Versículo destacado
2 Reyes 3:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y sucedió por la mañana, a la hora de ofrecer la ofrenda de cereal, que llegó agua por el camino de Edom, y la región se llenó de agua. "
2 Reyes 3:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Pero esto es poca cosa ante los ojos del SEÑOR; también entregará a los moabitas en manos de ustedes.
19 Ustedes atacarán toda ciudad fortificada y toda ciudad escogida; derribarán todo árbol bueno, taparán todos los pozos de agua y arruinarán con piedras todo buen terreno.
20 Y sucedió por la mañana, a la hora de ofrecer la ofrenda de cereal, que llegó agua por el camino de Edom, y la región se llenó de agua.
21 Cuando todos los moabitas oyeron que los reyes habían subido para luchar contra ellos, reunieron a todos los que podían ponerse la armadura, y aun a los mayores, y se apostaron en la frontera.
22 Se levantaron temprano por la mañana, y el sol resplandeció sobre el agua. Los moabitas vieron desde el otro lado el agua roja como la sangre.
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Aquí vemos el regalo de Dios: tanto lo que había prometido por medio de Eliseo —agua y victoria— como la manera en que una cosa contribuyó a producir la otra. El agua no solo fue una señal de que vendría la victoria, sino que también ayudó a hacerla posible. Dios, quien creó y gobierna todas las aguas sobre y debajo del cielo, envió de repente una abundante cantidad de agua. Esta agua les sirvió de dos maneras.
En primer lugar, refrescó a los ejércitos, que estaban a punto de morir de sed (2 Reyes 3:20). Es especialmente significativo que esta ayuda llegara a la hora del sacrificio de la mañana en Jerusalén, un momento establecido que todos conocían. Es probable que Eliseo haya escogido esa hora para orar, quizá mirando hacia el templo, como debían hacerlo quienes oraban mientras estaban lejos de Jerusalén y en medio de una guerra (1 Reyes 8:44). Eso demostraba su estrecha relación con el servicio del templo y su confianza en que el éxito vendría por medio del gran sacrificio.
Ya no tenemos una hora que sea más aceptable para Dios que otra, porque nuestro sumo sacerdote siempre se presenta por nosotros para ofrecer y hacer valer su sacrificio. Sin embargo, Dios escogió aquel momento para mostrar misericordia y honrar el sacrificio diario, que había sido despreciado. También respondió la oración de Daniel a la hora del sacrificio de la tarde (Daniel 9:21), porque Dios da importancia al culto que él mismo ha establecido.
En segundo lugar, el agua engañó a sus enemigos y los condujo a la ruina. Los moabitas habían sido advertidos de que venía el ejército aliado, así que enviaron a todos los hombres capaces de luchar hacia las fronteras. Allí esperaron, preparados para darles una cruel bienvenida a los israelitas (versículo 21). Pensaban que sería fácil derrotar a un ejército agotado por una marcha tan larga a través del desierto de Edom.
Miremos con qué facilidad cayeron en sus propias falsas expectativas. Vieron el agua en el valle donde estaba acampado Israel y pensaron que era sangre (2 Reyes 3:22), porque sabían que el valle estaba seco y no habían imaginado que pudiera llegar lluvia. El sol brillaba sobre el agua, y quizá el cielo se veía rojo y pesado, como una señal de mal tiempo para ese día (Mateo 16:3). Eso hizo que el agua pareciera aún más sangre, y sus propias mentes, deseosas de creer lo que les convenía, los llevaron por mal camino. Dios permitió que se engañaran a sí mismos.
Entonces razonaron: «Si ese campamento está lleno de sangre, los reyes seguramente han peleado entre sí y se han matado unos a otros» (2 Reyes 3:23). Pensaban que eso era lo que solían hacer los reyes aliados cuando tenían intereses diferentes. Finalmente dijeron: «Si los ejércitos se han destruido entre sí, lo único que tenemos que hacer es llevarnos el botín. ¡Ahora, Moab, vamos por el despojo!». Estas fueron las esperanzadas suposiciones de unos hombres demasiado confiados, y los demás se apresuraron a creerlas porque querían que fueran ciertas. Con facilidad creemos lo que queremos creer. Los que van camino a la destrucción primero son engañados (Apocalipsis 20:8), y nadie está tan completamente engañado como quien se engaña a sí mismo.
Así que corrieron descuidadamente al campamento de Israel para saquearlo, pero descubrieron la verdad cuando ya era demasiado tarde. Los israelitas, animados por la promesa de victoria dada por Eliseo, atacaron con gran fuerza, los derrotaron y los persiguieron hasta su propio territorio (2 Reyes 3:24). Allí destruyeron el país, arruinaron las ciudades, dañaron la tierra, taparon los pozos, talaron los árboles y dejaron en pie solamente la ciudad real. Aun entonces abrieron grandes brechas en sus murallas con sus máquinas de guerra (2 Reyes 3:25). Eso fue lo que Moab obtuvo por rebelarse contra Israel. Nadie ha endurecido su corazón contra Dios y ha prosperado.
Al final del capítulo se nos dice qué hizo el rey de Moab cuando llegó al límite de su desesperación y su capital parecía estar a punto de caer. Primero intentó una acción audaz y valiente. Reunió a setecientos hombres escogidos y trató de abrirse paso contra las fortificaciones del rey de Edom, quien en esta campaña era solamente un aliado contratado. El rey de Moab esperaba que Edom no resistiera con firmeza si era atacado con suficiente fuerza y que podría escapar por ese camino. Pero fracasó. Incluso el rey de Edom fue demasiado fuerte para él y lo obligó a retroceder (2 Reyes 3:26).
Cuando eso no funcionó, hizo algo cruel y salvaje. Tomó a su propio hijo, su hijo mayor, el que iba a reinar después de él, el más querido por él y por su pueblo, y lo ofreció como holocausto sobre la muralla (2 Reyes 3:27). Primero lo hizo para ganarse el favor de Quemos, su dios, que en realidad era un demonio amante de la sangre, el asesinato y la destrucción humana. Aquellos idólatras pensaban que cuanto más valiosa fuera una cosa, más la valorarían sus dioses si la ofrecían en sacrificio. Por eso quemaban a sus hijos en el fuego para honrar a sus dioses.
En segundo lugar, lo hizo para aterrorizar a los sitiadores y hacer que se retiraran. Lo ofreció sobre la muralla, a plena vista de ellos, para que vieran hasta dónde estaba dispuesto a llegar antes que rendirse y cuánto tendrían que pagar para tomar su ciudad y quitarle la vida. También pretendía que ellos fueran odiados y provocar a su propio pueblo contra Israel. Funcionó. Hubo gran indignación contra Israel porque habían llevado al rey a tal desesperación, y por eso levantaron el sitio y regresaron a su tierra. Las personas compasivas y generosas no harán, aunque sea justo, algo que lleve a un hombre a la locura o lo empuje a una desesperación absoluta.
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De este capítulo
2 Reyes 3:1
"Joram hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año dieciocho de Josafat, rey de Judá, y reinó doce años."
2 Reyes 3:2
"Hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR, aunque no como su padre ni como su madre, porque quitó la imagen de Baal que su padre había hecho."
2 Reyes 3:3
"Sin embargo, se aferró a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos."
2 Reyes 3:4
"Mesa, rey de Moab, criaba ovejas y entregaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con su lana."
2 Reyes 3:5
"Pero sucedió que, cuando Acab murió, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel."
2 Reyes 3:6
"En aquel tiempo, el rey Joram salió de Samaria y contó a todo Israel."
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