Versículo destacado
1 Samuel 14:24 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Aquel día los hombres de Israel estaban angustiados, porque Saúl había puesto al pueblo bajo juramento diciendo: «Maldito sea el hombre que coma algún alimento antes del anochecer, para que yo pueda vengarme de mis enemigos». Por eso, ninguno del pueblo probó alimento alguno. "
1 Samuel 14:24
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
22 Asimismo, todos los hombres de Israel que se habían escondido en el monte Efraín, al oír que los filisteos huían, también los persiguieron con empeño en la batalla.
23 Así salvó el SEÑOR a Israel aquel día, y la batalla se extendió hasta Bet-avén.
24 Aquel día los hombres de Israel estaban angustiados, porque Saúl había puesto al pueblo bajo juramento diciendo: «Maldito sea el hombre que coma algún alimento antes del anochecer, para que yo pueda vengarme de mis enemigos». Por eso, ninguno del pueblo probó alimento alguno.
25 Todos los del país llegaron a un bosque, y había miel sobre el suelo.
26 Cuando el pueblo entró en el bosque, vio que la miel goteaba; pero nadie llevó la mano a la boca, porque el pueblo temía el juramento.
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Aquí vemos la angustia de los israelitas aun en el día de su victoria. Incluso los mejores momentos suelen tener algo de dolor mezclado con ellos. Muchas causas buenas enfrentan dificultades, aun cuando parecen tener el mayor éxito, porque quienes las llevan adelante las manejan mal.
Saúl prohibió al pueblo comer cualquier alimento ese día, bajo pena de maldición (1 Samuel 14:24). Podemos suponer, en primer lugar, que como rey tenía autoridad para imponerles esta restricción a sus soldados y respaldarla con una maldición, por lo que ellos se sometieron. Dios incluso mostró, por medio del sorteo, que Jonatán era quien había tocado aquello que estaba bajo maldición, aunque lo había hecho sin saberlo; por esa razón, en ese momento no se podía consultar a Dios por medio de ellos. En segundo lugar, es probable que Saúl lo hiciera con una buena intención. Tal vez temía que, después de haber pasado hambre, el pueblo encontrara abundante comida en el campamento filisteo abandonado, comiera en exceso, perdiera tiempo y quedara sin fuerzas para continuar la batalla ese mismo día.
Aun así, la orden fue mal calculada y muy imprudente. Si ahorraba tiempo, les quitaba fuerzas, y la persecución necesitaba fuerza. También fue dura y desagradable para el pueblo. Fue peor que ponerle bozal a un buey mientras trilla el grano. Habría sido razonable prohibirles darse un banquete, pero prohibirles siquiera probar alimento cuando tenían hambre fue cruel. También estuvo mal imponer la prohibición mediante una maldición y un juramento. Saúl podría haber usado una sanción menos severa para mantener la disciplina militar. La muerte habría sido un castigo excesivo para una falta así, especialmente una muerte acompañada de una maldición. Los líderes pueden corregir y reprender, pero no pueden maldecir a quienes están bajo su autoridad. La norma para nosotros es: «Bendigan y no maldigan». Cuando David habla de un enemigo que amaba maldecir, quizá se refería a Saúl (Salmo 109:17-18).
El pueblo obedeció a Saúl, pero el mandato trajo problemas. Los soldados sufrían mientras perseguían al enemigo, porque llegaron a un bosque lleno de miel silvestre. La miel goteaba de los árboles hasta el suelo, probablemente porque los filisteos habían roto los panales al huir para obtener rápidamente algo de alimento y habían dejado la miel derramándose. Canaán era una tierra que fluía leche y miel, y esto es un ejemplo de ello. Podían haber sacado miel de la roca, incluso de la roca dura (Deuteronomio 32:13), pero por temor a la maldición ni siquiera la probaron (1 Samuel 14:25-26). Merecen llamarse israelitas quienes pueden negarse a sí mismos y dominar sus apetitos cuando los deseos son fuertes y los placeres de los sentidos resultan tentadores, porque temen la culpa y la maldición, y no quieren que su mesa se convierta en una trampa. Nunca debemos alimentarnos, y mucho menos darnos un banquete, sin prudencia.
Jonatán quedó bajo la maldición sin saberlo. No había escuchado la orden, porque después de abrirse paso valientemente por la línea enemiga todavía seguía persiguiéndolos. En esas circunstancias, razonablemente se podría haber considerado que la orden no se aplicaba a él, ya que estaba cumpliendo una misión tan importante. Sin embargo, parece que todos dieron por sentado, y el propio Jonatán no objetó después, que la orden también lo incluía, aunque se hubiera ausentado para cumplir una tarea tan valiosa. Sin saber que había algún peligro, tomó un pedazo de panal con la punta de su vara y comió (1 Samuel 14:27). Eso lo reanimó mucho. Sus ojos, que habían comenzado a apagarse por el hambre y la debilidad, recuperaron su brillo. Su rostro se veía alegre, y los demás pudieron notar la diferencia (1 Samuel 14:29): «Miren cómo se me han iluminado los ojos». No pensó que hubiera hecho algo malo ni temió ningún peligro, hasta que uno de los soldados le habló de la orden; entonces descubrió que había caído en una trampa. Más de un buen hijo ha sufrido de esta manera, y en más de un sentido, por la imprudencia de un padre irreflexivo. Por causa de la insensatez de su padre, Jonatán perdió la corona que le correspondía heredar, lo cual quizá fue una mala señal de lo que vendría después.
Los soldados también comenzaron a desfallecer y debilitarse durante la persecución de los filisteos. Jonatán había previsto que eso sucedería. Sin alimento, su ánimo decaería y sus fuerzas se acabarían. Así está hecho nuestro cuerpo. Pronto queda incapacitado para trabajar si no recibe nuevo sustento. El trabajo diario no puede realizarse sin el pan de cada día, que nuestro Padre celestial nos da con bondad. El pan fortalece el corazón de la persona. Jonatán razonó bien cuando dijo que, si el pueblo hubiera comido libremente, la matanza habría sido mucho mayor (1 Samuel 14:30). Tal como estaban las cosas, se encontraban muy débiles y cansados, como dice el texto caldeo, y comenzaron a pensar más en comer que en luchar.
El peor resultado de todos llegó al anochecer, cuando se levantó la restricción y regresaron a la comida con tanta avidez que comieron la carne con la sangre, desobedeciendo directamente la ley de Dios (1 Samuel 14:32). Se dice que dos comidas perdidas convierten la tercera en un banquete descontrolado, y eso fue lo que ocurrió aquí. No quisieron esperar a que los animales fueran sacrificados correctamente; los mataron en el suelo en vez de colgarlos como era habitual para que la sangre escurriera. Tampoco quisieron esperar a que la carne estuviera bien cocida, sino que se abalanzaron sobre ella cuando apenas estaba hervida o asada a medias (1 Samuel 14:32). Le informaron a Saúl, y él los reprendió por su pecado (1 Samuel 14:33): «Han pecado». Pero no hizo lo que debía: reconocer que él también tenía parte de la responsabilidad, pues había llevado al pueblo del Señor a pecar. Para detener ese desorden, Saúl ordenó que colocaran delante de él una piedra grande. Les dijo a todos los que tuvieran animales para su propio consumo que los llevaran allí y los mataran sobre esa piedra bajo su supervisión (1 Samuel 14:33). El pueblo obedeció (1 Samuel 14:34). Eran fáciles de guiar y corregir cuando su gobernante cumplía con su deber. Si los gobernantes usaran su autoridad como corresponde, las personas podrían mejorar con más facilidad de la que solemos pensar.
En esa ocasión Saúl construyó un altar (1 Samuel 14:35), ya fuera para agradecerle a Dios por la victoria o para hacer expiación por el pecado que el pueblo había cometido. Este fue el primer altar que construyó. Tal vez hacer rodar la gran piedra usada para matar a los animales le hizo pensar en convertirla en un altar. Saúl se estaba alejando de Dios, pero ahora comenzó a construir altares, como hacen muchos: muestran celo por las formas religiosas mientras niegan su poder. Véase (Oseas 8:14). Algunos lo entienden de esta manera: comenzó a construir el altar colocando la primera piedra, pero tenía tanta prisa por continuar la persecución y asegurar la victoria que no pudo quedarse para terminarlo.
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De este capítulo
1 Samuel 14:1
"Un día, Jonatán hijo de Saúl dijo al joven que llevaba sus armas: «Ven, crucemos hasta la guarnición de los filisteos que está al otro lado». Pero no se lo dijo a su padre."
1 Samuel 14:2
"Saúl permanecía en las afueras de Gabaa, debajo del granado que está en Migrón, y el pueblo que estaba con él era de unos seiscientos hombres."
1 Samuel 14:3
"Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote del SEÑOR en Silo, llevaba un efod. El pueblo no sabía que Jonatán se había ido."
1 Samuel 14:4
"Entre los pasos por donde Jonatán intentaba cruzar hasta la guarnición de los filisteos, había una peña escarpada a un lado y otra peña escarpada al otro. Una se llamaba Boses y la otra Sene."
1 Samuel 14:5
"El frente de una estaba situado al norte, frente a Micmas, y el de la otra al sur, frente a Gabaa."
1 Samuel 14:6
"Jonatán dijo al joven que llevaba sus armas: «Ven, crucemos hasta la guarnición de estos incircuncisos. Tal vez el SEÑOR actúe a nuestro favor, porque nada impide al SEÑOR salvar por medio de muchos o de pocos»."
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