Versículo destacado
2 Corintios 8:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Además, hermanos, les damos a conocer la gracia de Dios concedida a las iglesias de Macedonia: "
2 Corintios 8:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Además, hermanos, les damos a conocer la gracia de Dios concedida a las iglesias de Macedonia:
2 que, en medio de una gran prueba de aflicción, la abundancia de su alegría y su profunda pobreza abundaron en riquezas de generosidad.
3 Porque, según sus posibilidades, doy testimonio, y aun más allá de sus posibilidades, estuvieron dispuestos por voluntad propia;
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Observemos cómo el apóstol usa el buen ejemplo de las iglesias de Macedonia —es decir, Filipos, Tesalónica, Berea y otras iglesias de esa región— para animar a los corintios y a los cristianos de Acaya a dar generosamente. Primero les habla de la gran generosidad de los macedonios, a la que llama la gracia de Dios concedida a las iglesias (2 Corintios 8:1). Algunos consideran que esta expresión podría traducirse como el don de Dios concedido en las iglesias o por medio de ellas. En cualquier caso, Pablo se refiere a los donativos que hicieron para ayudar a otros, y los llama gracia, o dones de Dios, porque fueron generosos y porque su caridad tenía su origen en Dios. También demostraban su verdadero amor por Dios. La gracia de Dios es la raíz y la fuente de todo lo bueno que hay en nosotros y de todo bien que hacemos. También es una gran bondad de Dios que él nos haga útiles para los demás y dispuestos para toda buena obra.
Luego Pablo elogia la caridad de los macedonios y la presenta de manera contundente. En primer lugar, ellos mismos se encontraban en una situación difícil y llena de aflicción, pero aun así ayudaron a otros. Estaban sufriendo intensamente y padecían una profunda pobreza (2 Corintios 8:2). Era un tiempo de grandes dificultades para ellos, como se puede ver en Hechos 18:17. Los cristianos de esas regiones eran maltratados, y eso los había llevado a la pobreza. Sin embargo, aun en medio de sus problemas tenían un gran gozo, y con ese gozo desbordaron en generosidad. Dieron de lo poco que tenían, confiando en que Dios supliría sus necesidades y compensaría lo que entregaban.
En segundo lugar, dieron con mucha generosidad, con la riqueza de su desprendimiento (2 Corintios 8:2). Es decir, dieron con tanta libertad como si fueran ricos. Su donativo fue grande al considerar todas las circunstancias, y dieron conforme a sus posibilidades, incluso más allá de ellas (2 Corintios 8:3). Dieron tanto como razonablemente se podía esperar, y quizá más. A veces podemos cuestionar la prudencia de una manera de dar así, pero Dios acepta el fervor sincero de quienes, mediante actos reales de adoración y caridad, dan más de lo que fácilmente pueden permitirse.
En tercer lugar, estaban deseosos y dispuestos a hacer esta buena obra. Lo hicieron voluntariamente (2 Corintios 8:3), sin que Pablo tuviera que presionarlos con muchos argumentos. Al contrario, le rogaron insistentemente que aceptara el donativo (2 Corintios 8:4). Parece que Pablo no estaba muy dispuesto a asumir esa responsabilidad, porque quería dedicarse a la palabra y a la oración. O quizá temía que sus enemigos usaran el asunto en su contra y lo acusaran de descuido, favoritismo o incluso deshonestidad al manejar una suma tan grande. Los ministros deben tener cuidado, especialmente con el dinero, para no dar a nadie motivo para hablar mal de ellos.
En cuarto lugar, su caridad nacía de una verdadera devoción, y eso era lo mejor de todo. Llevaron a cabo esta buena obra en el orden correcto. Primero se entregaron al Señor, y después nos entregaron sus donativos, conforme a la voluntad de Dios (2 Corintios 8:5). Es decir, dieron de la manera que Dios quería y ofrecieron sus donativos para su gloria. Esto parece haber superado lo que el apóstol esperaba. No había anticipado un afecto tan cálido y piadoso en aquellos macedonios, ni una ofrenda tan seria y dedicada. Se entregaron de nuevo, unidos, al Señor Jesucristo, junto con todo lo que tenían. Ya lo habían hecho antes, y ahora lo hicieron otra vez mediante este acto especial, haciendo santos sus donativos al entregarse primero al Señor.
Debemos entregarnos a Dios, porque no podemos entregarnos a nadie mejor. Cuando nos entregamos al Señor, también le entregamos todo lo que tenemos, para que lo use según su voluntad. Cualquier cosa que usemos o demos para Dios es simplemente devolverle lo que ya le pertenece. Y todo lo que demos para ayudar a otros no será aceptado por Dios ni nos beneficiará si primero no nos entregamos al Señor.
Pablo también les informa que se le pidió a Tito que fuera a recoger su donativo (2 Corintios 8:6). Tito sería bien recibido entre ellos, porque ya lo habían recibido con afecto y él sentía un gran cariño por ellos. Ya había comenzado esta obra entre ellos, así que se le pidió que la terminara. Era la persona adecuada para la tarea en todos los sentidos, y, puesto que el trabajo ya había avanzado bien en manos tan apropiadas, sería una lástima que no se llevara a término. Es prudente elegir a las personas correctas para realizar bien el trabajo que se desea hacer, y los actos de caridad suelen tener mejores resultados cuando se escoge a personas confiables y adecuadas para solicitar los donativos y administrarlos.
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De este capítulo
2 Corintios 8:2
"que, en medio de una gran prueba de aflicción, la abundancia de su alegría y su profunda pobreza abundaron en riquezas de generosidad."
2 Corintios 8:3
"Porque, según sus posibilidades, doy testimonio, y aun más allá de sus posibilidades, estuvieron dispuestos por voluntad propia;"
2 Corintios 8:4
"rogándonos con mucha insistencia que recibiéramos el don y participáramos en el servicio a los santos."
2 Corintios 8:5
"Y no hicieron esto como esperábamos, sino que primero se entregaron ellos mismos al Señor y a nosotros, por la voluntad de Dios."
2 Corintios 8:6
"Por eso rogamos a Tito que, así como había comenzado, también completara entre ustedes esta misma gracia."
2 Corintios 8:7
"Por tanto, así como abundan en todo —en fe, en palabra, en conocimiento, en toda diligencia y en su amor hacia nosotros—, procuren abundar también en esta gracia."
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