Versículo destacado
2 Samuel 15:24 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" También estaba allí Sadoc, y con él todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios. Ellos depositaron el arca de Dios, y Abiatar subió hasta que todo el pueblo terminó de salir de la ciudad. "
2 Samuel 15:24
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
22 David le dijo a Itai: «Ve y cruza». Entonces Itai el geteo cruzó con todos sus hombres y con todos los pequeños que estaban con él.
23 Todo el país lloraba en voz alta mientras todo el pueblo cruzaba. El rey mismo también cruzó el arroyo Cedrón, y todo el pueblo cruzó en dirección al camino del desierto.
24 También estaba allí Sadoc, y con él todos los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios. Ellos depositaron el arca de Dios, y Abiatar subió hasta que todo el pueblo terminó de salir de la ciudad.
25 El rey le dijo a Sadoc: Lleva de vuelta el arca de Dios a la ciudad. Si hallo favor ante los ojos del SEÑOR, él me hará volver y me mostrará tanto el arca como su morada.
26 Pero si dice: “No me complazco en ti”, aquí estoy; que haga conmigo lo que le parezca bien.
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Aquí vemos, en primer lugar, la fidelidad de los sacerdotes y los levitas, y cuán firmemente se mantuvieron del lado de David y de su causa. Sabían cuánto los amaba David y respetaba su servicio, aun con sus propias faltas. La manera en que Absalón intentaba ganarse a la gente no los afectó, porque en él había poca verdadera devoción a Dios. Por eso Sadoc y Abiatar, los dos sacerdotes principales, junto con todos los levitas, estaban dispuestos a ir con David y llevar el arca, para buscar la dirección de Dios para él (2 Samuel 15:24). Quienes permanecen fieles al arca en tiempos de prosperidad suelen descubrir que ella permanece fiel en tiempos de dificultad.
David había querido darle antes un lugar de reposo al arca, y ahora, si los sacerdotes hubieran podido decidirlo, el arca no habría descansado hasta que David volviera a encontrar reposo. Esto muestra cuánto les importaban tanto David como la presencia de Dios en medio de ellos.
En segundo lugar, David les pide que regresen a la ciudad (2 Samuel 15:25-26). Abiatar era el sumo sacerdote (1 Reyes 2:35), y Sadoc servía junto a él, permaneciendo más cerca del arca mientras Abiatar atendía los asuntos públicos (2 Samuel 15:24). Por eso David se dirige especialmente a Sadoc, y sus palabras muestran a un hombre que está sufriendo, pero que todavía se aferra a lo que es correcto.
Primero, David está profundamente preocupado por la seguridad del arca. Les dice que la lleven de regreso a la ciudad y que no la dejen expuesta junto con él. Parece pensar que, aunque Absalón es malvado, no se atreverá a hacerle daño al arca. El corazón de David, como antes el de Elí, tiembla por el arca de Dios. Esto demuestra que tenía un buen corazón: es mejor preocuparse más por el bien del pueblo de Dios que por nuestra propia comodidad, riqueza, reputación o seguridad, aun cuando esas cosas estén en riesgo (Salmo 137:6).
Segundo, David anhela volver a adorar en la casa de Dios. Considera una bondad mayor de parte de Dios volver a ver el arca y su morada que recuperar su palacio o su trono. Las personas que viven en la gracia de Dios miden sus bendiciones por cuánto les permiten disfrutar de la comunión con él. Ezequías quería recuperar la salud precisamente por esa razón: para poder subir a la casa del Señor (Isaías 38:22).
Tercero, David se somete a la voluntad de Dios en medio de esta oscura aflicción. Espera lo mejor, confiando en el favor de Dios como fuente de todo bien: si Dios se complace en él, será restaurado como antes. Pero también se prepara para lo peor. Si Dios decide no mostrarle su favor, David acepta que merece su desagrado y dice, en efecto: «Que se haga la voluntad del Señor». Espera como un siervo listo para recibir órdenes y está dispuesto a dejar completamente el asunto en manos de Dios. Esa es una manera serena y sabia de hablar del gobierno de Dios: no solo afirmar que Dios puede hacer lo que quiera o que tiene derecho a hacerlo, sino reconocer que todo lo que hace es bueno y sabio. Es tanto nuestro deber como nuestro bien aceptar con gusto la voluntad de Dios, venga lo que venga. Para no quejarnos de lo que sucede, debemos reconocer la mano de Dios en todos los acontecimientos; y para no temer al futuro, debemos recordar que todo está en sus manos.
En tercer lugar, David confía en que los sacerdotes ayudarán a su causa tanto como puedan mientras él esté lejos. Llama a Sadoc «vidente» (2 Samuel 15:27), es decir, un hombre sabio y perspicaz, capaz de comprender lo que estaba sucediendo y su significado. Un amigo que podía ver las cosas con claridad valía más que muchos que no podían hacerlo. Para mantenerse en comunicación con los sacerdotes, David dispuso que ellos le enviaran a sus dos hijos, Ahimaas y Jonatán. Su posición podía protegerlos, y David probablemente ya conocía su fidelidad y buen juicio. Les indicó dónde debían enviarle noticias. Él acamparía en la llanura del desierto hasta recibir información de ellos, y luego avanzaría según las noticias y los consejos que le enviaran. Así que ellos regresaron a la ciudad y esperaron lo que sucedería. Era triste que un reino tan pacífico se viera perturbado, cuando el príncipe y los sacerdotes tenían tanto afecto y confianza entre sí.
En cuarto lugar, David y sus hombres adoptaron una apariencia de profunda tristeza cuando comenzaron a subir el monte de los Olivos (2 Samuel 15:30). David se cubrió la cabeza y el rostro en señal de vergüenza y dolor, caminó descalzo como un prisionero o esclavo, y lloró. Puede parecer extraño que un hombre tan valiente llorara abiertamente ante la amenaza de un enemigo lejano, especialmente de uno al que quizá habría podido derrotar. Sin embargo, ese dolor correspondía a la gravedad de la situación. Su propio hijo se había vuelto contra él, y eso lo hería profundamente. Uno que había salido de su propio cuerpo, a quien había llevado en brazos y amado, ahora se levantaba contra él. Se dice que Dios mismo se aflige por las rebeliones de sus hijos (Salmo 95:10), y que incluso se quebranta ante sus corazones pecaminosos (Ezequiel 6:9).
También estaba la clara evidencia del desagrado de Dios en medio de esta aflicción. Eso hacía que el sufrimiento fuera más amargo y pesado (Lamentaciones 3:19). El pecado de David permanecía delante de él (Salmo 51:3), pero ahora se veía especialmente claro y sombrío. Nunca había llorado así cuando Saúl lo perseguía, pero una conciencia herida hace que las dificultades sean mucho más difíciles de soportar (Salmo 38:4).
Toda su compañía lloró con él. Se conmovieron por su dolor y estuvieron dispuestos a compartirlo. Debemos llorar con los que lloran, especialmente con quienes tienen autoridad sobre nosotros y cuyo carácter merece nuestro respeto. Si ese dolor se ve en un árbol vivo y saludable, ¿qué no debería esperarse de uno seco? También debemos llorar con quienes sienten dolor por causa del pecado. Cuando Ezequías se humilló por su pecado, toda Jerusalén se unió a él (2 Crónicas 32:26). Si queremos evitar sufrir con los pecadores en el juicio, debemos estar dispuestos a entristecernos con ellos mientras se arrepienten.
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De este capítulo
2 Samuel 15:1
"Después de esto, Absalón se preparó carros y caballos, y cincuenta hombres que corrieran delante de él."
2 Samuel 15:2
"Absalón se levantaba temprano y se ponía junto al camino de la puerta. Cuando algún hombre que tenía un pleito acudía al rey para recibir juicio, Absalón lo llamaba y le preguntaba: «¿De qué ciudad eres?». Y él respondía: «Tu siervo es de una de las tribus de Israel»."
2 Samuel 15:3
"Entonces Absalón le decía: «Mira, tus asuntos son buenos y justos, pero no hay ningún hombre designado por el rey para escucharte»."
2 Samuel 15:4
"Absalón decía además: «¡Ojalá me nombraran juez en el país! Así, todo hombre que tuviera algún pleito o causa vendría a mí, y yo le haría justicia»."
2 Samuel 15:5
"Y cuando algún hombre se acercaba a él para inclinarse ante él, Absalón extendía la mano, lo tomaba y lo besaba."
2 Samuel 15:6
"De esta manera trataba Absalón a todo Israel que acudía al rey para recibir juicio. Así Absalón robaba el corazón de los hombres de Israel."
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