Versículo destacado
2 Samuel 19:31 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Barzilai el galaadita bajó de Rogelim y cruzó el Jordán con el rey para acompañarlo al otro lado del Jordán. "
2 Samuel 19:31
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
29 El rey le dijo: ¿Por qué sigues hablando de tus asuntos? Yo he dicho que tú y Siba se dividan la tierra.
30 Mefiboset dijo al rey: Que él se quede con todo, puesto que mi señor el rey ha regresado en paz a su propia casa.
31 Barzilai el galaadita bajó de Rogelim y cruzó el Jordán con el rey para acompañarlo al otro lado del Jordán.
32 Barzilai era un hombre muy anciano, de ochenta años. Él había provisto alimento al rey mientras este permanecía en Mahanaim, porque era un hombre muy importante.
33 El rey dijo a Barzilai: Cruza conmigo, y yo te alimentaré junto a mí en Jerusalén.
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David ya había honrado la alegría de su regreso al perdonar las ofensas que se habían cometido contra él. Ahora vuelve a honrarla al dar una generosa recompensa por la bondad que le habían mostrado. Barzilai el galaadita, un hombre importante de Rogelim, cerca de Mahanaim, había sido el partidario más fiel y generoso que David tenía entre los nobles de aquella región. Si Absalón hubiera vencido, es probable que Barzilai hubiera sufrido por su lealtad. Pero, como David había sido restaurado, ni él ni su familia perderían nada por lo que habían hecho.
Barzilai mostró gran respeto por David, no solo como un hombre bueno, sino como su rey legítimo. Mientras David permaneció en Mahanaim, Barzilai había proporcionado abundante alimento para él y para su familia (2 Samuel 19:32). Dios le había dado grandes propiedades, pues era muy rico, y parece que también le había dado un corazón igualmente grande para usar bien lo que tenía. Para eso sirven las grandes posesiones. Cuando la grandeza se ve reducida, la generosidad debe prepararnos para ayudar. Cuando la bondad está bajo presión, el sentido del deber debe impulsarnos a ser especialmente bondadosos, en la medida de nuestras posibilidades. Barzilai también demostró que no estaba cansado de David, aunque David había sido una carga considerable, pues lo acompañó hasta el Jordán y cruzó el río con él (2 Samuel 19:31). De esto, los súbditos deben aprender a dar honor a quien se le debe honor y a cumplir sus obligaciones con quien corresponda (Romanos 13:7).
Entonces David invitó amablemente a Barzilai a ir a la corte (2 Samuel 19:33). «Cruza conmigo», le dijo. Lo invitó por dos razones. Primero, David quería disfrutar de su compañía y beneficiarse de sus consejos, pues seguramente Barzilai era sabio y bueno, además de rico. La verdadera grandeza se encuentra más en lo que una persona es que en lo que posee. Segundo, David quería tener la oportunidad de corresponder a su bondad: «Yo te sustentaré conmigo». Barzilai comería con la misma abundancia que el rey, y lo haría en Jerusalén, la ciudad real y santa. David no trató la bondad de Barzilai como una deuda que debía pagar, como suelen hacerlo los gobernantes orgullosos. Más bien, la recibió como un favor y la recompensó como tal. Siempre debemos procurar ser agradecidos con nuestros amigos, especialmente con quienes nos han ayudado en tiempos difíciles.
La respuesta de Barzilai muestra humildad y buen juicio. Primero, admira la generosidad del rey, tanto por hacerle la invitación como por considerar que un servicio tan pequeño merecía una recompensa tan grande (2 Samuel 19:36). En efecto, pregunta por qué el rey habría de recompensarlo de manera tan abundante. Un siervo que solo cumple con su deber no puede esperar agradecimientos especiales. Barzilai pensaba que ya había recibido suficiente honor simplemente por haber tenido la oportunidad de ayudar al rey. Del mismo modo, cuando los creyentes sean llamados a heredar el reino por lo que hicieron por Cristo en esta vida, se asombrarán al ver la diferencia entre su servicio y la recompensa que recibirán (Mateo 25:37).
Después rechaza la invitación y le pide al rey que lo perdone por no aceptar una muestra de bondad tan grande. Se consideraría feliz de estar cerca del rey, pero da dos razones para quedarse en casa. Primero, es anciano y ya no está en condiciones de trasladarse, especialmente para vivir en la corte. Es demasiado viejo para las responsabilidades de la vida cortesana, ya fueran de consejo, guerra, administración de recursos o justicia. Le queda poco tiempo de vida (2 Samuel 19:34). También es demasiado anciano para los placeres de la corte, que se aprovecharían mal en alguien que ya puede disfrutarlos tan poco (2 Samuel 19:35). Como en los días de Moisés, en los de Barzilai y todavía hoy, si una persona llega a los ochenta años, sus fuerzas suelen estar marcadas por el trabajo y el sufrimiento (Salmo 90:10). Son años en los que se dice: «No encuentro placer en ellos» (Eclesiastés 12:1). La comida pierde su sabor cuando desaparece el apetito, y las canciones significan poco para un oído anciano, tanto como una canción para un corazón afligido. Por eso, las personas mayores pueden aprender de Barzilai a desapegarse cada vez más de los placeres del cuerpo. La gracia debe sostener a la naturaleza y ayudarnos a aceptar lo que trae la edad. Barzilai también piensa que sería una carga para el rey, no un honor. Una persona buena no va a ningún lugar para convertirse en una carga; y, si alguna vez ha de ser una carga, preferirá serlo en su propia casa y no en la de otra familia.
Segundo, Barzilai está cerca de la muerte y debe comenzar a pensar en su último viaje, es decir, en su partida de este mundo (2 Samuel 19:37). Es bueno que todos nosotros, y especialmente las personas mayores, pensemos y hablemos con frecuencia acerca de la muerte. En efecto, Barzilai dice: «Deja que otros hablen de ir a la corte. Permíteme regresar a mi ciudad para morir allí, cerca de la tumba de mi padre, para que mis huesos descansen tranquilamente junto a los suyos». Está preparado para la tumba y quiere volver a casa para prepararse para ella. Prefiere morir en su propio hogar.
Barzilai también le pide al rey que trate con bondad a su hijo Quimam. Quiere que Quimam vaya con el rey y reciba honores en la corte. Todo lo que se haga por Quimam, Barzilai lo considerará hecho por él mismo. Las personas mayores no deben resentir que los jóvenes disfruten de cosas que ellas ya no pueden tener. Tampoco deben impedirles aprovechar las oportunidades que se les presentan. Barzilai regresa a su casa, pero no obliga a Quimam a volver con él. Aunque difícilmente podía separarse de su hijo, está dispuesto a hacerlo si eso ayuda a Quimam y contribuye a su bienestar y progreso.
Entonces David se despide de Barzilai con afecto. Lo envía de regreso a su tierra con un beso y una bendición (2 Samuel 19:39). De esta manera, David demuestra que lo ama y que orará por él a causa de su bondad. También promete que cualquier petición que Barzilai haga en el futuro, se la concederá con gusto (2 Samuel 19:38). El gran valor del poder está en que le da a una persona mayores posibilidades de hacer el bien.
David también lleva consigo a Quimam y deja que Barzilai decida qué hacer por él. «Haré por él lo que te parezca bien» (2 Samuel 19:38). Parece que Barzilai, quien había encontrado paz y seguridad en una vida tranquila, pidió para Quimam una casa en el campo cerca de Jerusalén, pero no dentro de la ciudad. Mucho tiempo después, leemos acerca de un lugar cercano a Belén, la ciudad de David, llamado la morada de Quimam. Probablemente David se lo dio, no de las tierras reales ni de propiedades confiscadas, sino de la herencia de su propia familia.
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De este capítulo
2 Samuel 19:1
"Y le informaron a Joab: Mira, el rey llora y está de duelo por Absalón."
2 Samuel 19:2
"Aquel día la victoria se convirtió en duelo para todo el pueblo, porque ese día el pueblo oyó decir que el rey estaba afligido por su hijo."
2 Samuel 19:3
"Aquel día el pueblo entró furtivamente en la ciudad, como se escabulle avergonzado el pueblo cuando huye en la batalla."
2 Samuel 19:4
"Pero el rey se cubrió el rostro y clamó a gran voz: ¡Hijo mío, Absalón! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!"
2 Samuel 19:5
"Entonces Joab entró en la casa, se presentó ante el rey y dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, quienes hoy salvaron tu vida, la vida de tus hijos y de tus hijas, la vida de tus esposas y la vida de tus concubinas."
2 Samuel 19:6
"Porque amas a quienes te odian y odias a quienes te aman. Hoy has declarado que no te importan ni los jefes ni los siervos, pues hoy comprendo que, si Absalón hubiera vivido y todos nosotros hubiéramos muerto hoy, entonces te habría parecido bien."
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