Versículo destacado
2 Reyes 23:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces el rey mandó reunir ante él a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. "
2 Reyes 23:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Entonces el rey mandó reunir ante él a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.
2 El rey subió a la casa del SEÑOR, y con él fueron todos los hombres de Judá, todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el más grande. Y leyó ante ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido encontrado en la casa del SEÑOR.
3 El rey se puso de pie junto a una columna e hizo un pacto ante el SEÑOR: seguir al SEÑOR y guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo el corazón de ellos y con toda el alma de ellos, para cumplir las palabras de este pacto escritas en aquel libro. Y todo el pueblo se comprometió con el pacto.
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Josías había recibido el mensaje de Dios de que la ruina de Jerusalén no podía detenerse y de que solo podía salvar su propia alma. Aun así, no se quedó sentado, desesperado, sin hacer nada por su nación solo porque no podía lograr todo lo que deseaba. No; decidió cumplir con su deber y dejar el resultado en manos de Dios. El plan consistía en una reforma pública, y si algo podía retrasar el juicio anunciado, sería precisamente eso. Aquí se nos muestra cómo se preparó para llevarla a cabo.
Primero, convocó una reunión nacional de los dirigentes, los ancianos y los magistrados o representantes de Judá y Jerusalén, para reunirse en el templo del Señor junto con los sacerdotes y los profetas, los ministros ordinarios y los de servicio especial. Al reunirlos a todos, aquello se convertiría en un acto nacional, y quizá así sería más probable que el juicio nacional se apartara. Todos fueron convocados para que la obra se realizara con mayor seriedad, para que pudieran aconsejar y ayudar, y para desalentar a cualquiera que quisiera oponerse. Los buenos gobernantes no se debilitan por los parlamentos ni por los consejos públicos; estos los fortalecen.
Segundo, en vez de pronunciar un discurso ante aquella asamblea, Josías ordenó que les leyeran el libro de la ley. Parece que incluso él mismo lo leyó (2 Reyes 23:2), conmovido por su contenido y deseoso de que los demás también fueran conmovidos. No consideró indigno de su posición ser un lector, así como Salomón no consideró indigno predicar, ni David tuvo por debajo de él ser portero en la casa de Dios. Junto con los hombres importantes, también reunió a los hombres de Judá y al pueblo de Jerusalén para que escucharan la ley. Verdaderamente, es del interés de un gobernante promover el conocimiento de las Escrituras en su nación. Si el pueblo está tan firmemente decidido a obedecer la ley como el gobernante lo está a gobernar conforme a ella, el reino vivirá en bienestar.
Tercero, en vez de proponer nuevas leyes para afirmarlos en el cumplimiento de su deber, pidió que hicieran un pacto, un acuerdo por medio del cual todos se comprometieran con Dios (2 Reyes 23:3). El libro de la ley era el libro del pacto, porque prometía que, si ellos eran el pueblo de Dios, él sería su Dios. En esta ocasión, ellos prometieron cumplir con su parte, confiando en que Dios cumpliría entonces la suya. El pacto consistía en seguir al Señor, someterse a su voluntad en la adoración y en su providencia, responder a sus llamados y prestar atención a su dirección. Debían esforzarse por guardar todos sus mandamientos —morales, ceremoniales y civiles— con todo el corazón y con toda el alma, poniendo en ello todo su esfuerzo, sinceridad, fortaleza, valor y determinación, cumpliendo así las condiciones del pacto mientras dependían de sus promesas.
El primer participante en el pacto fue el propio rey. Se colocó junto a su columna (2 Reyes 11:14) y declaró públicamente que estaba de acuerdo con aquel pacto, dando ejemplo al pueblo y asegurándoles no solo su protección, sino también su liderazgo y toda la ayuda que su autoridad pudiera brindarles para obedecer. Ni siquiera los reyes pierden su libertad cuando se someten a Dios. El pueblo también se comprometió con el pacto, es decir, manifestó su acuerdo y prometió cumplirlo. Es bueno comprometernos con nuestro deber con toda la solemnidad posible, especialmente después de habernos apartado seriamente del pecado y de haber decaído en la práctica del bien. Quien tiene un corazón sincero no evita los compromisos claros, porque lo que se ata firmemente también se sostiene con firmeza.
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De este capítulo
2 Reyes 23:2
"El rey subió a la casa del SEÑOR, y con él fueron todos los hombres de Judá, todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el más grande. Y leyó ante ellos todas las palabras del libro del pacto que había sido encontrado en la casa del SEÑOR."
2 Reyes 23:3
"El rey se puso de pie junto a una columna e hizo un pacto ante el SEÑOR: seguir al SEÑOR y guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos con todo el corazón de ellos y con toda el alma de ellos, para cumplir las palabras de este pacto escritas en aquel libro. Y todo el pueblo se comprometió con el pacto."
2 Reyes 23:4
"El rey ordenó al sumo sacerdote Hilcías, a los sacerdotes de segundo rango y a los guardianes de la puerta que sacaran del templo del SEÑOR todos los utensilios hechos para Baal, para Asera y para todo el ejército del cielo. Los quemó fuera de Jerusalén, en los campos del Cedrón, y llevó sus cenizas a Betel."
2 Reyes 23:5
"También destituyó a los sacerdotes idólatras que los reyes de Judá habían establecido para quemar incienso en los lugares altos de las ciudades de Judá y de los alrededores de Jerusalén, así como a los que quemaban incienso a Baal, al sol, a la luna, a los planetas y a todo el ejército del cielo."
2 Reyes 23:6
"Sacó la Asera de la casa del SEÑOR y la llevó fuera de Jerusalén, al arroyo Cedrón. Allí la quemó, la redujo a polvo y esparció el polvo sobre las tumbas de los hijos del pueblo."
2 Reyes 23:7
"Derribó las casas de los prostitutos rituales que estaban junto a la casa del SEÑOR, donde las mujeres tejían cortinas para Asera."
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