuel 2:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Después de esto, David consultó al SEÑOR, diciendo: «¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá?». Y el SEÑOR le respondió: «Sube». David preguntó: «¿Adónde subiré?». Y él respondió: «A Hebrón».
2 Entonces David subió allá, junto con sus dos esposas: Ahinoam la jezreelita y Abigail, la esposa de Nabal, el carmelita.
3 David también hizo subir a los hombres que estaban con él, cada uno con su familia, y habitaron en las ciudades de Hebrón.
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Cuando Saúl y Jonatán murieron, David sabía que había sido ungido como rey, y ahora su camino parecía claro. Aun así, no se apresuró a obligar a todo Israel a aceptarlo. No envió órdenes por todo el país para exigir lealtad bajo amenaza de muerte. Avanzó con calma, porque la fe no entra en pánico, sino que espera el tiempo de Dios para que sus promesas se cumplan.
Muchos hombres de varias tribus ya se habían unido a él mientras permanecía en Siclag, como leemos en (1 Crónicas 12:1-22). Con ese apoyo, podría haber tomado el trono por la fuerza. Pero quien desea gobernar con mansedumbre no se levanta mediante la violencia. En esto, David nos da un buen ejemplo.
En primer lugar, buscó la dirección de Dios en ese momento decisivo, como vemos en (2 Samuel 2:1). No dudaba de que Dios le daría la victoria, pero aun así empleó los medios correctos, tanto espirituales como prácticos. La confianza en la promesa de Dios nunca debe hacer que el creyente permanezca pasivo. Al contrario, debe impulsarlo a obedecer con cuidado.
David, como enseña la Escritura, reconoció a Dios en su camino. Consultó al SEÑOR por medio del pectoral del juicio que Abiatar había llevado consigo. Nosotros también debemos acudir a Dios no solo en los problemas, sino cuando las cosas parecen marchar bien y todo parece estar a nuestro favor. David preguntó si debía subir a alguna de las ciudades de Judá. No estaba rechazando otros lugares, si Dios lo dirigía hacia ellos. Mostraba prudencia, porque probablemente encontraría más amigos en Judá, y también modestia, porque primero miraría hacia su propia tribu.
Dios le respondió conforme a su promesa y le dijo que subiera a Hebrón, como vemos en (2 Samuel 2:1). Hebrón era una ciudad sacerdotal y una de las ciudades de refugio, por lo que se convirtió para David en un lugar de seguridad. Le recordaba que Dios mismo sería para él un pequeño santuario. Además, las tumbas de los patriarcas cerca de Hebrón seguramente le traerían a la memoria la antigua promesa que le había dado esperanza. Dios no lo envió a Belén, su propia ciudad, porque era pequeña entre las ciudades de Judá, como se señala en (Miqueas 5:2). En cambio, lo envió a Hebrón, una ciudad más grande e importante, quizá en aquel tiempo la principal de esa tribu.
David también mostró cuidado por su familia y sus amigos cuando se trasladó a Hebrón. Llevó consigo a sus esposas, como se indica en (2 Samuel 2:2), para que quienes habían compartido sus sufrimientos también compartieran su reino. Parece que todavía no tenía hijos, pues su primer hijo nació en Hebrón, como vemos en (2 Samuel 3:2). También llevó consigo a sus seguidores y compañeros, como se menciona en (2 Samuel 2:3). Ellos habían permanecido a su lado durante sus años de peregrinación; por eso, cuando llegó a un lugar estable, se establecieron allí con él.
Esto refleja una verdad más amplia: si sufrimos con Cristo, también reinaremos con él, como se enseña en (2 Timoteo 2:12). Cristo hace por sus siervos fieles mucho más de lo que David pudo hacer por los suyos. David les dio a sus hombres un lugar donde vivir, en las ciudades de Hebrón y en los pueblos de sus alrededores. Pero Cristo promete un reino a quienes permanecen con él en sus pruebas, y los sentará a su propia mesa, como vemos en (Lucas 22:29-30).
Entonces los hombres de Judá honraron a David al ungirlo como rey sobre la casa de Judá, como se relata en (2 Samuel 2:4). Judá a menudo había actuado como una tribu separada y, durante el reinado de Saúl, se la había contado aparte de las demás. Ahora volvieron a hacer lo mismo, pero solo en lo que se refería a ellos. No afirmaron que David fuera rey sobre todo Israel. Las otras tribus podían elegir como quisieran, pero Judá declaró que sería gobernada por aquel a quien Dios había escogido.
El ascenso de David fue gradual. Primero fue ungido como rey en promesa; después, como gobernante de una sola tribu; y finalmente, como rey sobre todas las tribus. De esta manera, el reino del Mesías, el Hijo de David, también llega por etapas. Él es Señor de todo por designación de Dios, pero todavía no vemos que todo haya sido puesto plenamente bajo su autoridad, como se dice en (Hebreos 2:8).
El gobierno inicial de David solamente sobre Judá también anticipaba que un día su reino quedaría reducido a esa misma tribu, como ocurrió cuando las diez tribus se rebelaron contra su nieto. Sin embargo, también serviría de ánimo para los reyes piadosos de Judá, pues el propio David había reinado primero solo sobre Judá.
Después, David envió un mensaje respetuoso a los hombres de Jabes de Galaad para agradecerles su bondad hacia Saúl. Todavía quería honrar la memoria de su predecesor, mostrando que no buscaba la corona por ambición ni por odio hacia Saúl, sino porque Dios lo había llamado a ella. Se enteró de que los hombres de Jabes de Galaad habían sepultado a Saúl, y quizá algunos pensaban que David se sentiría ofendido por lo que consideraban una iniciativa atrevida. Pero no fue así.
David los elogió por lo que habían hecho, como se relata en (2 Samuel 2:5). Si debemos mostrar amor y honor a las personas mientras viven, también debemos respetar lo que queda de ellas después de su muerte: sus cuerpos, sus nombres y sus familias. David les recordó que Saúl había sido su señor, así que habían hecho bien en mostrarle tanta bondad y honor.
David también pidió a Dios que los bendijera y les recompensara por ello, diciendo: «Que el SEÑOR sea bondadoso y fiel con ustedes», como vemos en (2 Samuel 2:6). La bondad de Dios es verdadera bondad, porque se fundamenta en su promesa y es digna de confianza. El respeto y el amor que mostramos a los muertos por conciencia delante de Dios son actos de misericordia que no quedarán sin recompensa.
David no se limitó a expresar buenos deseos. También dijo: «Yo también les haré bien». No los dejó simplemente en manos de la recompensa de Dios, como si eso le permitiera evitar hacer lo que él mismo podía hacer. Los buenos deseos tienen valor y la gratitud es importante, pero resultan insuficientes cuando tenemos los medios para hacer algo más.
También aprovechó sabiamente la ocasión para atraerlos a su lado, como se indica en (2 Samuel 2:7). Ellos habían honrado a Saúl en su muerte, y ahora David quería que tampoco fueran los últimos en honrarlo al reconocer lo que Dios estaba haciendo. En esencia, les decía: «La casa de Judá me ha ungido como rey; por eso, es sabio que se unan a ellos y sean valientes en esa decisión». No debemos aferrarnos tanto a los muertos, por mucho que los hayamos valorado, que ignoremos o despreciemos las bendiciones que Dios nos ha dado por medio de quienes todavía viven y a quienes él ha levantado para ocupar su lugar.
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De este capítulo
2 Samuel 2:2
"Entonces David subió allá, junto con sus dos esposas: Ahinoam la jezreelita y Abigail, la esposa de Nabal, el carmelita."
2 Samuel 2:3
"David también hizo subir a los hombres que estaban con él, cada uno con su familia, y habitaron en las ciudades de Hebrón."
2 Samuel 2:4
"Entonces llegaron los hombres de Judá y allí ungieron a David como rey sobre la casa de Judá. E informaron a David que los hombres de Jabes de Galaad habían sepultado a Saúl."
2 Samuel 2:5
"David envió mensajeros a los hombres de Jabes de Galaad y les dijo: Benditos sean ustedes por el SEÑOR, porque mostraron esta bondad a su señor Saúl y lo sepultaron."
2 Samuel 2:6
"Ahora, que el SEÑOR les muestre bondad y fidelidad. Yo también les recompensaré esta bondad, porque hicieron esto."
2 Samuel 2:7
"Por tanto, cobren fuerza sus manos y sean valientes, porque su señor Saúl ha muerto, y también la casa de Judá me ha ungido como rey sobre ellos."
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