Versículo destacado
1 Samuel 26:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces David preguntó a Ahimelec el heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: «¿Quién descenderá conmigo hasta Saúl en el campamento?». Abisai respondió: «Yo descenderé contigo». "
1 Samuel 26:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Por tanto, David envió espías y supo que Saúl realmente había llegado.
5 David se levantó y fue al lugar donde Saúl había acampado. David observó el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, jefe de su ejército. Saúl dormía dentro de la trinchera, y el pueblo estaba acampado a su alrededor.
6 Entonces David preguntó a Ahimelec el heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: «¿Quién descenderá conmigo hasta Saúl en el campamento?». Abisai respondió: «Yo descenderé contigo».
7 David y Abisai llegaron hasta el pueblo de noche. Saúl estaba allí, dormido dentro de la trinchera, con su lanza clavada en tierra junto a su cabecera; y Abner y el pueblo dormían a su alrededor.
8 Entonces Abisai dijo a David: «Hoy Dios ha entregado a tu enemigo en tu mano. Ahora, te ruego, déjame clavarlo en tierra con la lanza de un solo golpe, y no lo heriré por segunda vez».
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Aquí vemos la audaz incursión de David en el campamento de Saúl durante la noche, acompañado únicamente por su pariente Abisai, hijo de Sarvia. David primero propuso el plan a Abisai y a otro de sus hombres cercanos (1 Samuel 26:6), pero aquel otro hombre quizá consideró que el riesgo era demasiado grande o estuvo dispuesto a dejar que Abisai, que estaba ansioso por participar, asumiera el peligro. No se nos dice si David actuó movido por su propio valor, por una disposición especial en su corazón o por un mensaje directo de Dios. Pero, al igual que Gedeón, atravesó las filas de los guardias con la firme convicción de que Dios lo protegería.
Cuando David llegó al campamento, encontró a Saúl dormido en la trinchera o, según algunos, en su carro y entre sus pertenencias, con su lanza clavada en el suelo junto a él, lista para defenderse si era necesario (1 Samuel 26:7). Todos los soldados, incluso los que habían sido apostados como centinelas, estaban profundamente dormidos (1 Samuel 26:12). Tenían los ojos cerrados y las manos indefensas, porque el Señor había hecho caer sobre ellos un sueño profundo. Aquello era extraordinario: todos se habían dormido al mismo tiempo y con tal intensidad que David y Abisai podían caminar y hablar entre ellos sin despertar a nadie.
Cuando Dios concede el sueño a sus amados, este es un regalo de descanso y renovación. Pero, cuando así lo decide, también puede convertir el sueño en una prisión para sus enemigos. De esa manera, despoja de su poder a los fuertes y deja sin uso las manos de los guerreros: «Quedaron tendidos y dormidos; ninguno de los hombres fuertes pudo levantar las manos. A tu reprensión, Dios de Jacob» (Salmo 76:5-6). Era un sueño profundo enviado por el Señor, quien gobierna las fuerzas de la naturaleza y las emplea para sus propósitos como quiere. Cuando Dios desea refrenar o derribar a alguien, puede darle un espíritu de sueño profundo (Romanos 11:8). Saúl y todas sus tropas yacían indefensos, como si hubieran sido desarmados y encadenados, aunque nadie los había tocado. Simplemente habían quedado dormidos. ¡Qué fácilmente puede Dios debilitar al más fuerte, confundir al más sabio y detener al más vigilante! Que sus amigos confíen en él y que sus enemigos le teman.
Entonces Abisai le pidió a David permiso para matar a Saúl con la lanza que estaba junto a su cabeza. Dijo que podía acabar con él de un solo golpe, ahora que estaba tan expuesto (1 Samuel 26:8). No insistió en que David lo hiciera personalmente, pues David ya había rechazado una oportunidad parecida. En vez de eso, le suplicó que le permitiera hacerlo. Argumentó que Saúl era enemigo de David: cruel, obstinado, falso y poco confiable, y que ningún consejo acertado ni muestra de bondad lograrían cambiarlo. También dijo que Dios había entregado a Saúl en sus manos y, en efecto, les estaba indicando que lo atacaran.
La vez anterior en que David tuvo una oportunidad semejante, esta se presentó únicamente porque Saúl había entrado por casualidad en la cueva donde David se escondía. Pero ahora había algo que parecía provenir de Dios con mayor claridad. Saúl y todos sus guardias habían caído en un sueño profundo que evidentemente venía del Señor. Era una oportunidad especial concedida por la providencia, y Abisai pensaba que no debían desperdiciarla.
Sin embargo, David se negó firmemente a permitir que Saúl sufriera algún daño, y así se mantuvo aferrado a su deber de lealtad (1 Samuel 26:9). Le ordenó a Abisai que no lo destruyera. David no lo mataría personalmente ni permitiría que otro lo hiciera. Dio dos razones. En primer lugar, matar a Saúl sería un ataque pecaminoso contra el gobierno de Dios. Saúl era el ungido del Señor, el rey de Israel escogido de manera especial por Dios; levantarse contra él sería resistir la autoridad establecida por Dios, como dice Romanos 13:2. Nadie podía hacer eso sin incurrir en culpa. A David le preocupaba más mantenerse limpio delante de Dios que proteger su propia vida.
En segundo lugar, matar a Saúl sería adelantarse pecaminosamente a la providencia de Dios, es decir, a su gobierno sabio sobre los acontecimientos. Dios ya le había mostrado a David, en el caso de Nabal, que si dejaba la venganza en sus manos, él actuaría a su debido tiempo. Por eso, animado por aquella misericordia recibida anteriormente, David decidió esperar hasta que Dios escogiera castigar a Saúl. No tomaría la venganza en sus propias manos (1 Samuel 26:10). David dijo que el Señor podía herir repentinamente a Saúl, como había herido a Nabal; Saúl podía morir en batalla, como en efecto sucedió poco después, o podía morir de manera natural. David estaba dispuesto a esperar ese día en vez de abrirse camino hacia la corona prometida por medios indebidos.
La tentación era fuerte, pero si David cedía, pecaría contra Dios. Por eso se le opuso con plena determinación (1 Samuel 26:11). «El Señor me libre de levantar la mano contra el ungido del Señor», declaró. Nunca lo haría ni permitiría que se hiciera. De esta manera, David escogió una conciencia limpia por encima de la ventaja personal y confió en Dios en cuanto al resultado.
Después, David aprovechó la oportunidad para demostrar con mayor claridad que era inocente. Él y Abisai tomaron la lanza de Saúl y el recipiente de agua que estaba junto a su cabeza (1 Samuel 26:12). Lo sorprendente es que ninguno de los guardias los notó. Ni siquiera un sedante fuerte podría haberlos mantenido tan completamente dormidos. La lanza de Saúl, que guardaba para defenderse, y su recipiente de agua, que tenía para refrescarse, fueron tomados mientras dormía. De la misma manera, cuando nos volvemos descuidados, confiados y desprevenidos, perdemos tanto nuestra fuerza como nuestro consuelo.
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De este capítulo
1 Samuel 26:1
"Los zifeos fueron a Saúl, en Guibeá, y le dijeron: «¿No está David escondido en la colina de Haquila, frente a Jesimón?»"
1 Samuel 26:2
"Entonces Saúl se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo a tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif."
1 Samuel 26:3
"Saúl acampó en la colina de Haquila, que está frente a Jesimón, junto al camino. Pero David permanecía en el desierto, y vio que Saúl había ido tras él al desierto."
1 Samuel 26:4
"Por tanto, David envió espías y supo que Saúl realmente había llegado."
1 Samuel 26:5
"David se levantó y fue al lugar donde Saúl había acampado. David observó el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, jefe de su ejército. Saúl dormía dentro de la trinchera, y el pueblo estaba acampado a su alrededor."
1 Samuel 26:7
"David y Abisai llegaron hasta el pueblo de noche. Saúl estaba allí, dormido dentro de la trinchera, con su lanza clavada en tierra junto a su cabecera; y Abner y el pueblo dormían a su alrededor."
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