Versículo destacado
2 Reyes 12:17 - Significado y aplicación
Comprende cómo este versículo habla de lo que estás enfrentando y cómo aplicarlo hoy
Traducción: Biblia BibleGuided — Español
" En aquel tiempo, Hazael, rey de Siria, lanzó un ataque contra Gat y la tomó, y después se dirigió contra Jerusalén. "
2 Reyes 12:17
El versículo en contexto
Comprender los versículos que lo rodean evita interpretaciones erróneas:
15 Sin embargo, no se pedían cuentas a los hombres a quienes se entregaba el dinero para pagar a los obreros, porque actuaban con honradez.
16 Ahora bien, el dinero de las ofrendas por la culpa y por el pecado no se llevaba al templo, porque era para los sacerdotes.
17 En aquel tiempo, Hazael, rey de Siria, lanzó un ataque contra Gat y la tomó, y después se dirigió contra Jerusalén.
18 Pero Joás, rey de Judá, tomó todos los objetos sagrados que habían dedicado al culto los reyes Josafat, Joram y Ocozías, antepasados suyos en el reino de Judá. Tomó también los que él mismo había dedicado, más todo el oro que se encontró en los tesoros del templo y del palacio real, y todo junto lo envió a Hazael. Entonces este dejó de atacar a Jerusalén.
19 El resto de la historia de Joás y de todo lo que hizo está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá.
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Cuando Joás se apartó de Dios y se convirtió tanto en idólatra como en perseguidor, la mano del Señor se levantó contra él. Su estado final llegó a ser peor que el primero.
Entonces sus riquezas y su honor quedaron expuestos como presa fácil para sus vecinos. Hazael, después de haber disciplinado a Israel (2 Reyes 10:32), también amenazó a Judá y a Jerusalén. Capturó Gat, una ciudad fuerte (2 Reyes 12:17), y se dispuso a marchar con su ejército contra Jerusalén, la ciudad real y santa, cuya protección se había apartado a causa del pecado. Joás no tuvo ni el valor ni la fuerza para enfrentarlo, así que le entregó todas las cosas consagradas, junto con todo el oro que se encontraba en el tesoro real y en los tesoros del templo (2 Reyes 12:18), para persuadirlo de que tomara otro camino.
Si esto era legítimo para preservar la seguridad pública, era mejor entregar el oro del templo que permitir que el templo mismo quedara expuesto. Aun así, sobresalen cuatro cosas. Primero, si Joás no hubiera abandonado a Dios ni perdido su protección, sus asuntos nunca habrían llegado a una situación tan desesperada, y quizá habría obligado a Hazael a retirarse. Segundo, se humilló y se hizo parecer muy pequeño, perdiendo el honor propio de un príncipe, un soldado y un israelita al regalar cosas consagradas a Dios. Tercero, empobreció tanto su propia vida como a su reino. Cuarto, animó a Hazael a regresar, pues podía llevarse un botín tan grande sin tener que luchar por él. Eso fue precisamente lo que ocurrió: al año siguiente, el ejército sirio subió contra Jerusalén, mató a los príncipes y saqueó la ciudad (2 Crónicas 24:23-24).
Su vida también quedó expuesta como presa fácil para sus propios siervos. Ellos conspiraron contra él y lo mataron (2 Reyes 12:20-21). No intentaban apoderarse del reino, pues no impidieron que su hijo lo sucediera. Su propósito era vengar algún mal que Joás había cometido, y 2 Crónicas dice que el asesinato del hijo de Joiada, el profeta, fue la razón de su enojo. Cualquiera que haya sido la injusticia que pretendían castigar con ese acto, la venganza pertenecía únicamente a Dios, no a ellos. Aun así, Dios fue justo al juzgar a Joás, y no era la primera vez que mostraba a los reyes que era peligroso hacer daño a sus siervos escogidos y a sus profetas. Cuando Dios pide cuentas por la sangre derramada, la sangre de los profetas pesa mucho en ese juicio.
Así cayó Joás, el hombre que comenzó en el Espíritu y terminó en la carne. Con frecuencia, Dios marca a los apóstatas —aquellos que se apartan después de haberlo conocido— con señales de su desaprobación aun en esta vida, porque entre todos los pecadores son quienes traen mayor vergüenza al Señor.
De este capítulo
2 Reyes 12:1
"lo cual sucedió en el séptimo año del reinado de Jehú; y reinó en Jerusalén durante cuarenta años. Su madre se llamaba Sibiá y era de Beerseba."
2 Reyes 12:2
"Los hechos de Joás fueron rectos a los ojos del Señor, porque lo había educado Joiadá, el sacerdote."
2 Reyes 12:3
"Sin embargo, no se quitaron los santuarios paganos, en los que el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso."
2 Reyes 12:4
"Un día, Joás dijo a los sacerdotes: —Recojan ustedes todo el dinero de las ofrendas que se traigan al templo del Señor, tanto la cuota que debe pagar cada persona como el total de las ofrendas voluntarias que cada uno traiga al templo del Señor."
2 Reyes 12:5
"Pídanselo a los administradores del tesoro, para que se hagan todas las reparaciones necesarias en el templo."
2 Reyes 12:6
"Pero llegó el año veintitrés del reinado de Joás, y los sacerdotes aún no habían reparado el templo."
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