Versículo destacado
Salmos 5:1 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos. "
Salmos 5:1
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
1 Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos.
2 Rey mío y Dios mío, oye mis súplicas, pues a ti elevo mi oración.
3 Por la mañana escuchas mi voz; muy temprano te expongo mi caso y quedo esperando tu respuesta.
Explora estudios bíblicos guiados
Sesiones estructuradas con notas, preguntas y perspectivas del asesor
Las bienaventuranzas (microestudio de 5 días)
Un estudio breve sobre las bendiciones de Jesús y el camino del Reino.
Vista previa de la sesión 1:
Dichosos los humildes
6 min
Salmos de consuelo (microestudio de 5 días)
Sesiones breves y tranquilizadoras basadas en los Salmos.
Vista previa de la sesión 1:
El cuidado del Pastor
5 min
Crea una cuenta gratis para guardar notas, dar seguimiento a tu progreso y desbloquear todas las sesiones
Crear cuenta gratisComentario de Bible Guided
El título de este salmo no tiene nada inusual, excepto la palabra «Nehilot», que no aparece en ningún otro lugar. Algunos piensan —aunque no es más que una suposición— que significa instrumentos de viento, así como se cree que «Neginot» se refiere a instrumentos de cuerda.
En estos versículos, David se dirige a Dios como el Dios que escucha la oración. Dios ha sido así desde que la humanidad comenzó a invocar el nombre del Señor, y todavía está igualmente dispuesto a escuchar nuestras oraciones. Observa cómo David se dirige a él: «Oh SEÑOR» (Salmos 5:1, 5:3), es decir, Jehová, el Ser que existe por sí mismo y es plenamente suficiente, a quien debemos adorar. También dice: «mi Rey y mi Dios» (Salmos 5:2), refiriéndose a aquel a quien he escogido como mi Dios, a quien debo lealtad y bajo cuya protección me he puesto.
Sabemos que el Dios a quien oramos es Rey y Dios, el Rey sobre todos los reyes y el Dios sobre todos los dioses. Pero eso no es suficiente. El pensamiento más alentador en la oración, y la razón más poderosa para orar, es verlo como nuestro Rey y nuestro Dios, aquel a quien debemos una lealtad especial y de quien esperamos un cuidado especial.
Primero, David muestra lo que pide, y esto puede fortalecer nuestra fe y esperanza cuando oramos. Si oramos con sinceridad y fe, tenemos razones para esperar tres cosas. En primer lugar, Dios prestará atención a nuestra situación, a la manera en que la describimos y a las peticiones que hacemos acerca de ella. Por eso David dice: «Escucha mis palabras, oh SEÑOR». Aunque Dios está en el cielo, mantiene su oído atento a las oraciones de su pueblo, y nada le impide escuchar. Puede que las personas no nos escuchen o se nieguen a hacerlo, pero Dios puede escuchar y escuchará.
En segundo lugar, David le pide a Dios que considere cuidadosamente su situación y que no la descarte con una respuesta apresurada. «Considera mi meditación», dice. Las oraciones de David no eran solamente palabras pronunciadas, sino también pensamientos profundos delante de Dios. Así como la meditación prepara el camino para la oración, la oración es el resultado apropiado de la meditación. La meditación y la oración deben ir juntas (Salmos 19:14). Cuando consideramos verdaderamente nuestras oraciones, podemos esperar que Dios también las considere y tome en serio lo que nace de nuestro interior.
En tercer lugar, David espera una respuesta bondadosa a su debido tiempo. Por eso dice: «Escucha la voz de mi clamor» (Salmos 5:2). Su oración era un clamor, lo cual demuestra una profunda emoción y urgencia. La oración ferviente de una persona justa es poderosa y eficaz.
David también muestra lo que promete hacer de su parte para recibir esta aceptación bondadosa. Esto debe guiarnos en nuestras propias oraciones, porque pedimos y no recibimos cuando pedimos con malas intenciones. David promete cuatro cosas, y nosotros deberíamos hacer lo mismo.
Primero, promete que orará. Hará de la oración un deber serio: «A ti oraré». Otros pueden vivir sin orar, pero él orará. Incluso un rey como David debe seguir siendo un mendigo ante el trono de Dios. Otros pueden orar a dioses falsos y esperar recibir ayuda de ellos, pero David dice que solo a Dios orará. El hecho de que Dios esté dispuesto a escuchar la oración debe fortalecer nuestra determinación de vivir y morir como personas de oración.
Segundo, promete orar por la mañana. Su voz se oirá entonces, y su oración estará dirigida a Dios desde ese momento. Esa será la fecha que aparecerá en sus cartas al cielo. Esto no significa que orará únicamente por la mañana, pues en otro lugar también dice: «Por la mañana, al mediodía y por la tarde oraré», e incluso: «Siete veces al día te alabo». Pero la oración matutina ciertamente es nuestro deber. Estamos mejor preparados para orar cuando nuestra mente está fresca, despierta y tranquila, después del descanso de la noche y antes de que las ocupaciones del día la llenen. Necesitamos orar entonces, porque el día trae peligros y tentaciones, y necesitamos recibir nuevas provisiones de gracia mediante la fe y la oración.
Tercero, promete orar con concentración y propósito. «Dirigiré mi oración», dice, como un arquero que apunta su flecha al blanco. Debemos presentarnos delante de Dios con ese mismo propósito firme. También es como enviar una carta a un amigo en un lugar determinado, porque nuestras oraciones deben dirigirse a Dios como nuestro Padre celestial. Siempre debemos presentarlas por medio del Señor Jesús, el gran Mediador, es decir, aquel que se encuentra entre Dios y nosotros; entonces no dejarán de llegar a su destino. Todas nuestras oraciones deben dirigirse a Dios, y su honra debe ser nuestro mayor objetivo en ellas. Que nuestra primera petición sea: «Santificado y glorificado sea tu nombre», y entonces podremos esperar la misma respuesta bondadosa que recibió Cristo: «Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez».
Cuarto, promete esperar pacientemente una respuesta de paz. «Esperaré», dice, dando a entender que observará el resultado de sus oraciones y escuchará lo que Dios el Señor hablará (Salmos 85:8; Habacuc 2:1). Si Dios le concede lo que pidió, dará gracias. Si Dios se lo niega, tendrá paciencia. Si Dios se demora, seguirá orando y esperando sin desanimarse. Debemos mirar hacia arriba, o estar atentos, como quien ha lanzado una flecha y observa para ver qué tan cerca llega del blanco. Perdemos mucho del consuelo que la oración puede darnos cuando no prestamos atención a las respuestas de Dios.
Así, mientras oramos y esperamos de esta manera, como el hombre cojo que miraba atentamente a Pedro y a Juan (Hechos 3:4), podemos esperar que Dios escuche nuestras palabras y las considere. Podemos dejar nuestra vida en sus manos, como lo hace David aquí. Él no dice: «Señor, haz esto o aquello por mí», sino: «Escúchame, considera mi situación y haz en ella lo que te parezca mejor».
David también piensa en Dios como un Dios que aborrece el pecado (Salmos 5:4-6). Menciona esto tanto como una advertencia para sí mismo como para todos los que oran, para que recuerden que el Dios con quien tratamos no solo es bondadoso y misericordioso, sino también puro y santo. Aunque está dispuesto a escuchar la oración, si guardamos el pecado en nuestro corazón, no nos escuchará (Salmos 66:18).
También dice esto para fortalecer sus oraciones contra sus enemigos. Eran personas malvadas y, por lo tanto, enemigas de Dios; personas en quienes él no se complace. Esto muestra la santidad de la naturaleza de Dios. Cuando David dice: «Tú no eres un Dios que se complace en la maldad», quiere decir: «La aborreces, porque es completamente contraria a tu naturaleza pura, a tu bondad perfecta y a tu voluntad santa».
Aunque las personas malvadas parezcan prosperar, nadie debe concluir de ello que Dios se complace en la maldad, ni siquiera cuando intentan cubrirla con religión. Algunos incluso aborrecen a sus hermanos, los expulsan y luego dicen: «Que el Señor sea glorificado». Dios no se complace en la maldad, aun cuando esta lleva una máscara religiosa. Por eso, quienes disfrutan del pecado deben saber que Dios no se deleita en ellos. Y nadie debe decir, cuando es tentado: «Dios me está tentando», porque Dios no es la fuente del pecado, y el mal no habitará con él.
Hammond piensa que esto podría referirse a la ley de Moisés, que no permitía que los extranjeros que persistían en la idolatría vivieran en la tierra de Israel.
El siguiente punto es la justicia del gobierno de Dios. «Los necios no podrán mantenerse delante de él» significa que no tendrán su favor, no serán recibidos para servir delante de él y no serán declarados inocentes en el gran día del juicio. Los que practican el mal son verdaderamente necios. El pecado es insensatez, y los pecadores son los más necios de todos; no son necios que Dios haya creado, porque él no aborrece nada de lo que ha hecho, sino necios en los que ellos mismos se han convertido, y a esos sí los aborrece.
Las personas malvadas aborrecen a Dios, así que es justo que él las aborrezca, y su final será miseria y ruina. «Destruirás a los que aborreces». En particular, se señalan dos clases de pecadores para la destrucción.
Primero están los necios, los que dicen mentiras y engañan a los demás. Las Escrituras dan especial importancia a este pecado (Apocalipsis 21:8): «todos los mentirosos», y (Salmos 22:15): «todo el que ama y practica la mentira». Nada se opone más a Dios que la mentira, y nada es más detestable para el Dios de la verdad.
Segundo están las personas crueles y violentas. «Aborrecerás al hombre sanguinario», porque la crueldad es igualmente contraria al Dios de misericordia, y la misericordia le agrada. Los mentirosos y los asesinos se parecen especialmente al diablo y demuestran ser sus hijos. Por eso no sorprende que Dios los aborrezca.
Estas eran las características de los enemigos de David, y las personas como ellos todavía son enemigas de Cristo y de su iglesia. Han perdido por completo la virtud y el honor, y cuanto peor es su conducta, más seguros podemos estar de que su ruina llegará a su debido tiempo. Al cantar estos versículos y orar con ellos, debemos animarnos a orar, porque no buscaremos al Señor en vano. También debemos confesar nuestro aborrecimiento del pecado y vivir esperando con sobriedad la venida de Cristo, que será el día en que las personas impías sean llevadas a la ruina final.
De este capítulo
Salmos 5:2
"Rey mío y Dios mío, oye mis súplicas, pues a ti elevo mi oración."
Salmos 5:3
"Por la mañana escuchas mi voz; muy temprano te expongo mi caso y quedo esperando tu respuesta."
Salmos 5:4
"Tú no eres un Dios que se complace en lo malo; los malvados no pueden vivir a tu lado,"
Salmos 5:5
"ni hay lugar para los orgullosos en tu presencia. Tú odias a los malhechores,"
Salmos 5:6
"destruyes a los mentirosos y rechazas a los traidores y asesinos."
Salmos 5:7
"En cambio, yo puedo entrar en tu templo por tu gran amor; ¡puedo adorarte con toda reverencia, mirando hacia tu santo templo!"
Oración diaria
Recibe por correo electrónico una reflexión bíblica diaria
Comienza cada mañana con un versículo, una oración y un siguiente paso sencillo.
Aviso importante: Esta guía bíblica no sustituye la atención profesional de salud mental. Si estás experimentando síntomas de una crisis, comunícate con la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o busca ayuda profesional inmediata.
Bible Guided ofrece orientación basada en la fe y debe complementar, no reemplazar, el apoyo terapéutico profesional.