Versículo destacado
1 Samuel 28:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Entonces Saúl cayó de inmediato tendido de cuerpo entero en tierra y tuvo mucho miedo a causa de las palabras de Samuel. No quedaba fuerza en él, porque no había comido pan en todo el día ni en toda la noche. "
1 Samuel 28:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 Por cuanto no obedeciste la voz del SEÑOR ni ejecutaste su ira ardiente contra Amalec, el SEÑOR te ha hecho esto hoy.
19 Además, el SEÑOR entregará a Israel junto contigo en manos de los filisteos. Mañana tú y tus hijos estarán conmigo. El SEÑOR también entregará el ejército de Israel en manos de los filisteos.
20 Entonces Saúl cayó de inmediato tendido de cuerpo entero en tierra y tuvo mucho miedo a causa de las palabras de Samuel. No quedaba fuerza en él, porque no había comido pan en todo el día ni en toda la noche.
21 La mujer se acercó a Saúl y vio que estaba profundamente turbado. Entonces le dijo: Mira, tu sierva ha obedecido tu voz. He puesto mi vida en mi mano y he escuchado las palabras que me dijiste.
22 Ahora, pues, te ruego que tú también escuches la voz de tu sierva. Permite que ponga delante de ti un bocado de pan, y come, para que tengas fuerzas cuando te pongas en camino.
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Aquí vemos cómo Saúl recibió este terrible mensaje del espíritu al que había consultado. Él había pedido que le dijeran qué debía hacer (1 Samuel 28:15), pero en vez de eso solo le dijeron lo que no había hecho y lo que le sucedería. Todo el que busque dirección o consuelo en cualquier lugar que no sea Dios, y fuera del camino que Dios ha establecido, terminará tan decepcionado como Saúl.
Observemos primero cómo se quebrantó bajo el peso de aquel mensaje. No estaba en condiciones de soportar una noticia así, pues no había comido nada durante todo el día ni durante la noche. Había llegado del campamento en ayunas y continuó así, no porque no hubiera comida, sino porque había perdido el apetito. El miedo a los filisteos (1 Samuel 28:5) le había quitado el hambre; o quizá la lucha interior de su conciencia, después de siquiera considerar consultar a la adivina, le impedía probar alimento, por bueno que fuera. Así que este nuevo terror cayó sobre él como un hombre completamente armado, y se desplomó de bruces en tierra, como si los arqueros filisteos ya lo hubieran herido. No le quedaban fuerzas para enfrentar aquellas palabras tan duras. Ya había tenido suficiente de las adivinas y descubrió que eran miserables consoladoras. Cuando Dios dirige palabras de terror a los pecadores en su Palabra, también abre una puerta de esperanza si se arrepienten. Pero quienes acuden a las puertas del infierno en busca de ayuda deben esperar oscuridad, sin ninguna luz.
Después vemos lo difícil que fue convencerlo de comer siquiera la pequeña cantidad de alimento que necesitaba para regresar al campamento. Parece que la adivina dejó a Saúl a solas con el espíritu para que pudiera hablar con él en privado. Pero cuando lo oyó caer y gemir, y vio cuánto sufría, se acercó a él (1 Samuel 28:21). Le insistió con firmeza que comiera algo para que pudiera salir sano y salvo de su casa. Temía que, si enfermaba y especialmente si moría allí, la castigaran como si lo hubiera traicionado, aunque había escapado del castigo por practicar la adivinación. Probablemente eso le importaba más que mostrar bondad. ¡A qué situación tan miserable había llegado Saúl, al punto de necesitar ayuda de una persona como aquella!
Ella insistió con mucha seriedad en que comiera. Le recordó (1 Samuel 28:21) que había obedecido sus órdenes arriesgando su propia vida, y le preguntó por qué él no habría de escucharla para salvar la suya (1 Samuel 28:22). Tenía listo un becerro cebado, probablemente uno que se usaba para trillar el grano y que, por lo tanto, era más difícil de sacrificar. Lo preparó para él (1 Samuel 28:24). Josefo elogió la bondad y generosidad poco comunes de esta mujer, y la presentó como un ejemplo de compasión hacia los afligidos y de disposición a compartir incluso sin esperar recompensa.
Sin embargo, Saúl no quería comer. Se negó y dijo: «No comeré» (1 Samuel 28:23), como si escogiera morir en privado de hambre en vez de morir públicamente a espada. Si solo le hubieran faltado fuerzas, la comida podría haberlo ayudado. Pero su angustia iba mucho más allá. ¿De qué sirven los alimentos exquisitos a una conciencia atormentada? Así como el vinagre sobre el bicarbonato, también resulta completamente fuera de lugar y desagradable que alguien cante canciones a un corazón afligido.
Finalmente, la mujer, con la ayuda de los siervos de Saúl, logró convencerlo, contra su voluntad y su determinación, de que comiera algo. No lo obligaron por la fuerza, sino que le dieron un consejo afectuoso; en ese sentido, lo «obligaron» (1 Samuel 28:23). Ese es el tipo de insistencia razonable y bondadosa al que se refieren las palabras: «Oblígalos a entrar» (Lucas 14:23). Las palabras correctas tienen gran fuerza cuando impulsan a una persona hacia lo que verdaderamente le conviene (Job 6:25).
La comida le devolvió algo de fuerza a Saúl, y luego él y sus siervos se levantaron y se fueron antes del amanecer (1 Samuel 28:25). Lo hicieron tanto para regresar rápidamente a su deber como para que nadie los viera salir de una casa tan vergonzosa. Josefo admiró mucho el valor y la fortaleza de Saúl en esta ocasión, pues, aunque le habían dicho que perdería la vida y el honor, no abandonó a su ejército, sino que regresó firmemente al campamento y se preparó para la batalla. A mí me impresiona más la dureza de su corazón, porque no volvió a Dios con arrepentimiento y oración, esperando al menos que el juicio se retrasara. En vez de eso, se precipitó de cabeza hacia su propia ruina.
Quizá para entonces, cuando la ira y la envidia habían tomado por completo el control, Saúl se había resignado un poco a su destino, porque le habían dicho que sus hijos, incluido Jonatán, morirían con él. Jonatán era el hijo al que Saúl había llegado a despreciar por el amor que sentía por David. Si él mismo tenía que caer, no le importaba qué destrucción viniera sobre su familia y su reino, siempre que todo terminara peor para el hombre que lo sucedería. Era como si dijera: «No me importa si, cuando yo muera, el mundo queda envuelto en llamas». No oró como David: «Que tu mano caiga sobre mí, pero no sobre tu pueblo».
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De este capítulo
1 Samuel 28:1
"Y sucedió en aquellos días que los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra, a fin de luchar contra Israel. Y Aquis dijo a David: «Ten por seguro que saldrás conmigo a la batalla, tú y tus hombres»."
1 Samuel 28:2
"Y David dijo a Aquis: «Ciertamente sabrás lo que puede hacer tu siervo». Y Aquis dijo a David: «Por eso te haré guardián de mi cabeza para siempre»."
1 Samuel 28:3
"Samuel ya había muerto, y todo Israel había hecho duelo por él y lo había sepultado en Ramá, su propia ciudad. Y Saúl había expulsado del país a los que tenían espíritus familiares y a los adivinos."
1 Samuel 28:4
"Los filisteos se reunieron, fueron y acamparon en Sunem; y Saúl reunió a todo Israel, y acamparon en Gilboa."
1 Samuel 28:5
"Cuando Saúl vio el ejército de los filisteos, tuvo miedo y su corazón tembló mucho."
1 Samuel 28:6
"Y cuando Saúl consultó al SEÑOR, el SEÑOR no le respondió, ni por sueños, ni por el Urim, ni por profetas."
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