Versículo destacado
Proverbios 4:20 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" Atiende a mis palabras, hijo mío; préstales atención. "
Proverbios 4:20
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
18 El camino de los justos es como la luz de un nuevo día: va en aumento hasta brillar en todo su esplendor.
19 Pero el camino de los malvados es oscuro; ¡ni siquiera saben contra qué tropiezan!
20 Atiende a mis palabras, hijo mío; préstales atención.
21 Jamás las pierdas de vista; ¡grábatelas en la mente!
22 Ellas dan vida y salud a todo el que las halla.
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Salomón acaba de advertirnos que no hagamos el mal, y ahora nos enseña cómo hacer lo correcto. No basta con evitar los lugares donde el pecado puede comenzar. También debemos aprender la manera correcta de vivir.
Necesitamos mantener siempre delante de nosotros la Palabra de Dios. Las palabras de sabiduría deben guiarnos, advertirnos y moldear nuestras decisiones. Por eso debemos escucharlas con un corazón dispuesto, porque prestar atención a la Palabra de Dios es una buena señal de que la gracia comienza a obrar en el corazón y una buena manera de crecer en ella. Si estamos dispuestos a conocer nuestro deber, hay razones para esperar que también estemos dispuestos a cumplirlo.
También debemos conservar cuidadosamente estas palabras. Debemos tenerlas delante de nosotros como nuestra norma y volver a mirarlas una y otra vez, procurando ajustar nuestra vida a ellas. Además, debemos guardarlas en lo profundo del corazón, como algo precioso y difícil de perder. Cuando la Palabra de Dios queda escrita en el corazón, permanece allí.
Debemos valorar las palabras de sabiduría porque son para nosotros como alimento y medicina, como el árbol de la vida (Apocalipsis 22:2; Ezequiel 47:12). Quienes las buscan y las guardan hallarán vida en ellas (Proverbios 4:22). La vida espiritual comienza por medio de la Palabra, que Dios usa como instrumento, y por esa misma Palabra continúa siendo alimentada y sostenida. No podemos vivir sin ella; pero por la fe podemos vivir de ella.
La Palabra también trae sanidad. Da salud a la persona entera, al cuerpo y al alma, y ayuda a mantener ambos en buenas condiciones. En ella hay suficiente remedio para las enfermedades de este mundo quebrantado. Es medicina para toda nuestra carne, es decir, para nuestra naturaleza corrupta y para nuestras aflicciones, que se nos pegan como espinos. En la Palabra de Dios hay un remedio apropiado para cada enfermedad espiritual.
También debemos vigilar cuidadosamente nuestra vida interior, como dice Proverbios 4:23: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón». Dios nos dio el alma y también nos encargó estrictamente que la cuidemos. Debemos estar atentos a nosotros mismos y vigilar cada entrada al alma. Necesitamos proteger el corazón tanto de hacer daño como de recibirlo, del pecado y de las dificultades.
Debemos cuidar el corazón como cuidaríamos un tesoro, una viña o una conciencia limpia. Eso significa impedir la entrada de malos pensamientos, fomentar los buenos y mantener nuestros afectos dirigidos a las cosas correctas, en la medida correcta. El sentido es «guárdalo con toda diligencia», porque se necesitan muchas clases de cuidado, y todos esos cuidados son necesarios. El corazón es tan engañoso (Jeremías 17:9) que debemos protegerlo con más atención que cualquier otra cosa. Cuidamos nuestros ojos (Job 31:1), nuestra lengua (Salmo 34:13) y nuestros pies (Eclesiastés 5:1); pero, por encima de todo, debemos guardar nuestro corazón.
Necesitamos este cuidado porque «de él brotan los manantiales de la vida». Un corazón bien cuidado produce buenos resultados que honran a Dios y ayudan a los demás. En un sentido más amplio, todas nuestras acciones proceden del corazón. Por eso, si el corazón está bien protegido, la vida será más ordenada y pacífica; pero si lo descuidamos, la vida se volverá confusa y desdichada.
También debemos vigilar lo que sale de nuestra boca. Proverbios 4:24 dice: «Aparta de ti la perversidad de la boca y aleja de ti la iniquidad de los labios». Como nuestro corazón es naturalmente corrupto, de él brota con facilidad un lenguaje corrupto. Por eso debemos aborrecer profundamente toda clase de palabras malas: maldiciones, juramentos, mentiras, calumnias, palabras conflictivas, expresiones obscenas y conversaciones necias. Estas cosas salen de una boca y unos labios que no quieren dejarse guiar por la razón ni por la piedad. Delante de Dios son tan desagradables como lo es una boca torcida ante las personas.
Todos los pecados de la lengua deben apartarse mediante una vigilancia constante y una resolución firme. Debemos mantenernos lejos de las palabras que siquiera parecen malas y temer aprender ese tipo de lenguaje.
También debemos hacer un pacto con nuestros ojos. Proverbios 4:25 dice: «Tus ojos miren lo recto». El ojo debe estar fijo, no andar vagando. No debe ir detrás de todo lo que aparece, porque eso nos aleja de lo bueno y nos conduce al mal. Debemos apartar la mirada de las cosas inútiles y mantener un propósito único y sincero.
Nuestros ojos deben estar fijos en nuestro Maestro, para que vivamos con el deseo de agradarle. Deben estar fijos en nuestra norma, para que la sigamos. También deben estar fijos en nuestra meta, el premio del llamamiento celestial, de modo que todo lo que hagamos apunte hacia ese fin.
También debemos pensar cuidadosamente en todo lo que hacemos. Proverbios 4:26 dice: «Examina la senda de tus pies». Eso significa evaluarla con cuidado. Pon la Palabra de Dios en un lado de la balanza y tus acciones, o las acciones que estás a punto de realizar, en el otro, y observa si coinciden. Debemos comprobar con cuidado y exactitud si nuestro camino es bueno delante del Señor y si tendrá un buen final.
Debemos revisar nuestros caminos pasados y examinar lo que hemos hecho. También debemos observar nuestros caminos presentes y considerar hacia dónde nos dirigimos. Así podremos caminar con cuidado y buen juicio. Es importante pensar en los deberes, las dificultades, las ventajas y los peligros que hay en nuestro camino, para actuar sabiamente. No debemos hacer nada precipitadamente.
También debemos caminar con firmeza, cautela y constancia. Proverbios 4:26 dice: «Sean establecidos todos tus caminos». No debemos ser inestables como una persona de doble ánimo. No debemos quedarnos siempre detenidos entre dos opciones. Debemos avanzar en una línea constante de obediencia. No debemos desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda, porque hay errores a ambos lados, y Satanás tiene éxito si logra apartarnos del rumbo en cualquier dirección.
Debemos tener mucho cuidado de apartarnos del mal. Hay que estar atentos a los extremos, porque allí también puede esconderse el mal. Nuestros ojos deben seguir mirando hacia adelante, para que permanezcamos en el camino seguro y equilibrado. Quienes desean demostrar que son sabios deben mantenerse vigilantes en todo momento.
De este capítulo
Proverbios 4:1
"Hijos, atiendan a los consejos de su padre; pongan atención para que adquieran buen juicio."
Proverbios 4:2
"Yo les he dado una buena instrucción, así que no descuiden mis enseñanzas."
Proverbios 4:3
"Pues yo también he sido hijo: mi madre me amaba con ternura"
Proverbios 4:4
"y mi padre me instruía de esta manera: Grábate en la mente mis palabras; haz lo que te ordeno y vivirás."
Proverbios 4:5
"Adquiere sabiduría y buen juicio; no eches mis palabras al olvido."
Proverbios 4:6
"Ama a la sabiduría, no la abandones y ella te dará su protección."
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