Versículo destacado
1 Reyes 9:15 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Y esta es la razón de la leva que impuso el rey Salomón: construir la casa del SEÑOR, su propia casa, Milo, la muralla de Jerusalén, Hazor, Meguido y Guézer. "
1 Reyes 9:15
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
13 Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano mío? Y las llamó tierra de Cabul hasta el día de hoy.
14 Hiram envió al rey ciento veinte talentos de oro.
15 Y esta es la razón de la leva que impuso el rey Salomón: construir la casa del SEÑOR, su propia casa, Milo, la muralla de Jerusalén, Hazor, Meguido y Guézer.
16 Porque el faraón, rey de Egipto, había subido, había tomado Guézer, la había quemado con fuego y había matado a los cananeos que habitaban en la ciudad; luego se la había dado como regalo a su hija, esposa de Salomón.
17 Y Salomón reconstruyó Guézer y Bet-horón de Abajo,
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Aquí tenemos otro relato de la grandeza de Salomón.
Primero, vemos sus proyectos de construcción. Organizó una gran fuerza laboral y reunió mucho dinero porque tenía planeadas muchas edificaciones. Estas obras darían empleo a muchas personas y costarían una enorme cantidad (1 Reyes 9:15). Actuó como un constructor prudente que primero se sienta, calcula el costo y no comienza hasta saber que puede terminar. Si la gente se quejaba de los impuestos tan pesados, el escritor los explica señalando la magnitud de los proyectos de Salomón.
Salomón no reunió estos recursos para la guerra, como lo hacen muchos gobernantes. La guerra consume la sangre de los súbditos, pero la construcción principalmente exige su trabajo y su dinero. Es posible que David, el padre de Salomón, supiera que su hijo tenía una inclinación natural hacia la construcción. Tal vez por eso escribió: «Si el SEÑOR no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican» (Salmo 127:1). David le estaba enseñando a Salomón a reconocer a Dios en todos sus planes y a incorporar la oración y la fe en cada obra.
Salomón comenzó en el lugar correcto, porque primero construyó la casa de Dios y la terminó antes de construir la suya. Después Dios lo bendijo, y prosperó en todas sus demás construcciones. Si comenzamos con Dios, él seguirá acompañándonos. Si le damos la primera parte, el resto llegará a nosotros con mayor seguridad y paz (Mateo 6:33).
Salomón construyó primero un templo, después casas y ciudades, y luego murallas. Las personas no actúan con sabiduría cuando dejan para el final aquello que quieren hacer para Dios. Vale la pena observar el orden de sus proyectos: primero, la casa de Dios para la adoración; después, su propia casa para su comodidad; luego, una casa para su esposa, quien se mudó allí tan pronto como estuvo lista (1 Reyes 9:24); después, Miló, la casa de la ciudad o salón público; luego, la muralla de Jerusalén; y finalmente, varias ciudades importantes del país que habían quedado en ruinas, como Hazor y Meguido. Al reconstruirlas a su propio costo, convirtió a sus habitantes en súbditos y también en arrendatarios, lo que aumentaría los ingresos de la corona para los reyes posteriores.
Entre estos proyectos también construyó Guézer. El faraón, rey de Egipto, se la había quitado a los cananeos y se la había regalado a su hija, quien era esposa de Salomón (1 Reyes 9:16). Esto muestra cómo Dios puede hacer que una nación ayude a otra. Salomón no era un rey guerrero, pero el faraón, que sí lo era, aseguró ciudades que Salomón podía reconstruir. Salomón también construyó ciudades para almacenar provisiones, para sus carros y para sus jinetes (1 Reyes 9:19). Finalmente, construyó en el Líbano, quizá para la caza o para algún otro placer. Que la piedad dé inicio a la obra, que la utilidad la mantenga y que el placer venga al final.
Segundo, vemos a sus trabajadores y siervos. Proyectos tan grandes requerían muchos trabajadores. El honor de los grandes hombres a menudo proviene de las personas que están bajo su autoridad: ellas hacen el trabajo mientras ellos reciben el reconocimiento. Salomón utilizó a los sobrevivientes de las naciones conquistadas para los trabajos más pesados y de menor rango (1 Reyes 9:20-21). Podemos suponer que estas personas abandonaron la idolatría y aceptaron el gobierno de Salomón. Entonces él no podía destruirlas por razones de honor, y eran demasiado pobres para pagar impuestos elevados; por eso utilizó su trabajo. En esto siguió la ley de Dios acerca de los siervos extranjeros (Levítico 25:44) y cumplió la maldición de Noé sobre Canaán: «Será siervo de siervos para sus hermanos» (Génesis 9:25).
A los israelitas les asignó los puestos de mayor honor (1 Reyes 9:22-23). No los convirtió en esclavos, porque eran el pueblo libre de Dios. En cambio, los hizo soldados, oficiales de la corte y comandantes, según sus capacidades, incluso en puestos relacionados con sus carros y sus jinetes. También nombró a algunos para supervisar a los trabajadores que estaban debajo de ellos. De esta manera, protegió la dignidad y la libertad de Israel y honró su llamado como reino de sacerdotes de Dios.
Tercero, vemos su devoción y adoración (1 Reyes 9:25). Tres veces al año ofrecía holocaustos especiales, durante las tres fiestas anuales: la Pascua, Pentecostés y la Fiesta de los Tabernáculos. Lo hacía en obediencia al mandato de Dios, y también ofrecía sacrificios en otras ocasiones, tanto de manera regular como en momentos especiales. También quemaba incienso, aunque no lo hacía con sus propias manos, pues ese fue el pecado del rey Uzías. El sacerdote lo hacía por él, a costa de Salomón y para su servicio.
El texto dice que ofrecía estos sacrificios sobre el altar que él había construido. Se había preocupado de edificarlo y después lo utilizaba personalmente. Muchas personas ayudan a otros a adorar mientras descuidan su propia adoración. Salomón no pensaba que construir un altar lo excusara de ofrecer sacrificios. Si acaso, eso debió impulsarlo a adorar más. Cualquier esfuerzo que hagamos para apoyar la fe, honrar a Dios y ayudar a otros probablemente también nos beneficiará a nosotros.
Cuarto, vemos su comercio y sus negocios. Construyó una flota de barcos mercantes en Ezión-geber (1 Reyes 9:26), un puerto del mar Rojo, cerca del punto más lejano al que llegaron los israelitas durante su travesía por el desierto (Números 33:35). Para entonces, es posible que los edomitas ya hubieran comenzado a establecerse allí, aunque antes no lo habían hecho. El puerto les había pertenecido, pero después de que David conquistó Edom, pasó a pertenecer al reino de Judá. La flota comerciaba con Ofir, en las Indias Orientales, que se cree que era lo que hoy se conoce como Sri Lanka. La principal carga era el oro, una verdadera riqueza.
Parece que antes Salomón se había asociado con Hiram, rey de Tiro, o había invertido en los barcos de Hiram. Esa empresa le produjo 120 talentos de oro (1 Reyes 9:14), lo que probablemente lo animó a construir una flota propia. El éxito de otros en cualquier trabajo honrado debería impulsarnos a actuar con mayor diligencia, porque todo trabajo trae algún beneficio. Salomón envió a sus propios siervos como representantes y administradores, pero contrató marineros tirios, porque ellos conocían el mar (1 Reyes 9:27). De esta manera, una nación necesitaba de la otra, y Dios dispuso las cosas para que hubiera intercambio y ayuda entre ellas. Como cristianos, y aun como seres humanos, dependemos unos de otros.
La flota le llevó a Salomón 420 talentos de oro (1 Reyes 9:28). Canaán, la tierra santa y la gloria de todas las tierras, no producía oro. Esto nos enseña que la riqueza que este mundo ofrece para acumular y comerciar no es lo mejor que tiene. Son mejores las cosas que sostienen y renuevan la vida ahora mismo, tanto para nosotros como para los demás, y esa era la clase de productos que daba Canaán. Salomón obtuvo mucho mediante el comercio, aunque parece que David obtuvo aún más mediante sus conquistas. ¿Qué eran los 420 talentos de Salomón en comparación con los 100,000 talentos de oro de David? (1 Crónicas 22:14; 1 Crónicas 29:4). Aun así, la experiencia de Salomón nos señala un comercio mejor, uno en el que hasta la persona más pobre puede participar. A partir de lo que aprendió, nos dice que la ganancia de la sabiduría es mejor que la de la plata, y su fruto es mejor que el oro fino (Proverbios 3:14).
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De este capítulo
1 Reyes 9:1
"Y sucedió que, cuando Salomón terminó de construir la casa del SEÑOR, la casa del rey y todo lo que Salomón deseaba y se complacía en hacer,"
1 Reyes 9:2
"el SEÑOR se apareció a Salomón por segunda vez, como se le había aparecido en Gabaón."
1 Reyes 9:3
"Y el SEÑOR le dijo: He oído tu oración y la súplica que has presentado ante mí. He santificado esta casa que construiste para poner allí mi nombre para siempre; mis ojos y mi corazón estarán allí perpetuamente."
1 Reyes 9:4
"Y si tú andas delante de mí como anduvo David, tu padre, con integridad de corazón y rectitud, haciendo conforme a todo lo que te he mandado, y guardas mis estatutos y mis decretos,"
1 Reyes 9:5
"entonces estableceré para siempre el trono de tu reino sobre Israel, como le prometí a David, tu padre, cuando dije: Nunca te faltará un hombre sobre el trono de Israel."
1 Reyes 9:6
"Pero si ustedes o sus hijos se apartan por completo de seguirme, no guardan mis mandamientos ni mis estatutos que he puesto delante de ustedes, sino que van y sirven a otros dioses y los adoran,"
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