Versículo destacado
1 Reyes 17:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Edición Protestante
" Elías el tisbita, que era de los habitantes de Galaad, dijo a Acab: «Vive el Señor Dios de Israel, ante quien estoy, que no habrá rocío ni lluvia durante estos años, sino conforme a mi palabra». "
1 Reyes 17:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Elías el tisbita, que era de los habitantes de Galaad, dijo a Acab: «Vive el Señor Dios de Israel, ante quien estoy, que no habrá rocío ni lluvia durante estos años, sino conforme a mi palabra».
2 Y la palabra del Señor vino a él, diciendo:
3 «Sal de aquí, dirígete hacia el oriente y escóndete junto al arroyo Querit, que está frente al Jordán».
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La historia de Elías comienza de manera bastante repentina. Por lo general, cuando aparece un profeta, se nos habla de su familia, de su padre y de su tribu. Pero Elías parece salir de las nubes, por así decirlo, como si no se hubiera registrado nada acerca de sus padres o de su linaje familiar, al igual que en el caso de Melquisedec. Por eso algunos judíos pensaban que quizá era un ángel del cielo. Sin embargo, el apóstol Santiago nos dice que era un hombre con sentimientos semejantes a los nuestros (Santiago 5:17), lo cual puede significar que compartía las debilidades comunes de las personas y que, además, tenía un temperamento fuerte e impetuoso.
Dios suele preparar a las personas para la obra a la que las llama. Las tareas difíciles suelen requerir hombres fuertes. La Reforma necesitó a un hombre como Lutero para abrirse paso y romper el hielo. El nombre Elías significa «Mi Dios es el Señor». Ese nombre encaja con su misión, porque el Señor que lo envió lo sostendría y demostraría su poder por medio de él. Elías venía de Galaad, al este del Jordán, probablemente de la tribu de Gad o de la mitad de la tribu de Manasés. No se menciona su origen familiar, pero eso no tuvo importancia para su grandeza posterior. No debemos preguntarnos tanto de dónde viene una persona, sino quién es. Si algo es bueno, no importa que venga de Nazaret.
Israel estaba profundamente herido, y Dios les envió desde Galaad a este hombre que sería instrumento de sanidad. A Elías se le llama tisbita, probablemente porque provenía de un pueblo llamado Tisbé, en aquella región. Al comienzo de su historia aprendemos dos cosas principales. Primero, anunció una hambruna larga y severa como castigo por los pecados de Israel. Aquella tierra fértil se convertiría en un lugar estéril por la maldad de sus habitantes.
Elías fue y le comunicó esta advertencia a Acab, el rey de Israel. No la divulgó en secreto entre el pueblo para incitarlo contra el gobierno. Se la anunció al rey, porque el rey tenía el poder de reformar la nación y así evitar el juicio. Es probable que también reprendiera a Acab por su adoración a los ídolos y por sus demás pecados, advirtiéndole que, si no se arrepentía, vendría aquella calamidad. Le dijo que no habría rocío ni lluvia durante varios años, hasta que él volviera a hablar. Santiago nos ayuda a entender que esto fue más que una profecía: también fue una oración (Santiago 5:17-18). Elías oró con fervor, movido por una indignación santa ante el alejamiento de Israel de Dios, y los cielos se cerraron. Más tarde, cuando volvió a orar, llegó la lluvia. De manera semejante, se dice que los testigos de Dios tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva durante los días de su testimonio (Apocalipsis 11:6).
Por medio de este mensaje, Elías dejó varias cosas claras para Acab. Mostró que el Señor Jehová era el verdadero Dios de Israel, a quien Acab había abandonado. Mostró que Dios está vivo, a diferencia de los ídolos muertos que Acab adoraba. También dejó claro que él era siervo y mensajero de Dios, que estaba delante del Señor para servirle y que hablaba en su nombre contra los profetas de Baal y los santuarios dedicados a otros dioses. Le dijo a Acab que, aunque el reino parecía vivir en paz y prosperidad, Dios estaba enojado por su idolatría y los castigaría reteniendo la lluvia. De todos modos, los dioses falsos no podían dar lluvia, porque, como dice Jeremías, los ídolos de las naciones no pueden hacerlo (Jeremías 14:22). Elías confirmó esta advertencia con un juramento solemne: «Vive el Señor Dios de Israel», para que Acab sintiera todo el peso de sus palabras. También le dijo que podía hablar con autoridad porque Dios le había dado influencia en el cielo: «No habrá [...] sino conforme a mi palabra».
Observa con cuánta valentía Elías habla en nombre de Dios, como alguien que entiende el encargo del profeta: «Te he puesto sobre naciones y sobre reinos» (Jeremías 1:10). Esto también muestra el poder de la oración y la verdad de la palabra de Dios, porque el Señor cumple el mensaje de sus siervos.
Segundo, vemos cómo Dios cuidó de Elías durante aquella hambruna. Dios le dijo que fuera y se escondiera junto al arroyo de Querit (1 Reyes 17:3). Esto no fue principalmente para protegerlo, ya que Acab no parece haberlo buscado de inmediato para quitarle la vida. Más bien, fue un juicio sobre el pueblo, porque, si Elías hubiera permanecido abiertamente entre ellos, quizá los habría ayudado por medio de su enseñanza y sus oraciones, acortando así el tiempo de su sufrimiento. Pero Dios había decidido que la sequía duraría tres años y medio; por eso le ordenó a Elías que permaneciera escondido y no se viera presionado a retirar la sentencia que había anunciado. Cuando Dios habla de derribar y destruir una nación, sabe cómo quitar de en medio a quienes podrían interceder y apartar su ira. Es una mala señal para un pueblo cuando se les ordena esconderse a los hombres buenos y a los verdaderos ministros. Más adelante, cuando Dios quiso enviar la lluvia, le dijo a Elías que se presentara ante Acab (1 Reyes 18:1).
Por el momento, Elías obedeció y vivió solo en un lugar apartado, probablemente entre los juncos junto al arroyo. Si la providencia de Dios nos llama a la soledad y al silencio, debemos aceptarlo. Cuando no podemos ser útiles, debemos tener paciencia. Cuando no podemos trabajar para Dios, debemos esperar tranquilamente en él. Aunque allí Elías no podía servir de manera activa, sí podía pensar y orar, y eso lo prepararía para el servicio que vendría después. Aun así, tendría alimento, porque caminaba por el camino del deber. Sería alimentado incluso en medio de la hambruna. Así como la mujer de Apocalipsis, figura de la iglesia, fue sustentada en el desierto durante un tiempo determinado, Elías fue cuidado durante sus tres años y medio de ocultamiento (Apocalipsis 12:6, 14).
Elías debía beber del arroyo, y Dios dispuso que unos cuervos le llevaran carne (1 Reyes 17:4, 6). El sustento era abundante, bueno y regular: pan y carne dos veces al día, suficiente para sus necesidades diarias. Probablemente no vivía con tanto lujo como los profetas de los santuarios, que comían en la mesa de Jezabel (1 Reyes 18:19), pero estaba mejor provisto que los demás profetas del Señor, a quienes Abdías les llevaba pan y agua (1 Reyes 18:4).
No corresponde a los siervos de Dios, especialmente a sus profetas, ser exigentes con la comida ni desear manjares y variedad. Si la comida nos mantiene con vida, no importa que no complazca nuestro gusto. En lugar de envidiar a quienes comen con más lujo, debemos recordar que muchas personas mejores que nosotros viven bien con alimentos sencillos y estarían agradecidas por nuestras sobras.
A Elías se le daba solo una comida a la vez, por la mañana y por la tarde, para enseñarle a no preocuparse por el día siguiente. Quienes viven al día deben aprender a vivir bajo el cuidado de Dios y confiar en él para recibir el pan de cada día. Agradezcamos a Dios por el pan de hoy y dejemos que el día de mañana traiga su propio pan.
Los siervos que abastecían a Elías eran muy inesperados: unos cuervos le llevaban la comida. Abdías y otros israelitas que no se habían inclinado ante Baal habrían recibido a Elías con gusto, pero él estaba solo y tenía que ser alimentado de una manera extraordinaria. También era una figura de Juan el Bautista, cuyo alimento eran langostas y miel silvestre.
Dios podría haber enviado ángeles para cuidar de Elías, como lo hizo después (1 Reyes 19:5) y como lo hizo con nuestro Salvador (Mateo 4:11). En cambio, escogió enviar mensajeros alados de otra clase, mostrando que, cuando quiere, puede usar a las criaturas más débiles tanto como a las más fuertes. Si preguntamos de dónde sacaron los cuervos aquella comida, cómo fue preparada o si la obtuvieron de manera honrada, debemos responder como Jacob: «El Señor nuestro Dios la trajo», porque de él es la tierra y todo lo que hay en ella (Génesis 27:20; Salmo 24:1).
¿Por qué cuervos? Primero, porque son aves de rapiña, criaturas codiciosas que tenían más probabilidades de arrebatarle la comida a Elías o de sacarle los ojos (Proverbios 30:17). Sin embargo, en este caso volvió a cumplirse el acertijo de Sansón: del que come salió comida. Segundo, porque eran aves inmundas. Según la ley, ningún cuervo era apto para comer (Levítico 11:15), pero Elías no pensó que el alimento fuera peor por haber sido llevado por ellos. Comió y dio gracias, sin plantear preguntas de conciencia. Para Noé, la paloma fue un mensajero más fiel que el cuervo; pero aquí los cuervos fueron fieles y constantes con Elías.
Tercero, los cuervos comen insectos y carroña, pero llevaron al profeta comida humana y provisiones saludables. Es triste cuando quienes llevan a otros el pan de vida se conforman con lo que en realidad no es pan. Cuarto, los cuervos solo podían llevar una pequeña cantidad, quizá pedazos sueltos; aun así, Elías se conformó con lo que tenía y agradeció ser alimentado, aunque no disfrutara de un banquete. Quinto, los cuervos descuidan a sus propias crías y no las alimentan; pero, cuando Dios lo quiso, alimentaron a su profeta. Los leoncillos y los cuervos jóvenes pueden pasar hambre, pero no les falta nada a quienes temen al Señor (Salmo 34:10).
Sexto, los cuervos mismos son alimentados por el cuidado especial de Dios (Job 38:41; Salmo 147:9), y ahora ellos alimentaban al profeta. Si hemos visto la bondad especial de Dios hacia nosotros y los nuestros, debemos sentirnos obligados a mostrar bondad hacia su pueblo por amor a él. De esto debemos aprender, en primer lugar, a honrar el gobierno y el poder de Dios sobre todas las criaturas. Él puede usarlas como le plazca, ya sea para juicio o para misericordia.
En segundo lugar, debemos fortalecer nuestra confianza en Dios en los momentos más difíciles y no dudar jamás de él. El Dios que pudo preparar una mesa en el desierto y hacer que unos cuervos llevaran alimento a su profeta también puede suplir todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria. Así que Elías comió durante mucho tiempo sus sencillas comidas a solas, y hasta el agua del arroyo, que llegaba de manera ordinaria, se agotó antes que el alimento que recibía por milagro dejara de llegar. La naturaleza tiene límites, pero el Dios de la naturaleza no.
El arroyo de Elías se secó (1 Reyes 17:7) porque no había lluvia. Si los cielos fallan, la tierra también falla. Así son todas las comodidades creadas: las perdemos justo cuando más las necesitamos, como los arroyos de verano que se secan (Job 6:15). Pero hay un río que alegra la ciudad de Dios y nunca se seca (Salmo 46:4), y hay una fuente de agua que brota para vida eterna. Señor, ¡danos de esa agua viva!
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De este capítulo
1 Reyes 17:2
"Y la palabra del Señor vino a él, diciendo:"
1 Reyes 17:3
"«Sal de aquí, dirígete hacia el oriente y escóndete junto al arroyo Querit, que está frente al Jordán»."
1 Reyes 17:4
"«Beberás del arroyo, y he ordenado a los cuervos que te alimenten allí»."
1 Reyes 17:5
"Así que él fue e hizo conforme a la palabra del Señor, pues fue y habitó junto al arroyo Querit, que está frente al Jordán."
1 Reyes 17:6
"Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y él bebía del arroyo."
1 Reyes 17:7
"Después de algún tiempo, el arroyo se secó porque no había llovido en la tierra."
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