Versículo destacado

1 Reyes 2:12 - Significado y aplicación

Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy

Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante

" Entonces Salomón se sentó en el trono de su padre David, y su reino quedó firmemente establecido. "

1 Reyes 2:12

menu_book El versículo en contexto

10 Entonces David durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David.

11 El tiempo que David reinó sobre Israel fue de cuarenta años: reinó siete años en Hebrón y treinta y tres años en Jerusalén.

12 Entonces Salomón se sentó en el trono de su padre David, y su reino quedó firmemente establecido.

13 Adonías hijo de Haguit fue a ver a Betsabé, madre de Salomón. Ella le preguntó: «¿Vienes en son de paz?». Él respondió: «En son de paz».

14 Luego dijo: «Tengo algo que decirte». Ella respondió: «Habla».

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auto_stories Comentario de Bible Guided

Aquí vemos a Salomón ocupando el trono (1 Reyes 2:12). Llegó a él con mucha más facilidad y paz que David, y su gobierno quedó establecido mucho más pronto. Un reino recibe una bendición cuando termina un buen reinado y comienza otro, como sucedió en este caso.

También vemos la eliminación justa y necesaria de Adonías, su rival, para que el trono de Salomón quedara firmemente establecido. Adonías había hecho antes afirmaciones atrevidas sobre la corona, pero pronto se vio obligado a renunciar a ellas y a ponerse bajo la misericordia de Salomón. Salomón lo dejó vivir mientras se comportara bien, y si Adonías se hubiera mantenido tranquilo, quizá habría estado a salvo. Pero se entregó a sí mismo en manos de Salomón y quedó bajo su justicia. Dios lo dejó seguir su propio camino para que recibiera el castigo por su traición anterior y para que el trono de Salomón quedara asegurado. Muchas personas se destruyen porque no saben reconocer cuándo están en una buena situación, y los pecadores, al abusar de la paciencia de Dios, acumulan ira sobre sí mismos.

Primero, observemos el plan traicionero de Adonías. Quería casarse con Abisag, la concubina de David, no porque la amara, sino porque esperaba renovar por medio de ella su reclamo a la corona. En aquellos días, tomar a las mujeres de un rey anterior a veces se consideraba una señal de asumir su gobierno (2 Samuel 12:8). Absalón, hijo de David, había pensado que su propio reclamo se fortalecía al acostarse con las concubinas de su padre. Adonías parece haber pensado que, si podía suceder a David en su lecho, especialmente con una de las mujeres favorecidas por David, también podría sucederlo en el trono. Las personas inquietas y ambiciosas siempre aspiran a lo más alto. Parecía un asunto pequeño, pero esperaba convertirlo en un camino de regreso al reino, tratando de obtener por medio del matrimonio lo que no había podido conseguir por la fuerza.

Luego, observemos los medios que utilizó. No se atrevió a pedirle directamente a Abisag, porque sabía que ella estaba bajo la autoridad de Salomón y que Salomón se resentiría con razón si no obtenía primero su consentimiento, como sucedió con Is-boset en un asunto similar (2 Samuel 3:7). Tampoco se atrevió a ir directamente ante Salomón, pues sabía que no contaba con su aprobación. Por eso recurrió a Betsabé, la madre de Salomón, esperando que ella creyera que se trataba de un asunto de amor y no sospechara un plan político. Betsabé se sorprendió al ver a Adonías en su habitación y le preguntó si había ido para hacerle daño, ya que ella había ayudado a detener su reciente intento de apoderarse del trono. Él respondió que venía en paz para pedirle un favor (1 Reyes 2:13-14), y le pidió que usara su influencia ante Salomón para que pudiera casarse con Abisag (1 Reyes 2:16-17).

Si conseguía esto, lo recibiría con gusto por dos razones. Primero, lo presentó como una especie de compensación por haber perdido el reino. En efecto, dijo que el reino le había correspondido como hijo mayor y que todo Israel había puesto sus ojos en él. Eso era falso, porque solo unos pocos lo habían apoyado. Aun así, trató de presentarse como un hombre al que le habían quitado una corona y que, por lo tanto, merecía algún consuelo. Si no podía heredar el trono de su padre, entonces al menos que recibiera algo valioso que le había pertenecido a su padre, y que fuera Abisag. Segundo, lo trató como una recompensa por haber renunciado a su reclamo. Reconoció que Salomón tenía derecho al reino, diciendo que esto provenía del Señor y que él había sido insensato al oponerse. Fingía alegrarse por el ascenso de Salomón al trono, mientras hacía todo lo posible por causarle problemas. Sus palabras eran más suaves que la mantequilla, pero en su corazón había guerra.

Entonces Betsabé llevó la petición a Salomón en favor de Adonías. Prometió hablar por él (1 Reyes 2:18), y así lo hizo (1 Reyes 2:19). Salomón le mostró el honor que corresponde a una madre, aunque él mismo fuera el rey. Se levantó para recibirla, se inclinó ante ella y la sentó a su derecha, conforme al mandamiento de honrar a los padres. Los hijos, aun cuando crecen y llegan a ocupar posiciones importantes, deben seguir respetando y honrando a sus padres. No desprecies a tu madre cuando sea anciana. Como otra señal del respeto que tenía por su juicio y autoridad, le dijo que no le negaría su petición, queriendo decir, por supuesto, mientras fuera justa y apropiada. Si no lo fuera, le mostraría por qué debía negarla, y entonces ella retiraría su petición.

Por fin, ella le dijo lo que quería: «Que se le dé Abisag a Adonías tu hermano» (1 Reyes 2:21). Es extraño que no sospechara una traición, y todavía más extraño que no aborreciera el pecado oculto en aquella propuesta. Tal vez no consideraba que Abisag fuera esposa de David, puesto que el matrimonio no se había consumado. O quizá pensaba que la petición podía concederse para complacer a Adonías, ya que él se había sometido tranquilamente a Salomón. Esa fue su debilidad e insensatez. Fue una bendición que no estuviera actuando como regente. Quienes tienen acceso a los gobernantes y a las personas importantes deben tener cuidado de no desperdiciar esa influencia, y jamás deben usarla para ayudar al pecado o respaldar un plan perverso. Nunca se debe pedir a los gobernantes lo que no deberían conceder. No corresponde a una persona buena promover una mala petición ni ponerse del lado de una causa injusta.

Por último, observemos la respuesta sabia y justa de Salomón. Aunque la petición había llegado por medio de su madre, aunque ella la había presentado como un pequeño favor y quizá fuera la primera que le hacía desde que se convirtió en rey, él aun así la negó, sin quebrantar la promesa general que le había hecho (1 Reyes 2:20). Si Herodes no hubiera querido que decapitaran a Juan el Bautista, no se habría sentido obligado por una promesa vaga hecha a Herodías. El mejor amigo que tengamos jamás debe conducirnos a hacer algo malo, ya sea injusto o insensato.

Primero, Salomón le mostró a su madre lo irrazonable que era la petición y le expuso a dónde conduciría, aunque ella no lo hubiera comprendido antes. Su respuesta fue algo severa: «Pide también para él el reino» (1 Reyes 2:22). En otras palabras, pedir que Adonías sucediera al rey en su lecho era, en realidad, pedir que lo sucediera en el trono, porque eso era claramente lo que pretendía. Es probable que Salomón tuviera información, o al menos fuertes sospechas, de que Adonías estaba conspirando con Joab y Abiatar para provocar problemas, y eso justificaba la manera en que interpretó la petición.

Luego, Salomón acusó y condenó a Adonías por sus pretensiones, y lo hizo mediante un juramento. Hizo que las propias palabras de Adonías se levantaran contra él (1 Reyes 2:23). La lengua de una persona puede provocar su propia caída, y no hay carga más pesada que tener que llevar las consecuencias de las propias palabras.

Betsabé quizá había sido engañada por Adonías, pero Salomón no podía ser engañado. Vio claramente lo que Adonías pretendía en realidad, y concluyó: «Estas palabras han puesto en peligro su propia vida; se ha atrapado con sus propios labios; ahora ha demostrado lo que quiere». Salomón lo sentenció a muerte de inmediato: «Será muerto hoy mismo» (1 Reyes 2:24).

Dios ya había jurado que establecería el trono de David (Salmo 89:35). Por eso Salomón dio una respuesta igualmente firme para proteger esa promesa, eliminando a sus enemigos. «Tan cierto como vive Dios, quien establece el reino, Adonías debe morir, porque él lo arrojaría en el desorden». De la misma manera, la caída de los enemigos de Cristo es tan segura como la seguridad del reino de Cristo, y ambas cosas son tan ciertas como la existencia y la vida de Dios, quien lo fundó.

La orden de ejecución se firma de inmediato, y se le encarga cumplirla a Benaía hijo de Joiada, comandante del ejército (1 Reyes 2:25). Puede parecer extraño que no se le permitiera a Adonías hablar en su defensa. Pero la sabiduría de Salomón no vio la necesidad de investigar más. Era suficientemente claro que Adonías aspiraba a la corona, y Salomón no podía estar seguro mientras él viviera.

Las personas ambiciosas e inquietas con frecuencia preparan los mismos medios de su propia ruina. Muchos han perdido la vida por tratar de alcanzar una corona.

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