Versículo destacado
2 Reyes 3:6 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" En aquel tiempo, el rey Joram salió de Samaria y contó a todo Israel. "
2 Reyes 3:6
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
4 Mesa, rey de Moab, criaba ovejas y entregaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con su lana.
5 Pero sucedió que, cuando Acab murió, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
6 En aquel tiempo, el rey Joram salió de Samaria y contó a todo Israel.
7 Luego fue y mandó decir a Josafat, rey de Judá: «El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irás conmigo a luchar contra Moab?». Él respondió: «Iré. Yo soy como tú, mi pueblo es como tu pueblo y mis caballos son como tus caballos».
8 Y preguntó: «¿Por qué camino subiremos?». Él respondió: «Por el camino del desierto de Edom».
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
Joram apenas había subido al trono cuando tomó la espada para someter a Moab. Las coronas traen grandes preocupaciones y peligros a quienes las llevan. Apenas una persona recibe honores cuando ya se encuentra en guerra.
Aquí vemos los planes para esta campaña entre Joram, rey de Israel, y Josafat, rey de Judá. Joram levantó un ejército (2 Reyes 3:6), y valoraba lo suficiente al rey piadoso de Judá como para pedirle que se uniera a él: «¿Irás conmigo contra Moab?». Josafat aceptó y respondió: «Subiré. Yo soy como tú» (2 Reyes 3:7). Judá e Israel, aunque estaban tristemente divididos, todavía podían unirse contra Moab, un enemigo común. Josafat no les reprochó haberse apartado de la descendencia de David ni puso como condición de la alianza que regresaran a la lealtad, aunque tenía buenas razones para hacerlo. Trató a Israel como a un reino hermano. No son verdaderos amigos de la paz ni de la fortaleza quienes nunca pueden perdonar una ofensa pasada ni trabajar con personas que alguna vez atentaron contra sus derechos.
Joram también le pidió consejo a Josafat (2 Reyes 3:8). Buscó la orientación de alguien más sabio y experimentado que él acerca de cómo atacar a Moab. Josafat les dijo que no marcharan por el camino más corto a través del Jordán, sino que dieran la vuelta por el desierto de Edom, para que el rey de Edom y sus tropas pudieran acompañarlos. Si dos son mejores que uno, una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente. Josafat casi había pagado muy caro el haberse aliado con Acab, y esta vez se alió con el hijo de Acab. Esta campaña también estuvo a punto de llevarlo a la ruina. No se gana nada al unirse en yugo con los incrédulos.
Entonces el ejército aliado se vio en un gran aprieto. Antes de enfrentarse siquiera con un enemigo, corrían el peligro de morir por falta de agua (2 Reyes 3:9). Debieron haber pensado en eso antes de marchar al desierto, al mismo lugar, o a uno muy cercano, donde sus antepasados habían sufrido por falta de agua (Números 20:2). A veces Dios permite que su pueblo, por su propia falta de cuidado, se meta en problemas, para que su providencia, sabiduría, poder y bondad resplandezcan al librarlo. El agua es una de las cosas más comunes y ordinarias, pero cuando falta, rápidamente humilla y destruye a reyes y ejércitos.
El rey de Israel lamentó profundamente su angustia y el peligro de caer en manos de los moabitas, quienes fácilmente los derrotarían mientras estuvieran debilitados por la sed (2 Reyes 3:10). Él había reunido a aquellos reyes, pero culpó a la providencia y habló como si Dios les hubiera hecho un mal: «El Señor los ha reunido». Así, la necedad humana arruina el camino de una persona, y luego su corazón se llena de enojo contra el Señor (Proverbios 19:3).
En ese momento, Josafat sugirió sabiamente que consultaran a Dios (2 Reyes 3:11). El entorno seguramente les recordaba las maravillas que sus padres les habían contado, especialmente el agua que Dios había sacado de la roca para aliviar a Israel. Es probable que ese recuerdo animara a Josafat a preguntar: «¿No hay aquí algún profeta del Señor?». También estaba más preocupado porque había sido por su consejo que habían tomado aquella larga ruta por el desierto. Fue bueno que Josafat buscara la guía del Señor entonces, pero habría sido mucho mejor que lo hubiera hecho antes, antes de ir a la guerra o de escoger ese camino. Así quizá habrían evitado el problema. A menudo las personas buenas son descuidadas y tardan en cumplir con su deber, hasta que la necesidad y el sufrimiento las impulsan a hacerlo.
Señalaron a Eliseo como el hombre indicado para consultar (2 Reyes 3:11). Primero, podríamos preguntarnos por qué Eliseo acompañaba al campamento, especialmente en una marcha tan larga y agotadora. Había ido voluntariamente, sin que nadie se lo pidiera ni notara su presencia, y no ocupaba ningún puesto de honor. No estaba actuando como sacerdote en la guerra (Deuteronomio 20:2) ni como jefe del consejo militar. Estaba tan oculto que ninguno de los reyes sabía que tenía un tesoro semejante en el campamento ni un amigo así entre sus asistentes. Podemos suponer que estaba allí por una instrucción especial del cielo, como el carro de Israel y sus hombres de a caballo. Dios a menudo va delante de su pueblo con las bendiciones de su bondad y provee su palabra para quienes no la buscan por sí mismos.
En segundo lugar, llama la atención que un siervo del rey de Israel supiera que Eliseo estaba allí, mientras que el rey mismo no lo sabía. Probablemente era un siervo como Abdías, el mayordomo de Acab que temía a Dios. Eliseo se había dado a conocer a un hombre así, no a los reyes. El siervo describió a Eliseo diciendo que había derramado agua sobre las manos de Elías; es decir, que había sido su siervo y lo había ayudado especialmente cuando se lavaba. Quien quiera ser grande debe aprender primero a servir, y quien quiera elevarse debe comenzar desde abajo.
Entonces los reyes bajaron hasta donde estaba Eliseo (2 Reyes 3:12). Josafat respetaba tanto a un profeta que tenía la palabra del Señor que fue personalmente en vez de mandarlo llamar. Los otros dos fueron impulsados por su angustia a buscar al profeta. El que se humilló fue honrado, y Eliseo adquirió importancia cuando tres reyes llegaron a su puerta para pedirle ayuda, como en (Apocalipsis 3:9).
La respuesta de Eliseo al malvado rey de Israel fue muy directa (2 Reyes 3:13). «¿Qué tengo que ver contigo?», le dijo. «¿Cómo esperas recibir de mí una respuesta de paz? Ve a los profetas de tu padre y de tu madre, a quienes apoyaste cuando prosperabas, y deja que ellos te ayuden ahora que estás en problemas». Eliseo no se dejó engañar, como Josafat, por la reforma parcial y falsa de Joram. Sabía que, aunque Joram había quitado el ídolo de Baal, los profetas de Baal todavía le eran queridos, y algunos de ellos quizá incluso estaban en su campamento. «Ve», le estaba diciendo en efecto, «a los dioses que has servido» (Jueces 10:14). Has permitido que el mundo y la carne te gobiernen; deja que ellos te ayuden. ¿Por qué habría de acudir a Dios alguien como tú? (Ezequiel 14:3).
Eliseo habló así con santa indignación por la maldad de Joram y dijo que apenas podía soportar mirarlo o siquiera verlo (2 Reyes 3:14). A Joram se le debía honrar como rey, pero como hombre malvado era indigno y merecía condenación (Salmo 15:4). Eliseo, como súbdito, le mostraría respeto; como profeta, le haría reconocer su pecado. Los hombres con un llamado tan especial estaban capacitados, aunque las personas comunes no lo están, para decirle a un rey: «Tú eres malvado» (Job 34:18).
Joram mostró suficiente dominio propio para aceptar pacientemente aquella reprensión tan directa. Ya no quería escuchar a los profetas de Baal, sino que acudió con humildad al Dios de Israel y a su profeta. Presentó su necesidad ante el profeta como un caso muy triste y pidió misericordia. En efecto, reconoció que no merecía ayuda, pero suplicó que los otros reyes no fueran destruidos por causa de él.
Eliseo también mostró respeto por el piadoso rey de Judá y tomó en cuenta su presencia. Por amor a Judá, estuvo dispuesto a consultar al Señor por todos ellos. Es bueno estar cerca de quienes cuentan con el favor de Dios y con el amor de su profeta. A menudo, las personas malvadas se benefician de la amistad y la compañía de los piadosos.
Entonces Eliseo se dispuso a recibir instrucciones de Dios. La presencia de Joram lo había alterado y lo había hecho sentirse incómodo, aunque no había pecado al enojarse ni había hablado sin cuidado. Aun así, su celo lo había dejado menos preparado para la oración y para la obra del Espíritu, que requiere una mente tranquila y serena. Por eso pidió que trajeran a un músico (2 Reyes 3:15), un músico devoto que pudiera tocar el arpa y cantar salmos con ella. Escuchar dulcemente las alabanzas de Dios, como David había dispuesto, elevaría su espíritu, afirmaría sus pensamientos y lo ayudaría a estar listo tanto para hablar con Dios como para escucharlo.
También vemos a un grupo de profetas profetizando mientras delante de ellos tocaban instrumentos de cuerda y panderos (1 Samuel 10:5). Quienes desean tener comunión con Dios deben mantener su espíritu tranquilo y en paz. Cuando Eliseo recobró el ánimo y su inquietud interior se calmó por medio de aquella música santa, la mano del Señor vino sobre él. En ese momento, su visita recibió más honra que la visita de tres reyes.
Por medio de Eliseo, Dios les aseguró que el resultado de aquel problema sería bueno y glorioso. Pronto recibirían agua (2 Reyes 3:16-17). Para poner a prueba su fe y obediencia, les ordenó llenar el valle de zanjas que pudieran contener el agua. Quienes esperan la bendición de Dios deben hacerle espacio: deben cavar estanques para que la lluvia los llene, como en el valle de Baca, donde se convirtió en un manantial (Salmo 84:6). Para hacer aún mayor el milagro, les dijo que tendrían suficiente agua aunque no habría viento ni lluvia.
Elías, por medio de la oración, hizo que el agua descendiera de las nubes, pero Eliseo la hizo brotar de un lugar que nadie conocía. El origen de aquellas aguas estaría tan oculto como la fuente del Nilo. Dios no está limitado por los medios secundarios, es decir, por los medios ordinarios que suele utilizar. Por lo general, confirma la herencia de su pueblo mediante lluvias abundantes (Salmos 68:9), pero en esta ocasión lo hizo sin lluvia, al menos sin lluvia en aquel lugar. Es probable que para este propósito se abrieran algunas fuentes del gran abismo. Para hacer aún mayor el milagro, parece que solo aquel valle se llenó de agua y que ningún otro lugar participó de ella.
Ese suministro también sería una señal de victoria (2 Reyes 3:18). «Esto es algo pequeño a los ojos del Señor» significaba que Dios haría mucho más que evitar que murieran: los haría regresar triunfantes. Así como Dios da gratuitamente a quienes no lo merecen, también da con abundancia, de una manera digna de su grandeza, mucho más de lo que podemos pedir o imaginar. Sus dones van más allá de nuestras peticiones y esperanzas. Quienes buscan sinceramente el rocío de la gracia de Dios lo recibirán y, por medio de ella, llegarán a ser más que vencedores.
Se les había prometido que tomarían control del país rebelde y que se les permitiría devastarlo (2 Reyes 3:19). La ley prohibía talar los árboles frutales durante el sitio de una ciudad (Deuteronomio 20:19), pero esa norma no se aplicaba cuando el propósito era hacer justicia y humillar a una nación que se había negado a pagar el tributo que debía.
Cómo puede ayudarte tu IA cristiana
Explora las Escrituras y la vida desde una perspectiva cristiana
Estudio bíblico
Orientación para la vida
Apoyo en la oración
Sabiduría diaria
Haz 3 preguntas gratis cada semana. No necesitas tarjeta de crédito. Ver planes
De este capítulo
2 Reyes 3:1
"Joram hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año dieciocho de Josafat, rey de Judá, y reinó doce años."
2 Reyes 3:2
"Hizo lo malo ante los ojos del SEÑOR, aunque no como su padre ni como su madre, porque quitó la imagen de Baal que su padre había hecho."
2 Reyes 3:3
"Sin embargo, se aferró a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, quien hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos."
2 Reyes 3:4
"Mesa, rey de Moab, criaba ovejas y entregaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con su lana."
2 Reyes 3:5
"Pero sucedió que, cuando Acab murió, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel."
2 Reyes 3:7
"Luego fue y mandó decir a Josafat, rey de Judá: «El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irás conmigo a luchar contra Moab?». Él respondió: «Iré. Yo soy como tú, mi pueblo es como tu pueblo y mis caballos son como tus caballos»."
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.