Versículo destacado

1 Samuel 8:1 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Y sucedió que, cuando Samuel envejeció, nombró a sus hijos jueces sobre Israel. "

1 Samuel 8:1

menu_book El versículo en contexto

1 Y sucedió que, cuando Samuel envejeció, nombró a sus hijos jueces sobre Israel.

2 El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; ellos eran jueces en Beerseba.

3 Pero sus hijos no anduvieron en sus caminos, sino que se desviaron tras las ganancias, aceptaron sobornos y pervirtieron la justicia.

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí aparecen dos cosas tristes, aunque ninguna resulta sorprendente: que un hombre bueno y útil envejezca y ya no pueda servir con la misma capacidad, y que los hijos de un hombre bueno se aparten de sus caminos.

Samuel ya era anciano y no podía juzgar a Israel como antes. Todavía no era muy viejo, quizá ni siquiera había cumplido sesenta años, pero desde temprano en la vida había cargado con pensamientos y responsabilidades importantes. Eso pudo haber hecho que el desgaste de la edad llegara antes. Había gastado sus fuerzas en el servicio público, y ahora veía que la edad había disminuido su capacidad. Quienes se encuentran en sus mejores años deben mantenerse activos en las responsabilidades de la vida, porque más adelante descubrirán que ya no están tan dispuestos ni tienen la misma capacidad para cumplirlas.

La otra tristeza era que los hijos de Samuel no seguían sus caminos. Él les había dado una buena crianza, y en un tiempo ellos habían dado señales de que les iría bien. Por eso los nombró jueces: primero como ayudantes y después como delegados en Beerseba, un lugar distante de Ramá (1 Samuel 8:2). Es posible que la gente del sur hubiera querido tenerlos allí para no tener que viajar tan lejos con sus casos. Probablemente Samuel no los nombró simplemente porque eran sus hijos, pues no deseaba transferir el gobierno a su familia, sino porque parecían aptos para esa responsabilidad. Ellos podían aliviar la carga del juez ya anciano y, por ser sus hijos, ya contaban con cierto respeto debido a su padre.

Pero ellos no siguieron su ejemplo (1 Samuel 8:3). Como su conducta era lo contrario de la de Samuel, su vínculo familiar con un hombre tan bueno se convirtió más en una vergüenza que en un honor. Un linaje noble se convierte en deshonra para quien se aparta de él. Las personas buenas no pueden transmitirles gracia a sus hijos. A menudo les ha causado mucho dolor a padres fieles ver que sus hijos, en vez de seguir sus pasos, los pisan y arruinan el camino que ellos habían preparado.

Muchos comienzan bien y parecen tener un futuro prometedor, pero después se desvían por caminos malos, para tristeza de quienes más esperaban de ellos. Los hijos de Samuel quedaron expuestos cuando fueron nombrados jueces y enviados lejos de él. Muchas personas se comportan bien mientras están bajo la mirada de sus padres, pero muestran su mal carácter cuando salen al mundo y viven por su cuenta. Otros se desempeñan bien en puestos humildes, pero el poder y el ascenso los arruinan. El honor suele cambiar la manera de pensar de las personas, y por lo general para peor.

No parece que los hijos de Samuel fueran tan abiertamente perversos como los hijos de Elí, los hijos corruptos de Elí, el sacerdote. Sin embargo, fueran lo que fueran en otros aspectos, eran jueces corruptos. Se desviaron en busca de ganancias y dinero, lo que se describe como “el dinero de la injusticia”. El amor al dinero es raíz de toda clase de males. Es dañino en cualquier persona, pero especialmente en los jueces. El propio Samuel no aceptaba sobornos (Job 12:3), pero sus hijos sí los aceptaban, sin duda aun después de haber sido advertidos contra esa práctica. Como resultado, pervertían la justicia. Al decidir las disputas, miraban el soborno y no la ley. Preguntaban quién ofrecía más, no quién tenía la razón. Es algo muy triste cuando la justicia pública, que debería proteger a un pueblo, se convierte precisamente en aquello que más lo perjudica.

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