Versículo destacado
1 Samuel 25:18 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Abigail se apresuró y tomó doscientos panes, dos odres de vino, cinco ovejas ya preparadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de pasas y doscientas tortas de higos, y los puso sobre asnos. "
1 Samuel 25:18
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
16 Fueron para nosotros un muro tanto de noche como de día, durante todo el tiempo que estuvimos con ellos apacentando las ovejas.
17 Ahora, pues, sabe esto y considera lo que harás, porque el mal está decidido contra nuestro amo y contra toda su casa. Él es un hijo de Belial con quien nadie puede hablar.
18 Entonces Abigail se apresuró y tomó doscientos panes, dos odres de vino, cinco ovejas ya preparadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de pasas y doscientas tortas de higos, y los puso sobre asnos.
19 Luego dijo a sus siervos: Vayan delante de mí; yo voy detrás de ustedes. Pero no se lo contó a su esposo Nabal.
20 Mientras ella iba montada en el asno y descendía por el resguardo del monte, David y sus hombres bajaban hacia ella, y ella se encontró con ellos.
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Aquí vemos el esfuerzo sabio de Abigail para evitar que la destrucción que estaba por caer sobre ellos alcanzara a su esposo y a toda su casa. Ella cumplió muy bien con su responsabilidad y demostró ser fiel a su carácter. La ira de las personas insensatas suele crear, en poco tiempo, problemas que a las personas sabias les cuesta mucho reparar. Es difícil decir si Abigail sufría más por tener un esposo así o si Nabal era verdaderamente bendecido por tener una esposa como ella.
Una buena esposa es una corona para su esposo: lo protege y lo honra, y busca su bien, no su mal. En una situación como esta, la sabiduría fue mejor que las armas. Abigail demostró su sabiduría al actuar de inmediato, sin demora. Se apresuró porque no era momento de perder tiempo, cuando todo estaba en peligro. Quienes desean la paz deben buscarla mientras el enemigo todavía está lejos (Lucas 14:32).
Su sabiduría también se mostró en que ella misma se encargó de la tarea. Era una mujer sensata y capaz, y sabía mejor que cualquier siervo cómo manejar la situación. Una buena mujer cuida personalmente de su casa y no deja por completo esa responsabilidad en manos de otros. Abigail tuvo que compensar las faltas de Nabal. Él ya había tratado mal a los mensajeros de David de dos maneras: había rechazado su petición y les había hablado con dureza.
Primero compensó su negativa con un regalo muy generoso. Si Nabal les hubiera dado siquiera provisiones comunes, ellos se habrían ido agradecidos. En cambio, Abigail preparó lo mejor que la casa podía ofrecer, y en abundancia (1 Samuel 25:18). Como era costumbre en aquellos días, envió pan y carne, además de pasas e higos, alimentos dulces que se conservaban secos. Nabal incluso les había negado el agua, pero ella tomó dos odres de vino, cargó los asnos con esas provisiones y los envió delante de ella. Un regalo apacigua la ira (Proverbios 21:14). Jacob usó un regalo parecido para calmar a Esaú.
Cuando una persona tacaña planea hacer el mal, una persona generosa piensa en maneras de hacer el bien, y no pierde nada por actuar así. «El que actúa con generosidad permanecerá firme» (Isaías 32:7-8). Abigail usó los bienes de su esposo sin que él lo supiera, y estaba justificada al hacerlo, aunque tenía razones para pensar que Nabal nunca habría estado de acuerdo si se hubiera enterado. Ella no estaba alimentando su propio orgullo ni su vanidad. Intentaba salvar a su esposo y a su familia de una ruina segura. El esposo y la esposa comparten sus bienes para el bien de ambos, pero si uno de los dos los desperdicia o los usa mal, comete una injusticia contra el otro.
También compensó las palabras insultantes de Nabal con su propio discurso amable y persuasivo. Se encontró con David cuando él avanzaba lleno de ira y dispuesto a destruir a Nabal (1 Samuel 25:20). Pero Abigail usó todas las señales de respeto y humildad para pedirle su favor y rogarle que pasara por alto la ofensa. Se inclinó hasta el suelo delante de David (1 Samuel 25:23) y cayó a sus pies (1 Samuel 25:24). Ceder puede calmar ofensas graves. Ella asumió la posición de una mujer arrepentida y suplicante, y no le dio vergüenza hacerlo si con ello podía salvar su casa, aun delante de sus propios siervos y de los hombres de David.
Le pidió a David que la escuchara: «Permite que tu sierva hable delante de ti». En realidad, no necesitaba pedir con tanta cautela su atención, porque lo que dijo era suficientemente sólido para mantenerla. Sus palabras fueron escogidas con belleza y conmovieron profundamente. Abordó cada punto importante, ordenó bien sus pensamientos y habló con gran fuerza y sentimiento. Es difícil encontrar un discurso con un poder natural semejante al suyo.
Continuó hablándole a David con el honor que correspondía a un hombre tan grande y bueno. Una y otra vez lo llamó «mi señor», para compensar el insulto de su esposo al preguntar: «¿Quién es David?». No lo atacó por su estado de ira, aunque merecía ser corregido. Tampoco le señaló cuánto esa actitud no correspondía a su carácter. En vez de eso, procuró calmarlo y conducirlo a una mejor disposición, confiando en que entonces su propia conciencia lo reprendería.
Abigail asumió la culpa por el maltrato que habían recibido los mensajeros de David. «Sobre mí, mi señor, sobre mí recaiga esta culpa» (1 Samuel 25:24). «Si estás enojado, enójate conmigo y no con mi pobre esposo; considéralo como una falta de tu sierva» (1 Samuel 25:28). Las personas pequeñas y egoístas no se preocupan por cuánto sufran otros debido a sus faltas. Las personas generosas están dispuestas a cargar con la culpa de otros. Abigail mostró un amor verdadero y fuerte por su esposo, así como una profunda preocupación por su familia. Fuera como fuera Nabal, seguía siendo su esposo.
También excusó la falta de Nabal señalando su carácter insensato y su falta de entendimiento (1 Samuel 25:25). «Mi señor no debe prestar demasiada atención a su rudeza y sus malos modales, porque eso es propio de él. No es la primera vez que se comporta tan mal. Hay que tenerle paciencia, porque le falta sensatez. Se llama Nabal, y la insensatez lo acompaña». En otras palabras, lo ocurrido fue causado por su necedad, no por odio. Era un hombre ingenuo e insensato, no malicioso. «Perdónalo, porque no sabe lo que hace». Lo que dijo era cierto, y lo usó para excusar su falta y evitar su ruina. Sin embargo, Abigail no habría hecho bien si simplemente hubiera hablado mal de su propio esposo, a quien debía representar de la mejor manera posible.
También dijo que ella misma no sabía nada del asunto. «Yo no vi a los jóvenes; de haberlos visto, habrían recibido una mejor respuesta y no se habrían ido con las manos vacías». Al decir esto, también insinuó que, aunque su esposo era insensato y no estaba capacitado para manejar bien los asuntos por sí solo, tenía suficiente sentido para escuchar sus consejos.
Actuó como si ya hubiera logrado su propósito, quizá porque vio en el rostro de David que él comenzaba a cambiar de opinión (1 Samuel 25:26). «El Señor te ha detenido». Abigail no dependió de sus propios argumentos, sino de la gracia de Dios para ablandar el corazón de David, y estaba segura de que esa gracia obraría poderosamente en él. Después añadió: «Que todos tus enemigos sean como Nabal». Con esto podía querer decir que, si David decidía no vengarse, Dios mismo trataría con Nabal como trataría con los demás enemigos de David. O quizá quiso decir que estaba por debajo de David vengarse de un hombre tan débil e indefenso como Nabal, que no podía ayudarlo ni hacerle daño. David solo necesitaba desear que sus enemigos fueran tan incapaces de resistirlo como Nabal. Tal vez también estaba pensando en que David había perdonado recientemente a Saúl, cuando lo tenía completamente bajo su poder.
«¿Perdonaste a ese león que habría querido devorarte, y ahora derramarás la sangre de este perro que solo puede ladrarte?». El simple hecho de mencionar lo que David estaba a punto de hacer —derramar sangre y vengarse— bastó para llegar al corazón de un hombre noble y misericordioso como él. Por su respuesta posterior, parece que las palabras de Abigail sí lo conmovieron (1 Samuel 25:33).
Abigail le ofreció el regalo que había llevado, pero habló de él como si no fuera digno de que David lo aceptara. Por eso pidió que se lo dieran a los jóvenes que lo seguían (1 Samuel 25:27), especialmente a los diez mensajeros que David había enviado a Nabal y que habían sido tratados con tanta rudeza. Luego elogió a David por el bien que había hecho al enfrentar a los enemigos públicos de su nación, y esperaba que él no manchara el honor de esas grandes victorias con una venganza personal. «Mi señor pelea las batallas del Señor contra los filisteos, así que debe dejar que Dios pelee sus batallas contra quienes lo insultan» (1 Samuel 25:28). «No se ha encontrado maldad en ti en todos tus días». Con esto quiso decir que David nunca había hecho mal a ninguno de sus compatriotas, aunque Saúl lo había perseguido como si fuera un traidor. Por lo tanto, no debía comenzar a hacerlo ahora ni hacer algo que Saúl pudiera usar para justificar su propio odio.
También anunció el resultado feliz de las dificultades que David estaba atravesando. «Un hombre te persigue y busca quitarte la vida», dijo, refiriéndose a Saúl simplemente como «un hombre», por respeto a su cargo de rey. Pero David no necesitaba preocuparse tanto por cada insulto, porque esas tormentas pronto pasarían. Abigail habló con confianza en que Dios lo mantendría a salvo: «La vida de mi señor estará bien protegida junto al Señor tu Dios». Esto significa que Dios mantendría segura su vida, como cuando guardamos algo valioso dentro de un paquete bien envuelto (Salmo 66:9; 116:15). Su alma sería atesorada y protegida bajo el cuidado de Dios, como si estuviera guardada en un lugar de máxima seguridad.
El pueblo judío entiende estas palabras no solo en relación con la vida presente, sino también con la vida futura: el estado bendecido de las almas después de la muerte. Por esa razón, con frecuencia escriben esta frase en las lápidas. El sentido es: «Aquí hemos depositado el cuerpo, pero confiamos en que el alma está protegida junto al Señor nuestro Dios». Allí permanece segura, aun cuando el polvo del cuerpo se esparce.
También le dice que Dios les dará la victoria sobre sus enemigos: «Él lanzará las vidas de tus enemigos como quien lanza una piedra con una honda» (1 Samuel 25:29). Una piedra se coloca en una honda únicamente para ser arrojada. De la misma manera, las vidas de los justos son recogidas como grano para el granero, mientras que las de los malvados son como la maleza destinada al fuego. Abigail añade que Dios establecerá a David en riqueza y poder: «El Señor ciertamente establecerá una casa firme para mi señor». Puesto que ningún enemigo puede impedirlo, le ruega que perdone aquella ofensa. En esencia, le dice que muestre misericordia si espera recibir misericordia. Dios hará grande a David, y es propio de los grandes pasar por alto las ofensas.
Por último, le pide que piense en cuánto mejor se sentiría después al haber perdonado aquel insulto que al haberse vengado (1 Samuel 25:30-31). Guarda este argumento para el final porque es especialmente poderoso para una persona buena. Cuanto menos se deje llevar por la ira, más valorará su propia paz y la tranquilidad de su conciencia, y toda persona sabia debería apreciar eso. Si se venga, más adelante sentirá tristeza y turbación en el corazón. Muchos han hecho cosas impulsados por la ira que después hubieran querido deshacer mil veces. La venganza parece dulce por un momento, pero pronto se vuelve amarga.
Si, en cambio, deja pasar la ofensa, después no tendrá motivo para lamentarlo. Al contrario, sentirá un profundo gozo al saber que la sabiduría y la gracia vencieron su pasión. Cuando tengamos la tentación de pecar, debemos pensar en cómo veremos nuestras acciones después. Nunca hagamos algo por lo que nuestra propia conciencia pueda reprocharnos más adelante, ni algo que recordemos con pesar diciendo: «Mi corazón no me reprochará».
Abigail termina pidiéndole que le conceda su favor: «Cuando el Señor haya tratado bien a mi señor, acuérdate de tu sierva». Ella desea que David la recuerde como alguien que evitó que hiciera algo que habría dañado su honor, turbado su conciencia y dejado una mancha en la historia de su vida. Tenemos buenas razones para recordar con respeto y gratitud a quienes nos ayudan a mantenernos alejados del pecado.
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De este capítulo
1 Samuel 25:1
"Samuel murió; y todos los israelitas se reunieron, hicieron duelo por él y lo sepultaron en su casa, en Ramá. Entonces David se levantó y descendió al desierto de Parán."
1 Samuel 25:2
"Había un hombre en Maón cuyas posesiones estaban en Carmelo. El hombre era muy rico: tenía tres mil ovejas y mil cabras, y estaba esquilando sus ovejas en Carmelo."
1 Samuel 25:3
"El hombre se llamaba Nabal, y su esposa se llamaba Abigail. Ella era una mujer de buen entendimiento y de hermoso semblante; pero el hombre era áspero y malo en sus acciones, y era de la casa de Caleb."
1 Samuel 25:4
"David oyó en el desierto que Nabal estaba esquilando sus ovejas."
1 Samuel 25:5
"Entonces David envió a diez jóvenes y les dijo: Suban a Carmelo, vayan a Nabal y salúdenlo en mi nombre."
1 Samuel 25:6
"Díganle así al que vive en prosperidad: Paz a ti, paz a tu casa y paz a todo lo que tienes."
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