Versículo destacado
2 Corintios 8:7 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Por tanto, así como abundan en todo —en fe, en palabra, en conocimiento, en toda diligencia y en su amor hacia nosotros—, procuren abundar también en esta gracia. "
2 Corintios 8:7
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
5 Y no hicieron esto como esperábamos, sino que primero se entregaron ellos mismos al Señor y a nosotros, por la voluntad de Dios.
6 Por eso rogamos a Tito que, así como había comenzado, también completara entre ustedes esta misma gracia.
7 Por tanto, así como abundan en todo —en fe, en palabra, en conocimiento, en toda diligencia y en su amor hacia nosotros—, procuren abundar también en esta gracia.
8 No hablo como quien da un mandamiento, sino con motivo de la diligencia de otros y para poner a prueba la sinceridad del amor de ustedes.
9 Porque ustedes conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo: aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que ustedes, por medio de su pobreza, llegaran a ser ricos.
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En estos versículos, el apóstol usa varios argumentos contundentes para animar a los corintios a realizar esta buena obra de generosidad. Primero, les recuerda los dones y las gracias que ya poseen, y quiere que también sobresalgan en la generosidad (2 Corintios 8:7). Hay sabiduría en la manera en que lo hace. Cuando quiere persuadirlos a dar, primero los elogia por las cosas buenas que ya hay en ellos. A la mayoría de las personas le agrada recibir palabras de reconocimiento, especialmente cuando se les pide un regalo para sí mismas o para otros. Y cuando la gracia de Dios resplandece en alguien, es justo reconocer y expresar el elogio que merece.
Observemos en qué abundaban los corintios. La fe aparece primero porque es la raíz. Sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6), y cuando la fe se fortalece, también crecen las demás gracias y las buenas obras. El amor se manifestará por medio de ellas. Junto con la fe, tenían el don de la palabra, un excelente regalo que da gloria a Dios y beneficia a la iglesia. Muchas personas tienen fe, pero carecen de facilidad para expresarla. Estos corintios sobresalían por encima de muchas iglesias en los dones espirituales, especialmente en la palabra; pero, a diferencia de lo que ocurre con demasiadas personas, esto no era resultado de la ignorancia. Junto con su capacidad para hablar, tenían conocimiento, y mucho. Poseían un tesoro de cosas nuevas y antiguas, y las compartían al hablar.
También abundaban en diligencia. Las personas que tienen mucho conocimiento y facilidad para hablar no siempre son los cristianos más fieles. Los que hablan mucho no siempre son los que más hacen. Pero estos corintios se esforzaban por hacer el bien, no solo por conocer y hablar bien. También sentían mucho amor por su ministro, y no eran como muchos que, por tener dones propios, se apresuran a menospreciar a sus ministros y a descuidarlos. Puesto que tenían tantas cosas buenas, el apóstol quería que añadieran también esta gracia: la generosidad hacia los pobres. Donde ya se encontraba tanto bien, quería que se encontrara aún más.
Antes de presentar otro argumento, Pablo se aseguró de evitar cualquier malentendido. No quería que pensaran que intentaba obligarlos por su autoridad o imponerles una carga pesada. Por eso dijo que no estaba hablando como quien da un mandamiento, sino que estaba dando un consejo (2 Corintios 8:8, 2 Corintios 8:10). Había usado la disposición de otros como una razón para sugerirles lo que sería útil para ellos y demostraría la sinceridad de su amor. Hay una diferencia real entre un deber claramente establecido y aprovechar una oportunidad concreta para hacer el bien. Muchas cosas son buenas para nosotros, aunque no pueda decirse que estén ordenadas directa y estrictamente para ese momento exacto.
Otro argumento proviene de la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Las mejores razones para cumplir con el deber cristiano son las que se basan en el amor de Cristo, un amor que debe impulsarnos. El ejemplo de las iglesias de Macedonia era digno de imitarse, pero el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo debería movernos mucho más. Pablo dice: «Ustedes conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo» (2 Corintios 8:9). Aunque era rico como Dios, igual al Padre en poder y gloria, y rico en toda la gloria y bienaventuranza del cielo, se hizo pobre por causa de nosotros. No solo se hizo hombre por nosotros, sino que también escogió la pobreza. Nació en circunstancias humildes, vivió una vida pobre y murió en pobreza. Lo hizo para que, por medio de su pobreza, nosotros fuéramos enriquecidos: ricos en el amor y el favor de Dios, ricos en las bendiciones y promesas del nuevo pacto, ricos en la esperanza de la vida eterna y hechos herederos del reino. Esta es una poderosa razón para ser generosos con los pobres a partir de lo que tenemos, porque nosotros mismos vivimos de la generosidad del Señor Jesucristo.
Otro argumento proviene de sus buenas intenciones y de su disposición para comenzar esta buena obra. Pablo dice que lo mejor para ellos era llevar a cabo lo que habían planeado y terminar lo que habían comenzado (2 Corintios 8:10, 2 Corintios 8:11). Después de todo, ¿de qué sirven las buenas intenciones si nunca se convierten en acciones? Las buenas intenciones son valiosas. Son como brotes y flores: agradables a la vista y llenas de promesa. Pero si no se llevan a la práctica, se pierden y no significan nada. Los buenos comienzos también son hermosos, pero no obtenemos el beneficio si no perseveramos y llevamos el fruto a la madurez. Puesto que los corintios habían mostrado disposición para actuar, Pablo quería que se aseguraran de completar la obra conforme a sus posibilidades.
Esto también agradaría a Dios. Una disposición voluntaria es aceptada cuando va acompañada de un esfuerzo sincero (2 Corintios 8:12). Cuando las personas planean hacer el bien y luego procuran, hasta donde pueden, llevarlo a cabo, Dios acepta lo que tienen o lo que pueden hacer. No las rechaza por lo que no tienen ni por aquello que está más allá de sus fuerzas. Esto también es verdad en otros asuntos, no solo en la generosidad. Sin embargo, este versículo no respalda la idea de que las buenas intenciones por sí solas sean suficientes, ni que tener un espíritu dispuesto sea suficiente para salvar a una persona. La disposición es aceptada cuando va acompañada de acción hasta donde uno puede actuar, y cuando la Providencia impide llevarla a cabo, como ocurrió con David cuando quiso construir una casa para el Señor (2 Samuel 7).
Otro argumento proviene de la manera en que la Providencia de Dios, es decir, su orden sabio de los acontecimientos, distribuye los bienes de este mundo, y de lo cambiante que es la vida humana (2 Corintios 8:13-15). El punto parece ser este: Dios da a algunas personas más bienes de este mundo y a otras menos, y lo hace con un propósito. Quienes tienen más deben ayudar a quienes están necesitados, para que haya espacio para la generosidad. Además, como la vida humana cambia tan rápidamente, quienes ahora tienen abundancia algún día podrían necesitar ayuda. Eso debería llevarlos a dar mientras tengan la oportunidad.
Es la voluntad de Dios que, al ayudarnos unos a otros, exista cierto equilibrio. Esto no significa una igualdad absoluta ni una nivelación que eliminaría la propiedad, porque entonces la generosidad no tendría lugar. Pero en las obras de ayuda debe existir una proporción justa. La carga no debe caer demasiado sobre algunos mientras otros quedan completamente libres de ella. Todos deben sentirse responsables de ayudar a quienes están necesitados. Esto se muestra en el ejemplo de la recolección y distribución del maná en el desierto, sobre lo cual podemos leer en Éxodo.
Era responsabilidad de cada familia, y de cada persona dentro de la familia, recoger todo lo que pudiera. Una vez recogido, se colocaba en un depósito común para cada familia, y el jefe de la familia daba a cada persona lo que necesitaba. Algunos recibían más de lo que podían recoger por sí mismos debido a su edad o debilidad, y otros recibían menos de lo que habían recogido porque no necesitaban tanto. De esa manera, quien había recogido mucho, más de lo que necesitaba, no conservaba nada de sobra cuando se compartía con quien había recogido poco, y esa persona tampoco carecía de lo necesario.
Esto nos enseña algo importante sobre la vida humana en este mundo. Dependemos unos de otros y debemos ayudarnos mutuamente. Quienes poseen mucho de los bienes de este mundo aún necesitan solamente alimento y ropa, y quienes tienen muy poco por lo general no carecen de esas cosas básicas. De hecho, quienes tienen abundancia no deben permitir que otros pasen necesidad, sino estar dispuestos a ayudarlos a recibir lo necesario.
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De este capítulo
2 Corintios 8:1
"Además, hermanos, les damos a conocer la gracia de Dios concedida a las iglesias de Macedonia:"
2 Corintios 8:2
"que, en medio de una gran prueba de aflicción, la abundancia de su alegría y su profunda pobreza abundaron en riquezas de generosidad."
2 Corintios 8:3
"Porque, según sus posibilidades, doy testimonio, y aun más allá de sus posibilidades, estuvieron dispuestos por voluntad propia;"
2 Corintios 8:4
"rogándonos con mucha insistencia que recibiéramos el don y participáramos en el servicio a los santos."
2 Corintios 8:5
"Y no hicieron esto como esperábamos, sino que primero se entregaron ellos mismos al Señor y a nosotros, por la voluntad de Dios."
2 Corintios 8:6
"Por eso rogamos a Tito que, así como había comenzado, también completara entre ustedes esta misma gracia."
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